Unasur: ¿cambio de nombre o de rumbo?
Por Alfredo Seoane
Flores, profesor CIDES – UMSA.
La Razón de Bolivia
La Paz, 22 de abril de 2007
Los mandatarios sudamericanos reunidos
en la Isla Margarita, en el marco de la
Cumbre Energética, decidieron el cambio
de nombre de la Comunidad Sudamericana
de Naciones (CASA) por el de Unión de
Naciones Sudamericanas (Unasur), que
contará con una Secretaría Permanente,
en lugar de la Secretaría pro Témpore de
la CASA. En el mismo evento,
suscribieron la Declaración de
Margarita: “Construyendo la Integración
Energética del Sur”, creando un Consejo
Energético Sudamericano encargado de dar
seguimiento a los acuerdos en este
campo.
Algunos comentaristas sostienen que esta
nueva sigla es nada más que un aporte a
la espesa sopa de letras de la
integración latinoamericana (Aladi, CAN,
Mercosur, Sela, CASA, etc.) más que un
paso significativo hacia una mayor
integración.
Más allá de esas percepciones y de la
semántica, nos interesa destacar la
importancia del proceso de integración
en el campo energético. Lo cierto es que
la dinámica actual es diferente a la que
estuvo vigente durante la década de los
años noventa, de avances significativos
en la liberalización del comercio y la
apertura a la inversión. Actualmente, la
agenda de la integración ha mutado hacia
una que además del comercio contiene
temas de verdadero impacto y potencial
para generar dinámicas de integración
del espacio económico, como son los
procesos en curso de integración de la
infraestructura, de la energía y del
financiamiento del desarrollo (Banco
Sur), de manera que los mercados
anteriormente separados son cada vez más
un mercado único.
En Margarita, el eje de la reunión fue
la integración energética, aspecto que
se puede convertir en el basamento o
pilar más sólido de la integración
sudamericana. Para empezar habría que
valorar las potencialidades de
Sudamérica en cuanto a combustibles
fósiles (gas y petróleo), hidroenergía,
biocombustibles, energía eólica, etc.,
que son ingentes. Los avances logrados
ponen las bases para un acuerdo
sudamericano que defina estrategias
comunes en el tema del petróleo, del
gas, de los combustibles alternativos y
de los combustibles a partir de
productos agrícolas.
Y en cuanto a la proyección global,
mientras que en el mundo existen
desequilibrios entre la oferta y la
demanda de energía, causantes de muchas
de las tensiones geopolíticas
actualmente existentes, al punto que en
el mundo se estaría “cocinando a fuego
lento una verdadera crisis energética”
(H. Chávez), en Sudamérica, gracias a la
integración, se lograría darle
certidumbre a la región sobre los
abastecimientos de energía en el futuro
y dotarle de una visión estratégica en
un rubro tan determinante como la
energía. Esto significa, desde todo
punto de vista, dotarle de una carta de
éxito para navegar en la globalización.
El desafío es encontrar los balances
para poder plantear la integración
energética como una sólida base de la
integración sudamericana y seguir
desarrollando los demás aspectos que
hacen relación a los temas de la
Integración de la infraestructura (IIRSA),
del financiamiento (Banco Sudamericano)
y del comercio, en una senda de
integración cada vez más ancha y
profunda, al estilo de la Unión Europea.
Es un momento de gran contenido
geopolítico. Las definiciones muy
ideologizadas a veces no permiten ver
con claridad que lo que está en juego es
mucho más que afinidades respecto a
determinadas ideologías, ya que
independientemente de ellas y de los
liderazgos de turno, la integración
energética claramente significa avanzar
en hechos concretos hacia el desarrollo
sostenible y hacia mayores capacidades
de afrontar el presente y el futuro de
la globalización, esto
independientemente de que el nombre del
proceso sea Unasur o CASA. Lo importante
es que la integración sudamericana
avanza.