Perspectivas de las relaciones Comunidad Andina y Mercosur
Entrevista al ex Ministro de Comercio de Venezuela y Asesor Especial de la Comunidad Andina,  Héctor Maldonado Lira
Mercosur.com
Buenos Aires, Noviembre de 2000

¿En qué condiciones se encuentra la Comunidad Andina para asumir el desafío de una integración con el Mercosur?

Yo creo que la Comunidad Andina es un esquema que está consolidado. Todas las crisis fundamentales, en lo institucional, comercial, etc., son cosas del pasado, salvo las disputas que son recurrentes, pero que no alteran el curso más profundo de integración. La Comunidad está enfrentando problemas que antes no trataba con la misma fuerza, como los migratorios, los temas de servicios, tiene ahora una política exterior común, con una coordinación entre los cancilleres como nunca vimos en la Comunidad. Con esta solidez avanzamos en las negociaciones con el Mercosur.

¿Cómo se hacen las negociaciones?

En abril de 98 se firma el acuerdo marco y siempre hubo el interés del Mercosur de impulsar negociaciones individuales de los países andinos con los del Mercosur. Pero al final se dio un proceso totalmente inverso. Otra prueba de la actual solidez de la Comunidad Andina es la presencia en el ALCA. Ahí hemos podido unificar las distintas posiciones nacionales en una sola vocería, funcionamos como un organismo único. En cada uno de los 12 temas que se estudian en el ALCA, cada país andino asume la vocería por el resto de la Comunidad.

¿Cómo ven ustedes al Mercosur actualmente?

Hemos visto que al principio de la década del 90 contrastaba la fuerza inicial del Mercosur con la crisis que vivía la Comunidad Andina. Después la realidad comenzó a invertirse para ambos bloques. Básicamente, creemos el mal momento del Mercosur se debe a que no cuenta con mecanismos institucionales que permitan resolver controversias comerciales o de otro tipo. Se necesita un mecanismo de solución que sea transparente y claro porque si no, la crisis van a continuar y no habrá solución a las controversias. Eso fue lo que percibieron todos los panelistas en el Seminario de la Embajada aquí en Buenos Aires.

¿Y ahora?

Afortunadamente, en los últimos meses se ha logrado recomponer con un gran esfuerzo el clima de confianza necesario para seguir con el Mercosur. A ninguno de los dos esquemas de integración les conviene el desmoronamiento. Tenemos que seguir profundizando los procesos y encontrarnos en un espacio más amplio que es el de América del Sur.

¿Y qué papel tendría ese nuevo esquema para las relaciones hemisféricas?

La idea de América del Sur, que viene siendo trabajada desde hace algún tiempo por los diferentes esquemas de integración, le pone un cierto equilibrio a las relaciones hemisféricas. Yo creo que un ALCA, donde por un lado, están los Estados Unidos y por otro, un conjunto de acuerdos subregionales menores, genera una simetría, una tendencia al equilibrio.

¿No vamos a una modificación de las áreas de influencia?

Pero yo creo, que eso es lícito. Tener una América del Sur que forme parte de un bloque de naciones, como es el caso de Europa, como es la idea para los países árabes, o el ASEAN, nos daría más fuerza regional y mundial.

¿Cuáles serían las áreas económicas y rubros comerciales que saldrían beneficiadas de una integración de América del Sur?

Hay muchos vasos comunicantes. En el terreno, por ejemplo, de las inversiones, sabemos que un 30% de las inversiones argentinas están en Venezuela, o en el sector de las telecomunicaciones, energía, o en infraestructura regional, hay mucho negocio por hacer. Son grandes atracciones para los capitales internacionales y para los industriales y comerciantes locales. En los rubros y productos, tenemos que, por ejemplo, Venezuela necesita mucha oleaginosa, o trigo, o la carne, etc. Hay competitividades que podemos trabajar. Uno de los sectores que va a tener mucho desarrollo, si nos ponemos de acuerdo en un solo mercado, es el de los servicios, todo un campo de trabajo e inversiones.

¿Cómo se complementaría el sector energético?

Ahí se da la mejor complementación. De hecho ya se están practicando acuerdos de provisión de gas, crudos y refinados a casi todos los mercados de América del Sur, aún sin saber si nos vamos a unificar. Tenemos las relaciones por el norte entre Venezuela y Brasil, que incluye petróleo y energía eléctrica con un tendido que va desde el Guri, en Venezuela hasta Boa Vista al norte de Brasil, con inversión estatal. O el gasoducto de Bolivia a San Pablo, con inversiones privadas, y ya existe una gran demanda triplicada de Brasil producto de ese gasoducto boliviano.

¿Cuáles son los principales problemas macroeconómicos en la CAN?

Creemos que vamos a una estabilización, después de varios años muy malos. Venezuela va a un crecimiento del 3,5%. Ecuador se estabiliza con las últimas medidas. Colombia igual, aunque es más lento. En el terreno comercial, tuvimos una baja importante en el 99, pero ya nos recuperamos en casi 28%.

¿Ve usted una competencia de México con Brasil por la influencia regional?

Yo creo que México ve más hacia el norte, al contrario de lo que se dice. Su comercio está en más del 90% vinculado a los Estados Unidos. Por otro lado, es cierto que México se ha convertido en una potencia comercial continental. Sus exportaciones pasan los 120.000 millones, mientras que todos los países del Sur, juntos, no pasamos de los 200 mil millones anuales. Los analistas del Banco Mundial y el FMI separan a México por su peso específico en el mercado mundial.
Brasil se ha negado a jugar un rol más activo en el subcontinente dado su peso relativo. Ahora vemos una cristalización del liderazgo brasileño, pero al mismo tiempo se está dando una tendencia al equilibrio con el resto de los países. Yo creo que el Mercosur está muy desequilibrado internamente. Con la integración de América del Sur iríamos a un mayor equilibrio, porque Brasil tendrá que atender las relaciones más parejas con 9 socios que hoy no tiene. El esquema de América del Sur será más equilibrado que el Mercosur.