Les invoco a imaginarnos, por un solo
instante, el momento en que aquel joven
de 35 años a orillas del Orinoco propone
el sistema de gobierno perfecto; es
decir, aquel que produce mayor suma de
felicidad posible, mayor suma de
seguridad social y mayor suma de
estabilidad política.
Casi dos siglos han transcurrido desde
que el Libertador alerta a ésta, Nuestra
América, que nuestro pueblo no es el
europeo ni el americano del norte; que
es más bien un compuesto de África y de
América, que una emanación de Europa.
Poco caso hicimos a quien habló de un
nuevo género humano para decir lo que el
gran mexicano Vasconcelos definiría como
la raza cósmica. La que para
Darcy Ribeyro poseía todas las taras y
todas las virtudes de todos los hombres
de la Tierra.
Fuimos extranjeros en nuestra propia
tierra mirándonos y juzgándonos a
nosotros mismos con los ojos del
conquistador.
Bolívar lo entiende mejor que nadie y
habla de su maestro como el hombre más
extraordinario del mundo de entonces,
Simón como él y Rodríguez para
esconderse entre todos los hombres; le
había enseñado que las repúblicas sin
republicanos se convierten en
republiquetas. Que, en esta nueva tierra
había que “inventar” o nos
equivocaríamos siempre; como así lo
hicimos por dejar de ser originales.
Parecería ser que al fin lo estamos
comprendiendo. Leopoldo Zea ya lo dijo:
el hombre no llegará a un grado superior
de desarrollo mientras no entienda la
propuesta universal de que todos los
hombres somos iguales, precisamente
porque somos diferentes.
La igualdad en la diversidad para
aprender de las hormigas y de los
cóndores.
Para saber que sólo respetando el
derecho ajeno como lo anticipó Juárez,
podremos encontrar el nuestro.
Vamos a abrazar una misma libertad con
leyes diferentes y aun gobiernos
diversos, nos dijo el Libertador
visionario. Para él, cada pueblo será
libre a su modo y disfrutará de su
soberanía, según la voluntad de su
conciencia. Y como si esto fuera poco,
Bolívar ya nos lo advirtió, como si hoy
estuviese entre nosotros: “Cada Estado
debe darse el régimen que quiera y el
resto de los Estados respetar esa
condición”.
En pocos momentos se iniciará aquí, en
la ciudad de Lima, una reflexión para
dibujar el futuro de la integración
andina y suramericana. Cancilleres y
Ministros plenipotenciarios tendrán en
sus manos la enorme responsabilidad de
marcar la ruta, el camino de la
integración para el siglo XXI.
Escuchemos, os imploro, nuevamente al
Libertador que pronosticó que un día
nuestros representantes se ligarán de
tal modo, que no aparezcan en calidad de
“Naciones” sino de “Hermanos”.
Es que todos somos bolivianos, con alma
colombiana, espíritu ecuatoriano y
sentimiento peruano. Todos somos
venezolanos y chilenos, argentinos,
paraguayos, brasileños; todos somos de
Guyana, Surinam, de Uruguay o no somos
de ninguna parte.
Hace pocos días en Río de Janeiro recibí
el mandato de los Presidentes andinos y
suramericanos para trabajar
incansablemente con la Secretaría del
MERCOSUR, y construir juntos aquella
comunidad suramericana que todos
anhelamos. Pero, para lograrlo tenemos
que ser generosos, entender al vecino,
defender sus intereses y no sólo los de
la patria chica. De no hacerlo, corremos
el riesgo de nuevamente arar en el mar y
sembrar en el viento…
Aquí están los señores Embajadores de la
Unión Europea, para reiterarles una vez
más nuestra voluntad indeclinable de ir
hacia el Acuerdo de Asociación, basado
en el respeto mutuo y en la confianza
para definir claros entendimientos en
política social, cooperación y comercio.
Que se entienda claramente que la
prioridad es lograr el desarrollo
integral de nuestro pueblo.
Es que ni Bolívar ni Martí pudieron
imaginar un mundo en que la ciencia y
tecnología unida a la codicia de esta
sociedad postmoderna, pondría en grave
riesgo la propia existencia de la vida
sobre la tierra. Ningún ser humano
sensato puede hoy negar que hemos sido
los propios humanos los que hemos
depredado y contaminado el medio
ambiente de tal forma que, debido al
calentamiento global, la vida en la
Tierra, como hoy la conocemos, puede
llegar a su fin. No hay en este momento
tema más apremiante y urgente que aquel
que tiene que ver con el cambio
climático. Esta Secretaría General
propone, señores Ministros, que sea éste
el motivo de nuestra especial
preocupación para lograr diseñar una
alternativa de desarrollo diferente que
nos lleve a conformar lo que el
Presidente Correa enuncia como la Gran
Nación Suramericana Sustentable.
Aquí está el Presidente del Consejo
Andino de Ministros de Relaciones
Exteriores, David Choquehuanca, quien
con la milenaria sabiduría aymara nos
habla de que no hay que buscar “vivir
mejor” como nos enseñan en las escuelas
y universidades sino aprender a “vivir
bien”, que es distinto; porque es ahí,
en esta aparentemente sutil diferencia,
donde radica el contraste entre la vida
y la muerte. Evo Morales lo enuncia
claramente diciendo: Humanidad, tierra,
planeta o muerte. Porque en esta
Comunidad Andina y Amazónica, se va a
escribir buena parte del futuro de la
humanidad.
Colombia, me lo dijo hace apenas dos
días el Presidente Uribe, es andina e
integracionista, cree en nuestro destino
común para trabajar unidos, para
ayudarnos y fortalecernos. Que regrese
Hugo Chávez, dijo. Con que diáfana
claridad habló el Presidente colombiano
del anhelo compartido por todos, porque
Venezuela será siempre andina,
bolivariana y suramericana.
Y hoy, presidente Alan García, es día
especial para el Perú y para la América
porque en un día como hoy, hace ya más
de un siglo, nació Víctor Raúl Haya de
la Torre, quien hizo de la América unida
su bandera revolucionaria. No sólo
queremos a Nuestra América Unida, sino a
Nuestra América Justa, dijo Víctor Raúl,
y usted, su discípulo predilecto, ha
demostrado con acciones claras y
profundas la indeclinable voluntad
peruana de lograr la integración con una
democracia que responda a las exigencias
particulares de nuestros pueblos,
determinadas por la geografía, la
cultura, el clima y la realidad social,
como claramente expone, citando a Haya
de la Torre, el biógrafo del gran
maestro, compañero suyo de lucha y mío
en el Parlamento Andino, el amigo Luis
Alva Castro.
La integración comercial, política,
cultural y social con los países del
Asia Pacífico es otra de las tareas
urgentes de nuestro tiempo. En estos
meses celebraremos una nueva reunión
CAN- China para desarrollar las líneas
básicas de los acuerdos suscritos. La
incorporación de Chile a la CAN, como
Miembro Asociado, y esperamos
próximamente la de México, no harán sino
fortalecer la capacidad negociadora de
la Comunidad Andina.
Con los Estados Unidos de Norteamérica,
nuestro principal socio comercial,
esperamos mantener las más cordiales y
francas relaciones basadas en el respeto
mutuo y en los intereses comunes que
históricamente nos han ligado.
Mi homenaje a la mujer andina y
suramericana. De Michelle Bachelet hemos
aprendido que hay que decir lo que se
piensa y hacer lo que se dice para
elevar la política a un nuevo nivel de
civismo y participación ciudadana.
Pero aquí casa adentro, mi
agradecimiento a las Ministras mujeres
que están escribiendo una nueva historia
Andina y Latinoamericana. La pasión en
el trabajo diario de María Consuelo
Araujo, la visión de una integración
sustentable de María Fernanda Espinosa y
la capacidad profesional y humana de
Mercedes Aráoz, nos son necesarias,
indispensables. Quiero anunciarles que
esta Secretaría General ha decidido con
su generoso apoyo nombrar por primera
vez a una mujer como Directora General
de la institución, la economista peruana
Ana María Tenenbaum de Reátegui.
Y hoy también, por primera vez en 37
años de historia de la Comunidad Andina,
una mujer indígena nos acompañará como
funcionaria internacional en la
Secretaría General. Doy la bienvenida a
Pacha Cabascango de Ecuador y a través
de ella a todos los pueblos indígenas de
esta nuestra Indoamérica.
Para qué ha servido la integración
preguntan muchos y les respondemos:
Para crear más de 800 mil nuevos empleos
directos desde 1993.
Para que cualquier ciudadano andino
pueda viajar a cualquier lugar de la
Comunidad Andina con sólo presentar su
documento de identidad.
Para que las exportaciones de Colombia a
los otros países andinos hayan aumentado
desde 1992 cerca de seis veces, pasando
de 400 millones a 2 mil millones de
dólares.
Las de Bolivia casi 5 veces: de 86
millones a 400 millones.
Las de Perú: de 180 millones a mil
millones.
Y las de Ecuador han crecido mas de 10
veces: de 160 millones a 1 600 millones
de dólares.
En total las exportaciones entre
nuestros Países Miembros de la CAN
pasaron de 800 millones a 5 mil millones
de dólares.
Para tener una de las cartas de Derechos
Humanos más avanzadas del mundo.
Para tener normas y regímenes legales
comunes que dan confianza a los
inversionistas.
Para que el Tribunal Andino de Justicia
garantice sus derechos comerciales no
sólo a los Estados sino a cualquier
ciudadano.
Para que nuestros parlamentarios andinos
sean elegidos por el pueblo en
votaciones directas.
Para todo esto sirve la integración,
respondemos.
Hoy la Secretaría General entra a una
nueva etapa de su historia y para ello
requiere el más amplio apoyo de los
gobiernos de los Países Miembros. La
transparencia y confianza entre todas
sus partes es nuestro compromiso. Que
los mejores profesionales andinos sirvan
en esta institución. Yo soy un
periodista y no conozco otro lenguaje
que el de la ética y la verdad, por más
difícil que sea a veces alcanzarlo.
Dispongan ustedes, señores Cancilleres y
Ministros Plenipotenciarios, la
orientación para seguir fortaleciendo a
ésta, la más consolidada institución de
integración de América Latina.
Mi saludo a Enrique García, Presidente
Ejecutivo de la Corporación Andina de
Fomento, su ayuda es hoy más importante
que nunca, para ir delineando ese banco
del Sur y esa moneda única que algún
día, más temprano que tarde, permitirá
manejar juntos y de manera soberana, el
gran sistema financiero suramericano.
A Enrique Ayala, rector de la
Universidad Andina en Ecuador, le toca
la inmensa tarea de unir, junto a Luis
Bigott y a Héctor Navarro, a las mentes
y corazones más claros y profundos de
esta tierra suramericana para diseñar y
proponer el camino que nos toca
enfrentar en estos terribles y hermosos
años del siglo XXI.
A Francisco Huerta, Secretario Ejecutivo
del Convenio Andrés Bello. El hacer de
la cultura la piedra angular de la unión
es nuestro objetivo.
A Luis Fernando Duque, Presidente del
Parlamento Andino, a Rubén Vélez,
Secretario General, y por su intermedio
a todos los Parlamentarios Andinos. Sólo
fortaleciendo al Parlamento podremos
legitimar la Unión Andina y
Suramericana.
A Oscar Feo, Secretario Ejecutivo del
Convenio de Salud Hipólito Unanue. Qué
inmensa tarea tenemos para garantizar el
derecho a la salud de todos nuestros
ciudadanos.
Al ilustre Magistrado Ricardo Vigil
Toledo, Presidente del Tribunal de
Justicia de la Comunidad Andina, va
nuestra imploración para hacer de la
justicia la base fundamental de la
confianza y la convivencia en el proceso
de integración.
Como yo, Luis Guillermo Plata,
Plenipotenciario de Colombia y Fernando
Araujo, Ministro de Relaciones
Exteriores de la misma hermana
República, inician sus elevadas
funciones, les ofrezco caminar juntos
solidariamente.
A los Ministros Plenipotenciarios de
Bolivia y Ecuador, Aldo Ruiz y Fernando
Yépez, mi saludo y compromiso ciudadano.
Pero muy especialmente mi agradecimiento
en este día, a todo el personal
internacional y nacional de esta
Secretaría General y a dos entrañables
amigos y conductores históricos del
proceso, Joselo García Belaunde,
Ministro de Relaciones Exteriores del
Perú, y a mi antecesor, ex Secretario
General de la CAN, Allan Wagner, hoy
Ministro de Defensa del Perú. Acudiré a
ustedes tantas veces como me quieran
recibir para ayudarme y aconsejarme en
esta tarea iniciada por ustedes y que
hoy me toca continuar.
Quizás algún día, cuando esta nuestra
América sea una sola, con una sola
bandera, la de la paz, una sola
Constitución, una sola moneda, un solo
ejército, algún niño recuerde en la
escuela, que allá por el año 2007 un
grupo de mujeres y hombres cumplieron
simplemente con su deber ciudadano.
Señoras y señores, yo vengo del pequeño
país equinoccial donde el hijo de un
indio peruano y una mulata quiteña,
Eugenio de Santacruz y Espejo, dio la
clarinada de todos los precursores
anunciando que sólo podremos ser libres
si lo somos juntos. Y vengo de la tierra
del más grande de todos los
ecuatorianos, el General de hombres
libres, Eloy Alfaro, quien aprendió a
entender y amar a esta tierra nuestra en
la Biblioteca de Lima de la mano de don
Ricardo Palma. Por eso mi compromiso es
con la historia y mi responsabilidad con
ustedes.
Al ser el primer ecuatoriano que asume
esta responsabilidad, es mi deber
decirle a ese gran hombre que fue
Germánico Salgado que hoy con más
decisión que nunca continuaremos
construyendo su sueño andino.
Vera de Kohn, a sus 94 años, y Juan
Bastidas han llegado de Ecuador y
España. Son mis maestros y compañeros en
lo más profundo que tiene un ser humano,
la revolución espiritual.
Dos hombres simbolizan el sueño
suramericano, se encontraron los
gigantes en Guayaquil y en un abrazo
sellaron la unión suramericana. Pero fue
Lima y el Perú donde la sangre argentina
y venezolana, la chilena, colombiana,
ecuatoriana y boliviana, crearon la más
hermosa historia de amor de nuestra
tierra, sellada para siempre, en medio
de los Andes al mando del Gran Mariscal
de Ayacucho, Antonio José de Sucre. Y es
Neruda, el Pablo americano, que hoy
regresa con su pueblo a la Comunidad
Andina, quien nos cuenta la historia de
Guayaquil y de los primeros tiempos.