Integración con visión de futuro

Por Mauricio Orbe G., consultor y analista
HOY de Ecuador
Quito, 10 de mayo de 2007

A raíz de las definiciones a las que se llegó en la última reunión de ministros de Economía en Quito, en torno a la creación del Banco del Sur, se han presentado una nueva serie de propuestas que promueven la integración de los países de la región en torno a un bloque económico y a la creación de una moneda latinoamericana.

De acuerdo a Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía, la tendencia del mundo entero es, precisamente, la integración económica. Según sus planteamientos, en 20 ó 30 años, en el mundo existirán alrededor de cinco bloques económicos, cada uno, con una moneda común.

Las experiencias de integración, especialmente la europea, muestran que este es un proceso que requiere de una serie de condiciones de estabilidad, acuerdo y visión de largo plazo de los gobernantes de los países. Para la Unión Europea, el llegar al euro como moneda común, requirió de un proceso de unos 30 años.

Esto muestra que Latinoamérica debería centrarse en metas de integración de largo plazo, que sean cumplidas en base al compromiso de los actuales gobernantes. Sería muy peligroso iniciar un proceso de integración, reproduciendo a escala regional los ofrecimientos populistas que se dan en algunos países de la región.

En este sentido, un proceso de integración latinoamericano debería partir con la definición de políticas comunes en áreas críticas: laboral, tributaria y fiscal, antes de proyectarse a la unificación monetaria, que requiere, entre otros aspectos, de la integración económica. Probablemente, la coyuntura de extraordinarios ingresos en Venezuela crea un espejismo regional que permitiría iniciar un proceso de integración, apadrinado por un mecenas. Pero lo cierto es que un proceso de unificación monetaria requiere primero de un proceso de integración de política.

Como se ha demostrado durante los años de vida de la Comunidad Andina y del Mercosur, los acuerdos entre países latinoamericanos no son fáciles. Se requiere de una visión regional y una local, que convivan en paralelo; es decir, que atendiendo los requerimientos de cada país se logre generar una visión común.

El primer paso para esa integración podría ser el Banco del Sur, pero, para que ello suceda, la visión del banco deberá estar encaminada a reducir las diferencias entre las economías latinoamericanas, a fin de que, durante la integración, no existan desequilibrios importantes, como podría ser el incremento en la emigración laboral a los países más ricos.