Por José Antonio García Belaunde
Revista Caretas, 27 de mayo de 2004
Lima-Perú
En 1968 los entonces
presidentes de Chile y Colombia, Eduardo
Frei Montalva y Carlos Lleras Restrepo,
convocaron a sus pares de Ecuador, Perú
y Venezuela para iniciar un proceso de
integración mucho más profundo del que
en ese momento se llevaba a cabo en la
Asociación Latinoamericana de Libre
Comercio (ALALC). Concurrieron a la cita
de Bogotá, además de los convocantes, el
presidente Raúl Leoni de Venezuela y los
representantes presidenciales de
Fernando Belaunde Terry y de José M.
Velasco Ibarra, quien ejercía la
presidencia del Ecuador por quinta vez.
Fueron ellos Fernando Schwalb, ex
canciller peruano y Galo Plaza, ex
presidente ecuatoriano.
Con la Declaración de
Bogotá se inician las negociaciones, que
culminarían con la suscripción del
Acuerdo de Cartagena el 26 de mayo de
1969. Entonces firmó Bolivia pero no así
Venezuela, cuya poderosa institución
gremial, Fedecámaras, se opuso a que
firmara su país.
Fue ésta una clara
muestra de decisión política. Los países
andinos vivían de espaldas unos de
otros, con un comercio de menos de cien
millones de dólares y una relación muy
pobre en otras áreas. Se lanzaron a este
proyecto convencidos de una suerte de
mandato histórico de unirse e
inspirados, en la economía, por el
planteamiento cepalino de sustitución de
importaciones, como vía de
industrializarse y para lo cual se
requería ampliar los estrechos mercados
nacionales.
Los primeros años
fueron bastante promisorios, pues el
comercio creció tanto que en 1976
representaba el 4% del intercambio de
los países andinos con el mundo, y a
inicios de esa década había sido sólo el
2%. Se establecieron una serie de normas
para orientar el desarrollo de la
subregión. La más notoria de ellas fue
la controvertida Decisión 24, que
regulaba la inversión extranjera,
restringiéndola para ciertos sectores,
obligándola a asociarse con capital
nacional para aprovechar el mercado
andino y limitando la transferencia de
divisas al exterior. Fue esta Decisión
la que en el año '76 esgrimiría Chile,
como argumento, para su salida. Para
entonces, había ingresado Venezuela
(1973).
Los años 80's fueron
una década perdida también para la
integración. El comercio entre los
países andinos decreció en ese período.
Pero en 1989 se inicia una nueva etapa
con la adopción, en la Cumbre de
Galápagos, del Diseño Estratégico que va
a permitir pasar en apenas siete años de
900 millones de dólares a casi 6,000 al
comercio entre los países andinos.
Pero esos años 90's
fueron difíciles en términos de las
relaciones del Perú con la integración
andina. El acuerdo de adoptar un Arancel
Externo Común escalonado con cuatro
niveles (5%, 10%, 15% y 20%), hecho por
los presidentes en diciembre de 1991,
desencadenó un conflicto al interior del
gobierno peruano, pues si bien Fujimori
había firmado ese acuerdo, su ministro
de Economía, Carlos Boloña, se había
comprometido con el Banco Mundial a
establecer un arancel plano de 15% en
1995. Esa contradicción fue salvada por
la campana. El 5 de abril de 1992
Fujimori da su autogolpe y Venezuela
rompe relaciones con el Perú. Fujimori
se sintió liberado y abandonó ese
acuerdo. Pero más grave aún, el Perú
negoció retirarse, además, de la Zona de
Libre Comercio.
Esta última decisión
era violatoria del Acuerdo de Cartagena
y fue denunciada ante el Tribunal Andino
de Justicia. Ante esa denuncia el
ministro Jorge Camet, anuncia, con
entusiasmo, el retiro del Perú de la
Comunidad Andina.
Por un misterio que
todavía no he podido desentrañar, cuando
se negociaba los términos de su retiro,
el Perú propuso negociar los términos de
su reincorporación plena, y así fue que
en 1997, al tiempo que se ponía en
vigencia el Protocolo de Trujillo -una
profunda reforma institucional- e
iniciaba sus gestiones el primer
secretario general de la Comunidad
Andina, Sebastián Alegrett, el Perú
volvía a ser un socio pleno en la
integración.
Nuevos retos se le
han planteado a la Comunidad Andina en
estos últimos años. Quizás el más
importante de ellos ha sido el de
afrontar una cantidad de negociaciones
de tipo comercial con otros países o
grupos de países. Juntos fueron los
andinos a su negociación en el marco del
ALCA. Juntos también obtuvieron que
Estados Unidos les otorgara el Sistema
de Preferencias ATPA-DEA, que ha tenido
un impacto significativo en las
exportaciones andinas. Juntos han
concluido negociando el Acuerdo de Libre
Comercio con MERCOSUR y acaban de firmar
en diciembre último un Acuerdo de
Diálogo Político y Cooperación con la
Unión Europea que podría ser el primer
paso para una negociación de Zona de
Libre Comercio CAN-UE.
Pero la integración
andina no sólo tiene una agenda
económica y comercial, también la tiene
política y sobre todo social. Estos
nuevos retos llevaron a Allan Wagner a
plantear, cuando asumió la Secretaría
General, en enero de este año, la
necesidad de contar con un nuevo Diseño
Estratégico que permita asumir con
eficacia las dos mayores y más urgentes
tareas que tienen nuestros países. De un
lado la inserción competitiva en la
economía internacional, y de otro la
agenda interna del desarrollo de
nuestros pueblos, y eso marca este
aniversario y afianzará la próxima
Cumbre en Cuenca el 12 de julio.
No ha sido éste un
proceso fácil. Ha tenido marchas y
contramarchas y, como se dice de los
jueces, ha contado con "amigos tibios y
enemigos calientes"; pero 35 años
después tenemos un mercado liberado para
el comercio de nuestros bienes, normas
para la circulación de personas (ya los
turistas circulan sólo con su DNI por la
integración, salvo Venezuela que lo
permitirá el próximo año), aspiramos a
liberalizar el comercio de servicios en
el 2005, al igual que los capitales, y
en cuanto al libre ejercicio laboral ya
se han adoptado las normas pertinentes.
Es decir, estamos en vías de un mercado
común aunque no perfecto pero sí
perfectible. Junto a ello tenemos una
institucionalidad muy desarrollada, que
no tiene ningún otro proceso de
integración entre países en desarrollo.
La integración sigue
siendo un proyecto atractivo y válido.
No excluyente, lo prueban los acuerdos
recientes y la negociación conjunta con
Estados Unidos para un acuerdo de libre
comercio.