Palabras del Presidente de Colombia, Andrés Pastrana Arango, en la inauguración de la XI Cumbre Presidencial Andina

Cartagena de Indias, 26 de mayo de 1999

Apreciados Amigos:

En diciembre de 1812, recién llegado a Cartagena, el Libertador Simón Bolívar publica su conocido "Manifiesto de Cartagena". Venía de su Caracas natal, donde el proyecto emancipador había encontrado dificultades. Tenía 29 años. Sin embargo, esta trascendental proclama política revela ya los rasgos más relevantes de su genio, de su talante y convicciones. En ella plantea de manera decisiva el imperativo de la Independencia, y se manifiesta su carácter de intransigencia frente a los acontecimientos adversos; su decisión de no ceder hasta alcanzar la emancipación de nuestros pueblos. Desde entonces, esta villa de Cartagena, se considera inseparable de la gesta bolivariana y la libertad de América.

Cartagena fue igualmente cuna del proceso de integración que iniciamos en el año 1969. Reunidos aquí, los negociadores de Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú concluyeron el Acuerdo de Cartagena que poco después, el 26 de mayo de ese año, sería suscrito en Bogotá por los correspondientes plenipotenciarios andinos, y al cual Venezuela se vincularía más adelante.

Hoy, en nombre del Gobierno y del pueblo colombiano quiero dar a los mandatarios andinos y a sus delegaciones, la más cordial bienvenida a Cartagena de Indias, ciudad que nos acoge nuevamente con el fin de diseñar el camino que adentrará a nuestra comunidad en el siglo XXI.

Expresamos nuestra complacencia por la presencia de los primeros mandatarios y de los altos dignatarios de países hermanos, quienes nos acompañan en representación de importantes procesos de integración subregional. Igualmente nuestro reconocimiento a los representantes de los organismos internacionales y regionales que concurren a este encuentro. Sean todos bienvenidos. Quisiera también agradecer a las autoridades y el pueblo cartagenero, quienes mediante la colaboración, y hospitalidad que les son propia, se vinculan a la realización de este importante evento.

Hacia mediados de este siglo Latinoamérica se propuso la dura empresa de crear unas reglas de juego que le permitieran acceder a un nuevo orden económico internacional. La CEPAL, siguiendo el pensamiento de un ilustre latinoamericano, el doctor Raúl Prebisch, desarrolló de manera brillante el nuevo esquema requerido para promover la industrialización y la autosuficiencia económica. Para ello se dio prioridad a la estrategia de sustitución de importaciones. Con su implementación nuestros países alcanzaron niveles de industrialización y desarrollo favorables para la época.

En este contexto surgió en 1960 la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), postulando la meta de un mercado común regional. Este objetivo contó con altibajos que impidieron su concreción. Sin embargo, desde entonces hemos venido buscando diversos caminos que han acercado nuestras economías.

En los años 60, los países andinos reconocieron que la integración avanzaría mejor a nivel de subgrupos, en los que se atenuaran las desigualdades económicas entre los socios. Chile y Colombia lideraron esta visión, la cual conduciría a la constitución del Pacto Andino. Con éste surgió también el concepto de la convergencia regional, recogido por la ALADI en 1980 y el SELA en 1975, noción alrededor de la cual queremos ahora articular los distintos procesos subregionales en marcha, y avanzar hacia la integración hemisférica. Fue así como surgieron fecundas iniciativas de integración como el MERCOSUR, el G-3, que reafirmaron la tendencia a la construcción de subgrupos.

Más allá del desempeño económico favorable y del crecimiento de nuestros países durante estas tres décadas, la estructura andina de metas e instrumentos enfrentó condiciones poco propicias; el desarrollo democrático sufría reveses, y el aislamiento económico, las prácticas proteccionistas y la crisis de la deuda externa afectaban el proceso. Pero nuestros países desplegaron una actitud constructiva que logró mantener las corrientes comerciales y permitió la creación de importantes instituciones andinas.

Como todo hecho histórico, la sustitución de importaciones entró en etapa de agotamiento y el modelo de desarrollo "hacia adentro" reveló insuficiencias para articularse a un mundo de relaciones económicas diferentes, y para asimilar la fuerza con que emergieron la globalización, la interdependencia y la competitividad como factores claves del crecimiento. Desaparecieron antiguos y herméticos paradigmas que ya no eran suficientes para aprehender la nueva realidad.

Las tesis de la CEPAL sobre el regionalismo abierto contribuyeron a construir el nuevo marco en el que hemos inscrito, desde hace una década, los procesos de integración. En este lapso nuestros países han hecho enormes y eficientes esfuerzos de adaptación, económicos y políticos.

En lo económico están la apertura de las economías, la reducción unilateral de los aranceles, la liberalización de los regímenes de inversión, el establecimiento del equilibrio macroeconómico, el abandono de las prácticas proteccionistas extremas y el reconocimiento del papel innegable del mercado en la asignación de los recursos.

En lo político, está el logro fundamental de haber recobrado la democracia en toda la región.

Es ése el escenario en el que ha evolucionado la integración andina en la última década y en el que ha logrado avances sin precedentes con relación a los años anteriores. Recordemos algunos momentos decisivos de esta etapa, en la que hemos concebido una integración amplia que no se agota en las negociaciones para reducir los esquemas arancelarios.

Destacamos la decisión presidencial de 1990 que adelantó los plazos para conformar la Zona de Libre Comercio, la cual entró en funcionamiento en 1993, y la aprobación del Arancel Externo Común en 1994, vigente desde 1995. Es conocido el desempeño sin precedentes del intercambio intra-andino durante estos años, en una dinámica de creación de comercio, y evitando el fenómeno de desviación propiciado por la rebaja unilateral de aranceles. Además, los bienes manufacturados y semi-manufacturados representan el 90 por ciento del intercambio total. Para 1998 el comercio intra-regional alcanzó los 5.000 millones de dólares.

De la mano del aumento del comercio y de la actualización del régimen comunitario respectivo, la inversión extranjera muestra un incremento considerable. Además, han surgido asociaciones entre empresas de la región, las cuales se benefician del mercado ampliado. Los empresarios andinos han cobrado dinamismo y han adquirido confianza en el proceso, al que ven como una oportunidad real para realizar negocios.

Según un reciente estudio del BID, la integración ha atenuado los efectos de la crisis financiera internacional originada en 1997: mientras que las exportaciones andinas al resto del mundo decayeron en 1998, las exportaciones en la subregión se mantuvieron estables.

Se ha puesto así en evidencia, por primera vez, que la integración puede tener una función anticíclica. Este ejemplo comercial debería potenciarse, y ampliarse al ámbito financiero.

En el ámbito andino contamos con instituciones sólidas y eficientes como la Corporación Andina de Fomento y el Fondo Latinoamericano de Reservas, las cuales están llamadas a jugar un papel importante en el diseño de la nueva arquitectura financiera internacional. Es alentador que la región no se haya alejado de su compromiso con la apertura externa como respuesta a las turbulencias financieras y dificultades económicas, a las cuales nos hemos sido inmunes. Una estrategia unilateral de restricciones significativas no sólo impondría costos adicionales para algunos países, sino que afectaría el comercio regional, el cual ha crecido, como es evidente en la subregión, en proporciones mayores al comercio de nuestros países con el resto del mundo.

Señores Presidentes:

Reiteramos la importancia de mantenernos dentro de esta actitud, de impedir un retroceso en este camino, el cual hemos recorrido no sin costos ni sacrificios. No permitamos que se pongan en entredicho los logros alcanzados durante esta década. Debemos actuar en coincidencia con nuestra voluntad de fortalecer el multilateralismo, como lo hemos hecho en el marco de la Organización Mundial de Comercio.

Debo destacar que estos avances no habrían podido concretarse sin el afianzamiento de la democracia, porque sin legitimidad democrática y política las bases del proceso serían débiles e inciertas.

Felizmente hemos abandonado la idea de sustituir la libertad por la eficacia. Por eso, uno de los proyectos esenciales de la Comunidad al entrar en el nuevo siglo es la unidad política. Una señal objetiva y gratificante de esto es que dos países hermanos, unidos en la democracia, hayan logrado dirimir un antiguo antagonismo a través del acuerdo y la negociación, y de esta manera hayan creado una atmósfera de desarrollo y bienestar para sus pueblos. Este hecho político fundamental, que debemos a la voluntad inquebrantable de los Presidentes Jamil Mahuad y Alberto Fujimori, fortalece la confianza y la seguridad de nuestros países, de tal manera que el advenimiento del próximo siglo represente también la resolución de asuntos pendientes en toda la subregión.

Le decía ahora a mi querido amigo, el Presidente Mahuad cuál es la diferencia que hay en Colombia, entre la guerra y la paz.! Qué bueno que podamos decir que guerra es cuando los padres entierran a sus hijos, y paz es cuando los hijos entierran a sus padres.

La integración de nuestros días requiere instituciones jurídicas, políticas y técnicas fuertes y lo suficientemente diversas como para dar cabida a la gama extensa de asuntos que debemos considerar conjuntamente. Debido a la interdependencia y la globalización, la agenda comunitaria debe ampliarse a los llamados temas globales.

Estas instituciones no sólo dan garantías al proceso internamente, sino que vigorizan la posición de la COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES frente a terceros, y mejorar nuestra capacidad de negociación.

Poseemos un tejido coherente, amplio y actualizado de instituciones e instancias asesoras formales, sin las cuales todo proceso actual de integración sería incompleto. Deben destacarse la Reunión de Presidentes, el Consejo de Cancilleres, la Comisión, la Secretaría General, el Tribunal de Justicia, y el Parlamento Andino, así como los Consejos asesores Laboral y Empresarial y las demás entidades que constituyen El Sistema Andino de Integración. El protocolo de Trujillo contribuyó sustantivamente a crear esta nueva estructura institucional con la cual recibimos el próximo siglo.

En el horizonte de mediano y corto plazo tenemos la creación de un Mercado Común, convenido para el año 2005. Debemos esforzarnos para lograr este objetivo, y para ello, en esta oportunidad enfocaremos las tareas específicas. Para esta fecha debemos contar con una Zona de Libre Comercio perfeccionada y un Arancel Externo Común inmune a las perforaciones. Adicionalmente debemos facilitar un ambiente para la libre circulación de personas, capitales y servicios.

Otro campo fundamental son las relaciones con terceros. Aquí ocupan lugar de importancia las negociaciones con el MERCOSUR, vistas como decisivas en esta etapa del proceso de integración latinoamericana. Necesitamos una nueva concepción de la convergencia regional, la cual de cierta forma supere la definición contenida en el Tratado de Montevideo del 80, según la cual la convergencia es la multilateralización negociada de los Acuerdos de Alcance Parcial, la cual no ha dado los resultados esperados. Proponemos la realización de un ejercicio para la redefinir la noción de convergencia regional, teniendo en cuenta los siguientes parámetros: establecimiento de mecanismos para atenuar las asimetrías y garantizar la distribución de los beneficios del proceso integrador; incorporación al concepto de convergencia de las nociones de productividad y competitividad como elementos decisivos de la nueva integración. Lo que queremos es una integración productiva.

Convocamos a la CEPAL, para que junto con otros organismos regionales que han estudiado este punto, apoye estos avances hacia esta nueva visión de la convergencia, la cual deberá contemplar el aspecto de las asimetrías no sólo a nivel regional, sino en la perspectiva de la integración hemisférica. La región tiene una experiencia de significación en la materia, la cual puede ser el punto de partida para esta nueva reflexión. Tenemos el reto de superar la disyuntiva entre uniformidad normativa y asimetrías, entre reciprocidad y trato preferencial. Ya el proceso europeo ha tenido una situación semejante y ha desarrollado criterios de convergencia prácticos que han facilitado la incorporación de socios de diverso desarrollo económico. Deberíamos mirar con atención esa experiencia.

La integración hemisférica representa una gran oportunidad. Es motivo de satisfacción que la Comunidad Andina de Naciones haya coordinado una posición conjunta en las negociaciones del ALCA.

Debemos continuar los trabajos en esa dirección y fortalecer así nuestra capacidad de negociación.

Una de nuestras prioridades actuales en las relaciones con los Estados Unidos es la prolongación y ampliación del Sistema Andino de Preferencias Arancelarias, ATPA, dentro del mismo esquema de la Iniciativa del Caribe, CBI. La experiencia del ATPA no puede verse en forma aislada, sino como un instrumento que pueda conducirnos igualmente a negociaciones de mayor alcance, como un puente hacia la Zona de Libre Comercio Hemisférica.

Impulsamos el fortalecimiento de nuestros vínculos con los Estados Unidos y por ello también vemos con optimismo que en el marco de este encuentro, se lleve a cabo la primera reunión bilateral de la Comisión de Comercio e Inversión entre la Comunidad Andina y los Estados Unidos. Existe un ambiente muy propicio para que al amparo de ese mecanismo no sólo realicemos un intercambio formal de informaciones, sino que consolidemos también hechos que conduzcan a una real ampliación de las corrientes comerciales y los flujos de inversión.

Las negociaciones con Canadá han tenido ya un comienzo prometedor. Es importante desarrollarlas con firmeza y continuidad, apuntando hacia la integración hemisférica.

A Europa nos unen lazos de comercio, inversión y cooperación de vieja data. Su importante devenir comunitario ha sido ejemplo para la integración andina en varios campos. Considero oportuno hacer este reconocimiento a una región que ha sabido alcanzar metas fundamentales del proceso integrador, y que a comienzos de este año llegó a la unión monetaria mediante la adopción del EURO. Queremos también profundizar los vínculos entre las dos comunidades.

Señores Presidentes:

En el fondo de estas reflexiones subyace, a nuestro modo de ver, un interrogante trascendental: es el que atañe a los fines que perseguimos cuando nos proponemos reducir los aranceles, o liberar el intercambio comercial entre nuestros países. No podemos perder de vista que todo este proceso no constituye un fin en sí mismo, sino que se trata de un instrumento, de una herramienta para lograr objetivos más amplios de desarrollo económico y social.

En ocasiones nos preguntamos ¿La integración para qué? Más allá del desmantelamiento arancelario, la integración debe propiciar una mayor inserción de nuestros países, impulsar la transformación productiva, coadyuvar al desarrollo social, afianzar la democracia.

La Comunidad Andina de Naciones está llamada a jugar un nuevo papel estratégico, orientada hacia estas grandes metas de verdadero cambio en los países que la integran. En un libro de reciente aparición, "Historia del Siglo XX", el historiador inglés Eric Hobsbawm, afirma: "Una cosa está clara, si la humanidad ha de tener un futuro, no será prolongando el pasado ni el presente". Creemos en el futuro de nuestros pueblos, y por lo tanto en nuestra capacidad de transformarnos. Es este el reto fundamental que asignamos a la COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES, el de contribuir a esa transformación.-

Como hemos señalado, uno de los grandes logros de la COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES durante los últimos años ha sido la concepción de un proyecto integrador amplio. Ya no se trata, como en los viejos tiempos, de crear las corrientes comerciales, de incrementar los procesos de desgravación. Ciertamente, en esas materias tenemos aún tareas pendientes, e importantes por desarrollar. Pero hemos abandonado ese hábito incrementalista, y estamos entrando a una nueva etapa del proceso, de nuevas prioridades y cometidos de lo que ha sido llamado por algunos la "integración sustentable".

Ese es el norte de la COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES en los años por venir, y la manera como la integración andina puede contribuir a lograr una inserción constructiva en la globalización. Los grandes campos de este nuevo enfoque de la Comunidad Andina serían los siguientes: unidad política, agenda social, economía productividad, unidad científica, educativa y cultural. Elemento indispensable para avanzar hacia la unidad política es la estrategia que concibamos para fortalecer nuestras democracias. El Parlamento Andino tiene aquí una importante responsabilidad: la de consolidar y expandir cada vez más los hábitos y comportamientos democráticos, en un marco de solidaridad y contemplando posibilidades de armonización de legislaciones. Es importante igualmente concretar la cláusula democrática en este proceso hacia la unidad política.

Pero en este escenario de nuevos tiempos y nuevas prioridades, existe en la subregión una problemática que requiere la mayor atención, no sólo por parte de los gobiernos nacionales, sino por parte de la Comunidad. Se trata de la cuestión social. El año pasado la CEPAL dio a conocer un estudio que analiza la crítica situación social de Latinoamérica como resultado de dos variables: primero de los factores estructurales de pobreza y marginación existentes, y segundo, como resultado de los efectos de los procesos de apertura y globalización de las economías. ¿Cómo pueden articularse los nuevos procesos de integración para contribuir a la modificación de estructuras sociales inequitativas, que se expresan en preocupantes indicadores de distribución de la riqueza en la región?

No resulta fácil dar una respuesta definitiva a este serio interrogante. Pero podemos adelantar algunas reflexiones. Si deseamos impulsar el proceso económico en un marco de estabilidad democrática, debemos implementar políticas que refuercen la relación entre el crecimiento y la inversión y la generación de empleo, facilitando a las pequeñas y medianas empresas el acceso a la tecnología y el capital.

Al ingresar al siglo XXI la región debe afrontar simultáneamente dos grandes desafíos. Avanzar en el camino del crecimiento económico y de la cohesión social e incorporarse aceleradamente en la nueva economía basada en el conocimiento. Aunque esta es una tarea que corresponde en primer lugar a los Gobiernos de los Países Miembros, con el fin de enseñar a la población a adquirir, aplicar y usar el conocimiento, por la magnitud de los mismos, debería ser también una acción conjunta de toda la región a través de los procesos de integración.

Si el conocimiento está llamado a ser la base de las sociedades del futuro, es necesario también propiciar una democratización de la educación, una transformación cultural que impida una acentuación de las desigualdades. La unidad educativa y cultural al interior de nuestra Comunidad cobra entonces una enorme dimensión, porque enfrentamos un desafío de gran envergadura: el de actualizar y mejorar nuestros sistemas educativos y tecnológicos. Queremos crear las condiciones que nos permitan en un futuro próximo investigar unidos, innovar unidos. Los contactos que se han iniciado entre los ministros de Educación y Cultura y las autoridades responsables de Ciencia y Tecnología deben orientarse a la creación de esas condiciones.

Señores Presidentes, Compatriotas Andinos y Latinoamericanos:

Colombia se honra en contar con su presencia en este momento de su devenir político, en el que hemos asumido el compromiso de no limitar nuestros esfuerzos de diálogo y conciliación para lograr la paz, en un marco de respeto al Estado de Derecho, a la soberanía nacional y a los derechos humanos. Bajo estos parámetros, y con la firme voluntad de forjar un destino de concordia para todos los colombianos, hemos iniciado un proceso de colombianos para colombianos y que, como política de Estado, cuenta con el respaldo de todos los sectores; y como siempre lo he dicho, con el respaldo total de nuestras Fuerzas Armadas. Gracias a esto y al apoyo de la Comunidad Internacional estamos avanzando por buen camino y hemos puesto en marcha las conversaciones directas.

Esta empresa es esencial para nosotros. Como toda gran meta política requiere la fortaleza de mantener el optimismo sin perder nunca el norte del proceso; la fortaleza para no ceder ante los derrotismos de unos pocos; la fortaleza de comprender la necesidad de ajustar a veces el tiempo y el plazo del proceso; la fortaleza para allanar el camino con imaginación y audacia. Convencidos de la positiva labor facilitadora que puede desempeñar la Comunidad Internacional, en la mesa de negociaciones, definimos de común acuerdo las modalidades bajo las que puede implementarse esa labor.

Hemos recibido apoyo y solidaridad de países hermanos y amigos, y esas manifestaciones son también un factor de esperanza y confianza en el proceso.

Ya lo decía el Presidente Kennedy: "no hay que negociar con miedo, y no hay que tener miedo para negociar".

Colombia se enorgullece de haber participado, desde sus comienzos, en las iniciativas de integración andina que se gestaron en 1966. Recordemos la Declaración de Bogotá, de ese año, adoptada en la reunión convocada por el eximio Presidente de Colombia, Carlos Lleras Restrepo, y a la que concurrieron los Presidentes de Chile y Venezuela, Eduardo Frei y Raúl Leoni, así como los representantes personales de los Presidentes de Ecuador y Perú, Galo Plaza y Fernando Schwalb. Allí encontramos la decisión política de avanzar, partiendo de la ALALC, hacia la constitución de un grupo subregional de integración.

De igual manera, recordamos las importantes negociaciones que condujeron, durante la administración del Presidente Misael Pastrana, a la adhesión de Venezuela en 1973. En 1991 los colombianos adoptamos una nueva carta política, en la que hemos consagrado la meta de la integración latinoamericana como postulado constitucional. Hoy queremos reiterar ante ustedes este compromiso.

Vivimos en un mundo de transformación que aún no ha alcanzado su forma definitiva, el cual por lo tanto, se nos presenta en parte como desconocido. Por eso, la unidad de nuestros países resulta cada vez una necesidad mayor. En su carta de Jamaica de 1815, Simón Bolívar hacía un llamamiento a la unión americana como factor necesario para conquistar la Independencia y fundar gobiernos libres. Decía el Libertador: "Mas esta unión no nos vendrá por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y bien dirigidos".

Estamos, pues, insertos en la historia y el destino de nuestros países, un destino de unidad concebido con grandeza por el Libertador.

Avancemos en esa dirección, pues ni sus pueblos ni sus herederos podemos ser inferiores a sus sueños. Como Presidente de Colombia estoy convencido que todos los mandatarios congregados hoy, quieren para sus pueblos democracias fuertes, economías prósperas, competitivas y sustentables, sociedades equitativas, objetivos que no podremos alcanzar aisladamente. En efecto, solo tenemos mucho que perder, pero unidos, tenemos mucho que ganar.

Muchas Gracias.