Conferencia Magistral del Presidente de
Brasil, Doctor Fernando Henrique Cardoso
: "Brasil y las perspectivas de la
integración en América del Sur"
Lima, 22 de julio de
1999
(Versión transcripta de su exposición
oral)
Mi estimado amigo
Secretario General de la Comunidad
Andina, Embajador Sebastián Alegrett ,
Señor Presidente del Consejo de
Ministros, Señores Representantes de la
Misiones Diplomáticas Andinas, del
MERCOSUR, de la Unión Europea,
parlamentarios, altas autoridades,
señoras y señores:
Yo quisiera
expresarles ante todo mi satisfacción
por estar en la sede de la Comunidad
Andina que es uno de los ejemplos del
éxito en la integración en nuestra
región.
El tema de la
integración nació en América Latina con
el propio movimiento de la
independencia. Basta recordar la visión
de Simón Bolívar que ha sido desde
entonces una fuente de inspiración
política para todos los que nos
preocupamos con el futuro de ésta
nuestra América. Para Bolívar la
integración tenía sobre todo un sentido
político y eso es muy importante. Aún
hoy los que trabajamos con los esfuerzos
de acercamientos entre nuestros pueblos
sabemos que la construcción de lazos más
estrechos entre las naciones no es nunca
un proyecto meramente económico.
Yo quisiera, si me
permiten, agregar algo personal. En los
comienzos de los años 60, siendo un
joven, aunque no tanto, profesor
asistente de la Universidad de Sao
Paulo, recibí el encargo de un señor con
quien después trabajé, que se murió, don
José Medina Echevarría. Era un español
que vivió en el exilio después de Franco
y que finalmente fue el Director de
Asuntos Sociales de la CEPAL- creo que
algunos de aquí lo recordarán porque
ejerció una influencia intelectual muy
fuerte en su generación y en la mía- y
él me pidió que hiciera para la
Conferencia de Punta del Este una
encuesta sobre la cuestión de la
integración. La hice en el Brasil, pero
en aquel entonces el tema de la
integración era algo que estaba más
remoto que el planeta Marte. A nadie le
preocupaba. A mí mismo me ha chocado
que, por aquel entonces, no había ningún
asidero para el tema de la integración
entre los empresarios brasileños.
Años más tarde, en
otras circunstancias, me correspondió
estar en la Comisión Económica para la
América Latina (CEPAL) y entonces, don
Raúl Prebish, me pidió que fuera a
Centroamérica, porque entonces se
discutía la formación del Banco
Centroamericano de Integración y había
ciertos eslabones ya de una visión
integracionista. Y más tarde hice una
nueva encuesta, muchos años después
siendo yo profesor en París, en Nanterre,
cuando escribí un trabajo sobre los
empresarios brasileños, chilenos,
mexicanos y argentinos y estaba otra vez
el tema de la integración. Era todavía
un tema de algún interés, pero que no
tenía concreción. Esto para mí fue ayer,
no para ustedes, y me da la impresión
que ocurrió hace muy poco tiempo.
Creo que realmente
esta dimensión política de la
integración, que es bastante evidente en
el caso de MERCOSUR, fue fundamental
para que nosotros pudiéramos,
especialmente en los años 80, buscar ese
acercamiento, que en el caso de
MERCOSUR, se basó en el estrechamiento
de las relaciones entre Argentina y
Brasil.
Hubo una conexión a
la inversa. Desde luego, ya existían las
instituciones integradores: la CEPAL
siempre propuso la integración y también
habíamos creado la ALADI. Sin embargo,
en el caso de Brasil, la preminencia del
tema sólo tuvo fuerza cuando, por
razones políticas, nos acercamos más a
la Argentina. Creo que esa labor se debe
a los ex Presidentes de Argentina y de
Brasil - Raúl Alfonsín y José Sarney-
quienes efectivamente volvieron a
plantear en términos políticos la
necesidad de un acercamiento. Y el
MERCOSUR hizo explícito el compromiso
con la democracia y dio muestras, en
varias ocasiones, de que cualquier
desvío con relación a la
institucionalidad democrática sería
inaceptable.
Eso nos ha permitido
una profundización de las relaciones
políticas y económicas entre Brasil y
Argentina y luego con Paraguay y
Uruguay. En consecuencia, el MERCOSUR es
una obra de democracias, realizada para
la democracia. Creo que eso tiene una
gran importancia. Fue necesario que
hubiera una transformación de
estructuras políticas de Brasil y de
Argentina para que políticamente
considerásemos importante el
acercamiento y que no hubiera dudas en
cuanto a que la democracia sería el
fundamento para poder llevar adelante
una relación de integración.
Y eso no fue algo que
se dio en forma casual ni artificial.
Cuando se toman decisiones para
liberalizar el comercio, eliminar las
barreras arancelarias y no arancelarias,
cuando se habla de buscar una
coordinación de políticas
macroeconómicas, cuando se discuten
modelos socio-laborales, están en juego
intereses muy concretos, intereses de
los países y de grupos dentro de esos
países y, a veces, intereses de regiones
dentro de esos países, o de grupos
específicos dentro de la región. Eso es
normal, es legítimo, y requiere este
juego más abierto de la democracia.
Hechas estas
consideraciones, que considero
fundamentales para que se comprenda
incluso la evolución del proceso
integracionista en nuestra América, creo
que sería útil plantear algunas
reflexiones más directas sobre la
situación del proceso de integración en
nuestra región y sobre la relación entre
este proceso y los desarrollos que
existen hoy en el ámbito de la economía
internacional.
En primer lugar, creo
que es importante subrayar, pasando a lo
económico, que el éxito del MERCOSUR es
evidente. Cuando empezamos en 1991, las
relaciones de los cuatro países
iniciales del bloque, porque ahora
tenemos a Chile y Bolivia, no alcanzaban
más que a 4000 millones de dólares al
año. En 1998, sobrepasamos los 20.000
millones, o sea un crecimiento de 400
por ciento en un período de 7 años.
Por eso tiene éxito
el Mercosur: porque hubo la democracia,
la voluntad de una negociación, interna
y externa, la posibilidad de que todo se
haga de forma clara; hubo un compromiso
con la institucionalidad democrática y
una ventaja obvia con la intensificación
de los flujos comerciales.
Claro que en estos
momentos tenemos algunos problemas y a
cada rato me pregunto, bueno qué va a
pasar ahora, si Argentina hace eso, si
Brasil hace aquello, y si no sé cuánto.
Es suficiente con comparar con Europa.
Todo el proceso de integración de la U.E.
no se dio sin muchos problemas, sin que
algunos países tuvieran dudas, otros
tuvieran crisis cambiarias, en fin, es
todo un proceso que puede
momentáneamente perturbar los objetivos.
Pero aun cuando se
tome en consideración lo que ha pasado
después de la crisis de Rusia, que ha
afectado innegablemente a Brasil y a los
países de la región con problemas de
recesión que pueden llevar a que cada
país busque una solución que sea buena
para sus propios fines, la verdad que
todo eso pasa y lo que no debe pasar es
la democracia y la comprensión de que el
intercambio entre las economías de los
países es esencial para el progreso de
esos países.
Y cuando se mira, no
el momento actual, sino hacia el año
2000, ya se ve que las perspectivas son
otra vez positivas. En lo que hace a
Brasil, después de mucho pesimismo a
comienzos de año, que tenía su
fundamentación en la situación de la
devaluación que hemos sido obligados a
encarar, ese pesimismo desaparece. En
este momento ya hubo una reanudación de
la actividad económica del país y no
sería sorprendente que al llegar a
diciembre del año 2000, la economía
brasileña crezca a un 4 ó 5%. Otra vez
tenemos allí un futuro que nos anima y
que nos permite ver las ventajas de la
continuidad de la integración.
Tampoco hubo un
desastre en lo que hace a un flujo
enorme de exportaciones brasileñas como
consecuencia de la devaluación. Al
comienzo, algunas mentes más
precipitadas imaginaban "bueno, ahora se
acabó la industria local, que no la
brasileña que con la devaluación tiene
condiciones de competitividad muy
fuertes". Pero la vida no es así, la
consecuencia más inmediata de una
devaluación seguramente es la mejora de
las cuentas comerciales de un país, pero
mucho más por la vía del freno de las
importaciones que por la expansión de
las exportaciones porque para que se
pueda exportar más de prisa se requiere
tiempo, trabajo, más volumen. No es de
inmediato y luego, como no hubo una
recesión como se estaba imaginando en el
país, el mercado doméstico siguió
absorbiendo, entonces los temores de que
la devaluación pudiera producir una
situación que volviera insostenible la
continuidad del proceso integracionista,
desapareció. Yo creo que esta
comprensión, después de lo que pasamos,
se ha vuelto más clara, es decir que a
despecho de las diferencias de
situaciones coyunturales, la continuidad
del proceso integracionista es una
ventaja de largo y mediano plazo.
El aumento en el
comercio se tornó tan importante para
nuestras sociedades que los recientes
desdoblamientos en el área financiera y
monetaria, con las turbulencias que
afectaron a los países de la región,
hicieron impostergable que examináramos
más de cerca los temas de cooperación en
el área macroeconómica. Y yo creo que
allí está un punto positivo. Lo que ha
pasado en el último año, ha vuelto
evidente que nosotros tenemos que
marchar en el sentido de lo que yo llamé
en Buenos Aires un "pequeño Maastricht".
No se revuelven los
problemas que pueden existir por la
fluctuación de monedas, por las crisis
cambiarias, por los problemas de pagos,
sencillamente con pases de magia, sino
que hay que buscar una especie de
convergencias macroeconómicas y esas
convergencias no se dan de pronto ni de
inmediato, ni son las consecuencias de
un acto de voluntad de los Presidentes
de la República. Ojalá pudiera ser así,
sería más fácil, pero no es así. Depende
de procesos que toman su tiempo, pero
que lleven a una convergencia
macroeconómica y eso requiere, como
ocurrió en Europa, una cierta
maduración.
La gente tiene que
darse cuenta de que el equilibrio
presupuestal es condición necesaria a
largo plazo para que las economías
puedan seguir integrándose, pero
defendiéndose mejor de las turbulencias
financieras, y que es necesario que
existan leyes de responsabilidad fiscal,
que hay que solucionar las cuestiones de
las cajas de previsión social...Son
problemas reales, que no se resuelven ni
con tratados ni con actos de voluntad
presidencial, sino que requieren una
maduración y un sentimiento progresivo
internamente en cada sociedad en la
dirección de una más grande
responsabilidad con el uso de los
recursos públicos y con una concepción
también de qué parte va a corresponder
al sector privado, cuáles son las
funciones del sector público y de qué
manera vamos a reglamentar los
mecanismos que van a permitir que la
economía de mercado no tenga un efecto
destructivo sobre la competencia y que
resulte efectivamente en una mejoría de
atención para la población.
En consecuencia los
desafíos no piden respuestas
inmediatistas, sino una visión política
de los objetivos de más largo plazo para
nuestros países. Creo también que hay
que darse cuenta que, por ejemplo, el
crecimiento del flujo de comercio entre
los países miembros del MERCOSUR no se
dio en detrimento del intercambio con
otras regiones. La idea que se discutió
tanto en la UE sobre la fortaleza
europea es una idea inconsecuente,
porque si Europa se vuelve una fortaleza
va a estar aislada, no va a sobrevivir a
largo plazo. Con mucha más razón, si
MERCOSUR fuera concebido como una
fortaleza, tampoco sobreviviría a los
procesos de globalización. Por el
contrario, nosotros tenemos que impulsar
simultáneamente nuestros flujos de
comercio con las demás regiones de
América del Sur, de América Latina, del
hemisferio, de Europa, de Asia y del
conjunto del globo.
Por eso, en el caso
de Brasil, nosotros actuamos
simultáneamente en política comercial
tanto en el plano regional , en el
hemisférico con la revisión del ALCA, y
en el global en la OMC. La Cumbre de Río
de Janeiro fue una clara demostración de
que estamos despiertos todos nosotros,
en especial el MERCOSUR, para una
relación más fluida con los países de la
Unión Europea. No vemos , en
consecuencia, nada de excluyente en la
existencia de un proceso integrador
subregional.
Pero está claro, en
el caso nuestro y en el mío en especial,
que siempre tuve y tengo un cariño muy
fuerte en lo que hace a la concepción de
América del Sur y por eso lo expresé
como Canciller en mi discurso de toma de
posesión: lo fundamental es la
integración de América del Sur. Con esto
no quiero decir una "no integración" con
ALCA, una "no integración" con Europa,
una "no integración" con lo que sea,
pero la realidad más cercana a Brasil es
la realidad de América del Sur.
Menciono esto porque
me parece que en esta dirección debemos
marchar con realismo. Por eso hemos
atribuido tanta importancia a la
relación especial con Chile y con
Bolivia, que hoy son parte prácticamente
integrante del sistema del MERCOSUR.
Políticamente son parte de MERCOSUR,
pero todavía tenemos algunas
diferencias. Miro aquí al Embajador de
Chile y me acuerdo de algunas
diferencias del nivel promedio de
aranceles, pero son problemas que se van
solucionando con el tiempo.
La verdad es que
estamos construyendo una unidad y ahora
esa unidad se complementa en una forma
muy positiva con las negociaciones que
Brasil realizó con los países de la
Comunidad Andina y eso va en la
dirección de una negociación global de
MERCOSUR con la Comunidad Andina. Son
pasos progresivos en esa dirección.
Esto no responde,
para nosotros, a un impulso inmediato;
creo que eso sería algo equivocado. Ni
corresponde, en el caso de la
negociación que hicimos con los países
de la Comunidad Andina, al interés de
Brasil. No, eso corresponde al interés
de MERCOSUR. Nosotros abrimos puertas
para que se facilite ese tipo de
integración.
Claro que en el caso
de la Comunidad Andina y de Brasil, hay
una relación muy especial. Tenemos
fronteras inmensas con los países
andinos, somos amazónicos, y esto es una
realidad muy fuerte . Por eso Brasil se
ha empeñado efectivamente en acercarse a
los países andinos, pero con esta visión
de que fuera una especie de bisagra para
que permitiera una apertura de puertas
de MERCOSUR a la Comunidad Andina. Esa
es la visión que tenemos y no es de
corto plazo.
Creo también que el
Acuerdo de Preferencias Arancelarias
entre la Comunidad Andina y Brasil, en
el ámbito de ALADI, demuestra como es
necesario tener una especie de
"geometría variable" que permita
utilizar uno u otro instrumento
institucional, según las circunstancias,
y que las visiones monistas, esas
visiones totalitarias "que es esto o es
aquello", no funcionan en la política.
La política requiere mucho más
flexibilidad, requiere mucho más
comprensión de la singularidades de las
divergencias, requiere una visión de
largo plazo y la voluntad política, con
conciencia clara, de cuáles son los
objetivos que tenemos que alcanzar.
Para nosotros, todo
esto es crucial y la comprensión de que
se vaya hacia a la integración creciente
en América del Sur, con ese énfasis en
el ámbito amazónico y en la integración
física, es muy importante. Por eso
ahora, aquí en el Perú, también hay una
política de búsqueda, de acercamiento, y
estamos marcando los hitos necesarios
para que esa integración se vuelva más
concreta.
Si me permiten,
quisiera decirles como pienso la
cuestión de Brasil en la inserción en
América del Sur. Nosotros hemos tomado
decisiones que son irreversibles en lo
que respecta a la relación de Brasil con
sus vecinos. La concepción que tuvimos
en otra época era una concepción de que
Brasil podría desarrollarse hacia
adentro; eso correspondió al período de
la sustitución de las importaciones, de
una acción del Estado muy activa que
tiene que ver también con momentos de no
democracia en varios años de nuestra
historia. Eso nos llevó a una búsqueda
de autonomía fundamental de toda nuestra
economía, básicamente, por ejemplo, en
los insumos energéticos. Como ustedes
saben, Brasil tiene una oferta de agua
muy abundante, lo cual nos ha permitido
un crecimiento de energía hidroeléctrica
en base a nuestros recursos. Hemos
cambiado un poquito el acento en eso
cuando hicimos con Paraguay un acuerdo
para la construcción de Itaypú. Nosotros
no necesitábamos hacer Itaypú con
Paraguay porque hubiera sido posible
utilizar el agua un poco más arriba ,
pero hubo una decisión política de
hacerlo con Paraguay.
Sin embargo, la
concepción de la matriz energética
brasileña era de autonomía. Esto ha
cambiado. Si ustedes miran lo que
hicimos en los últimos años, hubo un
cambio total. Todavía cuando era
Canciller, llamé al presidente de
Petrobras, para preguntarle por qué no
comprábamos petróleo de Argentina y sí
comprábamos de Oriente Medio. Había otra
concepción, otro tipo de visión de lo
que era la guerra fría y las relaciones
geopolíticas, y esto determinaba la
alianza de Brasil con Oriente Medio.
Hoy día esa visión ha
cambiado. Creo que estamos comprando
alrededor de 1.000 millones de dólares
de petróleo por año a la Argentina y
empezamos a comprar unos 500 a 600
millones de dólares de petróleo a
Venezuela. Cambiamos, no teníamos más el
miedo a nuestros vecinos; los vecinos
pasaban a ser encarados como hermanos,
como parte nuestra, en vez de pensar que
es mejor comprar a lo lejos, porque nos
vamos a pelear con los que están lejos.
Todo lo contrario, vamos a acercarnos a
lo que están más próximos, porque ellos
van a servir de base para la integración
de ese mercado sudamericano.
La cuestión del gas,
también se demoró décadas. El Canciller
Lampreia empezó su carrera, que ya tiene
más de 20 años, discutiendo los acuerdos
del gas con Bolivia y no salían. Ahora
tenemos un gaseoducto ya hecho, el gas
ya llega a las tierras brasileñas, a Sao
Paulo, y va a llegar al Sur y ya
empezamos a discutir un segundo
gaseoducto con Bolivia, porque tuvimos
la suerte de descubrir mucho gas, en
conjunto con Yacimientos Bolivianos y
Petrobras. Miramos a Camisea, pensando
que mañana sea posible, sin perjuicios
de la producción para el mercado peruano
y por donde más los peruanos deseen, que
Brasil pueda participar también de este
gas.
Hicimos acuerdos con
Venezuela para que la energía
hidroeléctrica del Guri llegara al Norte
de Brasil y allí tuvimos el apoyo de la
CAF. Hicimos acuerdos con Argentina, en
igual sentido, para tener energía
hidroeléctrica y gas. Así, poco a poco
hemos ido incluyendo Brasil de una
manera irreversible en el continente
sudamericano.
Ahora nos toca
también los medios de comunicación, las
carreteras. Hicimos un esfuerzo grande
en Brasil para hacer una ligazón muy
fuerte. Por ejemplo, estamos duplicando
la conexión con la más importante
construcción de obras viales de mi país
que es la carretera que va de Belo
Horizonte , desde el centro- norte hasta
el sur, hasta Argentina. Estamos
haciendo la perimetral norte en apoyo en
esa dirección y ahora nos toca discutir
la continuación de lo que llamamos la
carretera BR-364 que es Porto Velho-Río
Branco y esto va a permitir un
acercamiento en la dirección del Perú.
Ya hicimos también la Hidrovía del
Madeira que vincula Porto Velho al río
Amazonas para los granos que se producen
en el interior del Brasil hacia Europa o
EE.UU. Hay la posibilidad de una
vinculación fluvial entre el Perú y la
región amazónica brasileña y eso lo
discutimos aquí, en este viaje,
justamente en el triángulo donde está
también Ecuador. No es caro, es posible
y factible. Ya hay la posibilidad de que
nosotros podamos llegar con la carretera
BR-317 brasileña que puede llevar, en
Perú , a la carretera Iñapari-Ilo y
Matarani, que es lo que permitirá una
vinculación terrestre más fácil entre la
parte de Acre, en el Brasil, y la región
peruana.
Ya hicimos con
Venezuela una carretera, la 174 que va
de Manaos a Caracas, y corta toda la
región del norte de Brasil. Esto no se
hace de una manera no pensada. Hay una
estrategia en esto y la estrategia es
democrática, es abierta. Todos deben
saber, los brasileños y los no
brasileños: queremos integrarnos en
Sudamérica. No estamos hablando, lo
estamos haciendo, pero lo estamos
haciendo porque, de alguna manera , es
eso lo que va a asegurar en el futuro
los flujos de comercio. Más aún, eso va
a cambiar y revolucionar zonas muy
remotas de nuestros países. En el caso
Amazónico va a permitir que se mejoren
las condiciones de vida en las
poblaciones, las va a impulsar y Brasil
es un país que creció mucho sobre las
zonas del este y el sur y ahora se abrió
al oeste y al norte, lo que nos lleva a
esta concepción de una integración
creciente con los países andinos. Claro,
además de hacer ventajas de comercio, de
producción, de mejoría de vida de las
poblaciones, también hay toda una
cuestión estratégica porque estas áreas
son vulnerables a las actividades
ilícitas del contrabando y el
narcotráfico y tenemos que estar siempre
con esa cuestión presente en nuestras
preocupaciones.
Me parece que queda
muy claro cuál es la visión que Brasil
tiene sobre la integración, el por qué
de esta visión y las ventajas recíprocas
que se derivan. Es una visión no
aislacionista, ni de Brasil ni de
MERCOSUR, ni de la región de América del
Sur. Necesitaremos seguir adelante con
las tratativas con Europa, con EE.UU.
con Asia, con el mundo que se está
formando que requiere una acción, como
dicen los franceses "tous azimuts" (hay
que mirar a todos lados), pero hay que
tener una base más sólida.
Para que nosotros
podemos efectivamente tener fuerza en
las negociaciones arancelarias, no
arancelarias, o de inversión,
necesitamos que exista una comprensión
de la región para que, en conjunto,
nosotros podamos llevar adelante nuestro
punto de vista.
La reunión de Belo
Horizonte fue un hito en la discusión
del ALCA porque allí se firmaron los
principios fundamentales por los cuales
nosotros vamos a pautar nuestras
acciones, vamos a negociar todo en
conjunto, no vamos a discutir punto por
punto porque entonces podrían imponernos
lo que no nos interesa, y también
necesitamos un consenso entre nosotros
para que la negociación pueda ser una
negociación democrática. Se está
formando una doctrina sudamericana de
negociaciones internacionales en lo que
hace el comercio y nos estamos
preparando para la Ronda del Milenio que
va a ser muy importante y va a requerir
de una comprensión de los intereses
recíprocos.
No podemos imaginar
que de pronto todo se solucione en
beneficio de un lado solo; aun ahora en
Río, en la prenegociación con Europa,
había problemas serios y aquí hay que
respetarlos. Europa tiene una Política
Agrícola Común, que es una política que
nos hace daño, que impide el acceso de
nuestros productos a sus mercados, pero
ellos también tienen sus problemas
internos y una negociación seria no
puede darse con la presuposición que el
otro lado va a ceder todo. No. Es todo
un proceso que requiere diplomacia,
competencia negociadora y paso a paso se
irá logrando. Pero eso se pierde si no
se tiene una estrategia, si no se tienen
objetivos claros, si no se tiene mucha
transparencia en lo que se hace. Creo
que debemos tener siempre la visión del
significado histórico de este proceso;
no podemos sencillamente perdernos por
cuestiones puntuales, ni podemos
imaginar que todo se resuelva de pronto.
Tenemos que ver la transformación
histórica que se está produciendo.
Está muy claro que el
siglo venidero va a requerir cada vez
más conciencia de las situaciones, más
objetivos definidos, más gobiernos
capaces de tener apoyo de los grupos que
están involucrados en estos procesos y
también más libertad. Y si el siglo que
se acerca no fuera un milenio de más
libertad y más prosperidad, sería un
fracaso histórico. Esa es nuestra
responsabilidad: tenemos que prepararnos
para el ejercicio de la libertad, lo
cual requiere respeto al otro, requiere
negociación en sentido claro y abierto,
requiere instituciones que permitan esa
negociación con libertad y con
información, requiere que se creen las
condiciones de prosperidad y requiere
que esa prosperidad no sea una
prosperidad concentrada, que llegue al
pueblo, que realmente afecte a la vida
de los más pobres de nuestro continente
. Palabras sí, difíciles de transformar
en realidad, pero si no se empieza con
la palabra no se llega a la
transformación de la realidad; la
transformación comienza con las palabras
y yo quisiera dejarles la palabra
brasileña, esa palabra de creencia en la
integración en ambiente de libertad para
que alcancemos la prosperidad para
nuestros pueblos.