Integración regional: escepticismo ante
el acuerdo que se firmará el mes próximo
La
comunidad sudamericana provoca dudas en
especialistas
Por Florencia Carbone
De la Redacción de LA NACION
Buenos Aires, 14 de Noviembre de 2004
El proyecto tendría poco que ver con su
inspiradora, la Unión Europea Para
Escudé, el proyecto de integración es
"retórica para entusiasmar a las masas"
Dos definiciones predominan entre los
expertos en política internacional
frente a la comunidad sudamericana de
naciones: una buena cuota de
escepticismo y la sensación de que el
proyecto es absolutamente funcional a
los intereses brasileños.
En una cosa coinciden de modo
inequívoco: el acuerdo que se firmará el
mes que viene en Perú poco y nada tiene
que ver con su musa inspiradora, la
Unión Europea.
Juan Gabriel Tokatlián comenta: "Son dos
procesos absolutamente distintos. A una
unión se llega tras un proceso de
construcción; nunca puede ser un punto
de partida".
Para el director de Ciencia Política y
Relaciones Internacionales de la
Universidad de San Andrés, la firma de
un acuerdo como el de la Unión
Sudamericana en el contexto actual no es
más que una mera "expresión de deseos".
¿Qué define como "contexto actual"? El
"muy pobre" grado de desarrollo de los
mecanismos que permiten llegar a una
unión. Y alimenta su afirmación con un
ejemplo. "La CAN [Comunidad Andina de
Naciones] es el mecanismo más longevo de
la región y sin embargo tiene claras
divisiones entre sus miembros: mientras
Venezuela funciona sola, Colombia,
Ecuador y Perú negocian un acuerdo
comercial con los Estados Unidos, y
Bolivia mira cada vez más al Mercosur."
Tras hacer un detallado análisis de las
diferencias políticas, económicas e
institucionales entre los países de
América del Sur, Tokatlián afirma:
"Desde hace décadas, Brasil tiene la
política sudamericana más coherente, y
por su peso específico busca el
liderazgo regional de cara al mundo.
Esto [por la unión sudamericana] aumenta
su capacidad para concertar acuerdos y
atraer la atención de Estados Unidos.
Simultáneamente, la Argentina lleva
décadas sin resolver su problema de
identidad: somos autárticos,
sudamericanos, latinoamericanistas o
creemos que América del Sur es un barrio
y que nosotros estamos a punto de llegar
al Primer Mundo".
"Diplomacia narcisista"
Tokatlián cree, sin embargo, que llegó
la hora de "dejar de practicar la
diplomacia narcisista", ya que el
carácter errático y la ambigüedad
producen frustración. Por eso, estima,
si al nuevo espacio que se generará "se
le dan visos de realismo", podría servir
para que la Argentina tenga un
"liderazgo conceptual" y se fijen de
modo serio las posturas de la región
frente a los temas trascendentes del
mundo.
Carlos Escudé es categórico: "Esto
representa la devaluación de un proyecto
de integración". El director del Centro
de Estudios Internacionales de la
Universidad del CEMA no acepta una
comparación de la iniciativa con la UE.
"Los procesos de integración como el de
la UE son terriblemente trabajosos; se
trata de una contraposición de intereses
muy fuertes y no son fruto,
precisamente, del mero voluntarismo."
Fracaso
Escudé señala que el Mercosur no ha
logrado transformarse en un bloque
realmente unificado. "Sólo se cumplen el
30 por ciento de los acuerdos firmados,
ni siquiera logramos ser una imperfecta
unión aduanera. Si esto, en pequeño, no
funcionó, ¿qué podemos esperar de un
acuerdo mayor?", se pregunta. Califica
el proyecto de modo tajante: "Es
retórica para entusiasmar a las masas".
Jorge Castro es, tal vez, el que mayor
expectativa de éxito ve en la idea. "Es
una iniciativa importante que se da en
el marco de negociaciones
internacionales en las que el eje es un
claro liderazgo de Brasil", dice.
El director del Instituto de
Planeamiento Estratégico comenta que "el
reciente viaje de Colin Powell [el
secretario de Estado norteamericano] a
Brasil fue para reconocer y alentar el
liderazgo brasileño en América del Sur y
adelantar el voto positivo de su país
para que aquél se transforme en miembro
permanente del Consejo de Seguridad de
la ONU".
Según Castro, la Unión Sudamericana
tendrá un efecto concreto: "Es
fundamental para el liderazgo que Brasil
quiere confirmar en la región para ser
el interlocutor ante el mundo".
Precisamente porque la mayoría de los
países que formarán la Unión
Sudamericana ya tienen un acuerdo
comercial con Estados Unidos -o lo
negocian-, y es este país el que apoya
de modo "decisivo" el liderazgo
brasileño en la región, Castro considera
que la iniciativa es "viable" desde el
punto de vista político.
Palabra de expertos
JUAN G. TOKATLIAN
Director de Ciencia Política y
Relaciones Internacionales de la
Universidad de San Andrés
"La Unión Europea y la Sudamericana son
dos procesos absolutamente distintos. A
la unión se llega tras un proceso de
construcción, nunca puede ser un punto
de partida [...] La firma del acuerdo
hoy no es más que una mera expresión de
deseos"
CARLOS ESCUDE
Director del Centro de Estudios
Internacionales de la Universidad del
CEMA
"Esto, en realidad, representa la
devaluación de un proyecto de
integración [...] si el Mercosur no
funcionó, ¿qué podemos esperar de un
acuerdo mayor como el que se nos
plantea? Los procesos de integración
como el de la UE son terriblemente
trabajosos"
JORGE CASTRO
Director del Instituto de Planeamiento
Estratégico
"La Unión Sudamericana es una iniciativa
importante que se da en el marco de
negociaciones internacionales en las que
el eje es un claro liderazgo de Brasil.
También es fundamental para el liderazgo
que Brasil quiere confirmar en la región
para ser interlocutor ante el mundo"