Es un gran
honor poder dirigirles unas palabras en
el acto inaugural de un evento que -
seguramente - marcará un hito importante
en el uso y protección de las
indicaciones geográficas en esta parte
del mundo. En julio de 2004, tuvimos una
reunión similar en el Asia, en Beijing.
Permítanme
hacer una breve referencia a la
importancia del tema que nos convoca,
porque estimo que es fundamental conocer
en verdadero significado y trascendencia
que tiene en la economía. Hablaré de la
Unión Europea, pero sin duda este
instrumento, es aún más valido para los
países andinos.
Las
Indicaciones Geográficas en la Unión
Europea
Como
ustedes conocen, la Unión Europea posee
una amplia tradición en la protección de
las indicaciones geográficas. Al
respecto, se han emitido una serie de
normas comunitarias, que han permitido
establecer un sistema de indicaciones
geográficas, con diferentes categorías
para vinos, bebidas espirituosas y otros
productos agroalimentarios.
Específicamente, la Comisión Europea -
la institución comunitaria que me honro
en representar en el Perú - ha destacado
la importancia de las indicaciones
geográficas de los productos por el
valor añadido que confieren a los
mismos. Es decir, reconocemos que las
indicaciones geográficas son un factor
fundamental de la economía de la Unión
Europea. Por ejemplo, hasta 300 mil
italianos trabajan en indicaciones
geográficas y 150 mil explotaciones
agrícolas francesas concentran sus
actividades en este asunto.
En la
Unión Europea se han registrado
alrededor de dos mil (2.000)
indicaciones geográficas, 1400 de ellas
para vinos y bebidas alcohólicas y 600
para otros productos.
La
experiencia europea, como el caso de
España por ejemplo, nos ha demostrado
que los productos con indicaciones
geográficas representan una parte
importante de las exportaciones y
constituyen especialmente un medio de
desarrollo de la industria alimentaria
en economías agrícolas relativamente
poco desarrolladas. Así pues, las
indicaciones geográficas constituyen el
principal pilar de la Política de
Calidad de la Unión Europea en el sector
de los productos agrícolas, con
exportaciones que van entre 10 y 20 mil
millones de Euros anuales.
Por otra parte, las indicaciones
geográficas están estrechamente
vinculadas a la conservación del
patrimonio cultural, los métodos
tradicionales de producción y los
recursos naturales de la Unión Europea.
Esto quiere decir que cuánto más
ancestros y tradiciones existen, más
necesario será entonces la protección
que brindan las indicaciones
geográficas.
Pero
también las indicaciones geográficas son
un signo de valor. Satisface el deseo de
los consumidores de un producto
distinto, típico y de calidad
específica. Los productos de indicación
geográfica reconocida tienen un precio
de venta mayor y eso es de interés para
los productores.
Las
indicaciones geográficas ayudan también
al consumidor en la elección para
comprar un producto. Está probado que el
40% de los consumidores está dispuesto a
pagar un 10% más por un producto cuyo
origen esté garantizado.
Los
problemas que enfrentan los exportadores
de productos con indicación geográfica
son especialmente delicados.
Efectivamente, el valor añadido que las
indicaciones geográficas incorporan
tiende a ser copiado: como siempre todo
lo que se vende se copia.
La
utilización y protección de las
indicaciones geográficas en el comercio
internacional exige cuantiosas
inversiones: registros en todos y cada
uno de los países de la OMC, un régimen
privilegiado para vinos y bebidas
espirituosas y clausulas que “perdonan”
las imitaciones pasadas.
Esta situación requiere una política
comercial internacional encaminada al
establecimiento de reglas
internacionales más justas para las
indicaciones geográficas.
Política
de la Unión Europea sobre las
indicaciones geográficas
La
política internacional de la Unión
Europea sobre las indicaciones
geográficas, expresadas en el marco de
la Agenda de Doha para el desarrollo se
basan en : i) la creación de un registro
multilateral de indicaciones
geográficas, que propone un sistema
simple y económico de registro mundial;
ii) extensión de una protección
adicional de las indicaciones
geográficas para que los productos no
sean copiados con denominaciones “tipo”
o “made in”, y iii) la garantía de
acceso a los mercados de las IGs
Europeas aunque hayan sido imitadas en
el pasado.
La Unión
Europea ha iniciado negociaciones con la
OMC con el objeto de proseguir la
liberalización del comercio mundial de
productos agrícolas. Como ustedes saben,
esto significará disminuir las
subvenciones a la exportación a los que
se acogen los agricultores europeos.
Esta política forma parte de la
propuesta de la Comisión Europea de la
reforma de la Política Agrícola Común.
Hemos elegido enfrentarnos a la
competencia internacional mediante la
calidad y no la cantidad.
Como se
puede comprender, todos estos esfuerzos
resultarían inútiles si las indicaciones
geográficas, principal vehículo de
productos de calidad, no se protege
adecuadamente en los mercados
internacionales.
Despedida
He tratado
de poner en evidencia la importancia de
las indicaciones geográficas en la Unión
Europea. Pero el objetivo de este
Simposio es conocer las experiencias
exitosas de productos protegidos con
indicaciones geográficas que se
comercializan en el mercado
internacional.
Les deseo
entonces un fructífero intercambio de
opiniones sobre los beneficios y
dificultades que significa contar con
una indicación geográfica protegida.
¡Que el buen Pisco, el Singani y el
Cacao de Chuao; así como el Cocuy
Pecayero, el Ron de Venezuela y el Maíz
Gigante del Cusco, junto con el
Café de Colombia y la Quinua Real de
Bolivia y muchos otros productos
andinos más, encuentren en las
indicaciones geográficas no solo la
protección adecuada, sino una
herramienta de desarrollo que los
distinga de otros de su género!
Muchas gracias
a la Secretaría General de la Comunidad
Andina, a los organismos de competencia
de los países andinos, a los expertos y
participantes y a todos cuantos
contribuyen al éxito de este Simposio.