Integración en la Unasur

Por José Valencia 
Artículo publicado en el diario HOY de Ecuador
13 de agosto de 2009

La Unasur fue concebida para facilitar, en un plazo no estipulado, la confluencia de los procesos de integración subregional y, al mismo tiempo, para propiciar la acción regional en nuevos ámbitos políticos y económicos. Varios críticos han anotado que los propósitos de la Unasur son redundantes por cuanto la CAN y el Mercosur cuentan ya con mecanismos de contacto; los más importantes temas de seguridad hemisférica se hallan al amparo de los mecanismos de seguridad colectiva de la ONU; y porque para solucionar disputas comerciales, arreglos financieros o construir obras de infraestructura bastaría con la firma de convenios multilaterales. 

No obstante, en lo económico, los procesos de integración subregional no han funcionado según los compromisos y expectativas originales, ni de modo coordinado. Y en los nuevos campos asignados a la unión, es evidente que faltan foros donde se los aborde de modo concertado, algo que tratados multilaterales suscritos de forma aislada no pueden conseguir. La iniciativa de la Unasur busca, en consecuencia, cubrir vacíos en las relaciones entre los países de la región. 

Subsisten, sin embargo, varios interrogantes, que mejor se ilustran a partir de una rápida comparación entre los procesos de la Unasur y de la Unión Europea, en tanto que son experiencias que buscan integrar de modo sustantivo a la mayoría de estados de una región. La integración europea arrancó en los años cincuenta con fines económicos. Las comunidades del carbón y el acero buscaron reactivar el aparato productivo tras la Segunda Guerra Mundial. Años más tarde, con la Comunidad Económica y la Unión, se avanzó hacia la consolidación de la región y a su posicionamiento en el concierto mundial. Tomó varias décadas llegar a una integración política y social, e incorporar a nuevos miembros de forma progresiva. Un factor que estimuló la unidad fue la agenda de seguridad de los países de Europa Occidental (miembros o cercanos a la OTAN), que les unió para enfrentar a la URSS y sus aliados, en medio del riesgo real de guerra nuclear. 

La Unasur, en lo institucional, sigue un proceso diferente al europeo. Empieza con ambiciosas metas de integración política, financiera y en infraestructura, seguridad y solución de conflictos. Cuenta de partida con una membresía que agrupa a casi todos los países de la región. En lugar de construir la integración desde lo económico (comercial y productivo), busca levantarla desde procesos subregionales existentes y con inéditos programas económicos y de seguridad. Y al contrario de la experiencia europea, no surge bajo la presión de un desafío militar. Las condiciones políticas y militares, regionales e internacionales, son distintas a las de medio siglo atrás. Las preocupaciones de seguridad apuntan al interior de la región antes que a lo global. 

Con sus características únicas, la Unasur deberá dilucidar su rol en la integración regional, en cuyo propósito último no hay total claridad: mientras unos países aspiran a un esquema que haga confluir a los procesos de integración existentes y solo les añada nuevos campos de acción; otros piensan en la progresiva construcción de una comunidad de estados análoga a la europea e incluso en una suerte de federalismo regional al final del camino.

jvalencia@hoy.com.ec