Palabras de bienvenida del Secretario General de la Comunidad Andina, Sebastián Alegrett, al excelentísimo Presidente de la República del Ecuador, Doctor Gustavo Noboa Bejarano

Lima, 8 de marzo de 2002

Es para mí un alto honor recibir nuevamente en la sede comunitaria de la integración andina al Doctor Gustavo Noboa Bejarano, hoy en su calidad de Presidente Constitucional de la República del Ecuador. Hace casi tres años tuvimos también la honrosa oportunidad de escuchar sus valiosos consejos en esta misma sala. Se desempeñaba entonces como Vicepresidente de su país y estaba acompañado de un grupo muy significativo de empresarios ecuatorianos que se encontraban en Lima en la noble misión de fortalecer cada vez más los vínculos de hermandad e integración entre el Ecuador y el Perú.

Sobrados méritos le confieren al Presidente Noboa una sobresaliente condición de estadista. En especial su valor, su determinación y su clara percepción del interés nacional, por encima de cualquier apetito particular, le permitieron sortear con éxito uno de los momentos más críticos de la historia política y económica de su país.

Por todo ello, su presencia entre nosotros es también un ejemplo y un acicate para encaminarnos resueltamente hacia la superación de los nuevos desafíos que deberá abordar nuestra integración, luego de la reciente Cumbre Presidencial Andina de Santa Cruz de la Sierra, celebrada el pasado mes de enero.

En estas circunstancias nos pareció no sólo necesario sino indispensable involucrar directamente a los Jefes de Estado en la gestión de esta etapa de la integración.

La participación directa de los Presidentes en las negociaciones de la Cumbre, puso en evidencia la existencia de una genuina voluntad política y de un sólido compromiso de los Jefes de Estado con la integración andina. Esto, en un plano mucho más concreto, se reflejó particularmente en la decisión de poner en vigencia el arancel externo común el 31 de diciembre del 2003. Queda, sin duda, mucho trecho por recorrer en los niveles técnicos, pero el mandato presidencial es preciso y claro.

La adopción del Arancel Externo Común es un paso esencial en la formación de una Unión Aduanera plena. Para el logro de este último objetivo se requiere, además, eliminar o armonizar prácticas que distorsionan el comercio, como los regímenes de zonas francas y de perfeccionamiento activo, los incentivos a las exportaciones, las salvaguardias intracomunitarias y las preferencias a terceros. Estas prácticas, aún cuando hoy en día no sean ilegales, en el libre comercio andino constituyen la causa de los crecientes problemas y conflictos comerciales que impiden una expansión acelerada de nuestros intercambios.

La consolidación de la Unión Aduanera es un objetivo indispensable por dos razones. Primero, por ser el paso previo para la conformación del Mercado Común que nos hemos propuesto establecer el año 2005. Segundo, porque sin esta estructura no habrá posibilidad alguna de desarrollar una política comercial comunitaria frente al ALCA, a la Unión Europea o a la OMC.

Por ello y porque el tiempo apremia, es necesario elevar la mira. Los problemas coyunturales no debieran apartarnos de la visión de largo plazo. Es preciso continuar avanzando en la construcción de reglas claras de juego, sencillas, de aplicación general y sin excepciones. Sólo así, los beneficios de la integración que actualmente son muy alentadores podrán serlo mucho más si consolidamos estos avances.

En estos últimos dos años, en plena crisis internacional, nuestra integración ha demostrado ser anticíclica. Hemos crecido en nuestro comercio hacia adentro mientras disminuían nuestras exportaciones al resto del mundo. En el caso del Ecuador, en el año 2000 sus exportaciones intracomunitarias aumentaron 49 por ciento, en tanto que sus exportaciones al mundo ascendieron sólo 15 por ciento. Para el año 2001, las exportaciones intracomunitarias del Ecuador subieron 17 por ciento mientras que sus ventas al mundo cayeron en casi 8 por ciento.

En el período de mayor expansión de nuestro comercio -los años 1992 a 1997- el producto de la integración andina sobre el empleo remunerado asociado a las exportaciones intracomunitarias fue de 323 mil nuevos puestos de trabajo. En el caso del Ecuador, durante ese mismo período, se crearon 86 mil nuevos empleos como producto del crecimiento del comercio intracomunitario.

El paso que se dio en la Cumbre Presidencial de Santa Cruz requiere de una rápida maduración de nuestra conciencia integracionista y de una clara visión de nuestros intereses compartidos. Al contar con un acervo cada vez mayor de intereses comunes, los cinco países estamos en condiciones de identificar objetivos conjuntos que nos permitan emprender estrategias propias para el desarrollo económico, social y político de nuestra comunidad de naciones y para su adecuado relacionamiento externo.

Señor Presidente, sé que contamos con su apoyo para el logro de estos magnos propósitos. Sea usted como siempre muy bienvenido a esta casa.

Muchas gracias,