Los treinta y siete años de existencia
de la Comunidad Andina, que celebraremos
el próximo mes de mayo, constituyen una
oportunidad propicia para hacer un
balance de sus logros y desafíos.
La fuerte institucionalidad de la cual
se ha dotado el proceso, que sobresale
frente a otros procesos de integración
regional, ha posibilitado que la
normativa comunitaria mantenga su
vigencia y preeminencia sobre los
acuerdos con terceros. Así, la
integración andina se consolida como un
escenario que favorece la inserción
internacional de los países miembros, y
simultáneamente se fortalece como
espacio para la profundización de los
lazos económicos, políticos y sociales
entre ellos.
Además, gracias a las decisiones de los
presidentes en las cumbres de Quirama,
Quito y Lima, la integración andina
tiene hoy una agenda multidimensional
que ha rescatado la perspectiva del
desarrollo para el proyecto comunitario
y que avanza en estrategias de
cooperación alrededor de áreas clave
como la energía, el medio ambiente y la
cohesión social, con la activa
participación de actores centrales,
entre los cuales se destacan las Pymes,
gobiernos locales, empresarios
nacionales, sindicatos y redes sociales
de las más diversas expresiones de la
subregión.
A pesar de estos importantes logros, es
necesario reconocer que subsisten
dificultades para avanzar en las tareas
propias del mercado ampliado, así como
en los consensos requeridos para
construir una política común en nuestras
relaciones externas. Estas dificultades
son expresión de los diferentes enfoques
en torno a la mejor forma de conducir el
desarrollo de los países, pero también
de su distinta dotación de recursos y
estructura productiva. Todo ello, a su
vez, se refleja en discrepancias
visibles en torno a la valoración y
naturaleza de las relaciones con
terceros, que harían posible una
inserción internacional más benéfica
para nuestros pueblos.
Tengo la convicción que esta nueva
encrucijada requiere, como en otras
épocas igualmente desafiantes, del
concurso activo de los presidentes para
revitalizar el consenso comunitario en
torno a la integración como eje
articulador de un desarrollo e inserción
internacional con inclusión social de
nuestros países y, al mismo tiempo, como
espacio de convergencia plural de las
diversas expectativas nacionales. De
allí la trascendencia que adquiere la
convocatoria del presidente Evo Morales
a una reunión de mandatarios andinos
para coordinar posiciones comunes de
cara a la Cumbre Unión Europea-América
Latina de Viena, en mayo. Será una
oportunidad excepcional para retomar el
diálogo, superar diferencias y volver
por los caminos de la concertación.
Creo también que este momento de
trascendentales definiciones demanda una
amplia participación de los diversos
actores económicos, políticos y sociales
en el debate sobre el futuro de la
integración. Para contribuir con este
propósito, la Secretaría General de la
Comunidad Andina y la Alcaldía de
Medellín, con el apoyo de la Unión
Europea y el Gobierno de la República de
Corea, han convocado al Foro de Alto
Nivel ‘Construyendo una Comunidad Andina
de Ciudadanas y Ciudadanos’, a
realizarse el 24 y 25 de abril en
Medellín.
El Foro de Medellín se inscribe en el
contexto de una renovada presencia de
las ciudades y regiones dentro del
Sistema Andino de Integración y, en
particular, constituye el reconocimiento
a una área metropolitana destacada en
Colombia por haber puesto en marcha un
proyecto plural de construcción de
ciudadanía, donde prima la participación
de los diversos actores sociales, con la
activa cooperación entre los sectores
público y privado, para lograr un
desarrollo local integral y sostenible.
El diálogo entre los actores del proceso
de integración, en todos los niveles, es
el mejor antídoto contra la
incertidumbre y el camino más expedito
para avanzar en el mandato de unidad que
nos legó el Libertador.