Por una integración andina fortalecida
Por Alfredo
Fuentes Hernández,
Secretario General (E) de la Comunidad
Andina
Artículo publicado en el diario
Portafolio de Colombia (27.11.2006)
Los países andinos tienen por delante el
desafío de consolidar la expansión
económica y la estabilidad recientes,
mejorar los niveles de vida de la
población y alcanzar una mejor inserción
internacional. Y hacerlo con democracia.
¿Puede la integración andina
contribuir?. Políticas como las
presupuestarias, tributarias o de
reducción de deuda que minimicen riesgos
futuros de inestabilidad, así como
medidas de inversión social más
efectivas para reducir la pobreza y la
desigualdad, no han sido delegadas por
los países miembros a los procesos de
integración, sin perjuicio de la
cooperación que impulsan algunas
instituciones sociales andinas para el
intercambio de experiencias e impulso de
proyectos en áreas como salud y
educación.
Sin embargo, la búsqueda de eliminar
barreras estructurales a la inversión y
la productividad (regulaciones, mercado
laboral, infraestructura, transporte,
asimilación de las tecnologías, entre
otras) pueden encontrar respaldo en la
integración. Así mismo, retos
compartidos como enfrentar el deterioro
ambiental, los desastres naturales o las
amenazas a las democracias, pueden
tratarse comunitariamente por los
socios.
La integración se ha concebido
tradicionalmente como estrategia para
ampliar mercados y lograr economías de
escala, creando nuevas oportunidades de
inversión para expandir y diversificar
exportaciones; también, para mejorar el
poder de negociación frente a terceros y
alcanzar un desarrollo equilibrado entre
sus miembros. Luego de treinta y siete
años de integración la Comunidad Andina,
CAN, cuenta hoy con una zona de libre
comercio y altos flujos de intercambio
de manufacturas que se realizan bajo un
acervo de normas de política comercial
(origen, aduaneras, libre competencia,
subsidios, dumping, sanitarias,
técnicas, etc). Pese al retiro de
Venezuela, mediante suscripción de
Memorando Entendimiento entre las
partes, en agosto de este año, se
mantuvieron ventajas recibidas y
otorgadas y hay un proceso en curso de
negociación con este país de normas
comerciales y de solución de
controversias.
La liberalización de los servicios ha
sido amplia, contándose además con
reglas sectoriales para sectores como
transporte terrestre, marítimo, aéreo
multimodal, turismo, y
telecomunicaciones. No existen normas
restrictivas a la movilidad de capitales
y desde 2002 se alcanzó la libre
circulación personas con reconocimiento
documentos nacionales y eliminación
requisitos de visa, además de la
adopción del pasaporte andino. No menos
importante es la seguridad jurídica que
proporciona el sistema andino de
solución de controversias, con el
respaldo de un Tribunal de Justicia que
ampara el derecho comunitario, incluso
ante acciones presentadas por los
particulares.
La nueva etapa de la integración andina
tiene, entre otros, el potencial de
facilitarles a las economías andinas su
mejor inserción externa, mediante
negociaciones como las de un Tratado de
Asociación con la Unión Europea a partir
de 2007; la convergencia normativa para
la conformación de una zona de libre
comercio sudamericana; y la definición
de las áreas en las cuales se vinculará
Chile como país asociado de la CAN. Al
mismo tiempo, hay una agenda interna
pendiente para enfrentar los elevados
costos originados por una inadecuada
infraestructura física, problemas de
transporte, trámites, falta de
modernización servicios aduaneros, entre
otros, en detrimento de la
competitividad. Finalmente, es
importante reforzar la cooperación
política andina en áreas de seguridad y
democracia para enfrentar amenazas
comunes como el narcotráfico, el
terrorismo y la corrupción que tienen
connotaciones transnacionales.