La
convergencia entre la Comunidad Andina y
el Mercosur es la clave de la
integración sudamericana. Los países
andinos tienen una población de 111
millones de habitantes y una superficie
aproximada de 4.700.000 kilómetros. Es
una subregión rica en recursos minerales
y energéticos con presencia en dos
océanos, el Atlántico y el Pacífico, y
un enorme potencial de desarrollo que se
ha venido consolidando a lo largo de los
31 años de integración. La Comunidad
Andina tiene, además, un marco
institucional sólido que brinda
seguridad jurídica y supone un avance
importante en materia de integración
porque no se limita sólo a los aspectos
comerciales. Tenemos instituciones
financieras, como la Corporación Andina
de Fomento (CAF) y el Fondo
Latinoamericano de Reservas (FLAR);
órganos comunitarios con sentido
supranacional como el Tribunal Andino de
Justicia y la Secretaría General de la
CAN; instituciones consultivas como el
Consejo Laboral y el Consejo Empresarial
Andino, así como el Parlamento Andino
que es un órgano deliberante.
Por
otra parte, el Mercosur es un esquema de
integración menos institucionalizado,
pero que ha tenido un importante éxito
comercial porque agrupa a los polos de
desarrollo más importantes del
continente y ha demostrado un gran
dinamismo, pese a los problemas
coyunturales que pueda atravesar. El
Mercosur agrupa a países dotados de
grandes recursos naturales con un
desarrollo económico e industrial
importante.
Si
sumamos a Chile, el Mercosur y la
Comunidad Andina estamos hablando de un
gran mercado de 340 millones de
personas, lo que nos lleva a pensar en
una nueva dimensión de la integración
latinoamericana que ofrece amplias
perspectivas, no sólo en términos
comerciales. La progresiva convergencia
entre estas subregiones dará lugar a un
espacio armónico y equilibrado que
favorecerá nuestra inserción en la
economía mundial en una posición
competitiva y de incuestionable peso
político en la escena internacional.
Desde
nuestro punto de vista, la relación
entre la Comunidad Andina y el Mercosur
debe basarse en la profundización y
consolidación simultánea de la
integración dentro de cada grupo, en su
creciente interconexión y en la rápida
convergencia hacia el nuevo objetivo
común. Esta relación puede ser
mutuamente enriquecedora si comenzamos a
abordar tareas específicas como la
armonización de las normativas para la
interconexión de los sistemas de
telecomunicaciones, transporte, medidas
sanitarias, procedimientos aduaneros y
otras prácticas que permitan fomentar el
comercio. Además, se puede avanzar en el
desarrollo de infraestructura física en
los cruces de frontera para hacer de
esta zona geográfica un mercado
verdaderamente activo y operacional.
2.
¿Cual es la situación actual de la CAN?
¿Todos los países que integran este
proceso se benefician de la misma
manera?
La
Comunidad Andina es una zona de libre
comercio muy activa y una unión aduanera
aún imperfecta que cuenta con reglas
claras de juego, lo cual es una gran
ventaja porque brinda la seguridad
necesaria para que este proceso de
integración se fortalezca y sea
previsible. La CAN ha desarrollado una
importante legislación en diversas
materias como inversiones, propiedad
intelectual, normas aduaneras y
transporte que constituyen una base
importante para consolidar el proceso de
integración.
La
transformación del Pacto Andino en la
Comunidad Andina abrió una nueva
perspectiva con la institucionalización
del Consejo Presidencial y el Consejo
Andino de Ministros de Relaciones
Exteriores que permiten abordar la
agenda política y equipa mejor a la CAN
para avanzar en el proceso de desarrollo
creciente de la supranacionalidad.
Los
países más pequeños de la CAN son muy
activos en el comercio intracomunitario
y su participación en el intercambio
total suele ser mayor, en términos
proporcionales, que la de los países más
grandes. El caso de Bolivia es
particularmente ilustrativo: más del 20
por ciento de sus exportaciones se
destinan al mercado andino, siendo
principalmente de origen manufacturado.
Otro tanto ocurre en el caso de Ecuador
que dirige el 12 por ciento de sus
exportaciones hacia los países andinos y
ahora se beneficiará aún más en términos
comerciales, gracias al proceso de paz
con Perú, todo lo cual augura la
formación de un nuevo polo de
integración dentro de la CAN.
Pero
mucho más allá de lo comercial, la
integración ha brindado a Bolivia y a
Ecuador un inmenso apoyo en términos
financieros. LA CAF está financiando
obras de infraestructura para la
interconexión de Bolivia, tanto hacia el
Pacífico como al Mercosur, y en el caso
de Ecuador también están previstos
recursos para el desarrollo de
infraestructura. Adicionalmente, el FLAR
ha contribuido notablemente a la
estabilidad financiera de las economías
de Bolivia y Ecuador, inclusive en este
último país con montos más
significativos que los provistos por los
organismos multilaterales, de manera que
los países pequeños son realmente los
grandes beneficiarios de la integración
andina.
Por
otra parte, cabe recordar que Bolivia,
con el apoyo del Grupo Andino, se asoció
en términos comerciales con el Mercosur
y esta situación le traerá beneficios
directos del proceso de construcción del
espacio sudamericano al punto tal que lo
que por mucho tiempo se ha considerado
desventaja en el tema de la
mediterraneidad se convertirá en una
gran ventaja porque Bolivia será un
punto de articulación privilegiado en
los dos grandes mercados del
subcontinente.
3.
¿Cuáles son los avances más importante
de la CAN y cuáles son los problemas por
los que atraviesa?
Alegrett: Considero que los avances más
importante de la CAN se registran no
sólo en el plano comercial, si bien es
destacable el volumen de comercio
intraandino que se situó en 1998 en
5.400 millones de dólares y, lo que es
más importante aún, pese al impacto de
la crisis asiática y de las turbulencias
financieras que afectaron los
intercambios, actualmente se observan
signos de recuperación.
Pero
uno de los avances más significativos
del proceso de integración andino ha
sido el crecimiento y fortalecimiento de
sus instituciones. El caso de la CAF es
realmente notable. El éxito de esta
institución financiera y su calificación
internacional le ha permitido canalizar
hacia la región andina más de 20.000
millones de dólares durante la última
década. En proporciones diferentes,
también es destacable el papel que ha
jugado el FLAR en apoyo a las balanzas
de pago de los países.
Otro
avance fundamental ha sido la creación
del Consejo Asesor de Ministros de
Hacienda, Finanzas, Planeamiento y
Bancos Centrales que está abordando de
manera seria y responsable la
armonización de las políticas
macroeconómicas. Simultáneamente se
produjeron avances en materia de
política agrícola común y en la
concepción de la agenda social, así como
las Decisiones adoptadas para el
desarrollo de las zonas fronterizas,
inclusive en el ámbito del transporte
que, pese a los problemas de transbordo
confrontados en la actualidad, sigue
siendo una normativa muy amplia que ha
permitido incrementar el comercio.
Por
otra parte, a través del Consejo Andino
de Ministros de Relaciones Exteriores se
aprobaron los lineamientos de la
Política Exterior Común y en materia de
relaciones económicas internacionales la
Comunidad Andina negocia con vocería
única en la conformación del Area de
Libre Comercio de las Américas (ALCA),
al propio tiempo que los esfuerzos de
coordinación crecientes nos llevarán a
actuar de manera más concertada ante la
Unión Europea y la Organización Mundial
de Comercio.
Sin
duda que el mayor desafío que enfrenta
la Comunidad Andina es la construcción
del Mercado Común para el año 2005. Es
un tema complejo y aspiramos a abocarnos
pronto a la temática del Arancel Externo
Común para perfeccionarlo y generalizar
su aplicación. Y estamos trabajando
desde ya en los aspectos vinculados a la
libre circulación de las personas y a la
liberalización de los servicios, la cual
ya fue acordada por los países y se está
desarrollando de manera progresiva.