América del Sur
Por Gustavo Tobón Londoño
Ex presidente de Fedemetal y ex director de Incomex de Colombia
La República
Bogotá, 7 de setiembre de 2000

En la cumbre de Brasilia, que el 1 de septiembre reunió a 12 presidentes suramericanos, se habló de la identidad suramericana, más como un deseo que como una realidad.

En esta parte del hemisferio tenemos y así se dijo, contigüidad geográfica, valores comunes, una agenda compartida, problemas similares, historias repetidas, retos compartidos, pero no una identidad.

No nos sentimos suramericanos y el individualismo y las nacionalidades, han impedido proyectos conjuntos, que de haberlos adelantado con perseverancia, nos hubieran dado una voz y una personalidad, que nos tendrían colocados como región, en la comunidad internacional.

Por eso vale la pena destacar la intención de los mandatarios, de convertir a los doce países en una comunidad pujante y con identidad propia. La tarea es compleja y ambiciosa.

Ella impone la consolidación de los sistemas democráticos, una paz sustentada en la superación de las injusticias sociales, el compromiso indeclinable de proteger y afianzar los derechos humanos, la solución pacífica de las controversias y el crecimiento de las economías.

Esto último debe asegurarse en la cooperación, la integración económica, la protección al medio ambiente y en un plan de acción que nos permita insertarnos con éxito en la globalización para poder disfrutar, asimilándolas, de las nuevas tecnologías, de la información y del conocimiento.

Tenemos a nuestro haber por lo menos cuatro décadas de intentos integracionistas y aún estamos lejos de poder mostrar una región integrada, armónica y fortalecida.

Lo que ha predominado son los esquemas subregionales y los convenios bilaterales y multilaterales. De ahí que la intención de articular y hacer converger los diferentes procesos integracionistas, sea no solamente buena, sino necesaria.

Particularmente ahora cuando estamos a cinco años de la puesta en marcha de la zona hemisférica de libre comercio o Alca.

La negociación que se acordó y que debe iniciarse en forma inmediata, para que el Mercosur y la Comunidad Andina establezcan antes del 1 de enero del año 2002, una Zona de Libre Comercio inspirada en los principios del "regionalismo abierto", va en la dirección correcta y por tal motivo esperamos que los gobiernos no fracasen y que la retórica de integración se convierta en una realidad.

De esa zona suramericana no puede estar ausente Chile y tampoco Guyana y Surinam, que aunque tardíamente, ya fueron invitados a unirse en el proyecto suramericano, que debe articularse, en su momento, con México, Centroamérica y el Caribe.

No podemos reducir todo al comercio y a los negocios. El concepto de integración es más amplio.

La infraestructura física en las áreas de energía, telecomunicaciones, carreteras, ríos y el aire, que haga fluir el transporte de mercancías y personas, es vital para apuntalar el sueño suramericano.

Afortunadamente el Banco Interamericano de Desarrollo -BID- y la Corporación Andina de Fomento -CAF- están comprometidos para que el sueño se realice.

Ojalá que la Declaración de Brasilia no se quede, como tantas, en pura palabrería.