Intervención del Señor Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez
Lima, 10 de junio de 2000
(Versión no oficial transcripta de su exposición oral)

Primero que nada permítanme tomar la palabra por todos para hacer un reconocimiento muy sincero al Presidente Fujimori y a todo su equipo, a la Secretaría General de la Comunidad Andina, a todo su equipo y a sus asesores, a los comités asesores, a los comités técnicos y a todos quienes participaron de manera muy directa en la organización y en la conducción de esta décimasegunda reunión Cumbre del Consejo Presidencial Andino.

Hemos discutido diversos temas, hemos dado aportes diversos y ha habido una conducción muy precisa. Creo que hemos avanzado en la discusión, hemos oído las exposiciones muy claras y muy crudas de los representantes de nuestros pueblos y del Sistema Andino de Integración.

Hemos hecho un diagnóstico y hemos recibido materiales con bastante contenido de perspectiva. Creo que eso es algo muy importante en este momento y en esta etapa de transición que estamos viviendo. Y sobre todo quiero agradecer a todo el pueblo del Perú por el calor con el que nos ha recibido, por las atenciones que nos ha prestado, por esa hermosa manifestación, la noche de ayer, de aquello que un escritor reseñó diciendo que el Perú es síntesis del mundo. Anoche vimos con un gran colorido y una gran diversidad la música nuestra, la música andina, las costumbres andinas, las tradiciones andinas. Con esta organización, el Presidente Fujimori está demostrando que va más allá de las palabras cuando habla del nacionalismo andino y de la necesidad de rescatar nuestras tradiciones, nuestra esencia, el orgullo de ser seres humanos nacidos en esta tierra, de ser herederos de tantas luchas, de tantos sueños, en este nuevo mundo. Por lo tanto, reitero el reconocimiento de todos al gran esfuerzo y a la forma maravillosa como ha sido conducida esta inolvidable XII Cumbre.

Ahora corresponde a Venezuela , a nuestro pueblo, a nuestras instituciones continuar la tarea. Como ustedes saben, nuestras instituciones están renaciendo de las cenizas y me parece muy oportuno que unas instituciones nuevas y un pueblo que prácticamente está en una especie de resurrección colectiva y hermosa, ya reasuma ahora, poco meses después de haber nacido la República Bolivariana de Venezuela, esta inmensa tarea, con la bandera de Bolívar y de la integración, de cooperar, de impulsar, de revisar y de coordinar el avance de la Comunidad Andina. Este esfuerzo tan grande, este reto gigantesco que tenemos por delante se da precisamente ahora comenzando un nuevo siglo, comenzando una etapa de la historia mundial, pero muy especialmente de la América Latina y del Caribe.

Voy a aprovechar la ocasión para hacer algunas reflexiones que tienen que ver con el fondo como nosotros percibimos el momento que estamos viviendo y el esfuerzo que estamos haciendo.

En primer lugar, creo que pudiéramos estar de acuerdo en que todo esfuerzo práctico requiere de una teoría, requiere de una filosofía y requiere de una doctrina. Y pudiéramos preguntarnos, para nosotros, hombres y mujeres de los países andinos, cuál es esa doctrina, cuál es esa ideología, cuál es la más adecuada filosofía para impulsar nuestra acción práctica.

Creo que tampoco tenemos dudas de que el bolivarianismo real, profundo, palpitante, todavía debe ser cada día más esa doctrina, debe ser cada día más esa filosofía, debe ser cada día más ese sistema ideológico que también hay que rescatar porque se vino quedando por los caminos, se fue sepultando o lo fueron sepultando durante años. Podríamos preguntarnos, hermanos y hermanas, cuál sería la suerte de nuestra región hoy si aquel planteamiento de Colombia, aquella unión de todos, aquella unión política, económica, militar, científica y cultural que palpitó en este espinazo de los Andes durante buena parte del siglo XIX, y que logró concreciones tan importantes, hubiese tenido continuidad en el tiempo y en el espacio.

Nosotros creemos que esa es una de la causas de nuestra tragedia histórica. El siglo XIX fue el siglo de la unión, de las luchas unitarias y nuestros tatarabuelos lograron hazañas que parecieran a veces increíbles u homéricas, pero sólo la unión les permitió hacerlo, sólo una idea grandiosa les permitió hacerlo: expulsar de América a un imperio y evitar que otros llegaran a ocupar nuestros territorios de Sudamérica. Si aquellos hombres y mujeres no hubiesen logrado esa independencia y la formación de esas, nuestras Repúblicas de hoy, quién sabe si hubiésemos sido colonia o todavía fuésemos, políticamente hablando, como algunos países de nuestro entorno geopolítico lo fueron hasta 1960 y todavía algunos lo son. Creo que fue una tarea ciclópea la que lograron aquellos nuestros libertadores y nuestras libertadoras. Así que, permítanme colegas, amigos y amigas todos, representantes de estos pueblos nuestros, insistir en la necesidades del rescate y del impulso de la ideología bolivariana. Rescatarla y tratarla de llevar, adecuada al tiempo que vivimos, por supuesto, al momento, al drama que estamos transitando en estos años.

Por ejemplo, cuando hablamos de la democracia, por qué no enfocamos la democracia, los sistemas políticos, la teoría política, por qué no buscamos un poco y hurgamos en la ideología bolivariana, que no es sólo de Bolívar. Una ideología nunca es de un solo hombre, quedó ese nombre y quedó ese liderazgo marcado para siempre, pero fue producto de una época. No hay hombres providenciales; Cristo fue el único, para nosotros los cristianos. Pero Bolívar fue producto de una época, de cuántas ideas recogidas y llevadas a la batalla y llevadas a las leyes.

La democracia: acabamos de ratificar nuestra disposición para seguir impulsando y profundizando la democracia, pero es que esa palabra democracia tiene tantas implicaciones que es necesario que le hagamos una radiografía, que miremos hacia dentro nuestra realidad. ¿Cuál democracia? ¿Tiene que ser la democracia de la América Latina o de los países andinos igual a un modelo democrático de tal o cual país, o de tal o cual régimen, o de tal o cual región? No hay modelo que se pueda aplicar exactamente de una región a la otra. Simón Rodríguez, ese otro gran bolivariano, decía por aquí, por las calles de Lima y del pueblo del Perú y de Bolivia, en sus últimos años, que no podíamos seguir copiando modelos; que esa era una de nuestras tragedias y nos llamaba a inventar nuevos modelos y una consigna lanzó a la historia: "o inventamos o erramos", decía Simón Rodríguez, en Sociedades Americanas, uno de sus textos de mayor profundidad filosófica.

Así que en Venezuela, por ejemplo, hemos estado revisando el concepto y la praxis de la democracia. Seguramente muchos de ustedes oyeron durante años una gran mentira que se creyó durante mucho tiempo que era verdad: Venezuela, se decía, era uno de los modelos de democracia en América Latina. Se presentó así a un modelo de 40 años que fracasó estrepitosamente. Ese tipo de democracia nosotros no lo queremos: una democracia para llevar a la miseria a la mayoría de los pueblos; una democracia para que a nombre de ella, de su sacrosanto nombre, permitir el enriquecimiento de entes, la impunidad de cúpulas y, al mismo tiempo, a nombre de la democracia expropiar a los pueblos, quitarle sus derechos más esenciales, no sólo el derecho a la vida, no sólo el derecho a la salud que es la vida, el derecho a la educación, el derecho a la vivienda, el derecho a la tierra, el derecho al trabajo, el derecho a la dignidad misma. Eso no puede ser la democracia, esas son tiranías que se disfrazan de democracia y caudillos que se visten de demócratas. Es un poco lo que Galeano dice en uno de sus libros, "La escuela del mundo al revés": vengan a ver el río que echa candela, dice Galeano, vengan a ver la democracia que echa a la muerte al pueblo, vengan a ver la democracia que le quita los derecho a la razón de ser de ella misma, al demos. Creo que es muy conveniente revisar todo esto y reorientar el camino al que vayamos. Necesario es que reorientemos, pero con firmeza, los caminos de la democracia.

A nosotros en Venezuela se nos ha ocurrido, y pudiera ser audaz, hablar de la democracia bolivariana y recogemos el pensamiento bolivariano para tratar de orientar a nuestro pueblo y para tratar de sembrar esa conciencia y construir ese nuevo modelo. Bolívar, por ejemplo, el 15 de febrero de 1819, en el Congreso de Angostura (y allí surgió la idea de Colombia) decía, en aquel discurso, que el sistema de gobierno más perfecto es aquel que le proporciona a su pueblo la mayor suma de seguridad social, la mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de felicidad posible. Creemos nosotros que este es un concepto esencial de la democracia: felicidad para un pueblo, seguridad social para un pueblo, estabilidad política para un pueblo.

O cuando señalaba, en el mismo discurso en Angostura (a mi entender uno de los documentos más profundos) que todos los hombres nacemos desiguales, en tamaño, en estructura física, en potencialidad intelectual, etc., pero que las instituciones y las leyes deberían generar una igualdad fáctica, la igualdad social, la igualdad jurídica, la igualdad política.

Creo que ese es también otro concepto esencial de la libertad: la igualdad. Bolívar planteaba la búsqueda de un punto de equilibrio entre la libertad extrema, que conduce a la anarquía, y el autoritarismo o la autocracia que negaba todas las libertades.

Creo que esos son algunos elementos, así tomados al voleo en la mente, en esta reunión tan importante, para plantearles a todos. O cuán necesario es redefinir la teoría, la filosofía que orienta nuestro esfuerzo integrador, nuestro esfuerzo bolivariano.

Ni qué hablar al respecto del equilibrio mundial y precisamente de allí viene el esfuerzo de Colombia y gracias a Dios que ustedes conservan el nombre y la esencia de Colombia y bien lo han llevado a lo largo de los años. Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Panamá y más allá, que Bolívar tenía y está demostrado en muchas cartas, el plan para liberar Cuba, liberar lo que hoy es República Dominicana, e integrar. Bolívar hablaba que Colombia debería ser redonda y si uno en verdad ve el mapa y coloca un compás la idea era redondear una inmensa república, en cuyo epicentro estamos nosotros; los Andes son el espinazo, el eje de esa esfera a la que se refería la misión geopolítica de Bolívar.

Si vamos a proyectar el pensamiento bolivariano hacia el mundo, pues conseguimos elementos concretos de aquella visión dialéctica de teoría y práctica. La convocatoria desde aquí, desde Lima, en 1824, apenas unos días de diferencia con la Batalla de Ayacucho, diciembre de 1824, la convocatoria al Congreso Anfictiónico en Panamá, tiempo y espacio. Panamá debe ser el istmo, como el de Corinto es para los griegos, debe ser para nosotros americanos de esta hora, decía, el punto de unión y la Confederación de Repúblicas que planteaba para negociar, decía, en condiciones de igualdad con los demás centros de poder mundial, los asuntos de la paz y de la guerra, de la economía y de todos los ámbitos de la vida.

Sin duda alguna que ese planteamiento tiene hoy absoluta vigencia. Por eso, en resumen, tanto hacia dentro de nuestros pueblos, de nuestra república, de nuestros Estados, en la reconstrucción de nuestras sociedades, de nuestros modelos políticos, de nuestros modelos republicanos, la teoría bolivariana nos parece absolutamente adecuada, y, al mismo tiempo, para mirar hacia fuera en este esfuerzo por lograr un mundo mucho más equilibrado, un mundo mucho más democrático donde se respeten la soberanía, la autodeterminación de los pueblos; donde se acabe la época de los imperios y las invasiones, de las certificaciones y las descertificaciones y los bloqueos y las amenazas. Eso tiene que quedar atrás, para siempre, en la historia y Bolívar nos da luces para ello: la unión como eje central de la estrategia bolivariana; la unión hacia dentro de nuestros países y la unión hacia afuera.

En esa visión geopolítica, si no fundimos la naturaleza del pueblo en un todo, decía, si no fundimos las instituciones en un todo armónico, si no fundimos el espíritu nacional en un todo, la anarquía nos devorará. "Unidad, unidad, unidad, ésta debe ser nuestra divisa", decía Bolívar y estaba muriéndose en Santa Marta, 10 de diciembre de 1830, derrotado por la vida, sangrando en el alma, traicionado se vino abajo el sueño de la integración y sin embargo terminó diciendo aquella frase: si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro, unión a los pueblos de América.

Creo que este sentimiento, esa pasión, ese fuego sagrado, diría alguien, es necesario que lo reavivemos y con él levantemos las antorchas para iluminar los caminos tan difíciles, tan tortuosos, que estamos cruzando y nada indica que dejarán de ser tortuosos, van a seguir siendo tortuosos.

Ahora, además de la ideología, además del impulso filosófico ideológico, es necesario que nos armemos, los países andinos, en este caso de un proyecto estratégico. Así como se ha definido y me parece muy bien, este es un elemento importante del proyecto estratégico, mirando hacia delante y fijándonos metas, y buscando la viabilidad para los proyectos y ajustándolos como aquí hemos hecho hoy y como hemos hecho en estos últimos días y como seguiremos haciéndolo, pero creo que es necesario mirar un poco más lejos.

Mercado común al 2005. Sí es una meta de corto plazo, pero hacia dónde vamos. Por qué no nos fijamos una meta de 20 años, por ejemplo, objetivos de largo aliento y alimentados por supuesto por el corto y el mediano plazo. Yo sigo planteando en nombre de Venezuela la necesidad de retomar la idea de una unión política, para la cual habría, por supuesto, que discutir, profundizar. Una unión política, una moneda común, aquí se ha hablado de esto, una fortaleza. Nosotros perfectamente podemos ser en esta parte del mundo un polo de fuerzas económicas, sociales, políticas, científicas, tecnológicas, de todo orden, de forma tal que en el siglo XXI, nuestros nietos no vivan en este mundo tan desigual.

Estábamos en Caracas, hace dos o tres días, leyendo el último Informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, por ejemplo, y resulta que las cifras son horrorosas: el 20% de la población más rica del mundo, consume más del 80% del Producto Interno Bruto. Nosotros, los países andinos importamos más de la mitad de lo que estamos consumiendo para poder vivir y tenemos cuántos millones de hectáreas, cuánta agua, cuánta gente joven, cuánto potencial, pero no hemos sabido utilizarlo.

Así que también proponemos que miremos un poco más lejos. Decía el General Omar Torrijos que había que ir manejando con luces largas y con las luces cortas, con las luces cortas pero de vez en cuando con las luces largas. Esta propuesta también la traemos de nuevo, ya la hemos comentados en algunas de estas reuniones y es necesario que este programa o proyecto estratégico impulsado por una ideología que en nuestro criterio, insisto, debe ser la bolivariana auténtica, es necesario que la voluntad política se ponga por encima de las razones técnicas y económicas.

El Tigre Clemenceau dijo una vez -el General Banzer estoy seguro que lo sabe como militar-, pero todos lo hemos leído, "la guerra es algo muy serio para dejársela sólo a los generales".

Con todo mi respeto a los economistas y a los técnicos, que hacen mucha falta, son imprescindibles, pero la integración y la vida de nuestros pueblos es algo demasiado serio para dejárselo sólo a las comisiones técnicas o a los economistas. Es algo demasiado serio para mirarlo sólo con el visor de la economía, del intercambio comercial, así que debemos colocar los caballos delante de la carreta:la visión política, la voluntad política es indeclinable por encima de todo. Es la causa general, la raíz; esta es la raíz, no confundamos la raíz con las ramas, no confundamos las causas generales con las causas particulares.

Si nosotros de verdad no ponemos en juego una voluntad política gigantesca a prueba de todo, el proceso se va a seguir desviando o va a seguir avanzando, pero con grandes lagunas y grandes vacíos y los grandes objetivos de los que hablamos, las grandes metas necesarias, creo que no las podríamos cumplir. Creo que es necesario elaborar con mayor precisión un proyecto estratégico a 20 años, con mayor capacidad de seguimiento, de evaluación, función que bien cumple el Parlamento Andino y dispuestos estamos s apoyarlos cada día más para que esa misión de seguimiento sea mucho más eficiente.

En resumen, amigos y amigos, colegas, presidentes, Venezuela asume la presidencia de la CAN. Nos proponemos continuar la labor que el Perú ha hecho en este año y que Colombia hizo el año anterior y que todos han hecho, en los años precedentes, en estos 31 años de la Comunidad Andina. Pero nosotros pretendemos, y estoy seguro que es el ánimo de todos, que sólo vamos a recoger la aspiración del colectivo, que es necesario aplicarle aquella fórmula de que la energía es igual a masa por aceleración al cuadrado (corríjame algún científico si me equivoqué). Creo que tenemos que acelerar al cuadrado toda la masa de ideas, de proyectos, de propuestas, de pueblo, de corrientes; acelerar al cuadrado para alcanzar el tren de la historia que va muy adelante y que nos puede dejar definitivamente atrás, pero no podemos permitir que lo hagan, no podemos quedarnos fuera del tren de la historia. Vamos a poner, como ustedes lo han hecho, todo nuestro corazón, toda nuestra pasión, toda nuestra voluntad para ser unos buenos coordinadores de todo este empeño y unos buenos impulsores, de todo este empeño. Queremos que participen todos los entes corresponsables del esfuerzo.

Para comenzar con ese movimiento de aceleración al cuadrado hemos ya coordinado -y agradezco mucho la buena disposición siempre excelente del Secretario General, Sebastián Alegrett-, una reunión en Caracas, el 24 de julio, fecha natalicia además del nacimiento de Bolívar, de la presidencia de la Comunidad Andina con la Secretaría General, sus equipos y representantes. Hemos invitado a los diferentes entes del Sistema Andino de Integración, para que pasemos en Caracas cuanto días no sé, dos o tres, en talleres de trabajo, en mesas de trabajo, para evaluar con mayor precisión y elaborar el programa de acción de este año y tratar de acelerar, en todos los frentes de batalla, porque esto sí es una batalla.

Esta propuesta, por ejemplo, de la que hablaba el ilustre rector de la Universidad Simón Bolívar, nos parece extraordinaria; también es necesario impulsar con mucha fuerza la agenda social y un fondo social y la creación del Fondo Monetario Latinoamericano. También hay que definir, con mucha firmeza y claridad, una Política Exterior Común y discutir los problemas que nos aquejan a todos: la democracia, la lucha contra el narcotráfico, etc. Hay que impulsar a la economía productiva para que no se nos quede sólo en estos indicadores macroeconómicos, de inflación, de déficit fiscal; eso es necesario, mas no es suficiente. El Presidente Fujimori hablaba del turismo, otros decían que había que impulsar la agricultura en toda el área andina, porque realmente tenemos un gran potencial, y también habrá que impulsar los modelos energéticos para dar y satisfacer las necesidades de nuestros pueblos…Vamos a comenzar trabajando en la definición y en el impulso de todos estos programas y objetivos de corto plazo.

Nos da mucho gusto que se haya ratificado la reunión extraordinaria que fue aprobada en Cartagena en 1999 y no pudo efectuarse ese año por razones internas en Venezuela, pero ahora la vamos a hacer en diciembre del 2000, en Venezuela, para contribuir con este movimiento de aceleración, al que ya me he referido, y en junio o mayo del 2001 haremos entonces, Dios mediante, en la Caracas bolivariana de todos ustedes, la XIII Cumbre del Consejo Presidencial Andino. Y desde ahora mismo los esperamos con mucho afecto y amor para contribuir en la reconstrucción y el relanzamiento de la idea de una América Latina unida fuerte y poderosa como soñaron nuestro padres libertadores.

Termino con Bolívar pero con Choquehuanca, quien en estas tierras, en una ocasión le cantó a Bolívar, y dijo esto: "Quiso Dios de salvajes formar un Imperio y creó a Manco Cápac, pecó su raza y lanzó a Pizarro. Después de tres siglos de expiaciones, ha enviado a vos, ha tenido piedad de la América, ha enviado a este hombre de un designio providencial. Nada de lo hecho hasta hora se asemeja a lo que habeis hecho y para que alguno pueda imitaros será preciso que haya un mundo por liberar. Habeis fundado tres repúblicas que en el inmenso desarrollo a que están llamadas, elevan vuestra estatua a donde ninguna otra ha llegado. Con los siglos crecerá vuestra gloria como crece la sombra cuando el sol declina". Pongámonos, pues, a la altura del sueño de Choquehuanca y del sueño bolivariano: un abrazo a todos los pueblos andinos de América. Muchas gracias.