La realidad de la Comunidad Andina
Por Sebastián Alegrett
Secretario General de la Comunidad Andina
El Espectador
Bogotá, 25 de octubre de 2000

En las últimas semanas han sido publicados algunos artículos y columnas de opinión cuestionando la viabilidad de la Comunidad Andina. Algunos, incluso, han sugerido que sería más conveniente en las actuales circunstancias reemplazar la estructura jurídica e institucional comunitaria, que ha sido el resultado de más de 30 años de esfuerzos, por acuerdos bilaterales entre los Países Andinos. Estas aseveraciones desconocen la verdadera realidad de la Comunidad Andina y los grandes beneficios que ésta conlleva para sus países miembros.

La evolución del comercio intracomunitario durante la pasada década fue realmente asombrosa. El comercio entre los Países Andinos se cuadriplicó entre 1990 y 1998. Como punto de referencia, cabe mencionar que durante el mismo período las exportaciones de la Comunidad Andina al mundo se incrementaron tan sólo un 24%. También es necesario destacar que casi un 90% del comercio intraandino está compuesto por productos manufacturados, lo cual contrasta con el papel preponderante que tienen los productos básicos en las exportaciones andinas al resto del mundo. Si bien el comercio intracomunitario se ve afectado durante 1999 por la difícil coyuntura económica en la subregión, el 2000 muestra signos importantes de recuperación. Las cifras preliminares indican que el comercio intraandino aumentó en 28% entre enero y junio de 2000 frente a similar período del año anterior.

Contrario a lo que se afirma con cierta frecuencia, Colombia sí obtiene grandes beneficios del proceso andino de integración. Las exportaciones de Colombia a los demás países miembros de la Comunidad Andina crecieron 470% entre 1990 y 1998. Colombia es hoy en día el país que más exporta a la Comunidad Andina y el que más importa. En efecto, en 1998, este país ocupó el segundo lugar de preferencia en las importaciones totales de Venezuela y Ecuador, el tercer puesto en Perú y el noveno en Bolivia. Así mismo, entre enero y agosto de 2000, las exportaciones de Colombia a Venezuela alcanzaron una cifra récord de 803 millones.

Las exportaciones colombianas a la Comunidad Andina son las más diversas. En 1999 Colombia exportó productos clasificados en 2.837 subpartidas arancelarias a sus socios andinos.

Por su parte, las exportaciones de Colombia a Estados Unidos durante el mismo año sólo abarcaron 1.512 subpartidas.

Además de constituir en sí misma un mercado de singular importancia para los exportadores andinos, y particularmente para los empresarios colombianos, la Comunidad Andina se ha convertido en un efectivo mecanismo para obtener mejores condiciones de acceso en terceros mercados. Los resultados de las negociaciones con Brasil y Argentina, con los cuales recientemente se suscribieron acuerdos comerciales de gran trascendencia, así lo demuestran. Así mismo, la vocería única de la Comunidad Andina en las negociaciones del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) ha posibilitado que nuestra subregión juegue un papel protagónico en las mismas, lo cual asegurará a nuestros empresarios mejores condiciones de acceso a los demás mercados del hemisferio. Es difícil concebir que nuestros países obtendrían mejores resultados negociando individualmente con las grandes economías del hemisferio como Estados Unidos, Canadá y Brasil.

No obstante, el proceso de integración andino no está exento de críticas. Se han presentado situaciones en ciertos sectores, principalmente en relación con el transporte terrestre y el comercio de productos agropecuarios, en las que se incumplen las normas comunitarias. Sin embargo, frente a estas situaciones no se debe perder la perspectiva ni proponer salidas extremas. Si bien las consecuencias negativas de estas situaciones, como en el caso del transporte terrestre, tienen efectos sobre el comercio en general, se trata de casos excepcionales ya que la mayor parte de los intercambios comerciales de la Comunidad Andina se realizan libres de aranceles y restricciones.

Tampoco hay que perder de vista que la Comunidad Andina cuenta con un efectivo mecanismo para solucionar las diferencias que se susciten entre sus países miembros. Desde 1996 el Tribunal de Justicia viene desempeñando un destacado papel, velando por el cumplimiento de las normas andinas. En la mayoría de los casos, los países se ajustan a la normativa andina antes de que el Tribunal de Justicia emita sentencia.

Por lo tanto, las soluciones a los casos de incumplimiento deben buscarse dentro del marco legal e institucional de la Comunidad Andina, y en las instancias políticas (el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores y la Comisión). Siempre habrá casos difíciles de solucionar. Pero esto no quiere decir que debemos echar al traste un sistema que se ha construido con más de 30 años de esfuerzos.

En ese sentido, nuestras dificultades no son diferentes a las que actualmente enfrenta la Organización Mundial del Comercio (OMC). Uno de los grandes logros de la Ronda Uruguay es el nuevo sistema de solución de diferencias de la OMC. Sin embargo, actualmente hay dos controversias –sobre banano y carne de vacuno con hormonas– que no se han logrado resolver en dicho foro, no obstante que el Órgano de Solución de Diferencias de la OMC ha emitido dictámenes contra la Unión Europea en ambos casos. Aún con estas dificultades, ningún país o comentarista ha sugerido que se elimine la OMC y que se le reemplace por acuerdos bilaterales entre sus miembros.

Ciertamente los retos del proceso de integración andino son considerables. La construcción del Mercado Común Andino para el año 2005 requerirá grandes esfuerzos de todos los actores del proceso de integración. Sin embargo, si los resultados de la década pasada sirven de guía, es claro que los beneficios superarán nuestras expectativas.