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Discurso del Secretario General de la
Comunidad Andina, Sebastián Alegrett,
con ocasión del XIII Consejo
Presidencial Andino
Valencia,
Venezuela, 23 de junio de 2001
Desde la última
Reunión del Consejo Presidencial que
tuvo lugar en Lima hace poco mas de un
año, nuestro proceso de integración
muestra resultados concretos y muy
alentadores.
El comercio
intracomunitario, luego de la fuerte
disminución registrada en el año 1999,
ha recuperado su tendencia creciente y
esperamos superar este año la cifra
récord de 6000 millones de dólares. En
los primeros cuatro meses del 2001 las
exportaciones intraandinas crecieron
20%, mientras que las exportaciones al
resto del mundo aumentaron menos del 1%.
De esta manera, para
nuestros países, el mercado andino
pasará a ser este año el segundo mercado
en importancia, después del
estadounidense, y se consolidará como
principal destino de nuestras
exportaciones con mayor valor agregado.
En esa perspectiva y
en la medida que se amplíe y perfeccione
nuestro propio mercado, el comercio
andino puede convertirse en un verdadero
motor de crecimiento y generar mayor
autonomía y competitividad, para
asegurar la adecuada participación de
nuestros países en el proceso global.
Llegamos a esta
Cumbre Presidencial no sólo con logros
económicos, sino también con importantes
avances políticos.
La aprobación del
Plan Andino de Cooperación para la Lucha
contra las Drogas Ilícitas y Delitos
Conexos es un mensaje inequívoco de
nuestra determinación de abordar, con
visión y estrategia propia, uno de los
problemas más sensibles de la agenda
internacional.
A su vez, las
Decisiones adoptadas por los Cancilleres
en materia de libre circulación de
personas y políticas de integración y
desarrollo fronterizo, constituyen un
hito en la integración andina, sólo
comparable a la puesta en marcha de la
Zona de Libre Comercio en el año 1992, y
contribuyen decisivamente a despejar el
camino hacia el Mercado Común.
También avanzamos
consistentemente en las negociaciones
con el Mercosur para establecer una Zona
de Libre Comercio en enero del 2002, a
lo que se agrega la próxima adopción de
un mecanismo de diálogo político entre
ambos bloques y Chile.
A estas
contribuciones significativas para la
creación de un espacio económico y
social sudamericano, hay que añadir la
madurez política que demuestra la
Comunidad Andina, al mantenerse unida en
las negociaciones del ALCA.
Los logros más
relevantes alcanzados este año,
demuestran el sustento esencialmente
político de nuestro avance hacia
estadios superiores de la integración.
Si queremos transformarnos en un Mercado
Común para el año 2005, requerimos de
una vigorosa dosis de voluntad política
y del liderazgo permanente que
únicamente puede provenir de los propios
Jefes de Estado.
Sólo así podremos
superar los obstáculos que provienen de
intereses en juego –internos y externos-
cada vez más acuciantes, y superar
también la tentación de caer en
tecnicismos inconducentes que pueden
terminar frustrando el logro de los
grandes objetivos políticos trazados por
nuestros estadistas.
De ahí que sea
imperativo dar claras señales para que
se consolide y perfeccione cuanto antes
nuestra unión aduanera, mediante la
adopción del Arancel Externo Común, en
el marco de una creciente convergencia
de políticas macroeconómicas que viene
adelantando el Consejo Asesor de
Ministros de Finanzas, Presidentes de
Bancos Centrales y responsables de la
Planificación.
Con ser esto
importante, no podemos en modo alguno
postergar la exigencia de desarrollar la
dimensión social de nuestro proceso
integrador, mediante la incorporación de
propuestas como la de la Presidencia
venezolana, de emprender un Plan
Integrado de Desarrollo Social para
enfrentar los graves problemas de
pobreza, exclusión y desigualdad social
en la subregión.
En efecto, el
propósito fundamental de nuestra
integración no es desarrollar una
sociedad de consumidores sino construir
una sociedad de ciudadanos libres, con
goce pleno de sus derechos y
oportunidades para alcanzar su
realización personal y colectiva.
Hace 180, años con la
Batalla de Carabobo, se completó una
etapa fundamental en la independencia de
nuestro continente. Fue entonces posible
emprender la campaña libertadora del sur
que culminó en Ayacucho.
Meses después de este
magno y glorioso episodio, Bolívar subió
al Potosí. Siempre imaginé que al
alcanzar la majestuosa cima de esa
montaña, símbolo universal de la riqueza
y opulencia de la América española, el
Libertador debió decirse a sí mismo: por
fin somos dueños de nuestro propio
destino.
El Libertador nos
legó la independencia sepamos realizar
nuestro destino.
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