Quirama,
27 de junio de 2003
Cuenta el
maestro antioqueño, Fernando González,
en su libro Viaje a pié, que en
alguna ocasión de camino entre Medellín
y la Ceja, se acercó a dos matronas que
repartían por estas tierras riberanas
“tres o cuatro noticias, ollas y recados
amorosos”, y les preguntó si faltaba
mucho para llegar a su destino.
“Todo
depende del ánimo”, respondió una de las
mujeres, en la proverbial sabiduría de
la región.
Precisamente, esta frase tan llena de
sentido es la que me permite señalar que
la integración subregional depende, hoy
como nunca, del ánimo de sus
gobernantes.
Los
inspiradores de este proyecto integrador
eran demócratas convencidos, que
intuyeron que los problemas de sus
naciones no podían resolverse dentro de
estrechos marcos nacionales. Soñaron
entonces con un mercado común que los
hiciera más grandes, menos vulnerables a
los ciclos internacionales.
Creían que
juntos seríamos más que separados.
Curiosamente en el bicentenario de la
revolución francesa, en el año de 1989,
se produjo un cambio sísmico en el
mundo. Todos recordamos que aquel año se
derrumbó el muro de Berlín y la economía
global comenzó a hacerse omnipresente.
Fue
también el año en que se acuñó para
América Latina el término “Consenso de
Washington” y fue la misma fecha en la
que los presidentes andinos, después de
un largo período proteccionista,
abrieron el comercio comunitario. Los
paradigmas cambiaron.
La
globalización ha liquidado viejos
esquemas de políticas económicas, pero
no ha satisfecho las demandas de
nuestros pueblos. Las expectativas
legítimas y crecientes de la población,
le siguen imponiendo enormes desafíos a
los procesos democráticos y a la
gobernabilidad de nuestras naciones.
En el caso
específico de América Latina, la última
década dejó algunos resultados
positivos, pero al mismo tiempo otros
hechos preocupantes. Se detuvo la
espiral inflacionaria, pero el
crecimiento fue muy modesto, incapaz de
absorber el desempleo y reducir
verdaderamente la pobreza. La educación,
la llave maestra de la competitividad,
tampoco mejoró sustancialmente. Son
todos hechos que tenemos que integrar a
nuestra reflexión andina.
LAS
FORTALEZAS CONSTRUIDAS
Es muy
probable que algunas de las dificultades
recientes no nos permitan ponderar en
toda su magnitud los resultados del
proceso. La Comunidad Andina cuenta con
120 millones de personas y un PIB de 300
mil millones de dólares, lo cual la
consolida como un mercado ampliado de
importantes proporciones.
La
cooperación de las naciones andinas en
la defensa de los valores democráticos
ha sido un principio tutelar de la
integración regional, así como la
protección de los derechos humanos y la
lucha contra el terrorismo y el
narcotráfico. Todos ellos se han
convertido en impronta indeleble de
nuestra alianza.
La
existencia de una institucionalidad
andina es una realidad visible de la
integración, como ha quedado demostrado
en este encuentro.
El
comercio intra-regional, que creció 50
veces entre 1970 y el año 2002, se ha
convertido en un importante factor de
aprendizaje de los empresarios andinos
para el avance hacia mercados más
sofisticados.
Asimismo,
han sido visibles los beneficios
obtenidos, como consecuencia de la
acción conjunta de los países, frente
los Estados Unidos, a través del ATPA -
hoy ATPDEA -, y ante la Unión Europea,
con la suscripción del SGP-Andino, que
han representado justas concesiones a
nuestra cooperación frente al problema
mundial de las drogas.
Los cerca
de 600 mil empleos que se encuentran
asociados a este intercambio, revelan
con toda claridad los beneficios
recibidos por las actividades
productivas de nuestros países,
especialmente en los sectores de la
pequeña y mediana empresa.
El
potencial del intercambio andino sigue
siendo muy importante. El Centro de
Comercio Internacional nos ha ilustrado
sobre la posibilidad real de que nuestro
comercio intracomunitario crezca en un
50%, durante los próximos años, hasta
alcanzar los 9.000 millones de dólares
si avanzamos hacia el Mercado Común.
Este incremento nos permitiría generar
unos 300.000 nuevos empleos directos en
la región. Y el impacto puede ser aún
mayor si se considera el amplio
potencial de las alianzas productivas
entre nuestros países en la perspectiva
de los mercados mundiales.
LA
NECESIDAD DE UNOS CONSENSOS SOBRE LO
FUNDAMENTAL
No podemos
ocultar, sin embargo, que la integración
subregional pasa en la actualidad por un
momento difícil. En efecto, estamos en
una encrucijada histórica, ante un
“cruce de caminos”.
Lo que
hagamos, o dejemos de hacer, en los
próximos dos años, tendrá un impacto
decisivo sobre cómo serán nuestros
países en el próximo medio siglo. Esta
es la responsabilidad y el desafío
histórico que enfrentamos.
Para ello,
es indispensable empezar a compartir
fórmulas en torno al desarrollo de la
integración, con base en unos consensos
sobre lo fundamental.
Resulta
decisivo que entendamos la integración
andina como un proyecto político que
trasciende el ámbito comercial. Estamos,
por lo tanto, en la obligación de
superar la etapa del arancel, que ha
llegado hasta donde los países lo han
deseado, e incorporar temas que
respondan a los nuevos desafíos.
Debemos
adoptar una estructura flexible, para
solucionar aparentes dilemas en torno a
las dificultades que por momentos nos
impiden alcanzar el logro de nuestros
objetivos. Por ello, nos hemos adherido
al principio de la geometría variable,
por el cual se puede avanzar a
velocidades distintas pero en la misma
dirección, sin renunciar a la defensa
del patrimonio común.
No somos
un proyecto cerrado. Desde hace muchos
años nos hemos inscrito en el
regionalismo abierto y nos hemos
definido como plataforma para una
inserción competitiva en la economía
internacional. Por ello, es necesario
que hagamos compatible nuestra tarea
integracionista con la voluntad de los
países de avanzar en negociaciones con
terceros.
Las
negociaciones comerciales sean estas
bilaterales, regionales o
multilaterales, enriquecen nuestro
propósito de ir más allá de una Zona de
Libre Comercio. Nuestro compromiso es
por una comunidad y eso implica crear un
espacio diferenciado que reafirme el
hecho andino.
Las
libertades que aseguran un Mercado
Común, los nuevos campos de la
integración, la política exterior común
o la cooperación política, superan con
creces los alcances que suelen tener las
zonas de libre comercio.
LOS
ESCENARIOS DE NEGOCIACION INTERNACIONAL
En la
actualidad tenemos frente a nosotros
varias plataformas de inserción
internacional que de ninguna manera son
excluyentes: ALCA, Estados Unidos,
MERCOSUR, Unión Europea, Canadá. Se
trata, sin asomo de duda, de opciones
legítimas y complementarias.
El
propósito de fortalecer la integración
andina no es, de ninguna manera,
incompatible con los esfuerzos que hoy
orientan nuestros países para producir
un mayor acceso de sus productos a los
mercados mundiales. Por el contrario, la
dimensión y la fortaleza del acervo
común construido serán puestas en gran
medida a prueba en los diferentes
frentes de negociación que se avecinan.
Lo que
está en juego es la definición de qué
tipo de inserción internacional es la
más adecuada para nuestros países y
cuáles son las capacidades que tenemos
que construir conjuntamente para avanzar
con éxito en estos escenarios.
Estoy
convencido, por ejemplo, que el Area de
Libre Comercio de las Américas,
convertida al parecer en un proceso por
etapas, requiere de una estrategia de
acción conjunta para reducir al máximo
los costos previsibles de una menor
protección futura y de la eventual
pérdida de autonomía en materia de
políticas.
¿Sabemos
con claridad qué sectores ganarán y
cuáles perderán? ¿Crecerá más bien la
brecha comercial? ¿Permitirá este
acuerdo un desarrollo equilibrado, o
confinará a la región a ser un proveedor
permanente de materias primas, en una
especialización regresiva en la división
internacional del trabajo?
Con el fin
de responder a estos y otros
interrogantes, la Secretaría General
acaba de concluir una serie de estudios
que han contado con la participación de
calificados consultores externos, los
cuales ponemos a consideración de los
gobiernos y de los empresarios de
nuestras naciones.
Así mismo,
las relaciones con los Estados Unidos,
el principal mercado de las
exportaciones andinas, han adquirido un
carácter estratégico para nuestros
países. Por eso entiendo que, ante la
posibilidad que el ALCA no se concrete
antes que expire el ATPDEA, y que se
convierta en un acuerdo segmentado,
algunos miembros hayan anunciado su
interés en avanzar en un tratado
bilateral de libre comercio con ese
país.
Este es un
ejemplo ilustrativo del principio de
geometría variable que he puesto a
consideración de los Gobiernos. Bajo
esta óptica, las iniciativas bilaterales
se deberían convertir en una oportunidad
para buscar aproximaciones conjuntas a
estas iniciativas.
Una de
esas plataformas decisivas de inserción
internacional es “el espacio
sudamericano”. La visita del señor
Presidente del Brasil, me obliga a
efectuar algunos comentarios.
Vista
desde lo alto -acaso la única manera en
que los hombres de Estado deben
hacerlo-, Sudamérica es una de las
grandes masas continentales del mundo.
La Comunidad Andina unida al MERCOSUR,
representa 1 millón de millones de
dólares de producto bruto. Un mercado de
más de 400 millones de personas, un
tercio de la biodiversidad del planeta y
casi un cuarto del agua dulce del mundo.
En la nueva “era del agua y del
oxigeno”, en la que según algunos ya
hemos entrado, podemos ser jugadores
mundiales.
Con el
MERCOSUR, tenemos un proceso de
negociaciones que nos hemos propuesto
concluir para finales del presente año.
Debo recordar que Bolivia ya cuenta con
un acuerdo y el Perú lo concluirá en
breve. Corresponde ahora a Colombia,
Ecuador y Venezuela avanzar de manera
comunitaria en el mismo camino. Los
puntos de discrepancia no son
insuperables. No esperemos contar con un
acuerdo totalmente cerrado y completo.
Con pragmatismo podemos alcanzar un
acuerdo con una cláusula evolutiva y un
mecanismo permanente que nos permita, en
un plazo razonable, cerrar los temas que
pueden haber quedado abiertos. Por otra
parte, es imperativo reiniciar y
fortalecer el diálogo político para
consolidar el espacio suramericano.
En el caso
de la Unión Europea los avances para un
acuerdo de cooperación y diálogo
político han sido inmensos. No tengo
duda que en la próxima reunión de Quito
concluiremos la negociación. Para la
Cumbre América Latina - Unión Europea
del 2004, en Cancún, se podrá firmar
este acuerdo. Más aún tengo la sólida
convicción que a partir de ese momento
podremos dar inicio a las negociaciones
para un Acuerdo de Asociación que
incluya un Área de Libre Comercio.
LA AGENDA
MULTIDIMENSIONAL Y LAS POLÍTICAS DE
SEGUNDA GENERACIÓN
La
integración es una condición
indispensable en la búsqueda de una
mejor calidad de vida para nuestros
pueblos. En consecuencia, “ordenar la
casa” y avanzar hacia una segunda
generación de políticas, en el marco de
una agenda multidimensional, es el reto
de la hora presente.
Este
Consejo Andino de Presidentes deberá
rubricar, entonces, las nuevas líneas
estratégicas por las cuales se orientará
el proceso de integración, a través de
cinco ejes temáticos, como lo señalaron
los señores Cancilleres en su reunión de
marzo pasado: la agenda social, la
profundización de la política exterior
común, la construcción del Mercado
Común, el desarrollo sostenible así como
la integración física de Sur América y
el desarrollo fronterizo.
Considero
importante destacar los aspectos
relevantes en cada una de ellas.
Agenda
social
Comparto
con los Presidentes la urgencia de
otorgar la máxima prioridad a la agenda
social. La realidad así lo exige:
alrededor de un 54% de la población
andina - más de sesenta millones de
habitantes - se encuentra bajo la línea
de pobreza; casi un cuarto de la
población presenta niveles de
indigencia; y los índices de
concentración del ingreso de los países
andinos figuran entre los más altos de
América Latina.
Se
requiere, por lo tanto, de la
convergencia de políticas sociales para
desarrollar estrategias específicas y
articuladas de cohesión social, lucha
contra la pobreza y la exclusión, que
contribuyan a la gobernabilidad y a la
consolidación de la democracia. En tal
sentido apunta la decisión adoptada el
pasado miércoles por los Cancilleres al
aprobar los lineamientos del Plan Social
Andino que busca mayores mecanismos de
cohesión social en nuestros países.
La gran
tarea actual es evitar, a toda costa, la
ocurrencia de un escenario que yo he
llamado de manera coloquial: un “ALCA
sin anestesia” o unos espacios de
negociación en los cuales podamos
culminar como perdedores netos.
Debemos
iniciar de manera conjunta la búsqueda
de mecanismos específicos, como los
acordados en Cusco, que permitan abrirle
paso a la propuesta hecha por los Jefes
de Estado, en la Cumbre de Québec, para
la creación de fondos de cohesión que
permitan resolver las asimetrías que se
presentarían en las negociaciones
hemisféricas.
Esta
preocupación está acompañada también por
la necesidad de una mayor participación
de la sociedad civil en el proceso de
integración. Existen ya los Consejos
Laboral y Empresarial, una Mesa de
Trabajo sobre Derechos de los Pueblos
Indígenas y una para la defensa de los
consumidores y de los usuarios de los
servicios públicos, lo cual revela la
importancia que adquiere en esta nueva
fase el interés en democratizar aún más
los temas y los actores del proceso.
Política
Exterior Común
La
cooperación política ofrece
oportunidades muy ricas para abordar de
manera comunitaria aquellos temas como
la democracia; la seguridad y el fomento
de la confianza; la lucha contra el
terrorismo; la defensa y protección de
los derechos humanos; la promoción de
acciones contra las drogas ilícitas y
los delitos conexos; y el combate
frontal contra la corrupción. Todo ello
forma parte del propósito común de
asegurar la estabilidad democrática y de
garantizar la seguridad de los países de
la Comunidad Andina.
Mercado
Común
Sería
decisivo que los Presidentes pudieran
refrendar en esta Cumbre el compromiso
de establecer el Mercado Común, para
garantizar la libre circulación de los
bienes, servicios, capitales y personas,
y profundizar la integración.
Una clara
muestra del avance certero en esta
dirección sería la adopción de
decisiones políticas de fondo sobre los
temas críticos del Mercado Común. Lograr
este objetivo requiere de la expresa
voluntad de nuestros Primeros
Mandatarios, para eliminar las barreras
y distorsiones, levantar los
incumplimientos y, en todo caso,
defender el acervo común que hemos
construido con tanto esfuerzo a lo largo
de estos 34 años.
Debo
destacar los avances notables que los
Cancilleres y los Ministros de Comercio
Exterior han logrado en las reuniones
preparatorias de esta Cumbre con la
aprobación de 16 trascendentales
Decisiones, algunas de ellas en el campo
sociolaboral; así como la norma sobre
Transporte Internacional de Pasajeros
por Carretera.
Señores
Presidentes:
Tal vez no
hemos hecho conciencia muy profunda
entre nosotros, pero lo cierto es que la
presentación comunitaria de ofertas de
liberalización en el ALCA para un
porcentaje cercano al 90% del comercio
subregional, ha sido formulada para
periodos de desgravación de diez o más
años, a partir de la firma del Acuerdo.
Es evidente, entonces, que nuestros
países tienen un largo periodo de
transición para fortalecer la estrategia
de profundización del Mercado Común y
propiciar el desarrollo y la inserción
competitiva de las naciones andinas,
mientras se consolidan los espacios de
negociación.
Desarrollo
sostenible
Tenemos
una gran oportunidad de incrementar
nuestra relevancia global si
aprovechamos el potencial energético de
la subregión como elemento determinante
en la perspectiva de las próximas
negociaciones hemisféricas. En este
contexto conviene recordar, después de
la guerra de Irak, que las reservas
andinas de petróleo son en la actualidad
más de cuatro veces las de los Estados
Unidos y ocho veces las de los países
del MERCOSUR.
Casi de
manera silenciosa, en diciembre de 2002,
establecimos la interconexión eléctrica
entre los países andinos. Esta decisión
beneficiará a todos y, en el corto
plazo, los dos países más inmediatamente
beneficiados han sido Colombia y
Ecuador. Sólo este año Colombia
recibiría una cifra cercana a los 240
millones de dólares, mientras que
Ecuador ahorraría 45 millones de
dólares. Las utilidades nuevas y los
ahorros generados sumarían 40 años del
presupuesto de la Secretaría General, y
todo ello como consecuencia de una sola
norma de la Comisión de la Comunidad
Andina.
Y para
otorgarle un carácter integral a nuestra
nueva agenda multidimensional, será
decisivo el respaldo de los Señores
Presidentes a la “Estrategia Andina de
Biodiversidad”, que nos permitirá
reafirmar y ejercer nuestros derechos
sobre los recursos biológicos.
Hace sólo
unos días firmamos un importante
convenio con la Conservation
Internacional - una de las más
importantes ONG´s cooperantes a nivel
mundial - para estimular las
alternativas de aprovechamiento
sostenible y promover la defensa de la
biodiversidad andina en las próximas
negociaciones internacionales.
Integración física de Sur América y
desarrollo fronterizo
En la
perspectiva de la conformación de un
espacio regional, debemos continuar en
la tarea de apoyar los trabajos de la
Iniciativa para la Integración de la
Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA),
con el propósito de facilitar la
coordinación de planes e inversiones,
compatibilizar y armonizar las
regulaciones nacionales e
institucionales asociadas.
Debo
señalar, además, la importancia de
estimular el desarrollo fronterizo. Bien
sabemos que nuestras fronteras son zonas
de menor desarrollo económico relativo y
que por consiguiente requieren de una
atención especial. En las actuales
circunstancias, se requieren no sólo
políticas sectoriales de desarrollo,
sino además de un plan integral que
incluya los temas de seguridad. Habría
que pensar en convocar el financiamiento
internacional para ejecutar ese plan de
desarrollo y seguridad en las fronteras
andinas.
Para
culminar quiero hacer dos reflexiones de
carácter estratégico.
La primera
es que la Comunidad Andina sigue siendo
importante, no sólo ni tanto por lo que
hemos conseguido, que no es poco, sino
porque los grandes problemas del futuro
son problemas que no pueden ser
afrontados por cada uno de los países
individualmente. Son realidades que
“perforan” las fronteras, que “migran” y
que, en consecuencia, requieren de una
plataforma institucional común.
La segunda
es que, como la misma Internet, el mundo
actual es una red política y comercial,
en la cual se ha urdido un denso y
complejo tejido, donde un acuerdo afecta
otro inmediato.
Todo
parece indicar que esa naturaleza
multipolar del mundo se hará evidente en
pocas décadas, cuando poderes emergentes
como China o India se consoliden.
En ese
escenario, es probable que los países no
deban escoger la pertenencia a un bloque
o a otro, a una u otra plataforma
comercial o económica, sino a una suma
de ellas. Deberíamos retener esta
perspectiva al discutir el futuro papel
de la Comunidad Andina.
Señores
Presidentes,
Quiero
retomar ahora aquel evocador Viaje a
Pie por estas tierras, que hoy se
convierten en el escenario para la
construcción de un proyecto de
integración andino renovado.
Y nada más
cierto en la conformación y vida de un
sueño comunitario que el “animus
societates”. Este determinará su
fortaleza y su viabilidad, pero su
ausencia significará la decadencia, el
desaliento en el camino.
Las
decisiones políticas son siempre
apuestas difíciles. Pero los hombres de
Estado deben hacerlas con los ojos
puestos en lo que será el mundo de
mañana.
Hemos
cambiado los paradigmas económicos que
llevaron a la fundación del Acuerdo de
Cartagena. No obstante, el fin último
para que nuestros países cuenten en el
concierto de las naciones, sigue
vigente:
Juntos,
seguimos siendo más que separados.
Muchas
gracias.