En 1997, ratificado
el Protocolo de Trujillo entró en
vigencia la nueva institucionalidad de
la Comunidad Andina y tuve el honor de
asumir la Secretaría General que
reemplazaba con todos sus atributos y
competencias a la antigua Junta del
Acuerdo de Cartagena.
En estos casi cuatro
años, es la primera vez que tenemos el
privilegio de recibir, honrados y
complacidos, al Presidente del Perú. Su
visita, con motivo de este aniversario,
es una manifestación clara del
compromiso adoptado por su Gobierno con
la integración andina, la cual se ha
convertido en un pilar fundamental de su
política exterior.
La participación del
Perú, en la persona del Presidente del
Consejo de Ministros y Canciller de la
República, don Javier Pérez de Cuéllar,
ha sido decisiva en el impulso político
necesario para retomar la profundización
de nuestro proceso y transformarlo en un
interlocutor de peso en los diversos
escenarios de negociación internacional
actualmente en curso.
Fue muy importante en
ese sentido, la iniciativa del señor
Canciller del Perú de convocar a una
Reunión Extraordinaria del Consejo de
Cancilleres en marzo último que permitió
examinar con amplísima libertad y en
profundidad, los temas que estaban
dificultando nuestra indispensable
cohesión política. Posteriormente, la
reunión de Presidentes andinos en
Cartagena de Indias, sirvió para
demostrar, una vez más, la gran
capacidad concertadora del Perú y de su
ilustre Canciller.
Bien sabe usted,
señor Presidente, que la integración es
un proceso que nace de una firme
voluntad política. En el caso andino,
este aserto es mucho más dramático si se
quiere. A diferencia de otros procesos
de integración y, pese a compartir una
misma lengua y los fundamentos de una
cultura común, nunca hubo un
relacionamiento importante entre
nuestros países en términos económicos o
comerciales. Rescataron nuestros
Presidentes, y entre ellos el Arq.
Fernando Belaúnde, quien suscribió la
Declaración de Bogotá de 1966 -
antecedente directo del Acuerdo de
Cartagena - un mandato de la historia
que nos había legado con su visión
genial el Libertador Simón Bolívar.
Hemos perseverado en
este esfuerzo por treinta y dos años,
con marchas y contramarchas. Estas
últimas debidas, por una parte, a la
vulnerabilidad de nuestras economías
frente a los choques externos. Por la
otra, a circunstancias políticas
internas que han sufrido nuestros países
como consecuencia de la ruptura del
orden constitucional en algunos de
ellos. Hechos de esta naturaleza
explican el proceso de retiro de Chile
del Pacto Andino que se inició en
septiembre de 1973 y culminó tres años
más tarde. De igual manera, explican el
distanciamiento del Perú de la
integración subregional a raíz del
auto-golpe de 1992. La actitud de ese
gobierno frente a la integración se
tornó pasiva, cuando no reticente y
hasta podría decirse hostil. No fue sino
hasta junio de 1997, cuando el retiro
del Perú parecía inminente, que se logró
impedir su separación de nuestra
comunidad de naciones.
Durante los años en
que el Perú se mantuvo distanciado del
proceso de integración, dejó de aplicar
el Programa de Liberación y no adoptó el
Arancel Externo Común. Este rezago le
impidió al país beneficiarse del mercado
ampliado y de las otras ventajas del
proceso que contribuían a inducir el
desarrollo y las exportaciones de
productos distintos a los del sector
primario.
La consecuencia de
esos hechos explica por qué las
exportaciones del Perú a la subregión
andina representaban el año pasado
apenas un 6,6% del total, porcentaje muy
inferior a las del resto de los países
andinos. Esto, pese a que ese año las
exportaciones peruanas a la subregión
andina crecieron en un 29%, frente a un
14% de crecimiento de sus exportaciones
totales al mundo. Aún así el área andina
es, como zona económica, el tercer
mercado del país luego del TLC (NAFTA) y
de la Unión Europea, superando
ampliamente lo exportado al Mercosur o a
países vecinos como Chile.
Otro tanto puede
decirse del lado de las importaciones,
en el que la Comunidad Andina figura
como segundo proveedor del Perú, luego
del TLC (NAFTA) y con gran ventaja
respecto de la Unión Europea, Mercosur y
Chile.
Ahora, con este
renacimiento democrático que usted mejor
que nadie encarna, Señor Presidente,
¿qué podemos esperar si no un Perú
activo y participativo, que contribuya a
dinamizar nuestra integración?
Día a día nuestra
Comunidad Andina madura y se afirma en
un desarrollo compartido en lo
económico, social y político, con
equidad y sentido de realidad. El único
"ismo", como elemento gramatical
compositivo, que practicamos es el de
"regionalismo abierto", distinguiéndonos
de todo extremo político y económico
como el "proteccionismo" o el
"neoliberalismo".
Nuestra Unión
Aduanera no se aplica todavía
plenamente. Bolivia tiene un trato
especial y el Perú no participa de este
instrumento tarifario. Sin embargo, el
libre comercio subregional registra una
notable expansión, sustentada en la
solidez jurídica de la normativa
comunitaria, y puede alcanzar este año
los seis mil millones de dólares. El
noventa por ciento de ese comercio es de
productos de alto valor agregado. Hemos
multiplicado nuestras inversiones, el
transporte terrestre y marítimo, y las
frecuencias de comunicaciones aéreas y
telefónicas.
El Consejo
Presidencial Andino se ha propuesto
ahora la tarea de concretar para el año
2005 un Mercado Común. Será ese el
espacio andino para la libre circulación
de los bienes, los servicios y los
capitales y las personas. Ya hemos
orientado con sentido prioritario las
tareas de la Secretaría General para el
logro de ese ambicioso objetivo.
Por lo pronto, se han
presentado a los gobiernos cuatro
propuestas para su decisión, con
ocasión, de la próxima Reunión Ordinaria
del Consejo Presidencial Andino. Dos de
ellas, las relativas a la Libre
Circulación de Personas y a las
Políticas de Integración y Desarrollo
Fronterizo, muestran avances
significativos y serán próximamente
consideradas por el Consejo de
Cancilleres. Las otras dos, a ser
acordadas por la Comisión, tratan de la
Política Agrícola Común Andina y de un
nuevo Arancel Externo Común que permita
cimentar sobre bases modernas y más
adecuadas nuestra Unión Aduanera.
En relación con este
último aspecto, se han propuesto niveles
de protección más bajos que los actuales
y se reduce considerablemente la
dispersión tarifaria, con lo cual se
estimula la productividad y se favorece
la competitividad de la producción
subregional, tanto en los propios como
en terceros mercados. Esta versión
renovada de instrumento arancelario
facilitará su adopción por parte de
Bolivia, y del Perú en particular, en
virtud de los lineamientos seguidos en
su reciente reforma arancelaria.
Pero al tiempo en que
profundizamos nuestra integración hemos
sabido responder a los desafíos de la
globalización. Atrás quedaron las
concepciones de un proceso cerrado y
autosuficiente. Hemos sido capaces de
articular posiciones comunes y definir
vocerías únicas en negociaciones
internacionales. Las más importantes y
urgentes son las del Mercosur y la del
Area de Libre Comercio de las Américas
(ALCA).
Un proceso de
integración no sólo puede comprender los
temas económicos y comerciales. Tiene
una dimensión política y una dimensión
social. En la dimensión política, hemos
sido capaces de definir una agenda de
Política Exterior Común que nos va a
permitir proyectarnos comunitariamente
en la escena internacional y participar
así del debate de los grandes temas que
afectan la vida de las naciones.
Mas aún, rescatando
antecedentes propios, hemos puesto en
vigencia una Cláusula Democrática que
compromete a la Comunidad Andina con la
vigencia de la democracia y el estado de
derecho.
Si algo nos ha
faltado en la integración ha sido la
concreción de este esfuerzo en sólidos y
efectivos vínculos de cooperación para
acometer seriamente las demandas
sociales de nuestros pueblos. La
integración tiene como objetivo mejorar
la calidad de vida de los pueblos y esa
tarea implica que definamos una agenda
social con claras prioridades.
Pero además, debemos
superar el déficit de participación en
el proceso andino. La integración no
sólo implica la participación activa de
gobiernos o de empresarios, comprende a
toda la sociedad. Es nuestra tarea
desarrollar los mecanismos que permitan
a los hombres y a las mujeres de las
naciones andinas encontrar en la
integración un medio para la mejor
realización de sus proyectos de vida.
He aquí señor
Presidente, en breve síntesis, lo que
hemos logrado y lo que tenemos por
delante. Lo avanzado es realmente
importante, pese a críticas y
frustraciones muchas veces exageradas.
Pero nos queda por delante una tarea
inmensa. Debemos tener un mercado común,
debemos mantener nuestra cohesión
política para insertarnos en las
condiciones más favorables posibles en
este fenómeno llamado globalización,
debemos enfrentar las demandas sociales
cada día más urgentes de nuestros
pueblos y debemos asegurar la
participación de los ciudadanos en la
integración. Sólo así podremos sentir
que estamos cumpliendo con el mandato de
la historia y con el sueño unitario del
Libertador.