En las últimas
semanas han sido publicados algunos
artículos y columnas de opinión
cuestionando la viabilidad de la
Comunidad Andina. Algunos, incluso, han
sugerido que sería más conveniente en
las actuales circunstancias reemplazar
la estructura jurídica e institucional
comunitaria, que ha sido el resultado de
más de 30 años de esfuerzos, por
acuerdos bilaterales entre los Países
Andinos. Estas aseveraciones desconocen
la verdadera realidad de la Comunidad
Andina y los grandes beneficios que ésta
conlleva para sus países miembros.
La evolución del
comercio intracomunitario durante la
pasada década fue realmente asombrosa.
El comercio entre los Países Andinos se
cuadriplicó entre 1990 y 1998. Como
punto de referencia, cabe mencionar que
durante el mismo período las
exportaciones de la Comunidad Andina al
mundo se incrementaron tan sólo un 24%.
También es necesario destacar que casi
un 90% del comercio intraandino está
compuesto por productos manufacturados,
lo cual contrasta con el papel
preponderante que tienen los productos
básicos en las exportaciones andinas al
resto del mundo. Si bien el comercio
intracomunitario se ve afectado durante
1999 por la difícil coyuntura económica
en la subregión, el 2000 muestra signos
importantes de recuperación. Las cifras
preliminares indican que el comercio
intraandino aumentó en 28% entre enero y
junio de 2000 frente a similar período
del año anterior.
Contrario a lo que se
afirma con cierta frecuencia, Colombia
sí obtiene grandes beneficios del
proceso andino de integración. Las
exportaciones de Colombia a los demás
países miembros de la Comunidad Andina
crecieron 470% entre 1990 y 1998.
Colombia es hoy en día el país que más
exporta a la Comunidad Andina y el que
más importa. En efecto, en 1998, este
país ocupó el segundo lugar de
preferencia en las importaciones totales
de Venezuela y Ecuador, el tercer puesto
en Perú y el noveno en Bolivia. Así
mismo, entre enero y agosto de 2000, las
exportaciones de Colombia a Venezuela
alcanzaron una cifra récord de 803
millones.
Las exportaciones
colombianas a la Comunidad Andina son
las más diversas. En 1999 Colombia
exportó productos clasificados en 2.837
subpartidas arancelarias a sus socios
andinos.
Por su parte, las
exportaciones de Colombia a Estados
Unidos durante el mismo año sólo
abarcaron 1.512 subpartidas.
Además de constituir
en sí misma un mercado de singular
importancia para los exportadores
andinos, y particularmente para los
empresarios colombianos, la Comunidad
Andina se ha convertido en un efectivo
mecanismo para obtener mejores
condiciones de acceso en terceros
mercados. Los resultados de las
negociaciones con Brasil y Argentina,
con los cuales recientemente se
suscribieron acuerdos comerciales de
gran trascendencia, así lo demuestran.
Así mismo, la vocería única de la
Comunidad Andina en las negociaciones
del Área de Libre Comercio de las
Américas (ALCA) ha posibilitado que
nuestra subregión juegue un papel
protagónico en las mismas, lo cual
asegurará a nuestros empresarios mejores
condiciones de acceso a los demás
mercados del hemisferio. Es difícil
concebir que nuestros países obtendrían
mejores resultados negociando
individualmente con las grandes
economías del hemisferio como Estados
Unidos, Canadá y Brasil.
No obstante, el
proceso de integración andino no está
exento de críticas. Se han presentado
situaciones en ciertos sectores,
principalmente en relación con el
transporte terrestre y el comercio de
productos agropecuarios, en las que se
incumplen las normas comunitarias. Sin
embargo, frente a estas situaciones no
se debe perder la perspectiva ni
proponer salidas extremas. Si bien las
consecuencias negativas de estas
situaciones, como en el caso del
transporte terrestre, tienen efectos
sobre el comercio en general, se trata
de casos excepcionales ya que la mayor
parte de los intercambios comerciales de
la Comunidad Andina se realizan libres
de aranceles y restricciones.
Tampoco hay que
perder de vista que la Comunidad Andina
cuenta con un efectivo mecanismo para
solucionar las diferencias que se
susciten entre sus países miembros.
Desde 1996 el Tribunal de Justicia viene
desempeñando un destacado papel, velando
por el cumplimiento de las normas
andinas. En la mayoría de los casos, los
países se ajustan a la normativa andina
antes de que el Tribunal de Justicia
emita sentencia.
Por lo tanto, las
soluciones a los casos de incumplimiento
deben buscarse dentro del marco legal e
institucional de la Comunidad Andina, y
en las instancias políticas (el Consejo
Andino de Ministros de Relaciones
Exteriores y la Comisión). Siempre habrá
casos difíciles de solucionar. Pero esto
no quiere decir que debemos echar al
traste un sistema que se ha construido
con más de 30 años de esfuerzos.
En ese sentido,
nuestras dificultades no son diferentes
a las que actualmente enfrenta la
Organización Mundial del Comercio (OMC).
Uno de los grandes logros de la Ronda
Uruguay es el nuevo sistema de solución
de diferencias de la OMC. Sin embargo,
actualmente hay dos controversias –sobre
banano y carne de vacuno con hormonas–
que no se han logrado resolver en dicho
foro, no obstante que el Órgano de
Solución de Diferencias de la OMC ha
emitido dictámenes contra la Unión
Europea en ambos casos. Aún con estas
dificultades, ningún país o comentarista
ha sugerido que se elimine la OMC y que
se le reemplace por acuerdos bilaterales
entre sus miembros.
Ciertamente los retos
del proceso de integración andino son
considerables. La construcción del
Mercado Común Andino para el año 2005
requerirá grandes esfuerzos de todos los
actores del proceso de integración. Sin
embargo, si los resultados de la década
pasada sirven de guía, es claro que los
beneficios superarán nuestras
expectativas.