Vigencia de la Integración Andina:
“Mínimos Comunes” para una inserción global

Por Guillermo Fernández de Soto
Secretario General de la Comunidad Andina
Publicado en el diario económico Portafolio de Bogotá
12 de febrero de 2003

El día 10 de febrero, el diario El Tiempo en un editorial titulado “Hora de definiciones”, se refirió al comienzo de una decisiva semana para Colombia en la perspectiva del Area de Libre Comercio de las Américas - ALCA - y la construcción de una posición conjunta con los demás países andinos de cara a estas negociaciones.

Comparto plenamente con el editorialista la trascendencia que para Colombia tiene la Comunidad Andina y su vigencia para que los Países Miembros puedan enfrentar mejor los desafíos de la globalización. De hecho, Colombia ha obtenido grandes beneficios del proceso. Las exportaciones colombianas con destino al mercado andino, que representaron un 22.3% de las ventas externas del país en el 2001, se multiplicaron por 7 desde 1990 y las exportaciones industriales lo hicieron por 9. Por su parte, las exportaciones a terceros países se multiplicaron apenas 0.5 veces, en ese periodo.

El mayor valor agregado de las ventas andinas es el que explica, en gran medida, los 300.000 empleos que a Colombia le genera el comercio intra - regional. Una cifra nada despreciable. También hay que recordar que cerca del 91% del intercambio comercial andino es de manufacturas, lo cual genera, por cierto, un volumen muy significativo de mano de obra. Por lo tanto, el mercado andino, como bien lo señala el editorial, hay que cuidarlo, y no hay que precipitarse a tomar decisiones que pongan en riesgo este espacio subregional.

Este próximo 15 de febrero vence, en efecto, un plazo para la presentación de la Comunidad Andina de las ofertas de acceso a mercados de bienes, servicios e inversiones en el ALCA. Y éste será un avance notable en el propósito de ir juntos en diversos escenarios. El Presidente Uribe ha manifestado la importancia de continuar con la inserción en el mercado globalizado al anunciar que impulsará la negociación de un Acuerdo de Libre Comercio con los Estados Unidos, de la mano de los países andinos. Más allá de la bondad de la negociación con nuestro principal socio comercial, el gobierno y el sector privado deben ser conscientes de las definiciones que tal acuerdo supone.

Comparto, además, la preocupación del periódico sobre la complejidad del entorno regional. Algunas de nuestras naciones acaban de concluir procesos electorales que señalan la fase actual de transición en que nos encontramos. Y la totalidad de los países enfrentan retos económicos, políticos y sociales de gran magnitud. Sin embargo, quisiera hacer las siguientes precisiones:

La fecha límite del 15 de febrero para la presentación de ofertas comunes no es última ni perentoria. Se trata de una fecha importante, es cierto, y la Comunidad Andina tendrá que hacer su mejor esfuerzo para llegar con unas ofertas conjuntas, que consulten las sensibilidades más apremiantes de cada país. Sin embargo, es tan sólo un paso inicial, que servirá para conocer las posiciones de los demás países que conformarían el ALCA. El trabajo fundamental es el que deberá realizarse hasta el 15 de junio, fecha en la cual se presentarán las ofertas mejoradas y se iniciará realmente el proceso de negociación. No existe pues ninguna espada de Damocles como la que algunos han hecho pender, de manera prematura.

La construcción de una posición pactada no es “casi un imposible”. Por el contrario, es un precedente decisivo, en el que los Ministros de Comercio Exterior han venido trabajando con gran dedicación, pragmatismo y realismo. Los avances en las ofertas del ALCA, en materia de acceso a mercados son importantes y se continúa avanzando, por lo que es presumible que para el 15 de febrero podamos presentar una posición andina con un alto porcentaje de coincidencias.

La estrategia de los países para acordar el Arancel Externo Común se encuentra lejos de ser “riesgosa”. La construcción de “mínimos comunes” ha avanzado - como tiene que ser - de lo más fácil a lo más difícil. Queda por definir un porcentaje, que seguramente tendrá en cuenta las diferencias en las estructuras productivas de los Países Miembros, la estrategia de integración abierta, márgenes mínimos de protección a la producción subregional y la necesidad de mantener las condiciones competitivas en los mercados internacionales. El plazo que fue otorgado para la entrega del AEC andino en el ALCA es del 15 de abril. El 15 de febrero es una fecha importante para encontrar cercanías, pero tampoco es una fecha perentoria. La posibilidad de que se llegue a un acuerdo en el 75% del universo arancelario está a la vista. Se trata, sin duda, de un consenso razonable. Para el resto del arancel, habrá que definir un mecanismo comunitario que ratifique, para todo el universo arancelario, una señal estable y de largo plazo

No estamos frente a la peor época “de una historia de crisis y sobresaltos”. Estamos en un momento de transición, que es diferente. Y como ocurrió en Galápagos en 1989, de nuevo los Presidentes tienen en sus manos el destino de la integración, para que se adopten las definiciones políticas necesarias y superemos lo que yo he llamado coloquialmente la “obsesión por el arancel”, de tal manera que podamos avanzar hacia una segunda generación de políticas. Hoy, la integración ya no es lo que era hace treinta años.

Para lograr este propósito debemos “sincerar” el proceso andino de integración. Y para ello, tenemos que darle respuestas sencillas pero contundentes a los siguientes interrogantes: ¿Sirve la integración, es decir contribuye para crecer, para exportar, para crear empleo? ¿Es la integración un lastre para algunos países y un subsidio para otros? ¿En un momento en que el mundo se abre, por el impacto vertiginoso e inclemente de la globalización, es útil negociar en bloque, o cada país debe negociar solo, de acuerdo con su propia “velocidad”, tanto económica como política? ¿Se cumplirán los plazos del ALCA? ¿Sus términos deben ser a cualquier precio?

La experiencia de los últimos años de política exterior de la Comunidad Andina, ha demostrado la reforzada capacidad para obtener logros a partir de la acción, gestión y negociación conjunta. Los casos más recientes son el de ATPA y ATPDEA y el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) que otorga la Unión Europea a los países andinos.

Como bien lo ha señalado recientemente Enrique Iglesias, Presidente del BID, es “mejor ir en convoy que solos”. En medio de algunos llamados aislados a la incertidumbre, mantengo la serena convicción de que el proceso de integración andina ha sido y será la mejor opción de nuestras naciones.