El TLC Andino con los Estados Unidos:
Nueva oportunidad para profundizar la
integración
Por
Guillermo Fernández de Soto
Secretario General de la Comunidad
Andina
1 de diciembre de 2003
El
reciente anuncio del Representante
Comercial de Estados Unidos, Robert
Zoellick, de iniciar formalmente
negociaciones de un tratado de libre
comercio con Colombia, Perú, Ecuador y
Bolivia -los cuatro países andinos
beneficiarios de la Ley de Preferencias
Arancelarias Andinas (ATPDEA)-, se
constituye en una nueva oportunidad,
probablemente una de las últimas, para
profundizar la integración subregional.
Debo
recordar, a propósito, que en noviembre
de 2002 realicé una propuesta en torno a
la posibilidad de un acuerdo marco entre
los países andinos y los Estados Unidos.
Y así tuve oportunidad de reiterarlo a
principios de marzo de este año, en una
reunión con los representantes del USTR,
con la convicción de que cada país
podría hacerlo a su propio ritmo, sin
perder de vista la posibilidad de
construir un marco político común, que
ofreciera directrices para preservar el
patrimonio construido a lo largo de 34
años de integración.
Coincide
este anuncio con los acuerdos de la
reunión ministerial de Miami, donde se
hizo evidente que el ALCA fue
transformado por los países en un
proceso más realista, en el cual se
podrán asumir diferentes niveles de
compromiso y podrán acordar beneficios y
obligaciones adicionales a través de
acuerdos plurilaterales.
El inicio
de las negociaciones de un TLC con los
andinos beneficiarios del ATPDEA,
significa un reconocimiento del papel
estratégico que tienen nuestras naciones
en la lucha contra el problema mundial
de las drogas y el terrorismo, el
fortalecimiento de la institucionalidad
democrática, la protección al medio
ambiente y, desde luego, su rol en la
causa común para la generación de empleo
y la superación de la pobreza.
Es obvio
que un TLC con la mayor potencia
económica mundial, que representa el
43.3% de las exportaciones de Colombia,
el 25.8% de Perú, el 37.7% de Ecuador y
el 14.1% de Bolivia, debe generar una
reorganización del aparato productivo en
cada país de la subregión para adecuarse
a ese Tratado.
Además del
inmenso impacto que tendría en las
economías andinas en las próximas
décadas, no pueden desconocerse los
efectos que generaría en la política
exterior y comercial de cada uno de
nuestros países y en la manera de
abordar los demás acuerdos comerciales
en que están involucrados.
Por ello,
considero conveniente detenerme en los
siguientes retos que afrontamos los
países andinos:
1. El gran
desafío de la negociación debe ser la
búsqueda de un buen acuerdo con Estados
Unidos que, al mismo tiempo, permita
preservar el acervo común, así como las
metas del mercado común andino, cuyo
intercambio se nutre fundamentalmente
-debo recordarlo- de productos
manufacturados. Vale decir, de valor
agregado y empleo.
2. Es
necesario conciliar intereses nacionales
a través de la acción comunitaria. Hoy
resultan evidentes las diferentes
expectativas de la negociación debido a
divergencias sustanciales del aparato
productivo de los andinos. De la forma
como los países miembros aborden este
delicado asunto se derivarían riesgos o
beneficios notables para un grupo
importante de empresas nacionales,
particularmente las pequeñas y medianas,
para las cuales ha sido decisivo el
mercado andino y ahora lo será, sin
duda, el estadounidense.
3. Es
necesario evitar que por falta de
coordinación entre los andinos, alguno
de ellos termine cediendo en temas que
no resultan de interés propio, pero que
podrían afectar a los demás. En
consecuencia, los cuatros países
beneficiarios del ATPDEA, deberán ahora
hacer un esfuerzo de convergencia, con
el fin de fortalecer su capacidad de
negociación y sacar el máximo provecho
del enfoque regional que le ha dado a
las negociaciones el propio EEUU.
4. Los
países andinos tendrán que definir
claramente la manera de abordar el ALCA.
Algunos podrán llegar a argumentar que
el TLC sustituiría al ALCA, toda vez que
se podrían tener mejores condiciones de
acceso al mercado de los Estados Unidos.
Otros explicarán que una de las
condiciones de la negociación del TLC es
apoyar las negociaciones regionales.
Considero
que una negociación conjunta de los
países andinos podría garantizar un
acceso amplio al mercado de los Estados
Unidos, pero además debería lograr un
trato equitativo frente a las menores
concesiones que otros países del
hemisferio pueden llegar a hacer en el
marco del ALCA. Por eso una zona de
libre comercio equilibrada, balanceada,
proporcional a los compromisos asumidos
y que incorpore el trato diferencial,
debe ser la prioridad para los países
andinos.
Celebro
que la decisión de Estados Unidos haya
sido negociar con los países andinos
beneficiarios del ATPDEA en su conjunto.
Esta situación contribuirá, en el
mediano plazo, si los países así lo
desean, a generar importantes consensos
en la Comunidad Andina que permitirán
profundizar el proceso de integración y
demostrará, una vez más, la importancia
de “ir en convoy” en las negociaciones
internacionales.