Hora de la integración regional
Por Alan Fairlie Reinoso.
La República de Perú
Lima, 13 de diciembre de 2006
La integración andina está en crisis, y
se está desarrollando un proceso de
reflexión en cada país para balance y
propuestas. ¿Qué hará el gobierno? Las
señales son preocupantes. Por los
antecedentes integracionistas del Apra,
y la presencia de ministros
comprometidos con ese proceso
(Cancillería y Defensa), se debería
esperar un decidido impulso peruano.
Pero, los mismos fundamentalistas
neoliberales que siempre buscaron la
liquidación de la CAN, tienen un acceso
y presencia importante que puede
terminar convirtiéndose en la posición
oficial.
Si bien la sustitución de importaciones
regionales que se implantó inicialmente
no dio los resultados esperados, hay
shocks externos (positivos en los 90,
negativos en los 80) que han influido
decisivamente sobre su desempeño.
Además, el Perú no participó en el
programa inicial de la zona de libre
comercio y el arancel externo común, ni
del programa automotriz, ni de la franja
de precios agropecuaria, y el
fundamentalismo neoliberal de los 90
generó conflictos y atrasos durante toda
la década que terminaron con el retiro
–afortunadamente breve– de 1997. Países
como Colombia fueron los que más se
beneficiaron de la integración andina,
porque participaron activamente en todos
sus mecanismos. Nuestra política
comercial (virtual arancel flat) llevó a
un déficit (principalmente en
combustibles, por la errada política
energética) y también generó
relocalizaciones de inversiones hacia
los países vecinos.
A pesar de esas limitaciones, el Perú
exportó bienes de mayor valor agregado a
la CAN y mayor comercio intra-andino del
que tiene con el mundo. Fue beneficiario
de los préstamos de la CAF, cuando nadie
le prestaba al país. Los andinos
generaron economías de escala y
aprendizaje que permitieron convertir a
la CAN en plataforma de exportaciones al
resto del mundo, avanzaron en el proceso
de liberalización de servicios,
desarrollaron una legislación en
propiedad intelectual que cautelaba la
biodiversidad y conocimientos
tradicionales, modernizaron su
legislación sobre inversiones, se logró
la coordinación de algunas normativas
sobre estándares y otras materias, el
comercio intraindustrial aumentó
sistemáticamente (a pesar de los ratios
modestos en comparación con otros
procesos de integración).
Sin duda, el proceso tiene y tuvo
limitaciones, y obedece a razones
diversas. Pero, el fundamentalismo
neoliberal fue uno de los factores
causantes de la crisis, implementado por
los mismos actores que hoy pontifican
sobre el destino de la integración
andina y que parece tendrán hegemonía en
la posición del gobierno. La culpa de la
crisis no la tiene Venezuela con su
salida. El detonante ha sido la
suscripción del TLC con EEUU de dos de
sus miembros . Es cierto que Venezuela
pudo permanecer (como lo hizo Bolivia),
pero existe una base objetiva de
conflicto con la integración andina. La
alternativa no es convertirnos en una
zona de libre comercio con otros países
del Pacifico, o adoptar las mismas
disciplinas que el TLC con EEUU, ni
unilaterizar la agenda económica y de la
competitividad. Esos son eufemismos,
fuegos artificiales, para evitar decir
directamente que lo que se quiere es la
liquidación de la CAN.
La salida está en rescatar el carácter
multidimensional de la CAN. La
competitividad para la globalización de
un lado, pero también el desarrollo como
norte. Desarancelizar el debate, pero
completar y profundizar la
liberalización en servicios, fortalecer
la normativa comunitaria en propiedad
intelectual y otras disciplinas. También
los nuevos temas como biodiversidad,
integración amazónica, energía,
infraestructura, pymes, desarrollo
sostenible, cohesión social, mecanismos
de solución de controversias y su
institucionalidad, y continuar avanzando
en la participación de actores
económicos, sociales y de la sociedad
civil en el proceso. No se trata de
descubrir la pólvora. Estos y otros
lineamientos están presentes en el Nuevo
Diseño Estratégico de la CAN que fue
trabajado no solo durante la gestión del
embajador Wagner, sino también durante
la administración anterior. Eso es lo
que hay que retomar y desarrollar para
impulsar la integración andina. También,
recomponer la agenda externa común.
El TLC con la UE es un factor de
cohesión de la CAN, lo mismo ocurre con
la Comunidad Sudamericana de Naciones,
ya que tanto los críticos al
neoliberalismo y los TLC como los que no
lo son, apoyan su impulso. Ojalá la
Cumbre alcance los objetivos planteados.
Se debería buscar conjuntamente la
relación con Asia–Pacífico (el 2008
seremos sede de APEC y Cumbre UE–AL). No
se debe polarizar ideológicamente al
interior de la CAN, y buscar que
Venezuela permanezca por lo menos en
condición de asociado en el máximo de
instrumentos comunitarios. Para ello, se
debe respetar la decisión de los pueblos
andinos en la elección de sus
gobernantes y no intervenir en sus
asuntos internos. Al Perú no le
corresponde ser el sepulturero de la
CAN, debería jugar un rol de afirmación
de la integración regional en la hora
actual. Esto supone que se rescate la
tradición histórica de la Cancillería y
del Apra, y no el fundamentalismo
neoliberal y el alineamiento automático
con EEUU. Es la hora de la integración
regional, no la de su liquidación.