Apreciados Amigos:
En diciembre de 1812,
recién llegado a Cartagena, el
Libertador Simón Bolívar publica su
conocido "Manifiesto de Cartagena".
Venía de su Caracas natal, donde el
proyecto emancipador había encontrado
dificultades. Tenía 29 años. Sin
embargo, esta trascendental proclama
política revela ya los rasgos más
relevantes de su genio, de su talante y
convicciones. En ella plantea de manera
decisiva el imperativo de la
Independencia, y se manifiesta su
carácter de intransigencia frente a los
acontecimientos adversos; su decisión de
no ceder hasta alcanzar la emancipación
de nuestros pueblos. Desde entonces,
esta villa de Cartagena, se considera
inseparable de la gesta bolivariana y la
libertad de América.
Cartagena fue
igualmente cuna del proceso de
integración que iniciamos en el año
1969. Reunidos aquí, los negociadores de
Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú
concluyeron el Acuerdo de Cartagena que
poco después, el 26 de mayo de ese año,
sería suscrito en Bogotá por los
correspondientes plenipotenciarios
andinos, y al cual Venezuela se
vincularía más adelante.
Hoy, en nombre del
Gobierno y del pueblo colombiano quiero
dar a los mandatarios andinos y a sus
delegaciones, la más cordial bienvenida
a Cartagena de Indias, ciudad que nos
acoge nuevamente con el fin de diseñar
el camino que adentrará a nuestra
comunidad en el siglo XXI.
Expresamos nuestra
complacencia por la presencia de los
primeros mandatarios y de los altos
dignatarios de países hermanos, quienes
nos acompañan en representación de
importantes procesos de integración
subregional. Igualmente nuestro
reconocimiento a los representantes de
los organismos internacionales y
regionales que concurren a este
encuentro. Sean todos bienvenidos.
Quisiera también agradecer a las
autoridades y el pueblo cartagenero,
quienes mediante la colaboración, y
hospitalidad que les son propia, se
vinculan a la realización de este
importante evento.
Hacia mediados de
este siglo Latinoamérica se propuso la
dura empresa de crear unas reglas de
juego que le permitieran acceder a un
nuevo orden económico internacional. La
CEPAL, siguiendo el pensamiento de un
ilustre latinoamericano, el doctor Raúl
Prebisch, desarrolló de manera brillante
el nuevo esquema requerido para promover
la industrialización y la
autosuficiencia económica. Para ello se
dio prioridad a la estrategia de
sustitución de importaciones. Con su
implementación nuestros países
alcanzaron niveles de industrialización
y desarrollo favorables para la época.
En este contexto
surgió en 1960 la Asociación
Latinoamericana de Libre Comercio
(ALALC), postulando la meta de un
mercado común regional. Este objetivo
contó con altibajos que impidieron su
concreción. Sin embargo, desde entonces
hemos venido buscando diversos caminos
que han acercado nuestras economías.
En los años 60, los
países andinos reconocieron que la
integración avanzaría mejor a nivel de
subgrupos, en los que se atenuaran las
desigualdades económicas entre los
socios. Chile y Colombia lideraron esta
visión, la cual conduciría a la
constitución del Pacto Andino. Con éste
surgió también el concepto de la
convergencia regional, recogido por la
ALADI en 1980 y el SELA en 1975, noción
alrededor de la cual queremos ahora
articular los distintos procesos
subregionales en marcha, y avanzar hacia
la integración hemisférica. Fue así como
surgieron fecundas iniciativas de
integración como el MERCOSUR, el G-3,
que reafirmaron la tendencia a la
construcción de subgrupos.
Más allá del
desempeño económico favorable y del
crecimiento de nuestros países durante
estas tres décadas, la estructura andina
de metas e instrumentos enfrentó
condiciones poco propicias; el
desarrollo democrático sufría reveses, y
el aislamiento económico, las prácticas
proteccionistas y la crisis de la deuda
externa afectaban el proceso. Pero
nuestros países desplegaron una actitud
constructiva que logró mantener las
corrientes comerciales y permitió la
creación de importantes instituciones
andinas.
Como todo hecho
histórico, la sustitución de
importaciones entró en etapa de
agotamiento y el modelo de desarrollo
"hacia adentro" reveló insuficiencias
para articularse a un mundo de
relaciones económicas diferentes, y para
asimilar la fuerza con que emergieron la
globalización, la interdependencia y la
competitividad como factores claves del
crecimiento. Desaparecieron antiguos y
herméticos paradigmas que ya no eran
suficientes para aprehender la nueva
realidad.
Las tesis de la CEPAL
sobre el regionalismo abierto
contribuyeron a construir el nuevo marco
en el que hemos inscrito, desde hace una
década, los procesos de integración. En
este lapso nuestros países han hecho
enormes y eficientes esfuerzos de
adaptación, económicos y políticos.
En lo económico están
la apertura de las economías, la
reducción unilateral de los aranceles,
la liberalización de los regímenes de
inversión, el establecimiento del
equilibrio macroeconómico, el abandono
de las prácticas proteccionistas
extremas y el reconocimiento del papel
innegable del mercado en la asignación
de los recursos.
En lo político, está
el logro fundamental de haber recobrado
la democracia en toda la región.
Es ése el escenario
en el que ha evolucionado la integración
andina en la última década y en el que
ha logrado avances sin precedentes con
relación a los años anteriores.
Recordemos algunos momentos decisivos de
esta etapa, en la que hemos concebido
una integración amplia que no se agota
en las negociaciones para reducir los
esquemas arancelarios.
Destacamos la
decisión presidencial de 1990 que
adelantó los plazos para conformar la
Zona de Libre Comercio, la cual entró en
funcionamiento en 1993, y la aprobación
del Arancel Externo Común en 1994,
vigente desde 1995. Es conocido el
desempeño sin precedentes del
intercambio intra-andino durante estos
años, en una dinámica de creación de
comercio, y evitando el fenómeno de
desviación propiciado por la rebaja
unilateral de aranceles. Además, los
bienes manufacturados y semi-manufacturados
representan el 90 por ciento del
intercambio total. Para 1998 el comercio
intra-regional alcanzó los 5.000
millones de dólares.
De la mano del
aumento del comercio y de la
actualización del régimen comunitario
respectivo, la inversión extranjera
muestra un incremento considerable.
Además, han surgido asociaciones entre
empresas de la región, las cuales se
benefician del mercado ampliado. Los
empresarios andinos han cobrado
dinamismo y han adquirido confianza en
el proceso, al que ven como una
oportunidad real para realizar negocios.
Según un reciente
estudio del BID, la integración ha
atenuado los efectos de la crisis
financiera internacional originada en
1997: mientras que las exportaciones
andinas al resto del mundo decayeron en
1998, las exportaciones en la subregión
se mantuvieron estables.
Se ha puesto así en
evidencia, por primera vez, que la
integración puede tener una función
anticíclica. Este ejemplo comercial
debería potenciarse, y ampliarse al
ámbito financiero.
En el ámbito andino
contamos con instituciones sólidas y
eficientes como la Corporación Andina de
Fomento y el Fondo Latinoamericano de
Reservas, las cuales están llamadas a
jugar un papel importante en el diseño
de la nueva arquitectura financiera
internacional. Es alentador que la
región no se haya alejado de su
compromiso con la apertura externa como
respuesta a las turbulencias financieras
y dificultades económicas, a las cuales
nos hemos sido inmunes. Una estrategia
unilateral de restricciones
significativas no sólo impondría costos
adicionales para algunos países, sino
que afectaría el comercio regional, el
cual ha crecido, como es evidente en la
subregión, en proporciones mayores al
comercio de nuestros países con el resto
del mundo.
Señores Presidentes:
Reiteramos la
importancia de mantenernos dentro de
esta actitud, de impedir un retroceso en
este camino, el cual hemos recorrido no
sin costos ni sacrificios. No permitamos
que se pongan en entredicho los logros
alcanzados durante esta década. Debemos
actuar en coincidencia con nuestra
voluntad de fortalecer el
multilateralismo, como lo hemos hecho en
el marco de la Organización Mundial de
Comercio.
Debo destacar que
estos avances no habrían podido
concretarse sin el afianzamiento de la
democracia, porque sin legitimidad
democrática y política las bases del
proceso serían débiles e inciertas.
Felizmente hemos
abandonado la idea de sustituir la
libertad por la eficacia. Por eso, uno
de los proyectos esenciales de la
Comunidad al entrar en el nuevo siglo es
la unidad política. Una señal objetiva y
gratificante de esto es que dos países
hermanos, unidos en la democracia, hayan
logrado dirimir un antiguo antagonismo a
través del acuerdo y la negociación, y
de esta manera hayan creado una
atmósfera de desarrollo y bienestar para
sus pueblos. Este hecho político
fundamental, que debemos a la voluntad
inquebrantable de los Presidentes Jamil
Mahuad y Alberto Fujimori, fortalece la
confianza y la seguridad de nuestros
países, de tal manera que el
advenimiento del próximo siglo
represente también la resolución de
asuntos pendientes en toda la subregión.
Le decía ahora a mi
querido amigo, el Presidente Mahuad cuál
es la diferencia que hay en Colombia,
entre la guerra y la paz.! Qué bueno que
podamos decir que guerra es cuando los
padres entierran a sus hijos, y paz es
cuando los hijos entierran a sus padres.
La integración de
nuestros días requiere instituciones
jurídicas, políticas y técnicas fuertes
y lo suficientemente diversas como para
dar cabida a la gama extensa de asuntos
que debemos considerar conjuntamente.
Debido a la interdependencia y la
globalización, la agenda comunitaria
debe ampliarse a los llamados temas
globales.
Estas instituciones
no sólo dan garantías al proceso
internamente, sino que vigorizan la
posición de la COMUNIDAD ANDINA DE
NACIONES frente a terceros, y mejorar
nuestra capacidad de negociación.
Poseemos un tejido
coherente, amplio y actualizado de
instituciones e instancias asesoras
formales, sin las cuales todo proceso
actual de integración sería incompleto.
Deben destacarse la Reunión de
Presidentes, el Consejo de Cancilleres,
la Comisión, la Secretaría General, el
Tribunal de Justicia, y el Parlamento
Andino, así como los Consejos asesores
Laboral y Empresarial y las demás
entidades que constituyen El Sistema
Andino de Integración. El protocolo de
Trujillo contribuyó sustantivamente a
crear esta nueva estructura
institucional con la cual recibimos el
próximo siglo.
En el horizonte de
mediano y corto plazo tenemos la
creación de un Mercado Común, convenido
para el año 2005. Debemos esforzarnos
para lograr este objetivo, y para ello,
en esta oportunidad enfocaremos las
tareas específicas. Para esta fecha
debemos contar con una Zona de Libre
Comercio perfeccionada y un Arancel
Externo Común inmune a las
perforaciones. Adicionalmente debemos
facilitar un ambiente para la libre
circulación de personas, capitales y
servicios.
Otro campo
fundamental son las relaciones con
terceros. Aquí ocupan lugar de
importancia las negociaciones con el
MERCOSUR, vistas como decisivas en esta
etapa del proceso de integración
latinoamericana. Necesitamos una nueva
concepción de la convergencia regional,
la cual de cierta forma supere la
definición contenida en el Tratado de
Montevideo del 80, según la cual la
convergencia es la multilateralización
negociada de los Acuerdos de Alcance
Parcial, la cual no ha dado los
resultados esperados. Proponemos la
realización de un ejercicio para la
redefinir la noción de convergencia
regional, teniendo en cuenta los
siguientes parámetros: establecimiento
de mecanismos para atenuar las
asimetrías y garantizar la distribución
de los beneficios del proceso
integrador; incorporación al concepto de
convergencia de las nociones de
productividad y competitividad como
elementos decisivos de la nueva
integración. Lo que queremos es una
integración productiva.
Convocamos a la
CEPAL, para que junto con otros
organismos regionales que han estudiado
este punto, apoye estos avances hacia
esta nueva visión de la convergencia, la
cual deberá contemplar el aspecto de las
asimetrías no sólo a nivel regional,
sino en la perspectiva de la integración
hemisférica. La región tiene una
experiencia de significación en la
materia, la cual puede ser el punto de
partida para esta nueva reflexión.
Tenemos el reto de superar la disyuntiva
entre uniformidad normativa y
asimetrías, entre reciprocidad y trato
preferencial. Ya el proceso europeo ha
tenido una situación semejante y ha
desarrollado criterios de convergencia
prácticos que han facilitado la
incorporación de socios de diverso
desarrollo económico. Deberíamos mirar
con atención esa experiencia.
La integración
hemisférica representa una gran
oportunidad. Es motivo de satisfacción
que la Comunidad Andina de Naciones haya
coordinado una posición conjunta en las
negociaciones del ALCA.
Debemos continuar los
trabajos en esa dirección y fortalecer
así nuestra capacidad de negociación.
Una de nuestras
prioridades actuales en las relaciones
con los Estados Unidos es la
prolongación y ampliación del Sistema
Andino de Preferencias Arancelarias,
ATPA, dentro del mismo esquema de la
Iniciativa del Caribe, CBI. La
experiencia del ATPA no puede verse en
forma aislada, sino como un instrumento
que pueda conducirnos igualmente a
negociaciones de mayor alcance, como un
puente hacia la Zona de Libre Comercio
Hemisférica.
Impulsamos el
fortalecimiento de nuestros vínculos con
los Estados Unidos y por ello también
vemos con optimismo que en el marco de
este encuentro, se lleve a cabo la
primera reunión bilateral de la Comisión
de Comercio e Inversión entre la
Comunidad Andina y los Estados Unidos.
Existe un ambiente muy propicio para que
al amparo de ese mecanismo no sólo
realicemos un intercambio formal de
informaciones, sino que consolidemos
también hechos que conduzcan a una real
ampliación de las corrientes comerciales
y los flujos de inversión.
Las negociaciones con
Canadá han tenido ya un comienzo
prometedor. Es importante desarrollarlas
con firmeza y continuidad, apuntando
hacia la integración hemisférica.
A Europa nos unen
lazos de comercio, inversión y
cooperación de vieja data. Su importante
devenir comunitario ha sido ejemplo para
la integración andina en varios campos.
Considero oportuno hacer este
reconocimiento a una región que ha
sabido alcanzar metas fundamentales del
proceso integrador, y que a comienzos de
este año llegó a la unión monetaria
mediante la adopción del EURO. Queremos
también profundizar los vínculos entre
las dos comunidades.
Señores Presidentes:
En el fondo de estas
reflexiones subyace, a nuestro modo de
ver, un interrogante trascendental: es
el que atañe a los fines que perseguimos
cuando nos proponemos reducir los
aranceles, o liberar el intercambio
comercial entre nuestros países. No
podemos perder de vista que todo este
proceso no constituye un fin en sí
mismo, sino que se trata de un
instrumento, de una herramienta para
lograr objetivos más amplios de
desarrollo económico y social.
En ocasiones nos
preguntamos ¿La integración para qué?
Más allá del desmantelamiento
arancelario, la integración debe
propiciar una mayor inserción de
nuestros países, impulsar la
transformación productiva, coadyuvar al
desarrollo social, afianzar la
democracia.
La Comunidad Andina
de Naciones está llamada a jugar un
nuevo papel estratégico, orientada hacia
estas grandes metas de verdadero cambio
en los países que la integran. En un
libro de reciente aparición, "Historia
del Siglo XX", el historiador inglés
Eric Hobsbawm, afirma: "Una cosa está
clara, si la humanidad ha de tener un
futuro, no será prolongando el pasado ni
el presente". Creemos en el futuro de
nuestros pueblos, y por lo tanto en
nuestra capacidad de transformarnos. Es
este el reto fundamental que asignamos a
la COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES, el de
contribuir a esa transformación.-
Como hemos señalado,
uno de los grandes logros de la
COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES durante los
últimos años ha sido la concepción de un
proyecto integrador amplio. Ya no se
trata, como en los viejos tiempos, de
crear las corrientes comerciales, de
incrementar los procesos de
desgravación. Ciertamente, en esas
materias tenemos aún tareas pendientes,
e importantes por desarrollar. Pero
hemos abandonado ese hábito
incrementalista, y estamos entrando a
una nueva etapa del proceso, de nuevas
prioridades y cometidos de lo que ha
sido llamado por algunos la "integración
sustentable".
Ese es el norte de la
COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES en los años
por venir, y la manera como la
integración andina puede contribuir a
lograr una inserción constructiva en la
globalización. Los grandes campos de
este nuevo enfoque de la Comunidad
Andina serían los siguientes: unidad
política, agenda social, economía
productividad, unidad científica,
educativa y cultural. Elemento
indispensable para avanzar hacia la
unidad política es la estrategia que
concibamos para fortalecer nuestras
democracias. El Parlamento Andino tiene
aquí una importante responsabilidad: la
de consolidar y expandir cada vez más
los hábitos y comportamientos
democráticos, en un marco de solidaridad
y contemplando posibilidades de
armonización de legislaciones. Es
importante igualmente concretar la
cláusula democrática en este proceso
hacia la unidad política.
Pero en este
escenario de nuevos tiempos y nuevas
prioridades, existe en la subregión una
problemática que requiere la mayor
atención, no sólo por parte de los
gobiernos nacionales, sino por parte de
la Comunidad. Se trata de la cuestión
social. El año pasado la CEPAL dio a
conocer un estudio que analiza la
crítica situación social de
Latinoamérica como resultado de dos
variables: primero de los factores
estructurales de pobreza y marginación
existentes, y segundo, como resultado de
los efectos de los procesos de apertura
y globalización de las economías. ¿Cómo
pueden articularse los nuevos procesos
de integración para contribuir a la
modificación de estructuras sociales
inequitativas, que se expresan en
preocupantes indicadores de distribución
de la riqueza en la región?
No resulta fácil dar
una respuesta definitiva a este serio
interrogante. Pero podemos adelantar
algunas reflexiones. Si deseamos
impulsar el proceso económico en un
marco de estabilidad democrática,
debemos implementar políticas que
refuercen la relación entre el
crecimiento y la inversión y la
generación de empleo, facilitando a las
pequeñas y medianas empresas el acceso a
la tecnología y el capital.
Al ingresar al siglo
XXI la región debe afrontar
simultáneamente dos grandes desafíos.
Avanzar en el camino del crecimiento
económico y de la cohesión social e
incorporarse aceleradamente en la nueva
economía basada en el conocimiento.
Aunque esta es una tarea que corresponde
en primer lugar a los Gobiernos de los
Países Miembros, con el fin de enseñar a
la población a adquirir, aplicar y usar
el conocimiento, por la magnitud de los
mismos, debería ser también una acción
conjunta de toda la región a través de
los procesos de integración.
Si el conocimiento
está llamado a ser la base de las
sociedades del futuro, es necesario
también propiciar una democratización de
la educación, una transformación
cultural que impida una acentuación de
las desigualdades. La unidad educativa y
cultural al interior de nuestra
Comunidad cobra entonces una enorme
dimensión, porque enfrentamos un desafío
de gran envergadura: el de actualizar y
mejorar nuestros sistemas educativos y
tecnológicos. Queremos crear las
condiciones que nos permitan en un
futuro próximo investigar unidos,
innovar unidos. Los contactos que se han
iniciado entre los ministros de
Educación y Cultura y las autoridades
responsables de Ciencia y Tecnología
deben orientarse a la creación de esas
condiciones.
Señores Presidentes,
Compatriotas Andinos y Latinoamericanos:
Colombia se honra en
contar con su presencia en este momento
de su devenir político, en el que hemos
asumido el compromiso de no limitar
nuestros esfuerzos de diálogo y
conciliación para lograr la paz, en un
marco de respeto al Estado de Derecho, a
la soberanía nacional y a los derechos
humanos. Bajo estos parámetros, y con la
firme voluntad de forjar un destino de
concordia para todos los colombianos,
hemos iniciado un proceso de colombianos
para colombianos y que, como política de
Estado, cuenta con el respaldo de todos
los sectores; y como siempre lo he
dicho, con el respaldo total de nuestras
Fuerzas Armadas. Gracias a esto y al
apoyo de la Comunidad Internacional
estamos avanzando por buen camino y
hemos puesto en marcha las
conversaciones directas.
Esta empresa es
esencial para nosotros. Como toda gran
meta política requiere la fortaleza de
mantener el optimismo sin perder nunca
el norte del proceso; la fortaleza para
no ceder ante los derrotismos de unos
pocos; la fortaleza de comprender la
necesidad de ajustar a veces el tiempo y
el plazo del proceso; la fortaleza para
allanar el camino con imaginación y
audacia. Convencidos de la positiva
labor facilitadora que puede desempeñar
la Comunidad Internacional, en la mesa
de negociaciones, definimos de común
acuerdo las modalidades bajo las que
puede implementarse esa labor.
Hemos recibido apoyo
y solidaridad de países hermanos y
amigos, y esas manifestaciones son
también un factor de esperanza y
confianza en el proceso.
Ya lo decía el
Presidente Kennedy: "no hay que negociar
con miedo, y no hay que tener miedo para
negociar".
Colombia se
enorgullece de haber participado, desde
sus comienzos, en las iniciativas de
integración andina que se gestaron en
1966. Recordemos la Declaración de
Bogotá, de ese año, adoptada en la
reunión convocada por el eximio
Presidente de Colombia, Carlos Lleras
Restrepo, y a la que concurrieron los
Presidentes de Chile y Venezuela,
Eduardo Frei y Raúl Leoni, así como los
representantes personales de los
Presidentes de Ecuador y Perú, Galo
Plaza y Fernando Schwalb. Allí
encontramos la decisión política de
avanzar, partiendo de la ALALC, hacia la
constitución de un grupo subregional de
integración.
De igual manera,
recordamos las importantes negociaciones
que condujeron, durante la
administración del Presidente Misael
Pastrana, a la adhesión de Venezuela en
1973. En 1991 los colombianos adoptamos
una nueva carta política, en la que
hemos consagrado la meta de la
integración latinoamericana como
postulado constitucional. Hoy queremos
reiterar ante ustedes este compromiso.
Vivimos en un mundo
de transformación que aún no ha
alcanzado su forma definitiva, el cual
por lo tanto, se nos presenta en parte
como desconocido. Por eso, la unidad de
nuestros países resulta cada vez una
necesidad mayor. En su carta de Jamaica
de 1815, Simón Bolívar hacía un
llamamiento a la unión americana como
factor necesario para conquistar la
Independencia y fundar gobiernos libres.
Decía el Libertador: "Mas esta unión no
nos vendrá por prodigios divinos, sino
por efectos sensibles y bien dirigidos".
Estamos, pues,
insertos en la historia y el destino de
nuestros países, un destino de unidad
concebido con grandeza por el
Libertador.
Avancemos en esa
dirección, pues ni sus pueblos ni sus
herederos podemos ser inferiores a sus
sueños. Como Presidente de Colombia
estoy convencido que todos los
mandatarios congregados hoy, quieren
para sus pueblos democracias fuertes,
economías prósperas, competitivas y
sustentables, sociedades equitativas,
objetivos que no podremos alcanzar
aisladamente. En efecto, solo tenemos
mucho que perder, pero unidos, tenemos
mucho que ganar.
Muchas Gracias.