¿En que se diferenciaría UNASUR de un
MERCOSUR ampliado?
Por Félix Peña *
Junio 2008
Ambas iniciativas, la de la UNASUR y
la del Mercosur ampliado, apuntan a la
gobernabilidad de la región
sudamericana. Tienen contenido
económico, pero indudables objetivos
políticos. Estrategias de inserción
internacional similares en algunos
aspectos, pero también diferentes. Hay
dos grandes diferencias. Por un lado, el
Mercosur es una realidad asentada en
compromisos jurídicos ya asumidos por
sus países miembros. La UNASUR en
cambio, debe aún superar el proceso de
ratificación de por lo menos 9 de los
países signatarios. Es posible que ello
ocurra y en plazos cortos. Pero no es
necesariamente probable. La otra gran
diferencia, es que el Mercosur está
basado no sólo en una voluntad política
de trabajar juntos de los países
miembros, sino sobre todo en un pilar
fundamental para la integración
productiva conjunta: las preferencias
comerciales pactadas. La UNASUR no tiene
previsto nada similar, sostiene Félix
Peña en el trabajo cuyos principales
tramos se reproducen.
Ambas iniciativas apuntan a la
gobernabilidad de la región
sudamericana. Tienen contenido
económico, pero indudables objetivos
políticos. Hacen a las relaciones de
poder entre las naciones que comparten
este espacio geográfico. Tienen que ver
con sus estrategias de inserción
internacional. Aspiran a generar bienes
públicos regionales que permitan
neutralizar eventuales tendencias a la
fragmentación en el subsistema político
internacional, que ha sido
históricamente y que es hoy la América
del Sur. Son iniciativas similares en
algunos aspectos. Pero también son
diferentes.
Una es de concreción reciente. Al menos
en el plano formal. Es la denominada
Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR).
La otra, es la de la ampliación del
Mercosur a otros países sudamericanos.
Ella tuvo una de sus expresiones más
fuertes en ocasión de una de las últimas
Cumbres del bloque – la de Córdoba en el
2006 –, que contó con la asistencia de
un número significativo de Presidentes
de países, entre los que son miembros
plenos y los que están asociados o
podrían estarlo. La presencia de mayor
repercusión mediática en tal ocasión fue
la de Fidel Castro.
La UNASUR es una iniciativa de fuerte
acento brasileño impulsada por Itamaraty.
Reconoce su origen en la primera Cumbre
Sudamericana convocada en el año 2000,
también en Brasilia, por el Presidente
Fernando Henrique Cardoso. Sus raíces
son más profundas y, entre otras, se
remonta a la idea brasileña de un
espacio sudamericano de libre comercio,
en cuyo lanzamiento en el año 1992
participara un prestigioso diplomático,
el Embajador Paulo Nogueira Baptista. En
las Cumbres Sudamericanas del Cusco
(Perú) en el 2004, de Brasilia (Brasil)
en 2005 y de Cochabamba (Bolivia) en
2006, fue planteada como Comunidad
Sudamericana. Luego en ocasión de una
Cumbre Energética en la isla Margarita
(Venezuela) en 2007, su nombre fue
cambiado por el actual.
El Tratado constitutivo de la UNASUR fue
firmado en Brasilia el pasado 23 de
mayo, en una corta reunión
extraordinaria a nivel presidencial de
los 12 países sudamericanos - Argentina,
Bolivia, Brasil, Chile, Colombia,
Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú,
Surinam, Uruguay y Venezuela - (ver el
texto del Tratado en www.mre.gov.br;
para un comentario ver el artículo del
autor, titulado “La Unión Sudamericana,
¿diluye o complementa el Mercosur?”, en
el diario El Cronista, miércoles 11 de
junio de 2008 y el de Uziel Nogueira,
economista del BID-INTAL, titulado
“Unión Sudamericana de Naciones”, en el
Newsletter Mercosur-ABC del mes de junio
de 2008). Sus objetivos son amplios.
Incluye, según el Preámbulo del Tratado
de Brasilia, el contribuir al
fortalecimiento de la integración
regional a través de un proceso
innovador que permita ir más allá de la
sola convergencia de los esquemas ya
existentes (que son, como se sabe, el
Mercosur y la Comunidad Andina de
Naciones, los que han celebrado entre sí
un acuerdo marco de complementación
económica, con la modalidad de una red
de acuerdos bilaterales que pueden
converger en un solo espacio de libre
comercio (ver su texto en www.aladi.org).
Concretamente, el artículo 2º del
Tratado define el objetivo y por ende el
alcance de la organización creada
(dotada de personalidad jurídica
internacional) en estos términos: “La
Unión de Naciones Suramericanas tiene
como objetivo construir, de manera
participativa y consensuada, un espacio
de integración y unión en lo cultural,
social, económico y político entre sus
pueblos, otorgando prioridad al diálogo
político, las políticas sociales, la
educación, la energía, la
infraestructura, el financiamiento y el
medio ambiente, entre otros, con miras a
eliminar la desigualdad socioeconómica,
lograr la inclusión social y la
participación ciudadana, fortalecer la
democracia y reducir las asimetrías en
el marco del fortalecimiento de la
soberanía e independencia de los
Estados”. Y entre los numerosos
objetivos específicos, enunciados en 21
incisos del artículo 3º, se establece en
primer lugar el del “fortalecimiento del
diálogo político entre los Estados
Miembros que asegure un espacio de
concertación para reforzar la
integración suramericana y la
participación de UNASUR en el escenario
internacional”.
La UNASUR surge entonces como una
iniciativa de fuerte perfil político,
que incluye su proyección internacional
(ver la muy amplia enunciación del
artículo 15 del Tratado) y que no
excluye su ampliación al resto de
América Latina (ver al respecto los
artículos 19 y 20 del Tratado). Tal
perfil, lo puso de manifiesto una
iniciativa complementaria – también
impulsada por Brasil - que fue abordada
en la Cumbre de Brasilia y que no logró
el necesario consenso, por no contar con
la aprobación del Presidente Uribe, de
Colombia.
Se trata de la idea de crear un Consejo
de Defensa Sudamericano. Si bien nunca
se ha difundido un texto que permitiera
apreciar, al menos desde afuera de los
ámbitos negociadores, el alcance
concreto de tal iniciativa, lograr el
consenso sería ahora una de las
prioridades de Chile, país que ha puesto
en evidencia entusiasmo con la creación
de la UNASUR y que ha asumido su
Presidencia Pro-Tempore. Pero además de
sus objetivos políticos, desde su origen
esta iniciativa ha estado también
relacionada con el desarrollo de
proyectos de infraestructura física y
con la energía.
UNASUR y el Mercosur ampliado tendrían
entonces objetivos similares
especialmente en el plano político. Pero
la UNASUR a su vez, debería permitir
abordar cuestiones como las de la
infraestructura física y la
complementación energética que superan a
lo que podría lograrse con la actual
cobertura geográfica del Mercosur. Ello
es particularmente importante para el
Brasil que tiene fronteras comunes con
la mayoría de los países miembros de
UNASUR.
Hay sin embargo dos grandes diferencias.
Por un lado, el Mercosur es una realidad
asentada en compromisos jurídicos ya
asumidos por sus países miembros. Si
bien son compromisos imperfectos e
incompletos, difícil sería dejarlos de
lado, teniendo en cuenta las corrientes
de comercio y de inversión que se han
desarrollado entre los socios en los
años transcurridos desde la firma del
Tratado de Asunción. El Mercosur tiene
además una embrionaria identidad que se
refleja en su nombre incorporado a los
documentos de identidad de los
ciudadanos de los cuatro socios
actuales.
La UNASUR, en cambio debe aún superar el
proceso de ratificación de por lo menos
9 de los países signatarios. Es posible
que ello ocurra y en plazos cortos. Pero
no es necesariamente probable, dadas las
diferencias políticas entre algunos de
sus miembros y que afloraron en el
camino que condujo a la reciente Cumbre
de Brasilia. La experiencia del
Protocolo de Caracas indica, además, la
distancia que puede existir entre lo que
se procura llevar adelante y lo que
efectivamente se pueda concretar.
Pero hay otra gran diferencia entre
ambas organizaciones. Y es que el
Mercosur, está basado no sólo en una
voluntad política de trabajar juntos de
los países miembros – que se mantiene a
pesar de las muchas dificultades que se
han planteado – pero sobre todo en un
pilar fundamental para la integración
productiva conjunta, cual es el de las
preferencias comerciales pactadas. La
UNASUR no tiene previsto nada similar.
En todo caso, las preferencias
económicas entre sus países miembros,
serían las que resulten de la
convergencia de la red de acuerdos de
alcance parcial celebrados o que se
celebren en el ámbito de la ALADI. Y se
sabe que su característica ha sido la de
tener en su mayor parte un claro corte
comercial. Son esencialmente precarias.
Al ser así es muy difícil que incidan
sobre decisiones de inversión productiva
que sean significativas. Favorecen
corrientes de comercio ya existentes. No
necesariamente generan nuevas corrientes
que resulten de decisiones de inversión
productiva, especialmente por partes de
empresas PyMEs.
Si bien los compromisos en el Mercosur
son aún incompletos e imperfectos, aún
así, tiene más posibilidades de lograrse
a través del desarrollo del marco
jurídico actualmente vigente en el
bloque, que en el aún más incierto de la
UNASUR que además no ha asumido
compromiso alguno al respecto. El riesgo
es que con la creación de la UNASUR se
genere un espejismo que termine
diluyendo los pocos activos acumulados
por el Mercosur. Y ello sólo
beneficiaría a quienes ya han
consolidado sus intereses comerciales
dentro del Mercado Común del Sur.
Lo concreto es que al crearse la UNASUR
y asumiendo que el Tratado de Brasilia
será ratificado, corresponde plantear un
debate sobre cómo se articulará con el
Mercosur. Existe por cierto la
posibilidad de que la UNASUR termine
diluyendo sólo los objetivos de
ampliación del Mercosur en el plano
político.
Pero también podría diluir sus
compromisos preferenciales en el plano
comercial y económico. Si ello fuera
así, tendríamos por delante un panorama
en el que, en el mejor de los casos, se
combinen los objetivos más amplios de la
UNASUR con los de integración comercial
de la ALADI. Al diluirse el Mercosur,
hasta sería entonces necesario cambiar
los documentos de identidad de los
ciudadanos de los cuatro socios, que ya
incluyen tal nombre junto con el del
país respectivo. Es éste todo un símbolo
de un proyecto ambicioso cuya pérdida
podría tener costos múltiples e
imprevisibles para todos sus socios.
Sin embargo otro escenario es posible,
probable y recomendable. Es de que el
Mercosur, sin dejar de lado sus
objetivos políticos referidos a los
miembros plenos, reenvíe al ámbito de la
UNASUR objetivos políticos de alcance
sudamericano, y se transforme en un
núcleo duro de la construcción gradual –
en el ámbito de la UNASUR – de bienes
públicos regionales que fortalezcan la
gobernabilidad del espacio regional, a
través de la paz, la estabilidad
política, y la consolidación de
democracias sustentadas en la cohesión
social, y que permitan extraer todo el
potencial de acción conjunta en planos
como, entre otros, los de la
infraestructura física, el transporte y
la logística, la energía y la protección
del medio ambiente.
Para que ello sea así se requeriría
fortalecer el pilar de las preferencias
comerciales y económicas, y de la
integración productiva, a fin de que sea
factible que las respectivas sociedades
perciban en un Mercosur renovado, un
instrumento de afirmación nacional, de
desarrollo económico y de proyección
internacional. Requeriría de nuevos
métodos de trabajo conjunto, incluyendo
instrumentos de múltiples velocidades y
de geometría variable. Hay mucha
experiencia internacional al respecto y
es posible conciliarlos con las reglas
de la OMC.
Hoy es difícil convencer a la gente que
ese Mercosur es aún posible.
Probablemente será más difícil convencer
que la UNASUR sea una opción razonable.
Es del interés nacional argentino
entonces, profundizar un debate sobre
cómo encarar una renovación del Mercosur
que tome en cuenta la experiencia
adquirida, las nuevas realidades
globales y regionales (entre las cuales,
el nuevo protagonismo internacional del
Brasil y la propia creación de la UNASUR),
y los requerimientos de transformación
productiva de nuestro país en conjunto
con sus socios ver al respecto el
artículo de Eduardo Amadeo, "Quo Vadis,
Mercosur?, en el diario La Nación, del
20 de mayo de 2008, página 17).
Texto completo en
www.felixpena.com.ar
* Director del Instituto de Comercio
Internacional de la Fundación Standard
Bank, y del Módulo Jean Monnet y del
Núcleo Interdisciplinario de Estudios
Internacionales de la Universidad
Nacional de Tres de Febrero (UNTREF).
Miembro del Comité Ejecutivo del Consejo
Argentino para las Relaciones
Internacionales (CARI).