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Persiste el
sueño de una integración latinoamericana
Por Gustavo Tobón
Portafolio de Colombia
Bogotá, 29 de mayo de 2008
Desde hace 48 años, cuando se creó la
Alalc, estamos diciendo que en nuestra
región latinoamericana la integración
constituye uno de los principales medios
para acelerar el proceso de desarrollo
económico y que debería servir para
crear un mercado común latinoamericano.
De la Alalc pasamos a la Aladi y en el
entretanto aparecieron el Pacto Andino,
hoy Comunidad Andina, Mercosur y el
Mercado Común Centroamericano. A pesar
de ello, estamos lejos de la meta del
mercado común. La retórica, los
documentos y las reuniones han abundado,
más no así los resultados. Sin embargo,
el sueño de una integración persiste.
El pasado 23 de mayo 12 presidentes de
Suramérica, tras dos años de
negociaciones, firmaron en Brasilia el
acta constitutiva de Unasur, en medio
del escepticismo de los observadores y
analistas.
Las dudas se sustentan en las
diferencias ideológicas que separan a
los presidentes y en la existencia o no
de una firme decisión para integrarse
que permita, precisamente, superar esas
disparidades.
El Canciller de Venezuela las ha
precisado al advertir que en la región
hay "una mayoría de gobiernos autónomos,
soberanos, progresistas y populares",
dando a entender que hay gobiernos que
no lo son. Es decir, que carecen de
autonomía, que no son soberanos y menos
progresistas y populares.
Esa terminología, propia del presidente
Chávez, marcará sin duda las
negociaciones en el nuevo ente
integracionista y le imprimirá a lo
económico, a lo social y a lo comercial,
un contenido ideológico que hará de cada
reunión una escaramuza para ver qué
tendencia se impone.
Afortunadamente, la presidencia inicial
la tendrá la señora Michelle Bachelet de
Chile, que deberá esforzarse para que no
se desvíe el rumbo.
El objetivo es "construir un espacio de
integración y unión", no solamente para
lo económico, sino también para
"eliminar la desigualdad socioeconómica,
lograr la inclusión social, la
participación ciudadana y el
fortalecimiento de la democracia".
La equidad, la inclusión y la
erradicación de la pobreza, en la que
están sumidos millones de suramericanos,
es pues una meta prioritaria, que de no
cumplirse, sepultará este nuevo esfuerzo
de integración.
Casi cinco décadas de intentos
integracionistas sin que se muestren
resultados en el campo de la pobreza y
el hambre, no nos dejan bien parados a
los suramericanos.
Se buscará consolidar una identidad
suramericana, una especie de ciudadanía
regional, que facilite la eficacia de
los derechos fundamentales de las
personas.
El acceso a la seguridad social, por
ejemplo, y a los servicios de salud,
deberá garantizarse a todas las
personas, se encuentren o no en su país
de origen. Formidable tarea si tenemos
en cuenta que es uno de los derechos
menos satisfechos en nuestros países.
Son innumerables los excluidos.
Esperemos que Unasur no sea otra
frustración suramericana y confiemos en
la razón y el corazón de los
gobernantes, como se dijo recientemente
en Lima, para que así sea. Dios
mediante.
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