Al comenzar mi intervención quiero dejar
expresa constancia de nuestro
reconocimiento al Gobierno y pueblo de
Qatar por la organización de esta
Reunión y, sobre todo, por la cálida
hospitalidad con la cual nos acoge.
Deseo también destacar el esfuerzo y
felicitar por su labor al Presidente del
Consejo General, Sr. Stuart Harbinson y
al Director General, Sr. Mike Moore.
La Cuarta Conferencia Ministerial de la
Organización Mundial del Comercio se
realiza en momentos en que el mundo
atraviesa circunstancias muy difíciles,
al inicio de una evidente recesión
económica se suman los lamentables
sucesos del 11 de septiembre -que la
acentúan- y cuyas consecuencias todavía
no alcanzamos a medir en todo su
impacto, tanto desde el punto de vista
económico, como político y social.
En este escenario el desafío que se nos
presenta es enorme, puesto que no sólo
debemos preservar el sistema, cuya
credibilidad ya se vio cuestionada y
afectada por el fracaso de Seattle, sino
que debemos renovarlo para hacer de él
un factor que contribuya a un desarrollo
armonioso y cada vez más convergente del
planeta en su conjunto.
Consciente de estas apremiantes
necesidades en el orden global, Bolivia
ha venido a Doha para dar su respaldo al
inicio de una nueva etapa en la OMC, la
que debe surgir de la aplicación del
Programa de Negociaciones que acordemos.
En esta perspectiva, estamos constatando
que todos los países coinciden en
sostener que para no repetir los
errores, de las pasadas y frustradas
negociaciones, se debe situar al
desarrollo en el centro mismo del
sistema multilateral de comercio.
Apreciación que compartimos y apoyamos
plenamente.
Sin embargo, no podemos dejar de
preguntarnos cuán veraz será ese nivel
de coincidencias, toda vez que cuando se
ingresa en terrenos específicos, en la
consideración de planteamientos
concretos para permitir un mayor
desarrollo de aquellos países que más lo
requieren, muchas de estas prédicas
resultan incoherentes.
Bolivia, es uno de los países que
considera imprescindible tomar
previsiones que no polaricen más los
niveles de desarrollo de los países del
orbe. De lo contrario, se acentuarán
tensiones y se darán reacciones
incontenibles, que a la larga afectarán
a todos los países.
En ese orden de ideas, para mi país, es
prioritario lograr un tratamiento
balanceado entre todos los sectores que
participan en el comercio internacional.
Esto quiere decir que no podemos aceptar
que se siga dilatando el tiempo en el
que la agricultura no se someta a las
disciplinas de la Organización.
Lo hemos dicho y lo repetimos. Para
nosotros también este sector conlleva
otras preocupaciones y connotaciones,
distintas a la sola variable comercial.
Éstas tienen que ver con el abatimiento
de la pobreza, con la superación de las
condiciones de extrema pobreza en la que
viven los habitantes bolivianos en el
área rural. De las perspectivas del
desarrollo de este sector y de su
inserción en los mercados
internacionales, también depende que
podamos preservar los resultados que con
mucho sacrificio hemos logrado, al
erradicar los cultivos de plantaciones
de la hoja de coca, con lo cual hemos
hecho una enorme contribución a la
humanidad en su conjunto, pues esto ha
permitido que se retiren de circulación
más de 220 toneladas de cocaína, que
seguramente, hasta hace poco tiempo,
eran distribuidas en las grandes
capitales del mundo.
Para Bolivia el cabal cumplimiento de
los compromisos asumidos en el marco de
la OMC, está significando enormes costos
económicos, sociales y políticos. Sin
embargo, éstos no encuentran
correspondencia con la participación de
mi país en los mercados internacionales,
en los que está enfrentando enormes
dificultades, originadas en gran parte
por el incumplimiento o la
interpretación sui generis, en la
aplicación de los Acuerdos. Por esta
razón y porque creemos que la única
forma de lograr credibilidad en el
sistema es cumpliendo con lo acordado,
es que asignamos mucha importancia al
tratamiento adecuado de este delicado
tema, en esta Conferencia.
Por otra parte, Bolivia es uno de los
países más convencidos en la necesidad
de conservar y preservar el medio
ambiente. Es por ello que ha sido uno de
los primeros países en desarrollo en
contar con su Agenda 21, con normas
nacionales claras y contundentes,
incluso en desmedro de las exportaciones
que tanto necesita. Sin embargo, nos
oponemos a cualquier intento de hacer de
este tema un elemento de protección de
los mercados. Creemos que su
incorporación en la agenda de la OMC; no
sería una decisión acertada. Otros son
los foros más apropiados y eficaces, si
tan sólo el objetivo es cuidar de
nuestro planeta.
Quiero resaltar la trascendental
Declaración que aprobaremos en la
oportunidad, vinculando la propiedad
intelectual a la salud pública, ésta se
constituye en un importante instrumento
jurídico y en un mensaje político, que
le da a la Organización Mundial del
Comercio un rostro humano. Aspiramos que
los términos que acordemos sean
contundentes en hacer prevalecer la
salud y la vida humana a los intereses
de la invención.
Para finalizar, no puedo dejar de
manifestar la satisfacción especial de
mi país, por el ingreso de la República
Popular China a la Organización Mundial
del Comercio, esto marca un hecho
histórico para este país y para nuestra
Organización. De esta manera recién se
podrá sostener que ella tiene un alcance
planetario, al incorporar a más de 1.200
millones de habitantes, una quinta parte
de la población del globo.
De aquí en adelante, nos resta asegurar
que la OMC también tenga un impacto
mundial equilibrado, que beneficie
equitativamente a todos los países. Para
ello se hace necesario distinguir los
diferentes niveles que caracterizan a
los países en desarrollo, dar un
tratamiento adecuado a los países de
economías pequeñas y más vulnerables.
Estamos esperanzados en que los
resultados de esta Cuarta Conferencia
Ministerial permitan que la acción de la
OMC, renovada y vigorizada, contribuya
en la construcción de un mundo justo,
próspero, solidario y unido, objetivo
que hoy más que nunca debemos tener
presente.