Mitos de la integración

Por Ana María Correa
HOY de Ecuador
Quito, 11 de mayo de 2007 

Mucho se habla en estos días de la integración sudamericana, colocando como paradigma el modelo de la Unión Europea, y proponiendo su emulación. Sin embargo, existen elementos fundamentales del modelo de integración europeo, que poco tienen que ver con las condiciones de América del Sur sobre las cuales se pretende construir la Unasur. 

La integración europea nació como respuesta a dos guerras mundiales que casi liquidan a los países europeos. Resueltos a impedir que la destrucción y la muerte vuelva a invadir Europa, las principales potencias europeas colocaron todos sus esfuerzos en reconstruir equilibradamente la paz. Ninguna de las naciones europeas tenía un proyecto de expansión geopolítica ni intentaba imponerlo a las otras, de ahí el éxito del esquema en su fase inicial. 

En el caso de la integración sudamericana no queda claro si el proyecto sigue las consignas expansionistas del socialismo del siglo XXI o si verdaderamente perseguirá una comunión de diversidades que en el largo plazo pueda resultar exitosa como lo hizo la Unión Europea.  

En segundo lugar, las naciones europeas fueron cediendo amplias porciones de su soberanía y de su capacidad digna de tomar decisiones hacia los varios órganos de decisión europeos. Por tanto, el concepto de supranacionalidad está tan arraigado en el corazón de la integración europea, que difícilmente Alemania o Francia son soberanas, según el clásico concepto de soberanía que escuchamos todos los días. Este definitivamente no opera en Europa. 

La integración sudamericana está lejos de esta etapa de madurez en el concepto de soberanía y dignidad, cuando oímos en varios de los países, sobre todo en los andinos, que el discurso tradicional de la soberanía está anclado en la nueva retórica política. Por tanto, parece difícil imaginar que esta retórica de soberanía vaya a ceder fácilmente a las necesidades de un verdadero proyecto de integración. A pesar de que la integración Sur-Sur pueda ser mirada como moralmente superior frente a esquemas comerciales con los EEUU, los ejemplos de incumplimiento de las regulaciones supranacionales de la CAN deja dudas respecto a cuán listos estamos para asumir un reto de esta naturaleza. La integración europea se basó en criterios fuertemente solidarios para reducir las disparidades entre regiones de menos desarrollo, pero simultáneamente estableció severos criterios de prudencia y ortodoxia económica para sustentar el esquema monetario común. Nuevamente me pregunto si las naciones sudamericanas todas, estarían dispuestas a someterse a una estricta disciplina fiscal y monetaria en pos de alcanzar un esquema monetario común que no descalabre a la región.  

Yo me temo que la retórica integracionista última aún no pasa de ser el sueño de Bolívar, pues los mismos promotores de la integración no se han dado cuenta que el primer compromiso de la integración pasa por superar los populismos que abundan en la región. 

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