¿Una Suramérica unida?
Por Germán Umaña
Mendoza
Profesor, Universidad Nacional
Portafolio de Colombia
Bogotá, 19 de abril de 2007
Mientras que Estados Unidos se encuentra
inmerso en una disputa interna por el
poder real, más lejos que cerca de
resolverse, en Colombia la incertidumbre
sobre la aprobación o no del TLC y la
naturaleza de la ayuda que se recibirá
de dicho país es obvia, más si se tiene
en cuenta que también nos encontramos
absortos por el escándalo de la 'parapolítica'.
Entre tanto, en el vecindario se suceden
aceleradamente hechos que cambian
sustantivamente la cara a nuestras
posibles alternativas en el ejercicio de
la política exterior.
Cuando el presidente Bush visitó
recientemente algunos países de América
Latina, la prensa presentó como un éxito
el acuerdo alcanzado con Brasil sobre el
tema de los biocombustibles y como un
enfrentamiento abierto y una 'pica en
Flandes' en las relaciones de ese país
con Venezuela.
Pensaron con el deseo y la respuesta es
objetiva. Se crea la Unión de Naciones
Suramericana 'Unasur' y se firmó un
acuerdo energético que desde su inicio
supera las aparentes diferencias entre
los defensores de los combustibles
fósiles y los de los biocombustibles.
Nuevamente el señor Chá- vez se sale con
la suya, eso sí, esta vez con un logro
concreto y claro, y manifiesta:
"Queremos que todos, independientemente
de sus ideologías, tengamos la certeza
de que en este siglo no habrá crisis
energética en nuestros países si sumamos
las reservas de todos y hacemos un plan
estratégico".
El logro es concreto porque parte de la
aceptación de las inmensas reservas y
potencialidad de desarrollo suramericano
en el campo energético y es claro en la
medida en que se acompaña de hechos
reales de desarrollo de inversiones
conjuntas, cooperación en materia de
distribución y definición de una
estrategia común que permita la
diversificación de las fuentes de
energía.
Por otra parte, el intento de crear una
organización de productores de gas 'Oppegasur'
que se habría convertido en un elemento
de diferencia con los países
importadores suramericanos, recibió un
entierro de tercera en la Cumbre de
mandatarios de Suramérica y nuevamente
la estrategia se orientó hacia la
cooperación y las inversiones conjuntas
(por ejemplo: el gasoducto interguajiro).
Y es que un nuevo ambiente político se
respira en la región. A pesar de las
diferencias que aún subsisten entre los
mandatarios (Alan García versus Hugo
Chávez; Correa versus Uribe, estos
últimos ni siquiera pudieron reunirse
bilateralmente), han logrado ponerse de
acuerdo sobre elementos con un alto
contenido de realidad económica y
social, con una importante dosis de
pragmatismo.
Además, en lo político hay cada vez más
democracia y menos tecnocracia. El
triunfo del presidente Correa en el
Ecuador, incuestionable y en las urnas,
abre paso a la esperanza de creación de
nuevas instituciones y a un modelo
económico y político que le permita
salir de su característica crisis
permanente.
Lo cierto es que si a lo energético se
le sumara una estrategia conjunta en lo
pertinente a la biodiversidad y se
pensara en liberar el factor trabajo a
partir del reconocimiento de títulos
para los profesionales, la cooperación
en materia educativa, el dotar de una
dimensión social a la integración
suramericana con una clara política de
migraciones, de protección social y de
inclusión, entre otros factores,
estaríamos adportas de una verdadera
revolución pacífica y del real
posicionamiento de Suramérica en el
entorno internacional.
Pensando con el deseo: ojalá la miopía
norteamericana y el astigmatismo europeo
en relación con Suramérica duren lo
suficiente para permitir la
consolidación de esos proyectos. Cuando
esto ocurra esperamos gocen de perfecta
salud y visión. La verdad: "aún no
ladran los perros pero hay señal de que
avanzamos".