Por Ignacio Basombrío
Diario Gestión
Lima, 27 de agosto de 2007
El proceso integrador se orienta en la
actualidad a la conformación de la
Comunidad Sudamericana de Naciones. En
la Declaración de Cochabamba se plantean
algunas consideraciones sustantivas con
relación a la globalización y la
integración regional. Se subraya que el
proceso de unidad “es una alternativa
para evitar que la globalización
profundice las asimetrías, contribuya a
la marginalidad económica, social y
política y procurar aprovechar las
oportunidades para el desarrollo”.
El objetivo planteado es ambicioso y
demuestra, en alguna medida, que se
privilegia en el discurso político la
acción conjunta frente a la opción de
las negociaciones bilaterales, como las
que corresponden a los tratados de libre
comercio negociador por Colombia y el
Perú.
En efecto se sostiene que para lograr la
viabilidad de la Comunidad Sudamericana
de Naciones es necesario diseñar un
nuevo modelo de integración que
“comprende el ámbito comercial y una
articulación económica y productiva más
amplia, así como nuevas formas de
cooperación política, social y cultural,
tanto públicas y privadas como de otras
formas de organización de la sociedad
civil”.
Los criterios que se contienen en las
declaraciones de Cusco, Ayacucho,
Brasilia y Cochabamba, relacionados con
la conformación de la Comunidad
Sudamericana de Naciones incluyen
diversos principios rectores para
efectos de diseñar las políticas tanto
internas como externas.
Una visión conjunta
Uno de los aspectos que se destaca como
principio fundamental se refiere a la
solidaridad y cooperación para lograr
una mayor equidad, la reducción de la
pobreza y la disminución de las
asimetrías. Para tal efecto, entre otros
instrumentos, se destaca la importancia
del fortalecimiento del multilateralismo
como principio rector de las relaciones
internacionales.
Por otro lado, para efectos de tener
objetivos claramente determinados como
propósito para avanzar seriamente en la
conformación de esta nueva concepción
integradora, se establece, entre otros
aspectos, que la cooperación económica y
comercial debe incluir la
complementación de las economías de los
países de América del Sur. Además que
debe promoverse una integración
financiera sudamericana, junto con la
industrial y productiva.
Ello sin desconocer la importancia que
posee la infraestructura para la
interconexión de los países y pueblos de
la región y la integración energética.
Pero, además, se subrayan aspectos tales
como la identidad cultural y la
participación ciudadana para efectos de
lograr que se produzca, al igual que en
Europa comunitaria, la creación de una
identidad que vincule el ciudadano con
los objetivos del proceso integrador.
El esfuerzo que deberá realizarse, según
lo establecido en la Declaración de
Cochabamba en materia de diálogo
externo, procura intensificar las
relaciones de esta comunidad con otras
regiones y grupos regionales. Para ello,
entre otros mecanismos, se considera la
integración en el marco de la
Organización Mundial de Comercio y en
las instituciones financieras
internacionales.
Puede observase que en momento alguno en
la Declaración de Cochabamba se ha
planteado, de manera expresa, una
mención a la importancia que posee la
negociación bilateral como un mecanismo
para lograr una mejor articulación
dentro de la economía internacional y
consolidar la presencia política de los
países que celebran ese tipo de
instrumentos. Por el contrario, tal como
lo señala el documento final de la
Comisión Estratégica de Reflexión, que
tuvo como encargo diseñar un nuevo
modelo de integración de América del
Sur, es importante que los países
consideren que “la construcción de la
Comunidad Sudamericana de Naciones debe
constituirse a partir de grandes
objetivos nacionales y tomando por base
un conjunto de acciones de impacto
inmediato, con énfasis en la reversión
del enorme déficit social de la región”.
Para ello se menciona, como un elemento
central, la celebración de un nuevo
contrato social sudamericano que
promueva una integración con rostro
humano, articulada con la agencia
productiva y que se exprese en el
establecimiento de metas definidas de
desarrollo social.
Es evidente que, para conseguir tales
objetivos, resulta necesario redefinir
algunos aspectos de vinculación que cada
uno de los países de manera
independiente posee con el mundo y, en
especial, con las grandes potencias
industrializadas para efectos de
avanzar, en primer lugar, para la
conformación de la Comunidad
Sudamericana de Naciones mediante un
tratado fundacional que otorgue la
necesaria firmeza y densidad jurídica a
esta iniciativa y, luego, avanzar para
la creación de la Unión de Naciones
Sudamericanas.
El caso andino
Uno de los aspectos más importantes en
el proceso de integración andina
corresponde a la proyección
internacional que se ha logrado como
consecuencia de las estructuración de un
sistema institucional y, además, por la
adopción de acuerdos que establecen las
prioridades y los compromisos en materia
de una política exterior conjunta. Tal
proceso corresponde a una etapa superior
en la construcción de la integración en
la medida en que representa, de alguna
manera, introducir factores que
corresponden a las políticas de Estado,
más allá de las consideraciones
económicas y comerciales que
históricamente han constituido el foco
central de atención del proceso
integrador.
Tal como se señala un trabajo sobre la
política exterior de la Comunidad Andina
(1) “la integración es entonces un hecho
esencialmente político pero con
consecuencias, entre otras, en el orden
jurídico, toda vez que dos o más Estados
concurren en la común voluntad de
obligarse soberanamente entre ellos,
limitando el ejercicio unilateral de
determinadas atribuciones soberanas para
ejercerlas a través de una institución
común”.