Los procesos de integración en el mundo
han avanzado en las dos últimas décadas.
La mayor parte de los países ha
comprendido que el acceso exitoso a la
globalización requiere de la pertenencia
activa a unidades de integración
regional o subregional. Incluso las
grandes potencias económicas, entre las
cuales se cuentan los Estados Unidos,
China y los principales países europeos,
lo han entendido así.
Por ello, no es de extrañar que los
países de América del Sur también hayan
asumido que un proceso de integración
gradual y ampliado es crucial para el
futuro de nuestros pueblos. Ninguno de
los doce países de Sudamérica tiene
posibilidades plenas en el mundo
contemporáneo si da la espalda a la
región. Todos así lo han comprendido y
en la actualidad, como lo hacen los
países del NAFTA o de la Unión Europea,
buscan asociaciones en las cuales se
espera que todos ganen el valor agregado
de la concertación, la cooperación y la
integración.
Un proceso de convergencia
Es claro desde la Declaración del Cusco,
a finales del año anterior, que la
Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN)
se construirá sobre la base de la
aproximación y convergencia entre la
Comunidad Andina, el MERCOSUR, y la
participación activa de los otros tres
países miembros (Chile, Surinam y
Guyana).
Es decir, que en la construcción de la
CSN tanto la Comunidad Andina como el
MERCOSUR deberán aportar sus fortalezas,
al tiempo que profundizan sus
respectivos procesos de integración y
buscan profesamente su convergencia.
La mayor profundidad institucional de la
Comunidad Andina sin duda enriquecerá
tal construcción gradual. De la misma
forma, algunos de los logros del
MERCOSUR y su flexibilidad
organizacional pueden ser útiles como un
aporte a la construcción de Sudamérica.
No se ha pensado, pues, en una primera
instancia, en la construcción
burocrática de nuevas instituciones que
reemplacen y se superpongan a las ahora
existentes en la CAN o el MERCOSUR. Se
trata más bien de un proceso de
confluencia de voluntades que
significará mantener por un buen tiempo
las especificidades de cada proceso de
integración, mientras se confluye
armónicamente en una voluntad de mayores
propósitos, en los diferentes ámbitos de
confluencia que se han previsto:
• Diálogo político
• Integración física
• Medio ambiente
• Integración energética
• Mecanismos financieros sudamericanos
• Asimetrías
• Promoción de la cohesión social, de la
inclusión social y de la justicia social
• Telecomunicaciones
La incorporación recíproca, como
miembros asociados, de los países de la
CAN al MERCOSUR y de estos a la CAN ha
sido un paso emblemático en la
perspectiva de la convergencia y
contribuirá a reforzarla
significativamente.
Un programa de cooperación y desarrollo
Cuatro son los pilares sobre los cuales
reposa la construcción comunitaria
sudamericana: a) cooperación política;
b) integración comercial y
complementación productiva; c)
integración energética; d)
infraestructura, competitividad y
desarrollo.
• La cooperación política de Sudamérica
comienza a abrirse espacio en varias
etapas o fases. En primer lugar,
mediante mecanismos de consulta y
cooperación política en temas
importantes de la agenda internacional,
concertando posiciones que luego se
puedan llevar a otros foros. Luego,
estableciendo mecanismos de diálogos y
cooperación con otros países y regiones
del mundo. En ambos casos, será de la
mayor importancia aprovechar el
conocimiento y experiencia acumuladas
por los procesos de integración hasta
ahora en su concertación interna y en
sus diálogos con otros actores
mundiales.
• Los antiguos acuerdos comerciales
bilaterales concertados en el marco de
la Asociación Latinoamericana de
Integración (ALADI) han ido cediendo
espacio a la convergencia gradual,
expresada en los acuerdos de libre
comercio a los cuales han llegado los
países de la Comunidad Andina y el
MERCOSUR. Estos deberán ser
progresivamente profundizados para
comprender los elementos necesarios que
afirmen la integración comercial, como
son el libre tránsito de bienes y
personas, infraestructura, políticas
comerciales comunes, complementación
industrial y coordinación
macro-económica. Sólo en la medida en
que se logre que el comercio interno
sudamericano se incremente será posible
hablar de una integración económica en
perspectiva. Existe aquí un reto
importante, al cual no son ajenas las
consideraciones de una mayor
competitividad internacional y aquellas
referidas al reconocimiento de las
asimetrías en la construcción del
espacio sudamericano.
• Los países andinos constituyen un polo
energético de la mayor importancia en el
continente sudamericano. Poseen enormes
reservas de petróleo, gas, energía
hidroeléctrica y carbón. Ello otorga a
la CAN y a Sudamérica la posibilidad de
optimizar su potencial en el mundo, a
condición de poder establecer redes
energéticas viables y eficientes. Pero
no se trata sólo de la interconexión
para un intercambio del producto final,
sino de aunar esfuerzos y establecer una
infraestructura y mecanismos de
convergencia que hagan que el potencial
energético pueda ser utilizado no sólo
con provecho comercial, sino ante todo
para la promoción del desarrollo de los
países, y de las regiones menos
favorecidas. Los diversos circuitos
energéticos interconectados que podrían
construirse en Sudamérica constituyen
sin duda otra de las bases de su
competitividad futura en el mundo. Aquí
también el realismo político está
imperando por sobre planteamientos
retóricos, como en su momento lo hizo
Europa al estructurar su núcleo de
integración alrededor de la Comunidad
del Carbón y del Acero.
• La verdadera integración – que
representa mucho más que libre comercio
- requiere -como bien lo comprendieron
los europeos en su momento- de
condiciones que hagan posible la
complementación económica, el desarrollo
territorial y la interconexión física
entre países y a lo largo de las
regiones involucradas en un proceso de
integración. La mayor debilidad de los
proyectos de integración, y aun del
desarrollo económico y social en nuestra
parte del continente americano, radica
precisamente en la pobre infraestructura
vial, portuaria y de comunicaciones en
general. El programa IIRSA ( Iniciativa
para la Integración de la
Infraestructura Regional Suramericana )
recoge los proyectos de interconexión
vial de Sudamérica, otorgando prioridad
absoluta a una treintena de ellos, a fin
de lograr la interconexión básica y
necesaria entre nuestros países, no solo
en el sentido Norte-Sur, sino también en
el sentido Este-Oeste. Con el transcurso
del tiempo, hemos comenzado a comprender
también que, a lo largo y ancho de los
grandes Ejes de Integración y Desarrollo
de Sudamérica, pueden y deben promoverse
nodos de desarrollo económico y social
desconcentrado y descentralizado, que
hoy resultan estratégicos para nuestro
continente y para nuestros pueblos.
Un imperativo de la hora actual
La construcción gradual de la Comunidad
Sudamericana de Naciones significa para
algunos países la posibilidad de acceder
a las riquezas del interior del
continente, antes poco explorado y menos
desarrollado. Para otros países, se
trata de comunicar su propia producción
y su visión del mundo, con otros,
incluso vecinos, tradicionalmente
aislados en sus consideraciones de
política exterior o de comercio. Para
otros más, se trata de un mecanismo que
les permitirá solucionar en el marco
multilateral algunas viejas diferencias
bilaterales. Para todos, en general, se
trata de ganar posibles mercados para
sus propios productos, y sin duda
también, de ganar fuerza política en
escenarios multilaterales y frente a
algunos actores mundiales.
En suma, la pertenencia activa a una
Sudamérica integrada es de alta
conveniencia para todos los países
involucrados. Sudamérica le da a los
países y a los procesos de integración
actuales la “masa crítica” necesaria
para una mejor y más activa presencia
internacional.
En el contexto de la globalización, los
países sudamericanos requieren adoptar
estrategias para alcanzar una inserción
competitiva e incluyente en nuevos y más
exigentes escenarios internacionales.
Como expresa la Declaración del Cusco,
se trata de utilizar mejor las aptitudes
regionales para el desarrollo y la
inclusión social, así como de fortalecer
capacidades de negociación y proyección
mundiales para una inserción
internacional competitiva y beneficiosa.
La Comunidad Sudamericana de Naciones es
una herramienta idónea para ello.