Es para mí
un alto honor recibir nuevamente en la
sede comunitaria de la integración
andina al Doctor Gustavo Noboa Bejarano,
hoy en su calidad de Presidente
Constitucional de la República del
Ecuador. Hace casi tres años tuvimos
también la honrosa oportunidad de
escuchar sus valiosos consejos en esta
misma sala. Se desempeñaba entonces como
Vicepresidente de su país y estaba
acompañado de un grupo muy significativo
de empresarios ecuatorianos que se
encontraban en Lima en la noble misión
de fortalecer cada vez más los vínculos
de hermandad e integración entre el
Ecuador y el Perú.
Sobrados
méritos le confieren al Presidente Noboa
una sobresaliente condición de
estadista. En especial su valor, su
determinación y su clara percepción del
interés nacional, por encima de
cualquier apetito particular, le
permitieron sortear con éxito uno de los
momentos más críticos de la historia
política y económica de su país.
Por todo
ello, su presencia entre nosotros es
también un ejemplo y un acicate para
encaminarnos resueltamente hacia la
superación de los nuevos desafíos que
deberá abordar nuestra integración,
luego de la reciente Cumbre Presidencial
Andina de Santa Cruz de la Sierra,
celebrada el pasado mes de enero.
En estas
circunstancias nos pareció no sólo
necesario sino indispensable involucrar
directamente a los Jefes de Estado en la
gestión de esta etapa de la integración.
La
participación directa de los Presidentes
en las negociaciones de la Cumbre, puso
en evidencia la existencia de una
genuina voluntad política y de un sólido
compromiso de los Jefes de Estado con la
integración andina. Esto, en un plano
mucho más concreto, se reflejó
particularmente en la decisión de poner
en vigencia el arancel externo común el
31 de diciembre del 2003. Queda, sin
duda, mucho trecho por recorrer en los
niveles técnicos, pero el mandato
presidencial es preciso y claro.
La
adopción del Arancel Externo Común es un
paso esencial en la formación de una
Unión Aduanera plena. Para el logro de
este último objetivo se requiere,
además, eliminar o armonizar prácticas
que distorsionan el comercio, como los
regímenes de zonas francas y de
perfeccionamiento activo, los incentivos
a las exportaciones, las salvaguardias
intracomunitarias y las preferencias a
terceros. Estas prácticas, aún cuando
hoy en día no sean ilegales, en el libre
comercio andino constituyen la causa de
los crecientes problemas y conflictos
comerciales que impiden una expansión
acelerada de nuestros intercambios.
La
consolidación de la Unión Aduanera es un
objetivo indispensable por dos razones.
Primero, por ser el paso previo para la
conformación del Mercado Común que nos
hemos propuesto establecer el año 2005.
Segundo, porque sin esta estructura no
habrá posibilidad alguna de desarrollar
una política comercial comunitaria
frente al ALCA, a la Unión Europea o a
la OMC.
Por ello y
porque el tiempo apremia, es necesario
elevar la mira. Los problemas
coyunturales no debieran apartarnos de
la visión de largo plazo. Es preciso
continuar avanzando en la construcción
de reglas claras de juego, sencillas, de
aplicación general y sin excepciones.
Sólo así, los beneficios de la
integración que actualmente son muy
alentadores podrán serlo mucho más si
consolidamos estos avances.
En estos
últimos dos años, en plena crisis
internacional, nuestra integración ha
demostrado ser anticíclica. Hemos
crecido en nuestro comercio hacia
adentro mientras disminuían nuestras
exportaciones al resto del mundo. En el
caso del Ecuador, en el año 2000 sus
exportaciones intracomunitarias
aumentaron 49 por ciento, en tanto que
sus exportaciones al mundo ascendieron
sólo 15 por ciento. Para el año 2001,
las exportaciones intracomunitarias del
Ecuador subieron 17 por ciento mientras
que sus ventas al mundo cayeron en casi
8 por ciento.
En el
período de mayor expansión de nuestro
comercio -los años 1992 a 1997- el
producto de la integración andina sobre
el empleo remunerado asociado a las
exportaciones intracomunitarias fue de
323 mil nuevos puestos de trabajo. En el
caso del Ecuador, durante ese mismo
período, se crearon 86 mil nuevos
empleos como producto del crecimiento
del comercio intracomunitario.
El paso
que se dio en la Cumbre Presidencial de
Santa Cruz requiere de una rápida
maduración de nuestra conciencia
integracionista y de una clara visión de
nuestros intereses compartidos. Al
contar con un acervo cada vez mayor de
intereses comunes, los cinco países
estamos en condiciones de identificar
objetivos conjuntos que nos permitan
emprender estrategias propias para el
desarrollo económico, social y político
de nuestra comunidad de naciones y para
su adecuado relacionamiento externo.
Señor
Presidente, sé que contamos con su apoyo
para el logro de estos magnos
propósitos. Sea usted como siempre muy
bienvenido a esta casa.