Entrevista de Roberto Pereira y
equipo de redacción de
La ONDA digital
al
cientista político Luis Moniz Bandeira
Junio de 2006
El doctor Luis
Moniz Bandeira, historiador brasileño
y profesor titular de la Universidad
de Brasilia, invitado de la
Universidad de Heidelberg, Universidad
de Colônia y otras en Europa y
América. Es uno de los mayores
especialistas en el proceso histórico
de las relaciones internacional del
Brasil. Tanto en su país como en el
exterior es considerado como uno de
los académicos que más conocen la
política exterior de Brasil, las
relaciones con Estados Unidos y
América del Sur. Habitualmente
colabora en La ONDA digital, además de
otras prestigiosas publicaciones de la
región y el mundo. (Entrevista
realizada vía correo electrónico)
* “Parece que Tabaré
Vázquez no se da cuenta de que el
aumento de las importaciones de carne
por parte de Estados Unidos es un
fenómeno de coyuntura (o provocado
para seducir al Uruguay) y de que
Uruguay va a perder los mercados de
Brasil y Argentina”.
* “Chávez va a cometer muchos errores,
en la medida en que se aísla, se
radicaliza y se entromete en la
política interna de otros países.
Pierde los amigos y los aliados. Es
malo para Venezuela y para la región”.
* “El problema es que muchos de los
países de América del Sur no tienen
política exterior y carecen de
diplomacia. Y por eso, en algunas
situaciones, pueden ocurrir
enfrentamientos bélicos”.
* “Lo que si se puede prever es que
una profunda crisis va golpear a
Estados Unidos a corto o mediano plazo
(...). Estados Unidos tiene una deuda
externa tres veces más grande que su
PBI. Es una burbuja que va a explotar
días más, días menos”.
- En la última
década se produjeron cambios
importantes en Sudamérica, que
permitieron observar que el continente
tomaba un rumbo progresista. Pero en
la actual coyuntura surgen
dificultades para que esos gobiernos
progresistas encuentren zonas de
acción común. Intelectuales de la
derecha dicen que eso ocurre porque en
el campo del progresismo predominan
actitudes nacionalistas y populistas.
¿Cuál es su interpretación de la causa
de esos desencuentros?
Era inevitable el surgimiento de
gobiernos más a la izquierda, o
progresistas, después del fracaso del
Consenso de Washington y de las
medidas neoliberales que ha
recomendado. Pero la región no es
uniforme, tiene intereses, en larga
medida diferentes y así mismo
contradictorios. Y muchos de esos
dirigentes no tienen una visión
estratégica y hacen política volcados
a sus intereses inmediatos, de
política interna, para atender a los
grupos nacionales de presión. No
tienen una visión del conjunto, no
entienden que la economía capitalista
mundial no es una suma de economías
nacionales, que es un todo
involucrando a todos los países, tanto
las potencias industriales como los
países más retrasados, y que todos son
interdependientes. No hay país más
dependiente del exterior que Estados
Unidos. Pero algunos de los llamados
líderes progresistas de América del
Sur no perciben las tendencias de la
economía mundial capitalista, que
evoluciona hacia un sistema
multipolar, pero en el cual solamente
jugarán algún papel las grandes masas
territoriales, demográficas y
económicas. Brasil es, entre los
países de América del Sur, el único
que presenta actualmente tales
características, las características
de una potencia regional. Hay en
Itamaraty, sin embargo, una clara
conciencia de que es necesario formar
una Comunidad Sudamericana de
Naciones, para seguir un camino
parecido al de la Unión Europea. Su
objetivo es estratégico, no tiende a
transformar a Brasil, sino a toda la
América del Sur, en una potencia
mundial, tanto económica, como
política. La América del Sur,
compuesta por doce países, dentro de
un espacio contiguo, tiene (2004) 360
millones de habitantes, cerca del 67%
de toda América Latina y el
equivalente al 6% de la población
mundial, con integración lingüística,
dado que la casi totalidad habla
portugués o castellano. Su población
es mayor que la de EE.UU.
(293.027.571, est. 2004), su
territorio, cerca de 17 millones de
kilómetros cuadrados, es el doble del
territorio estadounidense (9.631.418
kilómetros cuadrados), y posee una de
las mayores reservas de agua dulce y
biodiversidad del mundo, e inmensas
riquezas minerales, pesca y
agricultura. El Mercosur tiene un PBI
de u$s 1,954.12 mil millones (para lo
cual, de acuerdo con la paridad de
poder de compra, Brasil aporta u$s
1,375 mil millones (est. 2003), la
Argentina u$s 435.500 millones),un
poco abajo del PBI de Alemania,
calculado en U$S 2.454 trillones y la
CAN con u$s 596.760 millones, además
de Chile, con u$s 154.780 millones,
sumados al Mercosur puede hacer de la
Comunidad Sudamericana de Naciones una
potencia mundial, con una masa
económica superior a los u$s 2,705.660
mil millones, mayor que la de Alemania
(u$s 2,271 mil millones, est. 2003) y
muy superior a la suma del PBI de
México (u$s un trillón) y del Canadá (u$s
un trillón).
Simón Bolívar, el Libertador, dijo en
carta a José Fernández Madrid, fechada
en Turbaco el 31 de mayo de 1830:
"Seguramente la unión es la que nos
falta para completar la obra de
nuestra regeneración. Sin embargo,
nuestra división no es extraña, porque
tal es el distintivo de la guerras
civiles formadas generalmente entre
dos partidos: conservadores y
reformadores.” Y concluyó: "Yo
aconsejo la unión, pero temo que no se
logre".
- Es verdad que en los años de la
lucha por la primera independencia,
los “programas” de los grandes líderes
de la época no eran iguales. ¿Usted
percibe que el llamado campo
progresista de Sudamérica contiene
programas y sensibilidades diferentes
en su seno?
La situación es muy distinta de la
época de la independencia. No sé si
los grandes líderes de la época tenían
“programas” claros. Había aspiraciones
parecidas. Hoy, sin embargo, algunos
líderes del llamado grupo progresista,
en general, aún están influenciados
por la idea de que pueden conducir sus
países, o incluso implantar el
socialismo aisladamente, dentro de una
economía mundial de mercado, que se
formó y cada vez más se profundiza,
desde los viajes de circunnavegación,
del descubrimiento de América.
- La liberación de colonialismo
español y portugués no nos dejó una
América del Sur unida, ¿hoy se puede
correr el mismo peligro?
El general Juan D. Perón tuvo una idea
muy clara al respeto. Comprendía que
la lucha del futuro sería económica y
que la historia demostraba que ningún
país se ha impuesto en ese campo, ni
en ninguna lucha, si no tiene unidad
económica. Y observó que “la República
Argentina, sola, no tiene unidad
económica; Brasil, solo, no tiene
unidad económica, Chile, solo, tampoco
tiene unidad económica; pero estos
tres países unidos conforman quizá en
el momento actual la unidad económica
más extraordinaria del mundo entero,
para el futuro, porque esa inmensa
posibilidad constituye su reserva.
Estos son países reservas del mundo”.
Y agregó que “es indudable que,
realizada esta unión, caerán a su
órbita los demás países sudamericanos,
que no serán favorecidos ni por la
formación de un nuevo agrupamiento y
probablemente no lo podrán realizar en
manera alguna, separados o juntos,
sino en pequeñas unidades”. Perón
tenía una visión estratégica. La
correlación de fuerzas, claro, ha
cambiado, ya no es igual a la de 1953.
Pero la esencia de lo que él dijo no
cambió, sigue siendo la misma, y eso
es lo que el presidente Hugo Chávez y,
más aún, Evo Morales no perciben y no
entienden. Les falta una visión
estratégica. Sola, con Bolivia y Cuba,
sin Brasil y Argentina, Venezuela no
va a conseguir nada.
- Ese peligro de división, de
balcanización, ¿es fruto de la
política exterior de Estados Unidos u
ocurre por deficiencias de las fuerzas
progresistas de cada país?
Claro que Estados Unidos tiene interés
y siempre trabajó con el objetivo de
mantener América del Sur dividida.
Pero hay otros factores internos, en
los países de América del Sur, de
carácter económico, social, político y
cultural, líderes inmaduros,
personalistas, que contribuyen
fuertemente para la balcanización.
Ellos no comprenden la situación
mundial, solamente miran sus intereses
inmediatos y no tienen el sentido de
la realpolitik. En verdad, las
llamadas fuerzas progresistas no
siempre son progresistas. Están atadas
a concepciones políticas que ya no
corresponden a la realidad histórica.
Y llegan al gobierno sin entender lo
que pasa en el mundo.
- Esta posible balcanización ¿puede
poner en peligro la paz regional o
puede ser un detonante para
enfrentamientos bélicos entre los país
del sur del Río Bravo?
El problema es que muchos de los
países de América del Sur no tienen
política exterior y carecen de
diplomacia. Y por eso, en algunas
situaciones, pueden ocurrir
enfrentamientos bélicos.
- ¿Cree que en cada país
progresista se debe recorrer un camino
propio para desarrollar sus economías
y llevar bienestar a su pueblo, o hay
que ir a consensuar una política
global?
Ya respondí que no veo posibilidad de
que cada país pueda aisladamente
desarrollar sus economías. ¿Que pueden
hacer Uruguay, Paraguay, Bolivia,
Ecuador si no están integrados con
Brasil y Argentina, que son las
fuerzas motrices de América del Sur?
Nada. Esos países solamente pueden
atraer inversiones si pueden ofrecer
mercados para consumo de la
producción, que hoy exige escalas muy
amplias, grandes, como las que tienen
China, Unión Europea, Estados Unidos y
Rusia, o Brasil-Argentina.
- Cuando cayó el mundo bipolar
desde tiendas del progresismo se dijo
que la salida eran los acuerdos
regionales, como el del Mercosur, en
oposición al ALCA hegemónico de
Estados Unidos. En Mar del Plata se
logró una acción unida de los
gobiernos y pueblos contra el ALCA,
¿por qué al otro día surgieron
diferencias entre esos gobiernos?
Surgieron diferencias debido a
diversos motivos, por factores varios.
Todos los países que forman el
Mercosur pasaron por graves crisis
económica y financieras al fin de los
años 90. Brasil tuvo que devaluar su
moneda, para contener la fuga de
capitales. Con eso sufrieron Uruguay y
los demás países, porque hubo una
retracción del mercado, del comercio
inter-bloque. Hay gente en Uruguay que
hasta hoy reclama por qué Brasil
devaluó su moneda sin avisar al
gobierno de su país. Brasil tenía su
moneda sobrevaluada, la culpa no fue
de otro país ni siquiera del FMI, que
había previsto lo que iba a ocurrir.
Fue del presidente de Brasil, Fernando
Henrique Cardoso. Pero no fue Fernando
Enrique Cardoso quién dijo al Uruguay
que hiciese igual, que mantuviese su
moneda sobrevaluada, como tampoco no
dijo a la Argentina para que hiciese
la ley de la convertibilidad del peso
al dólar. La culpa fue de Jorge
Batlle, en Uruguay, y de Carlos Ménem,
cuya política delirante llevó a la
Argentina al colapso financiero del
2001. No había, como aún no hay, un
acuerdo para compatibilización,
armonización y coordinación de
política monetaria, de políticas
macroeconómicas, como no la hay aún
hoy. Y lo que pasó al fin de los años
90 fue el fracaso de tal política
neoliberal, de monedas artificialmente
sobrevaluadas, que solamente
facilitaron importaciones de
mercancías de Estados Unidos y
provocaron inmensos y consecutivos
déficit comerciales en los países del
Mercosur. Así, todos, incluso Brasil,
tuvieron una inmensa pérdida, pero el
fenómeno fue mundial. La crisis
financiera empezó en México, después
alcanzó los países asiáticos, Rusia
(1997) y finalmente Brasil a comienzos
de 1999.
¿Que querían? ¿Que Uruguay no tuviese
pérdidas? Pero el hecho es que los
gobernantes, sobre todo de los países
más chicos, no buscan resolver las
diferencias y superarlas por medio de
la diplomacia. Hacen un juego para
atender a los grupos económicos de
presiones y a los manejos de política
interna. Es el caso de Uruguay, el
presidente Jorge Batlle solamente
pensaba en llevar la carne uruguaya a
los mercados americanos, aunque
tuviese que anexar su país a Estados
Unidos. Hoy, el presidente Tabaré
Vázquez, que se suponía de izquierda,
sigue la misma línea para atender la
presión de la Unión de los
Exportadores de Uruguay. Parece que no
se da cuenta de que el aumento de las
importaciones de carne por parte de
Estados Unidos es un fenómeno de
coyuntura (o provocado para seducir al
Uruguay) y de que Uruguay va a perder
los mercados de Brasil y Argentina y,
consecuentemente, con solo 3,4
millones de habitantes no va atraer
inversiones de capitales. Estados
Unidos no necesita de la carne de
Uruguay. Produce carne y, si necesita
importar, puede hacerlo de Canadá,
Australia, Brasil o Argentina. Las
importaciones de carne uruguaya parece
que crecieron por causa de la vaca
loca en Canadá. Pero eso pasa,
seguramente pasa.
- ¿Los TLC son parte de una
estrategia estadounidense para avanzar
en la idea del ALCA, pero por otro
camino?. ¿Estamos ante el proyecto del
ALCA light?
Estados Unidos no está realmente
interesado en esos países con los
cuales firma los TLC. Es una
estrategia para presionar a Brasil y
Argentina, que son los mercados que
realmente le interesan. Simón Bolívar
dijo que “no hay buena fe en América,
ni entre las naciones. Los tratados
son papeles; las constituciones
libros; las elecciones combates; la
libertad anarquía; y la vida un
tormento”. La América a la que Bolívar
se refería era Estados Unidos de
América, como este país era en aquel
entonces conocido y hasta hoy es así
llamado no solo por si mismo como en
varias otras partes del mundo, incluso
en Europa.
- ¿Piensa que buscar acuerdos
bilaterales con Estados Unidos y otras
potencias económicas mundiales, por
más que se mantengan los acuerdos
regionales, debilita el avance
progresista?
No. Los acuerdos bilaterales pueden
ser firmados con todas las potencias,
siempre que no perjudiquen las normas
del acuerdo regional, como la unión
aduanera, que el Mercosur representa,
a pesar de sus imperfecciones,
perforaciones y retraso.
- ¿Está usted pensando en el
gobierno del doctor Tabaré Vázquez?
Su comienzo me parece muy malo, en
términos de política exterior. Sigue
la misma línea de su antecesor Jorge
Batlle, amenazando salir del Mercosur,
etc. Hasta ahora la percepción es la
de que no hay mucha diferencia entre
los dos. Vázquez demuestra que no
tiene visión estratégica y se olvida
de las razones por la cuales el Frente
Amplio siempre se batió. Mi viejo
conocido Guillermo Chiflet, desde el
tiempo en que viví en la hermosa
ciudad de Montevideo, tiene razón en
oponerse a Vázquez. Chiflet es un
hombre coherente, correcto,
inteligente. Y hay en Uruguay un
pueblo muy lúcido, una intelectualidad
muy brillante, gente muy esclarecida
que no va a conformarse y permitir la
perversión del Frente Amplio, por el
gobierno que eligió, después de tantas
luchas. Optar por un acuerdo con
Estados Unidos, abandonando el
Mercosur, es una traición a sus
ideales de integración regional y de
resistencia a la hegemonía del
Imperio.
- ¿No cree que a Vázquez lo obligan
a recorrer ese camino las políticas de
los dos grandes: Argentina y Brasil?
¿Cuales son las políticas de los dos
grandes, Argentina y Brasil? Los dos
países (Brasil menos que Argentina)
pasaron por graves crisis económicas y
financieras, y es claro que eso se
reflejó sobre sus políticas y afectó
también los dos socios más chicos,
Uruguay y Paraguay. Es necesario,
entonces, que esos países menores
planteen claramente lo que quieren. No
basta reclamar. Hay que presentar
propuestas, tener una agenda positiva.
El Mercosur tiene un gran número de
huecos exactamente para atender al
Uruguay y al Paraguay, que quisieron
por si mismos adherir a la unión
aduanera. El ex-presidente uruguayo
Julio Maria Sanguinetti forzó su
presencia en los encuentros de los
presidentes José Sarney (Brasil) y
Raúl Alfonsín (Argentina), en 1987,
cuando empezaron los acuerdos
Argentina-Brasil, que eran entonces
bilaterales. El decía que Uruguay
sería la bisagra en la integración
Brasil- Argentina. Esto no quiere
decir que los dos grandes – Argentina
y Brasil – no deban preocuparse y no
cuiden del desarrollo de Uruguay y
Paraguay. Preocupación hay y mucha.
Tanto es así, que Brasil ha permitido
la importación de neumáticos
recauchutados del Uruguay, que en
verdad le son vendidos por China. Hay
ciertamente que hacer más por el
desarrollo de los países menores,
buscar dentro del Mercosur soluciones
estructurales a largo plazo, para
impulsar tanto el desarrollo de
Uruguay como el de Paraguay.
Evidentemente que ellos como países
más débiles sufrirán graves
consecuencias de las crisis, una
crisis económica mundial, agravada por
las políticas neoliberales. No podían
pasar inmunes por la crisis. Y tanto
Brasil como Argentina, no podían ni
pueden hacer milagros, sobre todo
cuando tenían y tienen aún que
estabilizar su situación económica y
financiera para retomar el ritmo de
crecimiento. Eso va pronto a ocurrir y
Uruguay y si Uruguay se queda en el
Mercosur, va a beneficiarse, como
Paraguay se benefició en los años 70 y
80 con la construcción de la represa
de Itaipú. Pero Uruguay y Paraguay,
esos dos países, no pueden siempre
culpar a los grandes, Brasil y
Argentina, por sus dificultades
internas, que resultan en larga medida
de la carencia de una estructura
productiva, además de otros factores
históricos y culturales. Es necesario
que sus gobiernos promuevan políticas
adecuadas, volcadas hacia la
diversificación de la producción y
mantengan una política exterior que
inspire confianza, lo que no ocurre
cuando tanto Uruguay como Paraguay,
que antes hacían una política pendular
entre Brasil y Argentina, ahora pasan
a hacerlo con Estados Unidos. Esa
política de amenazas, que Uruguay y
Paraguay hacen, aleja los eventuales
inversores, les da incertidumbre e
inseguridad. ¿Para qué van a hacer
inversiones en Uruguay si Vázquez lo
saca del Mercosur y se pierden los
mercados de Brasil y Argentina? La
percepción en Europa es que los dos
países no inspiran confianza.
- ¿Por qué a Uruguay lo dejaron
solo en la lucha desigual con
Argentina en medio de la crisis de las
papeleras?
La integración con la Argentina,
obviamente, es mucho más importante
que con Uruguay. Es fundamental para
la consolidación del Mercosur y el
Mercosur para la construcción de la
Comunidad Sudamericana de Naciones.
Además Uruguay hace tiempo, desde el
gobierno de Jorge Batlle y, ahora, con
el de Tabaré Vázquez, está amenazando
dejar el Mercosur. Brasil no tiene
razón, pues, de involucrarse en esa
contienda de las papeleras, que podría
y puede ser muy bien resuelta por la
vía diplomática por medio de un
entendimiento bilateral entre los dos
países, Argentina y Uruguay. No hay
necesidad de intermediación.
- ¿No le parece que Brasil se
acordó del Mercosur cuando Hugo Chávez
comenzó a visitar con frecuencia el
sur?
Brasil no se acordó del Mercosur por
causa de Chávez. El Mercosur sigue
siendo la prioridad en la política
externa brasileña, tanto que, por
encima de las presiones de los
sectores empresariales y de las
críticas jurídicas, Brasil firmó el
acuerdo de adaptación competitiva con
Argentina, para posibilitar “la
retomada” de su industrialización,
pretendida por el presidente Néstor
Kirchner. Las relaciones entre los dos
países están en su mejor momento. El
ingreso de Venezuela es muy bienvenido
en el Mercosur. Es un país
estratégicamente importante, con
enormes yacimientos de gas y petróleo,
situado en la Amazonía y con salida
para el Caribe. Chávez es un hombre
más sobrio, más sensato y más lúcido
de lo que la prensa presenta. Parece
un hombre cultivado, con un proyecto
para su país. Hace una política
interna con algunos resultados
positivos, aunque de carácter más
asistencial, usando los superávits del
petróleo. Pero, en el momento, Chávez
está haciendo, con su política
externa, un juego peligroso,
divisionista, porque Venezuela no
tiene stok de poder económico y
político para liderar ningún proceso
de integración en América del Sur y
resistir aisladamente a Estados
Unidos, apenas con el apoyo de Cuba.
El ALBA es una iniciativa que no tiene
viabilidad. Es meramente asistencial.
Venezuela distribuye dinero, que puede
mantener solamente mientras los
precios del petróleo estén muy altos.
¿Pero qué pueden hacer concretamente
Venezuela, Cuba y Bolivia, para
obtener mejor inserción internacional,
sin Brasil y Argentina? Fidel Castro
tenía un carisma que Hugo Chávez no
posee. Proyectaba una áurea de
heroísmo, como líder de una
revolución, una revolución social, que
causó profundo impacto en el escenario
internacional y conmocionó las masas
populares de toda América del Sur,
América Central y México. Y contó con
el respaldo de la Unión Soviética.
No es el caso de Hugo Chávez y de Evo
Morales. Chávez ya tiene experiencia
de gobierno, está en el poder hace
siete años. Tiene habilidad tanto que
no suspendió el suministro de petróleo
a Estados Unidos porque el presidente
George W. Bush prohibió la venta de
armas a Venezuela. Pero Evo Morales,
como él mismo confesó, no sabe
gobernar, no tiene perspectiva de
política externa y actúa impulsado
casi exclusivamente por factores
inmediatos de política interna. Pero
tanto Chávez como Morales tienen una
estatura política internacional muy
pequeña, una dimensión revolucionaria
mucho más reducida que la de Fidel
Castro en los años 60. No puede haber
comparación. Chávez y Morales
solamente encantan a sectores ya
radicalizados. Venezuela, además, está
internamente muy dividida, socialmente
fracturada, la oposición interna sigue
fuerte, con el respaldo de Estados
Unidos. El gobierno de Hugo Chávez
apenas consiguió vencer el paro de la
PDVSA, que a fines de 2002 paralizó
toda su producción, porque el gobierno
de Brasil, primero de Fernando
Henrique Cardoso y después del
presidente Luiz Inácio Lula da Silva,
le envió petróleo en navíos de la
Petrobrás. Y Lula contribuyó aún para
crear el grupo de amigos de Venezuela
para evitar una guerra civil. Bolivia
camina en la misma dirección. Es un
país tradicionalmente inestable, nunca
alcanzó realmente una unidad nacional.
Su crisis es estructural, está en los
orígenes de su propia formación. Y la
radicalización de Evo Morales puede
incentivar antiguas y permanentes
desavenencias entre las regiones de
Santa Cruz y el Altiplano, que son dos
regiones diferenciadas bajo todos los
puntos de vista. La política de Chávez
y Morales está así alimentando en
Brasil la reacción conservadora, de la
derecha, contra la política exterior
del gobierno de Lula da Silva, porque
no le perdona haber frustrado la
implantación del ALCA y favorecer a
los gobiernos progresistas, o mejor,
reformistas en América del Sur. Los
dos, Chávez y Morales, práctica y
objetivamente, están colaborando con a
política de Washington. El presidente
George W. Bush y la secretaria de
Estado deben estar contentos.
Encontraron dos sorprendentes aliados.
- ¿Las diferencias surgidas de
Brasil con Bolivia cómo las
interpreta?
Hay problemas reales en Bolivia, un
país pobre, cuya miseria y las
políticas neoliberales desde 1985
solamente agravaron la miseria en que
viven las masas populares, a pesar de
las inmensas riquezas minerales que el
país posee, al contrario de Uruguay y
Paraguay. Bolivia es un país realmente
muy explotado de los tiempos de la
colonización. Mal constituido. Y hasta
hoy no ha alcanzado una verdadera
unidad nacional. Los gobiernos
corruptos, neoliberales, deben, de
hecho, haber firmado contractos muy
favorables con las petroleras
extranjeras, así como con la
Petrobrás. Es perfectamente
comprensible y justo que Evo Morales
reivindique una mejor participación de
su país en las ganancias de tales
empresas, inclusive la Petrobrás, a
fin de mejorar las condiciones de vida
de su pueblo. Efectivamente los
precios del gas estaban muy por debajo
de los precios internacionales. Y es
cierto que la nacionalización de los
hidrocarburos es un atributo de la
soberanía nacional.
Pero, la cuestión es la forma. Podría
ser muy bien negociada. Petrobrás fue
a Bolivia en función de tratados que
ella firmó con Brasil en el ejercicio
de su plena soberanía. No le fueron
impuestos. Y había condiciones para un
entendimiento, sobre todo, por
tratarse de un país vecino y amigo,
como Brasil. Morales podría haber
negociado con Petrobrás y con el
gobierno brasileño el aumento de los
precios, aunque no fuesen al nivel
internacional, porque en realidad
Brasil es su único mercado y allá hizo
muchas inversiones. En realidad,
Bolivia depende más de Brasil que
Brasil de Bolivia. Si hay interrupción
en las exportaciones de gas para
Brasil, si Bolivia no cumple el
contrato con Brasil, quedará sin óleo
y sin receta, lo que su pueblo no
suportará que ocurra. El corte en la
producción crea el riesgo de
desabastecimiento de combustibles en
Bolivia. Y el gobierno de Morales
caerá en tres meses, pues el petróleo
usado en Bolivia es extraído
juntamente con el gas natural.
Las diferencias surgidas entre los dos
países, por lo tanto, resultan del
hecho de que Bolivia y Venezuela, que
respaldó la iniciativa de Evo Morales
sin medir las consecuencias, no tienen
diplomacia, no tienen una política
exterior, con base en una concepción
estratégica, de largo plazo. Debido a
la falta de confianza en Bolivia, la
Petrobrás ya está tratando de
sustituir el gas por otras matrices
energéticas e importaciones de gas
líquido de otros países. Venezuela no
tiene condiciones de sustituir a
Brasil, de ningún modo. En el mercado
del gas de Bolivia, no tiene frontera
con Bolivia, y Bolivia no tiene salida
al mar. Y con tal radicalización es
muy poco probable, muy difícil, que
Morales la consiga. Hay naturalmente
otros problemas que pueden complicar
la situación. En setiembre vence un
acuerdo por el cual Brasil garante la
permanencia en territorio nacional de
70 bolivianos (hay además otras
centenas de clandestinos) y Bolivia
asegura la permanencia de 6.600
brasileños que está allá y que llaman
“intrusos”. Pero si Morales crea
problemas a los brasileños en Bolivia,
confisca sus tierras, el gobierno
brasileño no tendrá otra alternativa
que expulsar los 70 mil (más de diez
veces el número de brasileños en
Bolivia) y todos los demás que están
clandestinos en Brasil, principalmente
en Mato Grosso, Rondonia y otros
estados, tomando lugares de trabajo de
brasileños. La expulsión de miles de
bolivianos de territorio brasileño
será inevitable, si Morales toca a los
brasileños que están allá. Una de las
normas de la diplomacia es la
reciprocidad y Brasil la aplica, como
la aplicó contra Estados Unidos cuando
el presidente George W. Bush impuso la
toma de impresiones digitales y fotos
en los aeropuertos del país. A toda
acción corresponde una reacción. La
diplomacia existe para superar
exactamente para superar dificultades
y Bolivia no debe ir a una
confrontación con Brasil, con
iniciativas irresponsables.
- Da la impresión de que Bolivia
tiene razones éticas de sobra para
nacionalizar sus hidrocarburos, pero
que no actuó – según sus palabras- con
el necesario respeto por un país amigo
como Brasil. ¿Es así?
El problema es que la visión de
Morales nunca ultrapasó los límites de
Chapare, la región cocalera de
Bolivia, donde era un gran líder de
masas. Es un hombre aún tosco, sin
mayor experiencia en política
internacional, inmaduro, fue
catapultado para la presidencia de un
país muy pobre, sufrido, que siempre
fue económicamente explotado y
políticamente radicalizado. Morales,
así, actuó de modo intempestivo,
condicionado por factores internos,
por la necesidad de lograr la mayoría
en la Asamblea Constituyente, lo que
lo llevó a hacer una escenificación
demagógica, teatral, desafiando
precisamente a su vecino, el Brasil,
con la ocupación de la Petrobrás y no
otra petrolera europea. Hizo una
bravata, acompañada por declaraciones
irresponsables. No se da cuenta de
que, sin el respaldo de Brasil, no
podrá conservar el poder por mucho
tiempo. Fue su gran error.
- La alianza política entre Cuba,
Venezuela y Bolivia ¿se puede
caracterizar como el polo radical del
progresismo?
Hubo una erupción de radicalismo en
Venezuela y Bolivia. No obstante, como
lo dijo Perón en 1953, otros países en
la América del Sur (menos Venezuela,
Bolivia y Cuba) no pueden de ningún
modo formar un bloque perfectamente
integrado, ningún polo de atracción,
sin Brasil y Argentina. Venezuela, de
los tres del ALBA, es el menos pobre;
tiene un PBI de u$s 164 mil millones
(paridad del poder de compra) y su
economía sigue basada en el petróleo,
que representa 80% de sus
exportaciones. Bolivia tiene un PBI de
u$s 23,73 mil millones (est. 2005),
mientras la renta liquida de
Petrobrás, en el mismo año (2005), fue
de cerca de u$s 63 mil millones, tres
veces mayor. Cuba, por su parte, tiene
un PBI de u$s 37,24 mil millones.
Tales números muestran que los tres
países juntos no tienen capacidad de
poder económico y político para llevar
adelante, aisladamente, la creación de
ningún polo radical del progresismo.
Por el contrario, pueden perjudicar el
frente de resistencia al propósito de
dominación imperial, con una ALCA
disfrazada, encubierta por los
Tratados de Libre Comercio,
- ¿Le molesta a Brasil que le haya
salido por la izquierda un competidor,
el ALBA, en materia de liderazgo en
América del Sur?
Venezuela no tiene condiciones de
disputar el liderazgo con Brasil. El
liderazgo de Brasil no resulta de su
voluntad, sino de su masa territorial,
demográfica y económica, de su
ubicación estratégica, con fronteras
con todos los países de América del
Sur (excepto Ecuador y Chile) y su
proyección sobre la costa occidental
de África. Brasil es el único país
realmente industrializado (producción
industrial, mayor que producción
agrícola), en América del Sur, y el
único que tiene no solamente una
política exterior, pero también una
política internacional, intereses en
las más diversas regiones del mundo.
El problema es que Chávez y ahora Evo
Morales, tomando actitudes sin medir
consecuencias internacionales, están
perturbando el proceso de integración
de América del Sur. Eso puede
virtualmente tornar inviable la
Comunidad Sudamericana de Naciones,
que es la estrategia más eficaz de
resistencia a la dominación de Estados