Nos congrega hoy en
esta ilustre ciudad, emblemática de los
sueños libertarios de América, la
conmemoración de un nuevo hito histórico
del Proyecto Andino de Integración que
fue desde sus orígenes, ha sido en los
últimos treinta años y debe continuar
siendo fuerza motora del gran
emprendimiento para la unidad económica
y política del continente suramericano y
de América Latina toda.
A partir de unos
nexos ricos por la tradición histórica y
por la pertenencia común a la estirpe
bolivariana, pero prácticamente
inexistentes en lo económico y
comercial, el Acuerdo de Cartagena nació
como un acto de la más genuina voluntad
política, con visión de desarrollo
integral y de solidaridad activa que
mantiene intacta su vigencia.
Desde un principio
los avances en materia comercial fueron
modestos y sujetos a grandes
oscilaciones. No obstante se hicieron
progresos verdaderamente notables y, a
veces, anticipados en el plano de las
instituciones. Gracias a ello, la
Comunidad Andina cuenta hoy con un
sólido marco normativo y un elaborado
sistema de solución de controversias que
tiene como instancia última al Tribunal
Andino de Justicia. Esto brinda
confianza y seguridad jurídica en la
aplicación de las reglas de juego que
los propios países le han dado al
proceso de integración.
En sintonía con los
vientos de reforma estructural que
recorrieron a América Latina desde
finales del decenio pasado y que
condujeron a casi todos los países de la
región a adoptar profundos y acelerados
procesos de apertura internacional, el
entonces Grupo Andino se aprestó sin
reticencias a hacer el tránsito
pertinente hacia nuevas formas de
regionalismo: un regionalismo abierto a
la economía internacional, en mayor
consonancia con el mercado y con
creciente participación de los actores y
de la sociedad civil en la construcción
del Proceso Andino de Integración.
Estos lineamientos
encontraron su expresión política,
jurídica y económica en el Protocolo de
Trujillo de 1996, que significó sin duda
alguna un salto cualitativo en la
evolución de la integración andina. En
efecto, este instrumento pone a tono los
mecanismos comerciales del proceso con
las nuevas realidades internacionales.
Engloba los órganos, instituciones y
convenios en un sistema coherente y lo
que es más significativo señala la
inequívoca voluntad política de
constituir una verdadera Comunidad de
Naciones.
Durante el decenio
que termina, la actual Comunidad Andina
se convirtió en una tangible realidad
económica y comercial, cuyo dinamismo
superó con creces el de los intercambios
con terceros y comenzó a tejer vínculos
relevantes en el plano de las
inversiones.
En 1997 el comercio
intra-subregional, alcanzó su cifra más
alta, con 5 600 millones de dólares,
cuatro veces y media más que a comienzos
de la década. Esto, con la
particularidad de que las manufacturas
representan cerca de 80 por ciento de
dichos intercambios.
Estos auspiciosos
desarrollos están experimentando
actualmente como ya ha ocurrido en el
pasado perturbaciones originadas en el
entorno internacional y muy
particularmente por los excesos de la
globalización financiera.
Hemos llegado de esta
manera a un punto crucial de la
integración que exige un golpe de timón
para emprender una nueva etapa. Si
queremos alcanzar niveles superiores de
integración económica social y política
tenemos que profundizar en el desarrollo
y evolución de las instituciones
comunitarias, a fin de atender las
crecientes y variadas exigencias de un
proceso que es de naturaleza integral.
Habiendo realizado ya
lo sustancial del desmonte arancelario,
el comercio intrandino no podrá seguir
creciendo significativamente, si no se
apuntala con un decidido esfuerzo de
armonización y coordinación de políticas
macroeconómicas, que salga, además, al
paso de las ondas desestabilizadoras que
provienen de la economía internacional.
En buena hora los
Ministros de Economía han asumido con
determinación el desafío, de alcanzar la
estabilidad económica de nuestros países
y propiciar las convergencias
macroeconómicas necesarias para la
conformación de un sólido mercado común
en el año 2005. En todas estas materias
la CAF y el FLAR están llamados a hacer
una contribución fundamental.
La nueva etapa de
nuestra integración deberá también
contribuir al fortalecimiento y
desarrollo de las estructuras
productivas mediante el aprovechamiento
de las sinergías existentes entre las
producciones de los diferentes países.
La puesta en marcha
de la política exterior común andina
supone el desarrollo de una visión
compartida de nuestras relaciones
externas. Ella se nutre, en buena parte,
de las experiencias de coordinación y de
acción conjunta en nuestras
negociaciones con MERCOSUR y en el marco
del ALCA. También deberá favorecer la
ampliación de nuestros vínculos con
otros países y subregiones
latinoamericanas, así como la
profundización de las relaciones con
Estados Unidos, Canadá y la Unión
Europea. Igualmente será sin duda más
eficaz nuestra acción en los foros
internacionales y en los organismos
multilaterales.
La agenda social es
la nueva dimensión de la solidaridad
andina. Ella deberá por un lado,
promover la participación ciudadana y el
fortalecimiento de nuestra identidad.
Por el otro, combatir la pobreza extrema
mediante la creación de empleo, el
impulso decidido de la educación y la
acción directa para el desarrollo de las
zonas deprimidas, con especial atención
a las regiones fronterizas.
De cara al futuro es
necesario asumir el reto de la
modernidad. Si en el pasado llegamos
tarde a la revolución industrial no
podemos ahora perder el tren de la
revolución del conocimiento y de la
sociedad de la información.
Señores Presidentes:
En el tránsito de fin
de siglo, nada ha resultado más
beneficioso para nuestra comunidad de
naciones que los acuerdos de paz
alcanzados entre el Perú y el Ecuador
ahora nuestra integración tiene el
camino despejado para alcanzar las
grandes realizaciones que ansían
nuestros pueblos y cimentan una cultura
de la tolerancia, de la convivencia y de
la solidaridad. En suma, una cultura de
paz y de integración, que será el
fundamento más sólido para la unión que
la historia nos ha venido demandando y
que ahora tenemos al alcance de nuestras
manos. Es la hora de las grandes
decisiones políticas para concretar
nuestro destino común.