Palabras del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías, con ocasión del XIII Consejo Presidencial Andino
(Versión no oficial, transcripción del discurso)

Valencia, Venezuela, 23 de junio de 2001

Bueno, ya casi todo se ha dicho, casi todo dije, no se apuren mucho, casi todo. En primer lugar, a nombre del pueblo bolivariano de Venezuela, a nombre de nuestro Gobierno revolucionario, a nombre de todas las instituciones del Estado Venezolano y a nombre de todos quiero expresarles nuestra más cordial, profunda y emotiva bienvenida, Señores Presidentes, colegas y amigos que nos visitan en esta ocasión tan especial.

Bienvenidos todos y bienvenidas todas a esta tierra y en este tiempo. A esta tierra que aquí se hace sabana, en Carabobo, pero que es la confluencia de las montañas, por una parte, que emergen del Caribe, en este pecho caribeño que tenemos, en este frontispicio suramericano; en este lugar y en esta tierra que se hace sabana, que se hace valle y que se hace lago, pero que al mismo tiempo es convergencia de las montañas que vienen de la profundidad de los Andes y de las sierras nevadas; en esta tierra, en esta sabana, en este valle que al mismo tiempo es convergencia de las inmensas sabanas que se abren hacia el Apure, hacia el Arauca, hacia el Orinoco y más allá del Casiquiare hacia el Río Negro y el Amazonas si se interna en las profundas selvas de Sudamérica.

Bienvenidos a esta tierra. Bienvenidos además en este tiempo; tiempo también de torbellinos, de encuentros y de reencuentros, tiempo en el cual los venezolanos hemos decidido por voluntad soberana, pacífica y mayoritaria iniciar como hemos iniciado, hace ya más de dos años, un verdadero y profundo proceso de transformación estructural; de cambios profundos y verdaderos, en los cuales estamos decididos a dedicar toda la vida que nos quede. Transformaciones profundas en el orden político, dejando atrás la falsa democracia, dejando atrás generaciones, de décadas que casi logran destrozar a Venezuela.

Momento y tiempo de revolución vivimos en Venezuela. Revolución afortunadamente pacífica, democrática, pero revolución sin vuelta atrás. Les damos la bienvenida, además, en este día tan memorable de mañana, en esta víspera del día tan memorable de mañana. Ya ustedes lo han señalado en sus maravillosos discursos, como bien decía Gustavo, que se complementan y giran en torno a la misma idea, a la misma angustia, a la misma esperanza, decía Andrés.

180 años de Carabobo, que el camino nos trajo a Carabobo 180 años después. Ahora el camino de Carabobo hace 180 años tenía una historia ya y luego hizo otra historia, se proyectó y dejó huella profunda, eran 10 años de guerra de liberación que había comenzado en 1810-1811, en esta misma ciudad por cierto; esta misma ciudad vio entrar a Miranda victorioso, pero al mismo tiempo herido de muerte, "Venezuela está herida en el corazón", dijo pocos días después de haber tomado a Valencia.

Ese camino largo de Carabobo pasó, decía también Andrés, por la caída de la Primera República, pasó por el dolor del Manifiesto de Cartagena, pasó por la Campaña Admirable y la proclamación de la Segunda República en 1813, pasó por el año horroroso de 1814, pasó por la Guerra a Muerte terrible, "españoles y canarios, contad con la muerte aun cuando seáis indiferentes. Venezolanos, contad con la vida aun cuando seáis culpables".

Ese camino que llegó a Carabobo hace 180 años pasó también por la emigración a oriente y pasó por la liberación de Guayana y pasó por el Congreso de Angostura y el nacimiento de la Tercera República, ya era anuncio de Colombia. Ese camino que llegó a Carabobo cruzó las sabanas de Apure y del Arauca hacia Boyacá el año 19, ese camino que llegó a Carabobo, llegó a Carabobo con esa historia, con esa huella, con ese dolor y ese camino que aquí se hizo victoria con ese ejército, el más grande y hermoso que haya hecho armas en Colombia, siguió su rastro y siguió dejando huellas y ese camino se fue hacia el Sur y cabalgó Los Andes, y ese camino llegó a Pichincha, y ese caminó y pasó por Junín y tramontó la Sierra Peruana y llegó a Guamanga en el Alto Perú. Llegó a la Pampa de la Quinua en el Cerro Cóndor Cunca un mes de diciembre de 1824. Pero no se paró ahí ese camino, ese camino siguió y llegó a Panamá en 1826 con la convocatoria la Congreso Anfictiónico, y ese camino luego se vino en declive terrible, tenebroso y oscuro y se fue desdibujando en Santa Marta.

El camino se perdió, se desdibujó; ese camino había desaparecido. Desapareció durante décadas. Hoy cuando estamos amaneciendo un siglo, llegar de nuevo a Carabobo creo que implica llegar con ese morral de recuerdos, de esperanzas, de desesperanzas, de dolores y de alegría y sobre todo con una gran fe en los caminos que debemos construir ahora nosotros, casi doscientos años después. Ese camino tenemos que retomarlo de nuevo; no creo que estemos en el eje central del camino, creo sí que nos estamos acercando al camino de nuevo, que estamos rescatando nuestras propias raíces y nuestra propia esencia.

La Comunidad Andina de Naciones, ha sido un honor recibir su Consejo Presidencial durante este año que ha transcurrido desde la Cumbre de Lima el año pasado. Y como ya bien lo decía Sebastián y todos ustedes amigos y colegas, pues podemos realmente sentirnos satisfechos de lo que en conjunto hemos logrado en este año; creo que hemos dado saltos muy importante, no voy a repetirlos, ya los conocemos, en la dirección, en el fortalecimiento. Pero eso no basta, no basta.

Yo a nombre de Venezuela, vengo proponiendo desde hace ya dos años, desde que nos vimos en Cartagena de Indias en la Cumbre de 1999, la necesidad de revisar en profundidad el mecanismo de integración, en este caso la Comunidad Andina de Naciones. Creo que esa tarea está pendiente, creo que ahí muy poco hemos avanzado. Nos convocábamos a una reunión especial presidencial para revisar precisamente el futuro político de la integración de la Comunidad Andina, eso aún no se ha hecho, eso debemos hacerlo, porque la integración debe estar signada en primer lugar, antes que por los logros económicos, antes que por el impulso del comercio que es vital, es fundamental, pero antes que eso debe estar impulsada y signada por una profunda voluntad política, es un problema político de integración, no es un problema económico, lo económico debe ser consecuencia de lo político, no podemos colocar la carreta delante de los caballos son los caballos de la política los que deben impulsar, halar las carretas y los trenes de la economía y el desarrollo. Creo que debemos inyectarle mayor voluntad política a la integración y entonces estaríamos buscando de nuevo el camino aquel de Panamá, cuando Bolívar convocaba era a eso, Bolívar no convocaba a una Zona de Libre Comercio, no era esa la convocatoria inicial, seguramente hubiese venido a consecuencia de la integración política; Bolívar convocaba a Panamá con una visión profética, pudiéramos decir.

Ya desde Jamaica decía en su célebre Carta de Jamaica, ya Bolívar lo decía, profético y visionario: es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una sola Nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí con el todo, ya que tiene su origen, un origen, una lengua, unas costumbres y una religión para seguir diciendo: qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corintio para los griegos ¡ojalá! Que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto Congreso de los Representantes de las Repúblicas, reinos e imperios, a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, un cuerpo político. Hoy, cuando el mundo amanece al siglo XXI y estamos apostando a mundos pluripolares, no a mundos unipolares ni bipolares sino pluripolares y los polos de poder están bien definidos en el mundo, en Norteamérica, en Europa, en Asia, en Africa y esfuerzos gigantescos para conformar una unión africana, ya lo decía ayer en nuestra reunión con Mercosur el presidente de Mozambique; qué nos queda a nosotros sino retomar el camino de la integración política en primer lugar. A mi entender y creo que en esa dirección debemos luchar todos, la Comunidad Andina de Naciones que ha cumplido un papel importante en estas últimas tres décadas y que entra al siglo XXI fortaleciéndose como ya lo hemos mencionado y como lo sabemos de tanto trabajar, de tanto buscar salidas y alternativas; creo sin embargo que la Comunidad Andina de Naciones debe dar paso en un mediano plazo, no sé cuánto, a una unión bolivariana de naciones y digo bolivariana no por venezolano, porque en verdad yo soy de los que creo que la patria es esta América nuestra, en cualquier calle de Lima o de Bogotá, o de Quito o de La Paz, en verdad nos sentimos igualitos que en cualquier calle de Valencia o de Puerto Cabello o de Caracas, o de cualquier ciudad venezolana.; ésta es una sola América, la América bolivariana y allí también debemos retomar e inyectar en el Sistema de Integración Andino un elemento ideológico, toda batalla requiere una ideología, ¿será importada nuestra ideología de otras latitudes? No, decía Simón Rodríguez originales debemos ser, originales deben ser nuestros métodos y nuestras leyes y nuestros procedimientos, o inventamos o erramos; creo que no hay ninguna ideología más apropiada para levantar la identidad de nuestros pueblos, creo que no hay otra ideología más adecuada para orientar el proyecto histórico de nuestros pueblos, para elevar la autoestima de nuestros pueblos, para reinyectar el alma y la esencia de nuestros pueblos que la profunda visionaria e integradora ideología bolivariana.

Por otra parte, además de lo político, además de la necesidad de inyectarle mayor dosis de pensamiento y acción política a la Comunidad Andina de Naciones y buscar dar un salto adelante en lo político; además de eso, también debemos revisar, a mi entender, y es una de las propuestas de Venezuela y la ratificamos, los modelos económicos de la integración.

¿Es el neoliberalismo el modelo para integrarnos? No lo creemos desde Venezuela. Desde Venezuela creemos que el neoliberalismo es el camino al infierno, es un camino perverso, que favorece a unas minorías y excluye a las mayorías. Creo que la historia reciente de nuestro continente más que lo ha demostrado, entonces también debemos revisar las estructuras económicas que todavía imperan en nuestros países, unas estructuras con profundos signos coloniales, de economías de enclave.

Nos hemos especializados en ser exportadores, sobre todo de materias primas, tenemos que hacer un inmenso esfuerzo para romper esas cadenas, esas son las nuevas batallas de Carabobo y de Junín y de Ayacucho y de Boyacá y de Pichincha.

El Paraguay, ayer nos decían los empresarios, pues venden el algodón, materia prima, porque no tienen los recursos ni el resto de componentes para procesar el algodón o la semilla del café colombiano o venezolano o el cacao venezolano o el crudo venezolano o colombiano o ecuatoriano o peruano.

Necesario es que avancemos en nuevos modelos económicos diversificados, productivos, un gran esfuerzo educativo, científico y tecnológico debemos hacer para lograrlo y en tercer lugar, además de lo político y lo económico, en lo social tenemos una deuda gigantesca y no sólo gigantesca sino explosiva, peligrosa, que a todos nos amenaza.

La pobreza es la principal amenaza para nuestros pueblos, para nuestros sistemas políticos, para nuestra democracia. La exclusión social, los grandes abismos, las grandes diferencias entre los sectores pudientes de nuestra sociedad y las inmensas mayorías de marginales y de clases medias empobrecidas y proletarizadas. No podemos dejar para mañana lo que tenemos que hacer hoy.

Colocar en primer lugar de nuestra agenda el tema social, ya lo proponía el presidente Pastrana en Cartagena y luego en Lima el año pasado lo aprobamos, pero poco se ha hecho al respecto. No podemos cantar victoria porque el intercambio comercial haya crecido. ¡Cuidado con las corrientes economicistas del neoliberalismo!. Eso no basta, ¿cómo anda la pobreza, cómo anda el ingreso de los trabajadores y de la familia. Cómo andan los niños desnutridos y los niños de la calle. Cómo anda la vivienda del pueblo o las viviendas del pueblo? ¿Qué anda diciendo la gente en las calles; cómo andan los campesinos allá en la sierra y en las montañas y en las sabanas? ¿Cómo andan los pescadores a la orilla de los ríos o a la orilla de los mares? ¿Cómo andan las amas de casa. Cómo andan los niños en las escuelas? ¿Cómo andan los jóvenes en los liceos; estarán en los liceos y en las escuelas, o estarán en las calles buscando sustento para vivir?

¿Cómo está la salud. Cómo andan los niveles de desnutrición de nuestros niños y de nuestros pueblos? ¿Cómo anda la esperanza de vida al nacer en nuestros pueblos? ¿Cómo anda el desempleo, cómo anda el subempleo? A esas preguntas hay que darle respuestas urgentes. No podemos dejarlas para mañana.

Entonces, en lo político, en lo económico y en lo social tenemos un inmenso desafío por delante, y me parece muy bueno que comencemos el siglo debatiendo todos estos temas; hoy los debatiremos en el poco tiempo disponible que tenemos, y mañana por la mañana antes de ir al desfile del 180 aniversario de la Batalla de Carabobo y Día del Ejército Venezolano.

Quería hacer estas reflexiones para agregar esa angustia que nos carga, para reconocernos y sentirnos satisfechos de los logros obtenidos; pero al mismo tiempo, para recordar que son muy pequeños cuando los comparamos con el inmenso compromiso que tenemos. Estoy seguro que lo lograremos, estoy seguro que cuando nos veamos aquí en Carabobo el año 2021 para conmemorar los 200 años de aquella Batalla, nuestras Naciones, nuestros pueblos estarán mucho más cerca del camino de Carabobo, y más allá de Carabobo. El camino de la independencia, de la justicia, de la igualdad; ya lo decía Bolívar también con su visión profética: "Mirando por entre las próximas edades mi imaginación se fija en los siglos futuros, y ya veo desde allá esta inmensa región bañada por los océanos, sentada sobre el tema de la justicia y coronada por la gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno".

Termino citando con una gran fe, con una gran alegría, con una gran felicidad por este encuentro en Carabobo, agradeciendo a ustedes queridos y excelentes amigos y excelentísimos Presidentes, Primera Dama y Primeras Damas, Ministros, Cancilleres, Delegados; hombres y mujeres que han venido a este encuentro; agradeciéndoles infinitamente este Encuentro de Carabobo, termino además de darlas la bienvenida como ya la he dado a esta tierra, en este momento, en este lugar y en este tiempo, recordando algo que recoge quizás todo esto, citando una frase de un gran escritor venezolano recientemente fallecido, que fue testigo del siglo XX y vio el amanecer del 21, Arturo Uslar Pietri; en alguna ocasión escribió una frase: "Cuando el camino llegó a Carabobo, iba Bolívar adelante y obligaba mucho". Hoy tenemos a Bolívar detrás, y la obligación no ha hecho sino crecer. Vamos pues desde Carabobo hacia el futuro grande de nuestra integración bolivariana. Muchísimas gracias queridos amigos.