Yo creo que la
Comunidad Andina es un esquema que está
consolidado. Todas las crisis
fundamentales, en lo institucional,
comercial, etc., son cosas del pasado,
salvo las disputas que son recurrentes,
pero que no alteran el curso más
profundo de integración. La Comunidad
está enfrentando problemas que antes no
trataba con la misma fuerza, como los
migratorios, los temas de servicios,
tiene ahora una política exterior común,
con una coordinación entre los
cancilleres como nunca vimos en la
Comunidad. Con esta solidez avanzamos en
las negociaciones con el Mercosur.
¿Cómo se hacen las
negociaciones?
En abril de 98 se
firma el acuerdo marco y siempre hubo el
interés del Mercosur de impulsar
negociaciones individuales de los países
andinos con los del Mercosur. Pero al
final se dio un proceso totalmente
inverso. Otra prueba de la actual
solidez de la Comunidad Andina es la
presencia en el ALCA. Ahí hemos podido
unificar las distintas posiciones
nacionales en una sola vocería,
funcionamos como un organismo único. En
cada uno de los 12 temas que se estudian
en el ALCA, cada país andino asume la
vocería por el resto de la Comunidad.
¿Cómo ven ustedes al
Mercosur actualmente?
Hemos visto que al
principio de la década del 90
contrastaba la fuerza inicial del
Mercosur con la crisis que vivía la
Comunidad Andina. Después la realidad
comenzó a invertirse para ambos bloques.
Básicamente, creemos el mal momento del
Mercosur se debe a que no cuenta con
mecanismos institucionales que permitan
resolver controversias comerciales o de
otro tipo. Se necesita un mecanismo de
solución que sea transparente y claro
porque si no, la crisis van a continuar
y no habrá solución a las controversias.
Eso fue lo que percibieron todos los
panelistas en el Seminario de la
Embajada aquí en Buenos Aires.
¿Y ahora?
Afortunadamente, en
los últimos meses se ha logrado
recomponer con un gran esfuerzo el clima
de confianza necesario para seguir con
el Mercosur. A ninguno de los dos
esquemas de integración les conviene el
desmoronamiento. Tenemos que seguir
profundizando los procesos y
encontrarnos en un espacio más amplio
que es el de América del Sur.
¿Y qué papel tendría
ese nuevo esquema para las relaciones
hemisféricas?
La idea de América
del Sur, que viene siendo trabajada
desde hace algún tiempo por los
diferentes esquemas de integración, le
pone un cierto equilibrio a las
relaciones hemisféricas. Yo creo que un
ALCA, donde por un lado, están los
Estados Unidos y por otro, un conjunto
de acuerdos subregionales menores,
genera una simetría, una tendencia al
equilibrio.
¿No vamos a una
modificación de las áreas de influencia?
Pero yo creo, que eso
es lícito. Tener una América del Sur que
forme parte de un bloque de naciones,
como es el caso de Europa, como es la
idea para los países árabes, o el ASEAN,
nos daría más fuerza regional y mundial.
¿Cuáles serían las
áreas económicas y rubros comerciales
que saldrían beneficiadas de una
integración de América del Sur?
Hay muchos vasos
comunicantes. En el terreno, por
ejemplo, de las inversiones, sabemos que
un 30% de las inversiones argentinas
están en Venezuela, o en el sector de
las telecomunicaciones, energía, o en
infraestructura regional, hay mucho
negocio por hacer. Son grandes
atracciones para los capitales
internacionales y para los industriales
y comerciantes locales. En los rubros y
productos, tenemos que, por ejemplo,
Venezuela necesita mucha oleaginosa, o
trigo, o la carne, etc. Hay
competitividades que podemos trabajar.
Uno de los sectores que va a tener mucho
desarrollo, si nos ponemos de acuerdo en
un solo mercado, es el de los servicios,
todo un campo de trabajo e inversiones.
¿Cómo se
complementaría el sector energético?
Ahí se da la mejor
complementación. De hecho ya se están
practicando acuerdos de provisión de
gas, crudos y refinados a casi todos los
mercados de América del Sur, aún sin
saber si nos vamos a unificar. Tenemos
las relaciones por el norte entre
Venezuela y Brasil, que incluye petróleo
y energía eléctrica con un tendido que
va desde el Guri, en Venezuela hasta Boa
Vista al norte de Brasil, con inversión
estatal. O el gasoducto de Bolivia a San
Pablo, con inversiones privadas, y ya
existe una gran demanda triplicada de
Brasil producto de ese gasoducto
boliviano.
¿Cuáles son los
principales problemas macroeconómicos en
la CAN?
Creemos que vamos a
una estabilización, después de varios
años muy malos. Venezuela va a un
crecimiento del 3,5%. Ecuador se
estabiliza con las últimas medidas.
Colombia igual, aunque es más lento. En
el terreno comercial, tuvimos una baja
importante en el 99, pero ya nos
recuperamos en casi 28%.
¿Ve usted una
competencia de México con Brasil por la
influencia regional?
Yo creo que México ve
más hacia el norte, al contrario de lo
que se dice. Su comercio está en más del
90% vinculado a los Estados Unidos. Por
otro lado, es cierto que México se ha
convertido en una potencia comercial
continental. Sus exportaciones pasan los
120.000 millones, mientras que todos los
países del Sur, juntos, no pasamos de
los 200 mil millones anuales. Los
analistas del Banco Mundial y el FMI
separan a México por su peso específico
en el mercado mundial.
Brasil se ha negado a jugar un rol más
activo en el subcontinente dado su peso
relativo. Ahora vemos una cristalización
del liderazgo brasileño, pero al mismo
tiempo se está dando una tendencia al
equilibrio con el resto de los países.
Yo creo que el Mercosur está muy
desequilibrado internamente. Con la
integración de América del Sur iríamos a
un mayor equilibrio, porque Brasil
tendrá que atender las relaciones más
parejas con 9 socios que hoy no tiene.
El esquema de América del Sur será más
equilibrado que el Mercosur.