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Palabras del Secretario General de la
Comunidad Andina, Guillermo Fernández de
Soto, en el II Foro Nacional ALCA
“Del ATPA a la
oportunidad histórica del ALCA”
Lima, 26
de setiembre de 2002
Quisiera
agradecerles la invitación a este
importante foro. Desearía comenzar con
una declaración enfática: el comercio es
una extraordinaria oportunidad para
todos los países. Los hace
económicamente más eficientes y los
concentra en aquello que pueden hacer
mejor.
Esta es la
conclusión de la vieja historia de los
hombres, y no hay razón para que ella no
se aplique también a los países andinos.
La
Comunidad Andina no nació para cerrarse
al comercio con el mundo, sino para
usarlo mejor, para poder negociar en
mejores condiciones en el complejo y a
veces confuso laberinto del comercio
mundial.
Naturalmente la visión que todos
teníamos del comercio mundial en 1969,
cuando se firmó el Acuerdo de Cartagena,
era muy distinta de la que tenemos hoy
en día. La globalización era una palabra
inexistente. Todos los Estados-Nación
confiaban mucho más que ahora en la
fuerza de su poder, en la eficacia de
sus instrumentos. Pero el espíritu sigue
siendo el mismo: tener una plataforma
unida, para sacar mejores ventajas del
comercio internacional.
Salvando
las distancias, es un poco lo que le
pasó a la Comunidad Europea. Es difícil
reconocer en la sofisticada red de
instituciones europeas de hoy, el
sencillo bosquejo que su promotor, Jean
Monnet, dibujara incluso antes que la
segunda guerra llegara a su fin.
Creo que
ese modelo puede ser, en muchos
aspectos, una inspiración, un motivo de
reflexión: la Comunidad Andina es un
proceso, una tarea siempre en tránsito,
y, como soñó Monnet para Europa, una
suma constante de pequeños pasos
incrementales.
Me
gustaría agregar también esta tarde, que
la integración es mucho más que una
eterna discusión de aranceles. La
integración no se reduce al comercio, y
uno de mis objetivos, como Secretario
General, es poner de relieve todas las
otras dimensiones, políticas, sociales o
culturales de nuestro proyecto
comunitario.
Pero qué
duda cabe, el comercio es un punto
crucial. Todos los modelos de
integración han buscado siempre crear
mercados más grandes, monedas únicas que
faciliten el comercio dentro de ese
mercado, y aranceles externos para
tratar con el resto del mundo.
En esta
perspectiva, el ALCA es una oportunidad
fundamental. Podemos crear una
gigantesca zona hemisférica de libre
comercio, y convertir este continente en
el definitivo centro magnético del
mundo. Sin embargo esta oportunidad
genera al mismo tiempo muchas
reflexiones. ¿Qué sentido tendría una
negociación de acceso a mercados de
bienes si, por ejemplo, se mantienen las
ayudas internas y los subsidios a la
exportación en el sector agropecuario?
¿Qué sentido tendría una negociación si
se mantienen cupos de acceso para
producciones sensibles?
Esas
reflexiones van aún más lejos, y tocan,
tal vez, el corazón de la integración
andina. ¿Qué oportunidad tendrían los
países andinos si deciden negociar
individualmente, sin haber definido
antes una política comercial común? ¿Qué
ventajas tendría negociar con los
aranceles nacionales sin haber definido
un arancel externo común?
Es
imprescindible una política comercial
andina en relación con terceros,
coherente con los objetivos de la
integración, con un arancel externo
común a partir del cual puedan
presentarse ofertas comunitarias, aún
cuando puedan mantenerse excepciones o
suspensiones específicas.
Tenemos a
la vuelta de la esquina un desafío de
gran envergadura y urgencia inmediata,
que es el cumplir con el Mandato de
nuestros Presidentes del pasado mes de
julio en Guayaquil, de adoptar un
Arancel Externo Común en menos de un
mes, a más tardar el 15 de octubre de
2002, como factor indispensable de la
integración andina y de las
negociaciones económicas con terceros
países, particularmente en el ámbito del
ALCA.
Un Arancel
Externo Común andino sin perforaciones
ni exclusiones, debe dejar de ser un
propósito constante aunque flexible y
progresivo. Nuestra tarea inmediata y
urgente es la de convertirlo en realidad
antes de que pierda su sentido frente al
avance inaplazable de las negociaciones
hemisféricas, multilaterales y de las
relaciones bilaterales con Estados
Unidos y la Unión Europea.
Hay que
recordar que la Comunidad Andina ya se
fijó una meta para el año 2005, que es
la consolidación de un mercado común, y
antes de esa fecha la plena vigencia de
la Unión Aduanera mediante la aplicación
del Arancel Externo Común.
Como me
permití analizar en la introducción a
esta charla esto significa, de una
parte, sentar las bases para la
aplicación de una política comercial
conjunta en relación con terceros y, de
la otra, un objetivo de liberalización
total del flujo de bienes, servicios,
capitales y personas entre los países
andinos.
Simultáneamente con la definición de los
objetivos descritos, la integración
andina desarrolla un esquema abierto con
otros países latinoamericanos, prosigue
negociaciones conjuntas con el Mercosur,
participa en las negociaciones del Area
de Libre Comercio para las Américas
(ALCA) y ha propuesto a la Unión Europea
la iniciación de negociaciones para el
desarrollo de un Acuerdo de Asociación
que incluya una zona de libre comercio.
En el
contexto descrito, es fundamental
fortalecer la posición negociadora de la
Comunidad Andina en relación con el
ALCA. Ello nos permitirá seguir
participando comunitariamente con mayor
fuerza y coherencia en el gran reto que
significa la conformación de un Area de
Libre Comercio para las Américas,
conservando nuestro sistema de vocería
única, el cual le ha permitido a la
Comunidad Andina jugar un importante
papel en el borrador del Acuerdo.
En la
Declaración de San José (1998) se
establecieron los principios generales
que regirán el proceso de negociación en
el ALCA.
Los
principales aspectos que allí se
formulan son los de un compromiso único
(single undertaking), que implica que
nada estará definitivamente negociado
hasta que todo esté negociado. Otros
aspectos son los del consenso en la toma
de decisiones, la coexistencia de los
acuerdos bilaterales y regionales con la
puesta en marcha del ALCA, el obtener
ventajas mutuas y mayores beneficios
para todos los participantes y,
finalmente, tomar en consideración las
diferencias en los grados de desarrollo.
Estos
principios exigen definir los objetivos
y prioridades de la Comunidad Andina en
esas negociaciones. Esos objetivos y
prioridades no son otros que consolidar
y mejorar nuestra inserción económica en
el continente, mediante el
fortalecimiento del espacio económico
andino como plataforma hacia el
hemisferio y otros mercados mundiales;
posicionar nuestros principales
productos en los mercados externos,
aprovechar las ventajas de una
negociación en bloque, y lograr el mayor
equilibrio durante las negociaciones y
sus resultados.
En ese
sentido, los principios generales para
la Comunidad Andina en el marco del ALCA
involucran una posición conjunta tanto
en propuestas como en vocerías, basada
en la normativa comunitaria,
reconociendo el principio del
tratamiento horizontal y diferencial de
acuerdo con los niveles de desarrollo.
Tomando en
consideración estos principios y
objetivos podríamos identificar algunos
de los siguientes aspectos sustantivos:
a.
Coexistencia de los Acuerdos
Subregionales
Como ya
mencioné, la propuesta a corto plazo de
la Comunidad Andina es la de consolidar
un mercado común mediante la libre
circulación de factores (bienes,
capitales, servicios y personas), y la
armonización de su tratamiento en lo
interno y con respecto a terceros
países.
El ALCA,
por su lado, es un esquema de liberación
de mercados. Por lo tanto consideramos
que la coexistencia del ALCA con los
acuerdos subregionales ya existentes es
esencial. En la medida en que la
Comunidad Andina fortalezca y consolide
su proyecto comunitario nos permitirá
desarrollar la integración andina en el
contexto americano y multilateral.
Permítanme
ustedes citar algunos ejemplos: la
existencia de una Unión Aduanera andina,
así sea imperfecta, permitiría una
inserción ordenada con otras economías
del hemisferio, en la medida en que se
parte de un Arancel Externo Común y de
una Zona de Libre Comercio en
funcionamiento y, por lo tanto, se
produciría una apertura de bloque,
coherente y ordenada con respecto a
terceros.
De otra
parte, la coexistencia de la normativa
de origen andina con la que se acuerde
en el ALCA, una vez en funcionamiento la
Zona de Libre Comercio americana,
permitirá fortalecer el mercado andino
pero, sobre todo, la competitividad en
relación con terceros.
Desde el
punto de vista de la normativa y
específicamente sobre el control de la
competencia desleal, los mecanismos
existentes en la integración andina
constituyen una base envidiable para la
negociación y la coexistencia de esta
normativa con la que se decida en el
ALCA. Por ello, es importante fortalecer
nuestra capacidad conjunta de
participación en el acuerdo y su
implementación.
b. El
Principio de la Nación más favorecida
regional
Otro
aspecto que debe ser tomado en
consideración es el del principio de
nación más favorecida regional, sumado a
la necesidad de contemplar las
diferencias en el grado de desarrollo.
Las
preguntas al respecto son realmente
sencillas de formular aunque complejas
en su respuesta. Por ejemplo ¿aquellos
beneficios que se concedan en la
negociación a países diferentes de EE.UU.,
Canadá, Brasil y México, deberán ser
otorgados automáticamente a todos los
participantes en la negociación, sin
excepciones?. La respuesta parecería ser
obviamente positiva, con la excepción de
aquellos tratamientos preferenciales que
se establezcan para las pequeñas
economías.
Sin
embargo, ¿las concesiones que la
Comunidad Andina conceda a otros grupos
de países diferentes descritos con
antelación, deberán ser ampliadas
automáticamente a los países más
desarrollados por el principio de nación
más favorecida? La respuesta en ese caso
deja de ser obvia y parecería adecuado
que exista un tratamiento diferencial en
esta materia.
Estos dos
ejemplos son ejemplarizantes de cómo
desarrollar el principio de nación más
favorecida en el ALCA, con el objeto de
contemplar las diferencias en el grado
de desarrollo. Lo anterior implicaría la
existencia de una cláusula de nación más
favorecida regional aplicando este
principio con base en categorías de
países: los más desarrollados, las
economías intermedias y las pequeñas
economías.
Un esquema
de nación más favorecida pura podría
significar la profundización de las
asimetrías y las divergencias en el
desarrollo. De otra parte, la
inexistencia de este principio atenuado
por las diferencias en niveles de
desarrollo, implicaría una negociación
bilateral con la complejidad que ello
implica y los riesgos en la negociación
para aquellos que dispongan de menores
recursos institucionales y humanos.
De lo
anterior, se deduce la importancia de
desarrollar un principio de nación más
favorecida regional, tomando en
consideración los niveles de desarrollo.
c. Los
equilibrios de la negociación
Cuando se
desarrolla lo relativo al equilibrio en
las negociaciones, es indispensable
prever los resultados de la negociación,
tanto en lo que concierne a los temas de
acceso a mercados como en los de la
normativa.
En acceso
a mercados se incluyen los bienes no
agropecuarios, los agropecuarios, los
servicios, las inversiones y las compras
públicas.
En bienes
no agrícolas, es importante la
definición del arancel base con el que
se iniciará el proceso de desgravación.
Para la
Comunidad Andina, por todo lo explicado
anteriormente, se hace fundamental
presentar un arancel externo común, una
definición de criterios que atiendan las
diferencias en desarrollo, una normativa
que elimine todo tipo de barreras no
arancelarias, y un régimen adecuado que
no impida el acceso a los mercados.
En cuanto
a los bienes agrícolas, el acceso a
nuestros mercados debería estar
condicionado a la eliminación de los
denominados subsidios a la exportación,
incluidos los financieros; disciplinar
las ayudas internas, eliminar los
contingentes, los aranceles
estacionales, los derechos específicos,
la tendencia proteccionista de
naturaleza para-arancelaria que puede
darse por los excesos en la utilización
de requisitos sanitarios y fito
sanitarios y, además, mantener un
sistema de estabilización de precios
agrícolas y una salvaguardia sectorial
para los países en desarrollo.
Muchos de
estos aspectos no son nuevos pues se
negocian en la actualidad en el marco de
la OMC.
Indudablemente el equilibrio de la
negociación sólo se dará en la medida en
que los países desarrollados avancen en
la eliminación de los subsidios a la
exportación y en disciplinar sus ayudas
internas. De allí la importancia de
condicionar el acceso a los mercados
agropecuarios mientras esto no se
produzca, pues a nuestro entender el
objetivo de la negociación es una
apertura real de los mercados.
En materia
de acceso a los servicios y compras
públicas, los avances en lo multilateral
son por decir lo menos insuficientes.
El acceso
a nuestros mercados debería a su vez
estar condicionado a la posibilidad de
ejercer políticas activas, con
incentivos para la promoción de alianzas
estratégicas y joint ventures que
permitan cumplir con las condiciones
para la atracción de las inversiones, la
incorporación del progreso técnico, la
transferencia de tecnología, el
desarrollo del capital humano y la
promoción de las exportaciones.
La
apertura de los servicios profesionales
y personales es fundamental para
nuestros países. La pregunta es si el
equilibrio que se obtenga en esta
materia conducirá o no a avances con
respecto a lo negociado en la OMC.
En
inversiones la propuesta es si conceder
acceso a nuestros mercados para el
denominado pre-establecimiento y si esto
atraerá mayores flujos de inversión
extranjera. Hasta ahora la posición
andina es la de mantener el acceso
únicamente al post-establecimiento, con
base en la definición clara de criterios
para excepciones y reservas y, de
compromisos sobre garantías.
En compras
del sector público las normas de la
negociación deberán regirse por la
obtención de una transparencia total en
la información de mercados, de
oportunidades, de costos, de normativa,
de criterios de evaluación, entre otras.
Igualmente deberán incluir una clara y
equitativa definición de umbrales y
cobertura tanto en lo que concierne a
las entidades, como en las compras
públicas de bienes y servicios.
Finalmente, para lograr el equilibrio de
la negociación es necesario tener
avances importantes en temas como
política antidumping, competencia, una
clara definición de las diferencias en
nivel de desarrollo y la puesta en
marcha del esquema de cooperación
hemisférica.
La
responsabilidad andina frente al ALCA
pasa indudablemente por fortalecer
nuestro mercado común, mejorar nuestra
posición negociadora como bloque,
definir nuestras ofertas conjuntas y
mantener la vocería única andina.
El ALCA es
una oportunidad para la Comunidad
Andina, siempre y cuando signifique una
real apertura a nuestros productos de
los mercados más desarrollados y cuyos
resultados ciertos vayan más allá de las
ventajas brindadas en el marco
multilateral de la OMC.
Para
terminar, déjenme agregar una reflexión
más general. La Secretaría General no
tiene el monopolio de la integración.
Somos más bien propulsores,
facilitadores, promotores, si pudiera
usar una expresión sajona, acaso diría
“brokers” del proceso. Pero la
integración, o la hacen todos, o no será
posible. Por ello, entre otras tantas
razones, he estado muy contento de haber
tenido la oportunidad de hablar ante
ustedes.
Muchas
gracias.
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