Por Ignacio Basombrío
Diario Gestión de Perú
Lima, 11 de abril de 2005
La integración andina
ha logrado durante su última reunión
avances que son importantes para las
actividades económicas y comerciales.
Con las normas aprobadas, que tienen
vigencia en los países que conforman la
CAN, se perfeccionan los mecanismos de
vinculación entre las empresas que
operan en los países que la conforman.
Al igual que en los
casos de otros procesos integradores, la
Comunidad Andina, a pesar de la
resistencia de algunos sectores,
registra una permanente consolidación
del marco institucional dentro del cual
opera.
La tarea, empero , es
compleja, por cuanto no sólo debe
lograrse entre los países en el marco de
los órganos decisorios de la CAN,
después de un detallado estudio técnico.
Además es necesario que, dentro de los
países, las estructuras administrativas
del Estado y el sector empresarial
adopten las medidas necesarias para que
los compromisos integradores tengan la
eficacia debida y consoliden la
estabilidad y certidumbre de las
transacciones y prácticas comerciales.
Es pertinente señalar
que los avances que se producen en el
marco del desarrollo integrado no
constituyen expresiones aisladas,
alejadas de las opciones adoptadas por
los países andinos para participar en la
economía internacional. Recientemente,
con ocasión del a visita del Secretario
General de la CEPAL, José Luis Machinea,
a la sede de la CAN, su secretario
general, Allan Wagner, precisó que la
integración tiene la capacidad para
convertirse en el eje articulador de la
agenda interna de nuestros países y la
agenda de la globalización.
En este último
aspecto, concerniente a la manera en la
cual nuestros países participan de la
economía internacional, Wagner sostuvo
que los desafíos incluyen “exigentes
negociaciones de libre comercio en el
ámbito hemisférico y mundial”. En tal
contexto es necesario avanzar en el
diseño de instrumentos integradores que,
adecuados a la normativa internacional,
potencien la capacidad negociadora
andina y garanticen un desarrollo
significativo de los vínculos entre los
agentes económicos que operan en los
países andinos.
Una de las decisiones
que ha aprobado la Comisión del Acuerdo
de Cartagena, durante la semana pasada,
se refiere a la competencia comercial.
Es decir uno de los aspectos cruciales
dentro de las relaciones económicas
internacionales y, además, uno de los
temas de mayor importancia dentro de la
normativa acordada en el marco de la
Organización Mundial de Comercio.
En la nueva
disposición andina se establecen normas
para la protección y promoción de la
libre competencia, en términos que,
según la apreciación de la CAN,
respondan “a los requerimientos de la
actual etapa del proceso de integración,
de apertura comercial y globalización”.
La nueva norma, en
términos empresariales, resulta de la
mayor importancia , en la medida en que
permite regular, con elementos que
forman parte de las disposiciones
internacionales, pero adaptadas a la
realidad andina, el tema de las buenas
prácticas empresariales, la
transparencia y la competencia legal.
Tales elementos forman parte esencial de
un proceso destinado a lograr que el
mercado, sin distorsiones derivadas de
la aplicación de los subsidios o de
políticas que artificialmente mejoren la
competitividad de algunos productores
privilegiados, en detrimento del resto
de los sectores empresariales.
En tal sentido la
disposición que acaba de aprobar la CAN
tiene como objetivo proteger la libre
competencia. Para ello se han
establecido criterios que impiden que
los esfuerzos integradores puedan ser
afectados, como consecuencia de errores
en el diseño de políticas comerciales
nacionales.
Sin duda la
integración, como todo proceso en el
cual participan dos o más países,
requiere de reglas uniformes para
adquirir credibilidad y respetabilidad.
Ambas condiciones, junto con la vigencia
de la normativa jurídica, permiten
conformar un ambiente de confianza que
resulta indispensable para concretar
inversiones y hacer posible el
desarrollo de intercambios comerciales
que consoliden el proceso integrador y
la solidez de las empresas que operan en
el territorio de la CAN.
Los países andinos y
sus empresarios deben tomar conciencia
de que, en un esfuerzo integrado, es
indispensable dejar de lado aquellas
políticas que restrinjan o perjudiquen
la circulación de los bienes y de los
servicios en la región andina. Deben
evitarse, en consecuencia, prácticas que
afecten a los productores que no cuenten
con los beneficios derivados de algunas
políticas nacionales, destinadas a
promover sus empresas, pero sin tomar en
consideración las normas comunitarias,
que tienen primacía sobre el derecho
interno.
Como parte del
esfuerzo integrador para garantizar los
derechos de las empresas andinas se ha
establecido, y pronto será conformado,
el Comité Andino de Defensa de Libre
Competencia. De acuerdo con la
información proporcionada por la CAN,
tal organismo estará integrado por un
representante de la autoridad nacional
competente en materia de libre
competencia de cada uno de los países
andinos. De tal manera se combinan los
elementos internos con las normas
comunitarias para, de manera progresiva,
armonizar plenamente las prácticas de la
libre competencia y proteger los
derechos de los productores y de los
consumidores.