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Palabras del
Canciller de Colombia, Guillermo
Fernández de Soto, con motivo de su
elección como nuevo Secretario General
de la Comunidad Andina y del traspaso a
Colombia de la Secretaría Pro Tempore
Lima, 7 de
julio de 2002
Quisiera
agradecer el voto de confianza que
depositan en mí, al elegirme como
Secretario General de la Comunidad
Andina. Pueden estar seguros que pondré
todo mi empeño para alcanzar nuestro
objetivo común de profundizar el proceso
de integración subregional y convertir a
la CAN en un actor central en el
escenario hemisférico.
Muchos se
preguntarán: ¿Por qué acepto este
encargo en un momento de tanta
complejidad para la región, cuando
nuestros países están viviendo las
dificultades de sus profundas
transiciones económicas y políticas y se
enfrentan a los riesgos que entrañan las
nuevas oleadas proteccionistas en el
mundo?
Acepto
este difícil encargo como un reto
profesional, pero, sobre todo, con el
convencimiento de que nuestros países
necesitan trabajar la opción de la
integración y su consolidación como un
bloque que responda activamente a las
exigencias del nuevo entorno global.
No podemos
ser pasivos ni apáticos. El mundo no da
espera. Las exigencias que en todos los
campos nos presentan las realidades del
nuevo siglo no dan tiempo para
cavilaciones o dudas. La integración es
el camino y la unión tiene que ser
nuestra principal estrategia.
La
coyuntura actual es propicia para las
definiciones. Existe un momento
histórico en el hemisferio donde la
conformación del Área de Libre Comercio
de las Américas y las relaciones con los
Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea
y el Asia Pacífico requieren de toda
nuestra atención y compromiso.
Estas no
son simplemente opciones que se puedan
elegir, sino un verdadero imperativo
hacia el futuro en el contexto del
creciente proceso de globalización.
Nuestros países afrontan el dilema de
contemplar pasivamente el curso del
devenir mundial y aceptar las políticas
que otros diseñen para nosotros, o
asumir claramente la alternativa de ser
gestores de iniciativas que impulsen el
desarrollo social, económico y de
política exterior común de nuestra
región, para incidir en la configuración
de un orden internacional más justo.
En los
últimos años hemos avanzado en muchos
frentes. Logramos establecer una agenda
amplia que partiera de un enfoque
muldimensional de la integración andina.
Esta no se limitaba a los temas
económicos, sino que ampliaba la visión
a la agenda social, a la política
exterior, a la integración y desarrollo
fronterizo y al fortalecimiento de la
institucionalidad andina.
En efecto,
hemos logrado la aprobación del “Plan
Andino de Cooperación para la Lucha
contra las Drogas Ilícitas y Delitos
Conexos”, herramienta comunitaria que
apunta a atacar cada uno de los
eslabones de la cadena de las drogas
desde los principios de la integralidad,
la cooperación y la responsabilidad
compartida.
Así mismo,
hemos suscrito la “Carta Andina para la
Paz y la Seguridad”, que establece los
principios y compromisos para la
formulación de una política comunitaria
de seguridad en la subregión, la
instauración de una zona de paz, las
acciones regionales en la lucha contra
el terrorismo, la limitación de los
gastos de la defensa externa y el
control de las armas convencionales y la
transparencia.
Sin
embargo, existen aún muchos elementos de
nuestra institucionalidad por
perfeccionar. Lo que hemos alcanzado es
apenas un peldaño inicial de la inmensa
labor que nos espera. Esta tarea pasa
necesariamente por el respeto de los
valores democráticos, que se ha
convertido en la guía esencial de
nuestras acciones, tal como ha quedado
consignado en el Protocolo “Compromiso
de la Comunidad Andina por la
Democracia”.
Tenemos
desafíos de gran envergadura que exigen
nuestra total concurrencia. A nivel
hemisférico, por ejemplo, frente al gran
reto de alcanzar un Área de Libre
Comercio de las Américas, en el año
2005, es imprescindible consolidar este
apasionante proyecto político que
representa el trabajo conjunto alrededor
de una agenda común.
En
consecuencia, es necesario que nos
“sinceremos” sobre el destino que
queremos para nuestros países y para la
integración en el inmediato futuro.
Si hay
voluntad política, como estoy seguro que
existe entre nuestros Gobiernos, podemos
alcanzar a tiempo este objetivo
fundamental.
Un Arancel
Externo Común, sin perforaciones ni
exclusiones, debe dejar de ser el
propósito constante pero no cumplido.
Nuestra tarea urgente es la de
convertirlo en una realidad para todos
nuestros países antes de que pierda su
sentido frente al avance implacable de
la negociación hemisférica.
La
relación entre la CAN y los Estados
Unidos debe seguir fortaleciéndose para
incrementar los flujos comerciales y de
inversión, así como para buscar nuevas
oportunidades para los productos de la
región, sin descuidar desde luego los
temas de la agenda política.
Es
necesario conducir con éxito el proceso
para lograr una asociación estratégica
entre la Comunidad Andina y la Unión
Europea, que nos permita profundizar el
diálogo político y que nos conduzca a un
acuerdo de libre comercio preservando
como punto de partida el patrimonio
histórico que hemos acumulado a través
del SGP.
Debemos
cumplir con una serie de pasos, que
están establecidos en la práctica por la
Unión Europea, y que permitirán conducir
a la CAN a la obtención de este acuerdo.
Nosotros, como andinos, no podemos
quedarnos rezagados en el contexto
regional.
Por esta
razón, debemos darle a la CAN una
sinergia propia, que aminore su
vulnerabilidad frente a factores
externos y que refuerce su imagen
internacional. Para eso debemos adoptar
políticas verdaderamente comunitarias,
centralizar los temas de nuestra agenda,
concentrar esfuerzos y comprometernos
aún más con la integración.
Uno de los
mayores desafíos que tiene la subregión
es avanzar en la ejecución de los
proyectos de infraestructura física,
identificados con tanto acierto por la
Corporación Andina de Fomento (CAF), los
cuales permitirán fortalecer la
competitividad de la región en su
conjunto y promover su desarrollo
económico y social. En este propósito,
los invito a retomar esa valiosa
iniciativa.
Bien lo
dijo nuestro común Libertador, Simón
Bolívar, en su Carta de Jamaica: “La
unión no nos vendrá por prodigios
divinos, sino por efectos sensibles y
esfuerzos bien dirigidos”.
Es aquí,
en la coordinación de estos esfuerzos,
donde la Secretaría General tiene un
papel central. Desde su creación, en el
Protocolo de Trujillo, la labor
desempeñada como Secretaría Técnica ha
sido fundamental para el proceso de
integración.
Es urgente
continuar fortaleciendo la Secretaría
General, profundizando su dimensión
política y su capacidad de acción allí
donde lo señalen las nuevas prioridades
que construyamos en conjunto con
nuestros países.
Quiero
aprovechar este espacio para reconocer
la gestión adelantada por Sebastián
Allegret, quien, con singular visión y
convencimiento integracionista, ha
dirigido acertadamente este organismo.
El ha dedicado a la CAN sus mejores años
de trayectoria profesional, en la que se
destacó también como brillante Embajador
de Carrera de la hermana República de
Venezuela. En todos los países donde ha
representado a su nación ha dejado una
imborrable huella, en especial en
Colombia donde siempre se le recuerda
con singular afecto, extensivo a
Cristina, quien ha sabido complementar
de manera armónica esta importante labor
diplomática.
Apreciados
amigos:
Por feliz
coincidencia, hoy igualmente, mi país
recibe de Bolivia, y personalmente de su
Canciller y amigo Gustavo Fernández
Saavedra, la Secretaría Pro-Témpore de
la Comunidad Andina, papel que ha
desempeñado de manera exitosa.
Estoy
seguro que la visión que he expuesto,
retoma el ánimo que es compartido por
todos ustedes. Por eso, en nombre de
Colombia, les hago un llamado para que
trabajemos conjuntamente y continuemos
con este esfuerzo.
Nuestra
integración no tenemos que inventarla,
ni está construida sobre bases endebles.
Todo lo contrario, tiene cimientos
sólidos y múltiples motivos para
afirmarse y profundizarse. En efecto,
tenemos tras nosotros un legado
integracionista levantado pacientemente
durante 33 años; no existen entre
nuestras naciones barreras idiomáticas o
culturales, como sí ocurre en otros
grupos de integración, y, como si fuera
poco, si nos acogemos al mandato de la
historia, fuimos todos libertados por un
mismo hombre, el más grande
integracionista que ha nacido jamás
sobre la Tierra, el mismo que dijo: “La
integración es el futuro gobierno de las
naciones”.
Con todos
estos elementos a favor de nuestra
integración, hoy quiero hacer, al
recibir esta designación como Secretario
General de la Comunidad Andina, un
llamado claro y contundente que sale de
mi corazón andino: ¡La CAN es la mejor
opción! Sigamos apostándole, creamos en
ella, con un compromiso firme e
incuestionable.
Bien diría
el historiador inglés Eric Hobsbawn:
“Una cosa está clara, si la humanidad ha
de tener un futuro, no será prolongando
el pasado ni el presente.” Creo en el
futuro de nuestra región andina, en
nuestra capacidad de transformarnos, y
por ello he asumido el reto de hacer
parte activa en los cambios que nos
esperan.
Muchas
gracias
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