Futuro de la
integración andina
Por Manuel José Cárdenas
Portafolio
Bogotá, 2 de julio de 2001
Escribíamos en el
artículo anterior que así como la Unión
Europea, a partir de Tratado de Niza,
estaba examinando su futuro común, la
Comunidad Andina debería iniciar un
proceso similar frente a los retos que
tiene en el año 2005 para configurar un
mercado común e ingresar al Area. de
Libre Comercio de las Américas (ALCA).
La realidad es que este proceso de
integración que se inicio hace ya 32
años, resulta hoy el mejor instrumento
para responder a los retos de la
globalización. Ninguno de los países que
la conforman tienen capacidad por
separado de jugar un papel significativo
en la nueva realidad del mundo.
Por eso resulta tan
interesante como urgente el debate sobre
el futuro de la Comunidad Andina con el
objeto de definir un proyecto común que
sitúe a los países de la región en una
posición relevante ante los desafíos de
la revolución tecnológica, que crea una
nueva sociedad basada en la información.
La discusión debe orientarse en el
sentido de precisar lo que los países
andinos tienen que poner en común para
ganar espacios de autonomía política que
favorezca el verdadero progreso de sus
pueblos, afiancen la gobernabilidad
democrática fundada en el desarrollo con
equidad social y generen una mayor
capacidad de negociación internacional.
En este sentido la
Secretaria General de la Comunidad
Andina presentó al XIII Consejo
Presidencial Andino, que acaba de
terminar en Valencia, Venezuela, un
excelente documento sobre el futuro de
la integración andina, en donde después
de examinar los desafíos andinos frente
al contexto internacional planea la
necesidad de profundizar aún más las
nuevas dimensiones del proceso de
integración y hacer de la integración
política un principio ordenador del
Sistema Andino de Integración, como en
las décadas pasadas lo ha sido la
integración económica. Sostiene que la
Comunidad Andina debería plantearse el
objetivo bolivariano de constituirse en
una "Nación de Repúblicas".
Estas ideas las ha
defendido el Presidente Chávez de
Venezuela pero no ha sido muy
consistente, pues mientras en el
discurso ha propugnado por la
consolidación de la Comunidad Andina en
la práctica, como es el caso de la
propuesta de ingreso Venezuela al
Mercosur, la ha debilitado, sin darse
cuenta que esta iniciativa no fue
bienvenida por los países del sur,
quienes manifestaron en la Cumbre de
Asunción que la "acogían con
beneplácito" pero al mismo tiempo
expresaron su intensión de negociar
directamente con la Comunidad Andina un
acuerdo de libre comercio
Esta falta de norte
en las negociaciones andinas para
definir un destino común explica que en
la Cumbre de Valencia y en las reuniones
que la precedieron, se hubieran
aprobado, y aplazado al mismo tiempo, un
conjunto de decisiones de carácter
instrumental sin tener en cuenta
objetivos de mediano y largo plazo. Se
aprobó un Plan Andino de Cooperación
para la Lucha Contra las Drogas Ilícitas
y Delitos Conexos, la modificación de
los Estatutos del Tribunal, la creación
de las Zonas de Integración Fronteriza y
Centros Binacionales de Atención en
Frontera, el Reconocimiento de
Documentos Nacionales de Identificación
y la creación del Pasaporte Andino. Se
aplazaron otras decisiones sobre la
Política Agrícola Común y la
reestructuración y ampliación a todos
los países miembros del Arancel Externo
Común, que son esenciales para la
consolidación de la unión aduanera y el
mercado común.
Sin existir unos
objetivos claros sobre la integración
andina, los cuales signifiquen un
esfuerzo real para mejorar el futuro de
los pueblos de la región, será muy
difícil interesar a los ciudadanos
andinos en este proceso de integración.
Ninguna empresa compleja ha resistido
los cambios del último medio siglo,
incluidos los derivados de la revolución
de la información, sin revisar a fondo
sus funciones y estructuras. Hay que
pensar que quieren hacer juntos los
andinos con una visión más cualitativa
que cuantitativa, que tenga en cuenta el
principio de subsidiaridad y el respeto
a las diversas identidades. Para ello se
requiere un debate abierto y
participativo que vaya más allá de las
tradicionales conferencias
gubernamentales de negociación y que
involucre a la sociedad civil y a los
parlamentos nacionales.