Palabras del Secretario General de la Comunidad Andina, Doctor Guillermo Fernández de Soto, en el acto de su posesión

Lima, 19 de setiembre de 2002

Cuando se produjo mi honrosa elección al cargo de Secretario General de la Comunidad Andina, reiteré mi profunda convicción en la vigencia de nuestro proyecto integrador y en la validez del objetivo de profundizar el proceso y de convertir a la Comunidad Andina, en interlocutor en el escenario hemisférico e internacional.

La globalización ha provocado cambios fundamentales en el contexto cultural, económico y político y de cooperación internacional. La integración andina debe asumir esta situación como un hecho fundamental para reorientar su estrategia hacia una inserción equilibrada y cada vez más profunda en el ámbito de la mundialización.

He aceptado este difícil encargo en la seguridad de la indeclinable voluntad de los Países a favor de la integración, pero, sobre todo, con el convencimiento de que ésta es una exigencia para responder de manera efectiva a los desafíos del nuevo entorno global.

Las exigencias que en todos los campos nos presentan las realidades del nuevo siglo no permiten dudas, menos aún hay tiempo para la postergación de proyectos de dimensión histórica con los cuales nos sentimos hondamente comprometidos. Por ello, consolidar, avanzar y profundizar la integración son las opciones por las que debe discurrir una agenda multidimensional y comunitaria andina.

Nuestros países afrontan el dilema de contemplar pasivamente el curso del devenir mundial aceptando las políticas que otros han diseñado para nosotros y que pretenden impulsar dentro del marco de la creciente globalización, o de ser gestores de iniciativas que a partir de visiones compartidas de nuestras relaciones externas, impulsen el diálogo y la cooperación política para promover alternativas conjuntas de desarrollo económico y social, sostenibles en el largo plazo y poder, de esta manera, incidir en la configuración de un orden hemisférico e internacional más justo.

El paradigma en que se ha convertido la fase de la globalización que hoy vivimos, radica en el portentoso impacto de las revoluciones tecnológicas, a través de la eliminación progresiva de los obstáculos del tiempo y la distancia, y de la revolución del saber que es la característica más importante de nuestro tiempo. Esto significa que la riqueza ya no se origina, como en el pasado, en los factores clásicos de producción - tierra - capital y trabajo. El recurso productivo de la globalización es ahora el conocimiento y su capacidad de aplicación para el desarrollo de nuevas tecnologías que integran a las naciones, las regiones subnacionales y las localidades más lejanas, dentro de una red de información que adquiere dimensiones económicas, políticas, sociales y culturales de proporciones colosales.

Los historiadores estiman que sí los cinco millones de años que la humanidad ha recorrido desde la aparición del “Homo Sapiens” se convirtieran a una hora, el 95 por ciento del saber provendría de los últimos veinte segundos. En los últimos cuatro segundos, es decir en el siglo veinte, se produjeron las nueve décimas partes de todo el saber. Y aún en el último segundo, en los últimos veinticinco años, habríamos aprendido tres veces más que en todo el medio millón de años anteriores.

Los últimos años avanzamos en muchos frentes. Logramos establecer una agenda amplia que partiera de un enfoque multidimensional de la integración andina. Esta no se limita ahora únicamente a los temas económicos, sino que ha ampliado su visión al desarrollo de una agenda social, a la puesta en marcha de una política exterior común, a la integración y al desarrollo fronterizo; y al fortalecimiento de la institucionalidad andina.

Todo lo anterior en el marco del respeto a los valores democráticos, que se ha convertido en la guía de nuestras acciones tal y como se ha consignado en el “Protocolo Compromiso de la Comunidad Andina por la Democracia”

Pese a estos importantes avances, existen aún elementos de nuestra institucionalidad por perfeccionar. Lo que hemos alcanzado es un trascendente pero inicial peldaño de la inmensa labor que supone la integración.

Tenemos desafíos de gran envergadura que exigen nuestra total concurrencia. El primero y más urgente, es cumplir con el Mandato de nuestros Presidentes del pasado mes de julio en Guayaquil, de adoptar un Arancel Externo Común en menos de un mes, a más tardar el 15 de octubre de 2002. Este es un factor indispensable de la integración andina y de las negociaciones económicas con terceros países, particularmente en el ámbito del ALCA.

Un Arancel Externo Común, sin perforaciones ni exclusiones, debe dejar de ser un propósito constante pero no cumplido. Nuestra tarea inmediata y urgente es la de convertirlo en realidad antes de que pierda su sentido frente al avance inaplazable de las negociaciones hemisféricas, multilaterales y de las relaciones bilaterales con Estados Unidos y la Unión Europea.

En días pasados dirigí una comunicación a los Ministros de Relaciones Exteriores y de Comercio Exterior en la que se efectúa un análisis del estado de la negociación para la definición del AEC. De este análisis se deduce la urgente necesidad de que los gobiernos adopten las definiciones políticas para su aprobación y sinceren el proceso de integración. Estas orientaciones establecerán el norte de la integración andina, a partir del fortalecimiento en el contexto regional y multilateral de las bases de lo que será la política comercial en relación con terceros países.

En el ámbito sudamericano, profundizar nuestros vínculos con el MERCOSUR y fomentar el desarrollo de la infraestructura regional, son tareas en las que se viene trabajando pero que debemos acelerar. A nivel hemisférico, frente al gran reto de participar en la conformación de un Área de Libre Comercio de las Américas, para el año 2005, es imprescindible consolidar nuestro sistema de vocería única, el cual ha permitido a la Comunidad Andina jugar un importante papel en el perfeccionamiento del borrador del Acuerdo. Estos dos casos ejemplifican adecuadamente la necesidad de fortalecer y agilizar el trabajo conjunto alrededor de una agenda común.

También en el ámbito de nuestra proyección externa, la relación entre la Comunidad Andina y los Estados Unidos debe seguir fortaleciéndose para incrementar los flujos comerciales y de inversión, diversificar nuestros aparatos productivos, buscar nuevas oportunidades y posicionar agresivamente los productos de la región en ese importante mercado.

Asimismo, consolidar los mecanismos de diálogo y cooperación política para desarrollar estrategias conjuntas en la lucha contra el tráfico ilícito de drogas y delitos conexos, así como contra el terrorismo.

Además, es necesario conducir con éxito el proceso para lograr una asociación estratégica entre la Comunidad Andina y la Unión Europea, que nos permita profundizar el diálogo político y que nos conduzca a un acuerdo de libre comercio preservando como punto de partida el patrimonio histórico que hemos acumulado a través del Sistema Generalizado de Preferencias.

Igualmente, se hace necesario avanzar en nuestro relacionamiento conjunto con el Canadá, China y Rusia, lo que requiere de toda nuestra atención y compromiso.

Si a lo anterior añadimos como objetivo el incorporar en todas nuestras actividades cuando menos tres líneas de acción esenciales para nuestros Países: generación de empleo, mejora de la competitividad y mejores términos de inserción en la globalización de la economía mundial, podremos darle a nuestro proyecto de integración, contenidos que aminoren su vulnerabilidad frente a factores externos y refuercen la credibilidad entre los pueblos andinos y su imagen internacional.

En esta perspectiva, la ejecución de los proyectos de infraestructura física, identificados con tanto acierto por la Corporación Andina de Fomento (CAF), es un requisito forzoso para fortalecer la competitividad de la región en su conjunto y promover el desarrollo económico y social.

Es aquí, en la coordinación de estos esfuerzos, donde la Secretaría General desempeña un papel central. Desde su creación, mediante el Protocolo de Trujillo, la labor desempeñada ha sido fundamental para el proceso de integración y debe seguirlo siendo.

Este órgano ejecutivo, cuya dirección por los próximos cinco años me ha sido confiada, debe seguir desarrollándose en el ámbito comunitario asumiendo progresivamente la representación de la Comunidad Andina en el contexto internacional, con competencias y atribuciones comunitarias claramente definidas y reconocidas. Ello, a su vez, deberá permitir una mayor eficacia en la coordinación de las actividades de los órganos técnicos de las diversas instituciones que conforman el Sistema Andino de Integración.

La Secretaría General tiene que administrar el proceso de integración y apoyar a los países miembros en plantear las grandes líneas estratégicas. Debe además liderar el desarrollo conceptual de la integración, velar por la marcha del proceso y custodiar el acervo comunitario; a ello se debe añadir una tarea, llevar el proceso a la comprensión por parte de la sociedad andina. Para ello, se necesita ser una institución ágil, flexible, con capacidad de responder con eficacia a nuevos retos y contar con un equipo suficiente de profesionales y técnicos con capacidad de análisis prospectivo y estratégico en permanente actualización.

Con la comprensión de los países y el apoyo de instituciones como la CAF, voy a poner todo mi esfuerzo para diseñar y proponer un mecanismo de auto financiamiento que le permita a la Secretaría General desarrollar sus actividades sin los tropiezos e incertidumbres que hoy la aquejan.

En definitiva es urgente continuar fortaleciendo la Secretaría General, profundizando su dimensión política y su capacidad de acción allí donde lo señalen las nuevas prioridades que construyamos conjuntamente con nuestros países.

Quiero aprovechar este espacio para recordar y rendir homenaje a la labor de Sebastián Alegrett, quien con incansable tenacidad, visión de futuro y convencimiento integracionista dirigió acertadamente este organismo durante los últimos cinco años. Como lo reconocieron justamente nuestros Jefes de Estado en Guayaquil, su compromiso con la Comunidad Andina y su esfuerzo en promoverla son un importante legado para el futuro andino.

Estimados amigos, nuestros Presidentes reafirmaron su convicción en el proceso andino de integración, el cual debe contribuir a proporcionar las respuestas adecuadas de los Países Miembros a los retos que impone el fenómeno de la globalización en los ámbitos económico, social, político y cultural; evitar las tendencias a la exclusión social que puede propiciar dicho fenómeno; promover la creciente participación de la Comunidad Andina en los flujos internacionales del comercio, la inversión y el conocimiento; y proteger la cultura e identidad de sus pueblos frente a las amenazantes tendencias hegemónicas.

Para ello, la Comunidad Andina debe convertirse en un mercado único, sin fronteras ni barreras aduaneras, con mecanismos que promuevan decididamente la participación activa y democrática de los ciudadanos andinos, así como el respeto de los derechos humanos y que incluya políticas destinadas a mejorar la distribución del ingreso. Deberá también ser una zona de paz, con mecanismos de seguridad.

Hacia el logro de estos propósitos la Comunidad Andina deberá alcanzar la meta del Mercado Común Andino, a más tardar en el año 2005, ampliar y fortalecer la cooperación política entre los Países Miembros, desarrollar e implementar una Agenda Social Comunitaria y ampliar la aplicación de una Política Exterior Común que la convierta en un interlocutor válido frente a terceros países o bloques de integración en los ámbitos sudamericano, hemisférico y mundial.

Aspiro que esta visión de la integración andina se convierta en un programa de acción permanente para los Países Miembros y para las instituciones del Sistema Andino de Integración. Impulsar las acciones para alcanzar esa visión será el gran reto y el compromiso de mi gestión durante los próximos cinco años.

Nuestra integración está construida sobre cimientos sólidos y cuenta con múltiples motivos para afirmarse y profundizarse. Tenemos tras nosotros un legado integracionista levantado pacientemente durante 33 años; no existen entre nuestras naciones barreras idiomáticas o culturales, y, más importante aún, nos acogemos al mandato de la historia, fuimos todos libertados por un mismo hombre, un visionario, cuyo mensaje alienta nuestros esfuerzos, el mismo que dijo: “La integración es el futuro gobierno de las naciones”.

Con todos estos elementos a favor de nuestra integración, hoy reafirmo lo que expresé al ser elegido como Secretario General de la Comunidad Andina: ¡La Comunidad Andina es la mejor opción para nuestros países! Sigamos apostándole, creamos en ella y en nuestra capacidad de transformarnos con un compromiso firme e incuestionable.

Hoy asumo el reto de hacer parte activa en los cambios que nos esperan.

Muchas gracias