El sueño suramericano
Por Rodrigo
Rivera
El Tiempo de Colombia
Bogotá, 4 de mayo de 2007
Aunque la cumbre de Isla Margarita
brilló hace unos días como luz de
esperanza continental, aquí fue
eclipsada por el cimbronazo que provocó
la controversia entre el senador Petro y
el Gobierno. La agenda nacional se
paramilitarizó, casi al extremo al que
se caguanizó la del cuatrienio de
Pastrana. Un extraño sino parece
condenar a los presidentes a levitar en
una pegajosa red de la que no logran
zafarse. Recuerden la maldición de Nixon
con Watergate. O la que enfrenta Bush
con su guerra en Irak.
El encuentro de Isla Margarita merece,
sin embargo, un capítulo especial. No
sólo por lo anecdótico (se esperaba, por
ejemplo, un pulso Uribe-Chávez que no se
dio), sino por lo sustancial. Los
presidentes revivieron la desmayada idea
de la Comunidad Suramericana de
Naciones, pactaron un tratado energético
y lanzaron entusiastas sueños de
replicar en pampas, Amazonia y Andes la
próspera y solidaria empresa en que se
ha convertido la Unión Europea.
El resultado de la cumbre es aún más
impactante si miramos el inmediato
pasado de tensiones en la región.
Tirantez con Colombia y su conflicto que
generó no poca prevención en sus
vecinos. División por el rol regional
que, para cada país, juega Estados
Unidos. Controversia por el efecto de
nuevas fuentes de energía, como los
biocombustibles, sobre el medio ambiente
y la disponibilidad de alimentos en la
región.
El éxito de la cumbre dependía de un
delicado tejer de hilos diplomáticos y a
fe que se logró. Tocaba dejar en casa
los prejuicios ideológicos, desarmar los
espíritus con concesiones generosas y
centrarse en el futuro. Ganó Colombia
con sus prioridades en energía
alternativa, interconexión y comercio.
También al afianzar su relación con
Venezuela, pues definió cinco y no dos
años para su retiro de la CAN, acordó la
preparación de un TLC bilateral que lo
compense y recibió la invitación para
explorar binacionalmente la franja
petrolera del Orinoco. Ganó Brasil con
su liderazgo en biocombustibles y al
impedir que la interconexión gasífera se
convierta en un cartel de productores. Y
ganó el nuevo talante no aislacionista
de Venezuela, que empieza a lograr un
marco para cristalizar el sueño
bolivariano de la integración. La unión
energética se hará sobre dos pilares: la
diversificación de fuentes de energía y
su interconexión. Será la cuota inicial,
con los acuerdos comerciales, de la
Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
Tal vez estamos ante el primer paso
firme hacia el sueño de la unión
suramericana. Hay que legitimarlo,
volviéndolo ilusión de los pueblos y no
sólo decisión de los gobiernos, y
profundizarlo con pasos que dejen atrás
la retórica. Trabajar para que caigan
las barreras que impiden la libre
circulación de bienes, servicios,
inversiones y personas entre nuestros
países y armar un fondo de compensación
y equidad para superar el atraso
inhumano de millones de personas en la
región. Todo eso conducirá a la
cooperación en temas espinosos como la
seguridad. Unasur podría representar
nuestra riqueza ambiental, nuestra
decisión de conservarla y nuestra voz en
el crucial diálogo planetario sobre el
calentamiento global en el que la
Amazonia aún no logra pesar como
debiera.