He
recibido el honroso encargo de
participar en este III Coloquio
Portuario Andino y en atención a ello
les alcanzo algunos conceptos y
reflexiones acerca del proceso de
concesiones portuarias en el Perú.
Felicito a la Secretaría General de la
Comunidad Andina así como al Comité
Andino de Autoridades de Transporte
Acuático y a la Comisión Interamericana
de Puertos de la OEA por la organización
de este Evento, que permite reunir a
ilustres visitantes e intercambiar
experiencias en diversos temas de
interés y actualidad portuarios.
En
América Latina, aunque con diferencias,
las razones para la privatización
incluyeron además, de la necesidad de
reducir el impacto sobre las finanzas
públicas debido a los déficit de las
empresas de servicios públicos, la
presión política de la sociedad por la
baja calidad y deficiente cobertura de
los servicios y la necesidad de generar
recursos a través de las privatizaciones
para financiar los programas de
estabilización económica o de satisfacer
necesidades sociales. En esta región, la
presunción de la mayor eficiencia en la
prestación del servicio por parte del
sector privado ha sido uno de los
principales alicientes. Adicionalmente,
en algunos países, especialmente en los
que han pasado por una primera etapa de
privatizaciones, han surgido otras
razones para continuar con la
incorporación del sector privado; entre
otras, la creación de oportunidades de
inversión, la atracción de capitales y
tecnología del exterior y el desarrollo
de los mercados de capitales.
En el
caso del Perú durante las décadas de
1960 y 1970 se implementó el modelo del
Estado como gestor del desarrollo
económico. Siguiendo este modelo, el
Estado asumió la gestión de los
principales sectores productivos del
país; la que se manejó con criterios
políticos antes que económicos o
empresariales. El resultado fue el
sobredimensionamiento de las empresas
públicas, el incremento del déficit
fiscal –con las consiguientes presiones
inflacionarias-, la pérdida de
eficiencia además del deficiente
servicio que la mayoría prestaba a los
usuarios amén del importante incremento
de la deuda externa.
Aunque
todo lo anterior podría ser
coyunturalmente resuelto, la naturaleza
de las empresas públicas implica
lentitud y por lo general ineficiencia
en el proceso de toma de decisiones.
Ante un entorno cada vez más dinámico y
competitivo que exige tomar decisiones
en forma inmediata, las empresas
públicas están en desventaja y se tornan
poco viables, siendo condenadas a un
paulatino deterioro o a su inevitable
desaparición de no ser insertadas en el
sector productivo a través de
inversiones que el Estado no puede
realizar.
El
Gobierno peruano emprendió en agosto de
1990 un programa de reformas
estructurales orientado a transformar el
rol del Estado en la economía y a sentar
las bases para un desarrollo integral y
sostenido del país. Los objetivos sobre
los que se ha venido trabajando son :
estabilización económica, reinserción en
la comunidad financiera internacional,
apertura hacia un sistema de mercado
libre y competitivo, fomento de la
inversión extranjera y búsqueda de
competitividad en el comercio
internacional.
Las
reformas no son sólo económicas sino
también institucionales y políticas.
Estas apuntan a una transformación
integral para convertir al Perú en un
país viable, dinámico y próspero, capaz
de proporcionar bienestar a todos sus
habitantes.
La
privatización es un componente esencial
del programa de reformas estructurales y
modernización de la economía. No
constituye para el Gobierno la tardía
imitación de una moda internacional.
Tampoco significa un intento por
debilitar al Estado ni una simple venta
o transferencia de empresas o activos.
La privatización constituye una útil
herramienta a través de la cual el
Estado traslada al sector privado la
iniciativa productiva y empresarial,
mientras pasa a fortalecerse y tornarse
eficiente en aquellas áreas en las que
debe estar y donde fue perdiendo
presencia en las últimas décadas:
educación, salud, seguridad y
administración de justicia.
Paralelamente, el Estado debe adoptar un
rol regulador para el buen
funcionamiento del mercado. En esta
redefinición de roles, lo público se
fortalece y se aproxima a la sociedad,
mientras lo privado se convierte en
motor del desarrollo económico. Los
sectores público y privado no adoptan un
papel antagónico o excluyente, sino
complementario. En un contexto que
demanda flexibilidad y visión de futuro,
los esquemas ideologizados pierden
vigencia y el pragmatismo – dentro de un
horizonte que pretende superar la
pobreza extrema, pacificar al país y
desarrollar una economía sana y
competitiva – se impone como actitud
decisiva para la toma de decisiones.
La
UNCTAD ha señalado que definir el
concepto de privatización representó
para ellos una tarea compleja. Sin
embargo la definen como "la
transferencia de la propiedad de los
activos del sector público al sector
privado o la utilización de capital
privado para financiar las inversiones
en instalaciones, equipos y sistemas".
Un
país emprende un proceso de
privatización por diferentes razones y
con distintos objetivos : saneamiento
fiscal al transferir empresas
deficitarias, desarrollo del mercado de
capitales, redefinición del rol del
Estado en la economía, entre otros.
En el
caso peruano, el Gobierno ha definido el
papel del Estado en la economía. En este
sentido, el programa de privatización es
un elemento importante dentro de un
conjunto más amplío de reformas que el
Gobierno ha emprendido. El proceso de
privatización de empresas del Estado no
es considerado como un fin en sí mismo
sino como un medio imprescindible para
reasignar los roles de éste y del sector
privado, a fin de conseguir una mayor
eficiencia en la asignación de recursos
y en la producción de bienes y
servicios.
La
privatización de las empresas del Estado
contribuirá a reestructurar la relación
existente entre los sectores público y
privado y a elevar la eficiencia, ya que
permitirá que el libre mercado y la
competencia sean los que determinen la
asignación de recursos y la producción
de bienes y servicios. De este modo, el
primer y más importante beneficio de la
privatización es su labor complementaria
a las otras reformas económicas
aplicadas en diversos aspectos de la
actividad económica y productiva para
definir la participación del Estado.
El
proceso de reforma del Estado –llevado a
cabo en los últimos años- ha implicado
la transferencia masiva al sector
privado de actividades y servicios
realizados hasta entonces por el sector
público, empleando para dicho fin
diferentes modalidades como la
desregulación de ciertas actividades
económicas, la privatización de empresas
estatales y el otorgamiento de
concesiones de obras de infraestructura
pública y de servicios públicos.
La
Concesión es uno de los mecanismos
empleados en la actualidad para la
promoción de la inversión privada en los
servicios públicos. Mediante este
mecanismo, el Estado delega la ejecución
de la prestación de los servicios
públicos en entidades privadas,
asignándoles al efecto un régimen
jurídico bajo el cual debe regirse dicha
actuación. Sin embargo, el Estado no se
limita a establecer el marco normativo
para la gestión de las entidades
privadas que obtengan la concesión del
servicio o servicios públicos. El
Estado, además del otorgamiento del
marco normativo, se ocupa de controlar
la gestión que desarrollen los
concesionarios privados; esto es, ejerce
una supervisión de la ejecución de la
prestación de los servicios públicos que
haya delegado en entes particulares.
Este
poder de controlar a favor del Estado es
un poder originario, por cuanto, aún
cuando la ejecución de la prestación del
servicio se otorgue en concesión a
empresas privadas, el servicio prestado
sigue siendo un servicio público y, en
consecuencia, el Estado se mantiene como
titular y garante de la prestación de
los referidos servicios.
La
Concesión es temporal. El que la
Concesión sea un derecho de carácter
temporal implica que el término de la
misma está condicionado a un determinado
plazo. En principio, la duración o
vigencia de la Concesión debe
establecerse por un período
suficientemente razonable.
Las
funciones, atribuciones y competencias
otorgadas a la Comisión de Promoción de
Concesiones Privadas – PROMCEPRI, creada
especialmente para este fin, fueron
posteriormente transferidas a la ya
existente Comisión de la Inversión
Privada – COPRI, nombrada por el
Gobierno y conformada actualmente por
siete Ministros de Estado.
La
COPRI estudia y analiza los proyectos
públicos y las iniciativas privadas con
alto potencial de concesión hasta
establecer una lista prioritaria
considerando la demanda, la viabilidad
del proyecto y la temporalidad de su
ejecución en el corto, mediano y largo
plazo.
La
COPRI define la formación de Comités
Especiales (CEPRI) para los proyectos
prioritarios, encargándoles el diseño,
estrategia, ejecución y entrega en
concesión de los mismos.
Los
Comités Especiales son autónomos dentro
de los lineamientos generales fijados
por la COPRI y trabajan en estrecha
coordinación con la Dirección Ejecutiva
para elaborar el Plan de Promoción en el
cual se consigna el Diagnóstico
Preliminar de la empresa y el Cronograma
detallado de la privatización. Según sea
el caso y dependiendo de la complejidad
e importancia relativa de la empresa, se
realiza posteriormente un Concurso para
contratar asesores técnicos y
financieros (empresas de auditoria,
Bancos de Inversión, empresas
especializadas de ingeniería, etc.).
Todos
los procesos de selección para elegir a
las empresas concesionarias se realizan
mediante Licitaciones y Concursos
Públicos con criterios objetivos
conocidos con anticipación por los
postores, a quienes se otorga las mismas
oportunidades en un proceso transparente
que garantiza –por cierto- la eficiencia
y seguridad de las Licitaciones y
Concursos Públicos.
Se
realiza un proceso de precalificación de
los postores para garantizar que el
control de las empresas pase a manos de
operadores técnicamente capaces y
experimentados.
Las
Concesiones entregadas están
garantizadas bajo un marco y organismos
reguladores creados por leyes del
Congreso de la República.
Cuando
nos referimos a concesiones portuarias
estamos hablando de una modalidad de
privatización portuaria; se trata de
asegurar la inversión de capital privado
para el financiamiento de las
instalaciones, equipos y sistemas
portuarios así como de su eficiente
operación beneficiando al comercio
exterior y por ende a sus usuarios con
tarifas equitativas que permitan
dinamizar el flujo de comercio de y
hacia los puertos peruanos .
Los
nuevos avances tecnológicos en materia
de transporte marítimo obligan a
reestructurar los puertos. Cuando un
buque hace un viaje internacional, los
costos portuarios representan más de la
mitad de los costos de transporte y si
consideramos que de ellos casi la misma
proporción –con frecuencia- se podrían
evitar, es obvio que debemos hacer todos
los esfuerzos posibles por mejorar la
eficiencia portuaria y eliminar los
costos evitables.
El
sector privado participará así en la
ampliación y mejoramiento de las obras
de infraestructura de los servicios
públicos y en la creación de puestos de
trabajo.
Como
anécdota, podríamos recordar que en el
caso peruano la concesión portuaria data
de 1897 cuando se inaugura el Muelle
Dársena del Callao concesionado a una
compañía francesa por el lapso de 60
años; acuerdo contractual que no llegó a
cumplirse por razones de la guerra con
Chile, entre otras.
El
Perú con el proceso de concesiones
portuarias apuesta por contar con
puertos competitivos en base al esfuerzo
y estrategias de los concesionarios y
operadores privados.
La
Concesión de los puertos peruanos al
sector privado es probablemente uno de
los proyectos de largo plazo más
importantes para el futuro desarrollo
del país. Los puertos representan la
entrada y salida de los diferentes
productos que generan el comercio de
exportación e importación así como el de
cabotaje de un país. El ritmo de
crecimiento de la economía originará una
mayor demanda de servicios portuarios,
tanto por el desarrollo de las
capacidades exportadoras del país, como
por los requerimientos de importaciones
de materias primas y bienes de capital.
La eficiencia en las operaciones
portuarias y la capacidad de respuesta
del sector a la demanda incremental
afectarán directamente la competitividad
de las exportaciones peruanas y la
viabilidad de proyectos por desarrollar
en diferentes sectores, como por
ejemplo, minería y petróleo.
Desde
el punto de vista estructural, el
presente proceso no trata simplemente de
la concesión de puertos, sino de la
concesión de todo un sistema portuario
al sector privado. Consciente de esta
problemática, el Gobierno peruano
implementa el marco regulatorio
requerido para establecer la forma de
funcionamiento y regulación de dicho
sistema. La creación de este marco
regulatorio e institucional implica la
existencia de objetivos nacionales sobre
el futuro del sistema. que deben ser
reflejados en una política portuaria
coherente y en mecanismos de promoción
para la inversión privada, consistentes
con el logro de tales objetivos.
El
Perú inició el proceso de concesión de
los puertos, liberalizando los servicios
portuarios básicos de Estiba y Desestiba
así como el de Practicaje y Remolcaje.
La
Concesión portuaria debe llevarse a cabo
de modo tal que la competencia esté
absolutamente garantizada.
Un
primer punto importante a considerar es
que los puertos son parte de una cadena
para establecer las ventajas
competitivas de un país en el marco del
comercio internacional.
Siendo
los puertos parte de una cadena de la
infraestructura exportadora/importadora
, las otras partes de la cadena
-particularmente las carreteras, vías
férreas o aeropuertos- como parte del
sistema global de acceso al mercado
externo o interno, son tomadas en
consideración igualmente.
El
esquema elegido para las concesiones
portuarias peruanas se basa
principalmente en la transferencia de la
operación, explotación, mantenimiento y
desarrollo de los Terminales Portuarios
por un período de veinte a treinta años,
según sea el caso. No se transfiere la
propiedad o titularidad de los puertos,
la que se sigue manteniendo en poder del
Estado que actúa como Concedente.
El
inversionista privado -que para los
efectos del Contrato de Concesión se
denomina Concesionario- paga
mensualmente un derecho de concesión
llamado Retribución sobre los ingresos
brutos que genera el Terminal Portuario
concesionado así como una Tasa de
Regulación conforme a ley.
El
Concesionario -el que durante el proceso
de la Licitación Pública se denomina
Postor- debe, al adjudicarse la misma,
cancelar un Pago Inicial que representa
su Oferta Económica así como señalar en
su Propuesta Técnica las Mejoras que se
compromete a ejecutar durante el plazo
de vigencia de la concesión. En el
Contrato se fijan Tarifas Máximas
tratando de mantener el concepto de
libre competencia, siendo supervisada su
ejecución por el Organismo Supervisor de
la Inversión en Infraestructura de
Transporte de Uso Público (OSITRAN)
creado por Ley 26917.
Por
tanto, el proceso de concesión de los
Terminales Portuarios tiende a lograr
niveles de eficiencia internacional, un
desarrollo simultáneo de los puertos que
asegurará la inversión necesaria en base
a tarifas competitivas y la creación de
nuevas fuentes de trabajo
descentralizado, facilitando –en el caso
de los Terminales Portuarios Regionales-
el desarrollo de los corredores
hidroceánicos con Bolivia y Brasil .
En
1999 el Comité Especial de Puertos por
encargo de la Comisión de Promoción de
la Inversión Privada (COPRI) concesionó
por un plazo de treinta años el Terminal
Portuario de Matarani a la empresa
Terminales del Sur S.A. (TISUR), la que
ha venido desde esa época administrando
y operando eficientemente dicho Terminal
Portuario. A la fecha estamos en la
etapa final del proceso de concesión de
cinco Terminales Portuarios Regionales,
en este caso, Paita, Salaverry,
Chimbote, General San Martín en Pisco e
Ilo, los que serán concesionados por un
plazo de veinte años. Fueron
precalificados ocho postores, que
deberán presentar próximamente sus
Propuestas Técnica y Económica y luego
de la respectiva evaluación y análisis
se otorgará la Buena Pro, la que
–estimamos- se producirá hacia el cuarto
trimestre del presente año.
El
proceso de privatización en el Perú, el
que incluye Concesiones, continua en
marcha.