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Palabras del Presidente de la
República de Venezuela, Hugo Chávez
Frías, en el acto inaugural de la XI
Cumbre Presidencial Andina
Cartagena de Indias, 26 de mayo de 1999
(Versión transcripta de su exposición
oral)
Excelentísimos Jefes
de Estado de la Comunidad Andina, de los
países hermanos que están aquí
representados, señores dignatarios,
autoridades, representantes de pueblos,
de países y de gobiernos, excelentísimas
primeras damas, pueblos de Colombia,
pueblos del continente, amigas y
amigos.:
"Soy un hijo de la
infeliz Caracas" decía entre estas
murallas, hace, si las cuentas de mi
lápiz ayer no se equivocaba, hace ciento
ochenta y seis años, cinco meses y doce
días, un joven coronel de 29 años que
venía de presenciar el derrumbamiento de
Venezuela, la caída de la primera
economía y llegó desconsolado, a buscar
fortaleza, a buscar ayuda, cooperación
en esta eterna y heroica ciudad de
Cartagena de Indias.
Simón Bolívar
alertaba ya, en aquellos años, el 15 de
diciembre de 1812, sobre los dramas y
las tragedias que ya se sentían y además
se podían prever sobre nuestros pueblos
y sobre nuestras naciones.
Hoy, cuando nos hemos
convocado aquí -y agradezco a nombre de
mi esposa Marisabel y de la delegación
que nos acompaña, la hospitalidad de
Colombia, de este pueblo cartagenero- a
conmemorar los treinta años del Acuerdo
de Cartagena que dio nacimiento a la
Comunidad Andina de Naciones, pareciera
que aquellas voces bolivarianas retumban
todavía desde el Convento de la Popa
hasta las olas del mar que chocan contra
las murallas.
Creo que nosotros
tenemos que revisar de dónde venimos y
buscar con lupa las entrañas de nuestra
historia. Creo que si no logramos
descifrar esas entrañas, seguiremos
encerrados en el laberinto
garciamarquiano. ¿Cómo salir, Dios mío,
de este laberinto?.
Bolívar en Cartagena,
en aquel manifiesto de hace 186 años
pudiera iluminar un poco con su palabra,
con su visión de aquel momento. Creo que
vamos por el camino, buscando la salida;
más que buscándola, construyéndola. Yo
tuve la dicha anoche que me llegara a mi
habitación un obsequio de mi amigo
Gabriel García Márquez: "El General en
su Laberinto" y estuve "laberinteando"
como hasta las tres de la mañana porque
uno se zambulle en esa magia de Gabriel
García Márquez y cómo le cuesta
desprenderse; ni siquiera el sueño lo
desprende a uno de esas letras,
navegando en esa historia, en esa
tierra, en estas costumbres de esta
América nuestra.
Revisando algunas
líneas de ese hermoso y profundo libro,
esa novela leída hace varios años, uno
consigue allí los signos para salir de
este laberinto. Lo digo con mucha
humildad y el respeto por todos.
Bolívar decía, por
ejemplo, en aquella Cartagena
libertaria, frases como la siguiente:
"Nuestra división más que las armas
españolas nos tornaron a la esclavitud".
Yo creo que esa frase sigue retumbando
en todas estas costas y en todos estos
valles y montañas de la América Latina y
el Caribe. Nuestra división, más que las
armas o más que la acción de cualquier
enemigo, adversario o fuerza extraña a
nosotros nos ha llevado históricamente a
la situación que hemos vivido en estos
casi dos siglos de nuestra reciente
historia.
Además de llamar a la
unión como lo hizo toda la vida, 18 años
después pasó por aquí, en su camino a
Santa Marta y un mes y tanto antes de
morir, desde aquí mismo, desde esta
Cartagena entonces ya destrozada por la
guerra, Bolívar siguió llamando a la
unidad en Santa Marta. En su última
proclama siguió llamando a esa unidad:
"Unión o la anarquía nos devorará, si mi
muerte contribuye a que cesen los
partidos y se consolide la unión yo
bajaré tranquilo al sepulcro".
Nosotros estamos
lejos aún de aquel sueño... bastante
lejos, pero todo este esfuerzo apunta
hacia esa dirección. Bolívar también
lanzaba una señal en ese Manifiesto de
Cartagena y hablando un poco de la
táctica de la guerra (como usted sabe
general Banzer, presidente y estudioso
de estas tácticas de la guerra), Bolívar
hacía consideraciones militares -ya se
intuía el genio militar de aquel hombre-
y decía: no estamos en tiempos de
defensiva, no podemos mantenernos en
defensiva y señalaba según las poderosas
razones para ir a la ofensiva.
Creo que hoy tampoco
nosotros podemos mantenernos a la
defensiva; creo que hoy tenemos que
recoger ese espíritu y lanzarnos a una
ofensiva acelerando todos los mecanismos
posibles, dejando posiciones de defensa
ante un mundo que marcha de manera
atropellada, veloz. Bolívar llamaba a
esa ofensiva: "vamos veloces a dar la
mano al moribundo, a vengar al muerto, a
dar justicia y libertad a todos", así
terminaba el Manifiesto de Cartagena,
convocando a la Nueva Granada a ir a
Venezuela como lo hicieron en la campaña
admirable al año siguiente y luego
volvieron de allá para acá, a Boyacá y
luego a Carabobo; es decir aquellos
hombres y aquellas mujeres fueron
tejiendo la urdimbre sobre los Andes y
dejaron sus huesos y su sangre, su sudor
y sus lágrimas sobre la cima de esta
eterna cordillera y las costas de estos
eternos mares.
Hoy creo que hay dos
signos importantes para descifrarlos, y
hago esa reflexión agradeciendo el honor
que se me ha dado y la oportunidad de
dirigir estas reflexiones a todos
nosotros y a nuestros pueblos que son
los dueños al fin de todo esto: El
pueblo que es soberano y el que debe
regir los destinos de nuestras naciones.
Unión y ofensiva son esos dos signos
importantes de este tiempo; desunión y
defensiva nos llevaría a muchas más
profundas derrotas históricas, nos
llevaría a muchos más profundos abismos
que éstos, donde hemos caído en estas
ultimas décadas del siglo veinte
latinoamericano y caribeño.
Se cumplen treinta
años de la Comunidad Andina... yo
recuerdo levemente que estaba estudiando
bachillerato aún y no pensaba ser
militar. Pensaba ser pelotero,
beisbolista, y por eso me fui al
ejército y aquí vamos, pero el camino
como que se va torciendo, se va haciendo
como los ríos a mil.
La Comunidad Andina
nació de aquel Acuerdo de Cartagena en
1969. Hablamos de tres décadas, pero que
décadas nos ha tocado vivir a los
latinoamericanos, a los caribeños y a
todo el mundo... nuestra pequeña y
trágica historia. Hoy estamos enfocando
estas reflexiones.
La década de los
setenta fue la década aquella de los
modelos de sustitución de importaciones,
fue la década aquella del dogma del
Estado y de la planificación... unos
dogmas muy rígidos que hicieron agua, no
resistieron, como esas estructuras muy
arcaicas que se desploman ante las
fuerzas que avanzan. Aquello no resistió
una década, se vino abajo.
Luego entramos a la
década de los ochenta, la década
perdida. Así la llaman algunos
historiadores, estudiosos de la ciencia
económica y social; para nosotros
parecía un eslabón perdido, claro que
nada se pierde y todo se transforma,
pero así la llaman: "la década perdida".
Una década de
incertidumbre y de grandes crisis, por
la crisis de la deuda que barrió con el
continente, desde México hasta
Argentina. Fue la crisis de la caída de
un dogma, de un modelo y de la búsqueda
hacia dónde vamos. En Venezuela hizo
explosión una crisis que venía
cuajándose por debajo de la tierra y
allá en 1983, en el recordado viernes
negro, donde Venezuela, como el Titanic,
chocamos con el iceberg y comenzamos a
hacer agua.
Luego entramos a la
década de los noventa, también con
grandes incertidumbres. Esta década que
está terminando es una década de grandes
crisis políticas, hasta militares, con
guerras internas y externas en nuestro
continente. Creo que en esta década de
manera peligrosa, pudiera decir yo
aunque quizá es exagerado el
calificativo, permítanmelo, les ruego,
en esta década de los noventa pareciera
que sustituimos un dogma por otro; el
dogma aquel de la sustitución de
importaciones por el dogma de la mano
invisible del mercado.
Bien decía Jamil
Mahuad, en su discurso de toma de
posesión que yo leí por Internet y lo
repetí en Caracas el dos de febrero,
tomándole prestada la frase: la mano
invisible del mercado sí, pero hace
falta la otra mano, la mano visible del
Estado. No podemos sustituir un dogma
por otro dogma: libre mercado y mano
invisible que lo arregla todo. El
resultado no dice eso. Todos nosotros
hemos estudiado las ciencias, esas
prácticas de mirar de lo empírico, mirar
la realidad y comprobar que esto es
madera. Hay que tocar, cuando uno ve la
madera que se hunde, piensa en esa
miseria terrible y creciente que ni se
está acabando ni está disminuyendo.
Hablo por Venezuela...Para muestra un
botón: ochenta y tanto por ciento de
pobreza, casi 20% de desempleo, más de
la mitad de los niños fuera de las
escuelas, los ancianos en las calles,
pidiendo pensiones justas, porque no les
alcanza ni para comer ni una vez al día,
ancianos que trabajaron toda su vida,
cada día más niños abandonados en las
calles...ese no puede ser el camino. No
puede ser el dogma del neoliberalismo
salvaje...es eso, salvaje...son palabras
de su santidad el Papa Juan Pablo
Segundo.
No podemos sustituir
un extremo, un dogma por otro. Ese es
nuestro criterio y ese es el mensaje que
traigo a nombre de mi pueblo, de
Venezuela, del pueblo también de
ustedes.
Tenemos que inventar
nuestros propios modelos. Ahora que
vamos a entrar en la cuarta década,
tratemos de que no sea la década
dogmática. No podemos volver atrás,
hacia aquella dictadura de la
planificación centralizada o de
encerrarnos en nosotros mismos. Tampoco
podemos permitir que esta década que
viene sea perdida como la de los
ochenta, pero tampoco podemos seguir por
el camino de un dogma que nos quieren
inyectar como veneno..terrible veneno.
Simón Rodríguez,
aquel maestro filósofo bolivariano
también lo decía por allá en 1828, en
las costas del Perú, de Bolivia y del
Ecuador, donde fue a transitar sus
últimos años. Decía: "la América
española no puede seguir copiando
modelos: o inventamos o erramos"; es
decir, sino inventamos, estamos errando.
Estamos obligados a inventar, a
reinventarnos nosotros mismos, a revisar
las tragedias, los caminos y las
glorias, porque también tenemos glorias
por donde hemos pasado.
Creo que en este
ámbito, en este marco, es muy importante
la autocrítica y el reconocimiento de
los treinta años, como dicen los
pioneros como el que hoy oímos con mucha
atención. Hay que reconocer con orgullo
los avances: una zona de libre comercio,
un arancel externo común y el hecho que
estemos aquí treinta años después, eso
es ya un triunfo. Hemos sobrevivido y
eso ya es bastante en este mundo. Y
tenemos avances: se ha incrementado, el
intercambio comercial, como dijo
Sebastián, hemos avanzado en algunas
áreas y seguiremos avanzando sin duda.
Pero creo que es
conveniente que revisemos el mapa, la
brújula, las coordenadas y orientemos
bien por dónde vamos ahora, que estamos
como recomenzando no solamente una nueva
década, un nuevo siglo, un nuevo milenio
incluso. Es conveniente hacerlo, ese es
el marco y el espíritu que aquí se
respira y esto nos llena de optimismo,
de fortaleza, porque estamos de verdad
reinventádonos y buscando esos nuevos
caminos.
Estuvimos revisando
el Acta del Consejo Presidencial y
estamos de acuerdo en todo lo que ahí se
expresa, pero pudiéramos hacer algunos
aportes para la discusión franca y
abierta, como deben ser las discusiones
entre hermanos, y aquí estamos todos
hermanos, incluyendo los amigos de la
Unión Europea, cuyos saludos nos alienta
y lo retornamos.
Se plantea ahora
hacia el futuro un plan de acción 1999 -
2000 en el Consejo de Cancilleres. Creo
que es muy corto el plazo, que la mirada
se queda muy corta. Un gran
latinoamericano al que tuve el honor de
conocer un día en la Pampa de la Quinua,
allá en Ayacucho, siendo muy joven, el
general Omar Torrijos Herrera, decía una
frase que nunca olvido: "no importa que
avancemos aunque sea un milímetro pero
en la dirección correcta". Hay que
utilizar las luces cortas y las luces
largas, todo eso estudiábamos los
cadetes siendo muy jóvenes.
Me permito sugerir
que hagamos un plan de acción con las
luces largas. El 2000 está allí mismo...
qué podemos hacer nosotros en el 99 y en
el 2000?. Creo que hay que mirar
lejos...Una década al menos y pensar un
plan de acción 2000 al 2010. Creo que es
urgente que nosotros lo enfoquemos así,
miremos largo y cuidado si más allá,
pero al menos esa década. Es una de mis
humildes sugerencias.
Igualmente en el
acta, en la propuesta de acuerdo, se
plantea la necesidad de formar y
consolidar un gran espacio económico,
avanzando más allá de la zona de libre
comercio, para crear un mercado común.
En nuestro humilde criterio y tomando la
frase bolivariana de las murallas de
1812, creemos que es conveniente que
avancemos audazmente hacia lo político.
Creo que mucho más importante, mucho más
prioritario, mucho más urgente que la
conformación de ese necesario espacio
económico es la conformación de un
sólido bloque, de un sólido espacio
político. La idea ha surcado estas
tierras durante dos siglos y
recientemente la hemos oído aquí, en
Colombia se ha discutido mucho al
respecto.
¿Será posible que un
plan de acción política que arranque en
el año 2000 hasta el 2010 o el 2020,
nosotros podamos conformar, para dejar
como una herencia de este paso por la
tierra y por este tiempo, esa idea de
una Confederación de Estados de América
Latina y el Caribe?. Sueño acaso con la
Europa y la Alemania reunificada y ese
ejemplo y esa moneda única y esos
acuerdos en el orden político, creo que
tenemos que aspirarlo más, poner ese
tope máximo como límite y trabajar muy
duro por ello, porque ciertamente la
Comunidad Andina de Naciones es un paso
pero recordemos que seremos andinos para
siempre, naciones iguales, porque sí
hemos avanzado algo... miremos nuestros
estados y nuestras instituciones.
Proponemos avanzar audazmente hacia la
conformación de un gran espacio
político, un sólido bloque político,
social, económico.
Creo que es un gran
logro incluir la agenda social porque no
ha sido muy desarrollada en estas tres
décadas. ¿Cómo solucionar los dramas de
nuestros pueblos en salud, en seguridad
social, en educación? ¿Será que los
vamos a solucionar dentro de este modelo
al que ya me he referido de
neoliberalismo salvaje que muchas veces
nos quieren imponer desde fuera? Yo creo
que no, que en ese marco no hay solución
al drama social.
Creo que es urgente
buscar soluciones. En esa agenda social
es urgente cambiar parámetros porque el
incremento de la deuda social, el
incremento de las tensiones sociales
hacen o ponen muchas veces en peligro la
estabilidad social, política, e interna
de cada país. Esa reflexión me parece
muy conveniente que la hagamos.
Nosotros aportamos
algunas ideas, ustedes saben que en
Venezuela hay un proceso interno,
profundo, de transformación. Hay un
pueblo que resucitó de sus cenizas y
está impulsando un proceso
revolucionario, porque se trata de
cambios estructurales de un sistema
político que se agotó, que durante estas
cuatro décadas hundió al país en una
crisis sin precedentes. Hay un proceso
constituyente en marcha, un reacomodo de
fuerzas sociales, políticas y la bandera
bolivariana vuelve a resurgir con mucha
fuerza, por allá en esas tierras
nuestras.
Aportamos entonces
esa idea de una integración o
globalización en tres dimensiones. La
integración interna de nuestros países,
sin por supuesto pronunciarme por
respeto a todos los hermanos países, la
de la Comunidad Andina, pero creo que
internamente tenemos que integrarnos
también, porque la reflexión áquella es
muy válida. ¿Cómo podemos integrar a
otro cuerpo, un cuerpo que este
desintegrado? Por eso siempre he
aplaudido el gesto valiente, noble, del
presidente Pastrana en torno a impulsar
las políticas de paz y respetando
profundamente lo que ocurre dentro de
Colombia, sin embargo hemos manifestado
en reiteradas ocasiones nuestra voluntad
de contribuir con lo que podamos al
proceso de paz en Colombia.
Y aquí en el marco de
la Comunidad Andina de Naciones lo
ratificamos porque es un clamor de
nuestro pueblo. El pueblo venezolano ama
al pueblo colombiano, igual el pueblo
colombiano ama al pueblo venezolano.
Somos el mismo pueblo, igual que los
demás pueblos de América latina y del
Caribe. Más integración social hacia
dentro de cada país es fundamental para
que ese gran espacio sea sólido de
verdad, para que las bases del edificio
no estén carcomidas y una integración de
nuestro continente que vaya más allá de
la Comunidad Andina, y creo que ahí
tenemos que pisar también mecanismos de
aceleración: con MERCOSUR, la Cuenca
Amazónica, con la Comunidad del Caribe,
el gran Caribe, y saludo a los
representantes de los países del Caribe
igual que al del MERCOSUR. Pues aquí
estamos llamados a conformar un gran
bloque de fuerza para enfrentar ese
mundo multipolar del siglo veintiuno. No
puede ser bipolar, mucho menos unipolar.
Tenemos que hacerlo pluripolar y aquí
por todas las condiciones geográficas,
humanas, históricas y potenciales,
nosotros estamos llamados a conformar
uno de los polos de fuerza de poder en
las puertas del siglo veintiuno. Tenemos
las condiciones para serlo: avancemos,
unidos y en ofensiva en esa dirección.
Creo que hacia allá vamos.
Nosotros aportaremos
todo nuestro esfuerzo. Estamos
comenzando apenas este proceso en
Venezuela. Ciento trece días apenas han
pasado de este nuestro gobierno que no
es un nuevo gobierno. Es el comienzo de
una nueva etapa en Venezuela. No es un
cambio de gobierno lo que ocurrió en
Venezuela, ustedes estoy seguro que así
lo intuyen o lo saben. Con toda nuestra
voluntad estamos aquí para impulsarnos.
Yo, igual que mi
esposa Marisabel, es la primera vez que
vengo a Cartagena de Indias y espero
volver. Mañana partiremos. Pero claro
que ya había venido hace años navegando
en las letras inmortales de Gabriel
García Márquez, en ese laberinto del
general en el cual andamos nosotros
todavía, andamos rozando ese laberinto.
Anoche lo recordaba
releyendo algunas líneas...Cuando
Bolívar llega aquí camino a su cita de
Santa Marta, el 17 de diciembre, lo
llevó al Convento de la Popa y pasó aquí
varios meses y como dice Gabriel García
Marquez cuando Bolívar se fue de aquí,
el 1 de octubre de 1830, no iba como un
fugitivo en derrota. Tal cual lo dice
Gabriel, iba como un general en campaña;
ya tocando y rozando la muerte seguía
tocando a unidad y a ofensiva.
Hoy creo que esa es
la consigna bolivariana para todos:
unida es nuestra divisa y ofensiva hacia
un siglo que tiene que ser mejor para
nuestros pueblos.
Señores, un honor, muchas gracias. |