Comunidad Andina y Mercosur retoman negociaciones
para zona de libre comercio

Alfredo Carquez Saavedra
El Nacional, Caracas - Venezuela.
www.el-nacional.com.
24 de agosto de 1998
 

Las delegaciones de ambos bloques regionales están por finalizar la revisión de las listas de productos que serán sujetos a un proceso de reducción arancelaria

Las conversaciones entre los socios de la Comunidad Andina de Naciones y del Mercado Común del Sur regresan, el venidero primero de octubre, al tema con el que se iniciaron hace aproximadamente cuatro años: lograr la creación de una Zona de Libre Comercio entre ambos bloques.

Entre agosto y septiembre continuarán los encuentros en los que los técnicos de cada país analizan las listas de productos anteriormente negociados individualmente en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi). Tales antecedentes en materia de preferencias arancelarias es lo que se ha denominado patrimonio histórico.

El registro presentado por la CAN suma 2.700 subpartidas; el del Mercosur, unas 2.000. Los integrantes del primer acuerdo de integración presentan niveles promedio de preferencias arancelarias superiores a 70%, mientras que los del segundo se acercan a 50%. La idea es llegar a un punto intermedio en el que una parte mejore, sin que desmejore la otra sustancialmente.

Sin embargo, aún estaría por verse si se materializa lo que se considera una condición esencial para avanzar en este nuevo intento: "Que los negociadores del Mercosur hayan reflexionado sobre sus posiciones iniciales, que hayan evaluado la importancia de la consolidación del Sur frente a las negociaciones con el Norte, en fin, que hayan flexibilizado sus posiciones iniciales acerca de conceptos de mucha importancia, como las normas de origen, medidas de salvaguardia, plazos de liberalización y tratamiento de sectores de alta sensibilidad", explica una fuente que prefirió no ser identificada.

El regreso a la etapa inicial, es decir, luego de la revisión del patrimonio histórico, paso que también fue descartado -pero hace dos años-, se considera un requisito fundamental que allana el camino para ascender a un nivel de negociaciones más exigente, como las que arrancan con el último trimestre del año.

¿Negociar para qué?

Todo este esfuerzo tiene como objetivo contribuir con la inserción de Venezuela en un mundo globalizado, en el que la competencia comercial es feroz y en la que cualquier condición de ventaja -un arancel que se reduzca, una medida paraarancelaria que se elimine-, puede resultar de incalculable valor para las empresas que están compitiendo por tener un nicho en los mercados, explica la fuente.

Aclara que esto solamente es una parte del ambiente propicio para el desarrollo económico. No hay que olvidar los factores internos que también afectan la competitividad de una organización: puertos, aduanas, servicios, situación económica, social y política. Y agrega que si, simultáneamente a esas negociaciones se hace un paquete de cambios de orden estructural o de políticas macroeconómicas, el país tendrá mayores ventajas en el espacio económico internacional.

Se supone que los beneficios de la integración comercial se reflejan de múltiples maneras. Las empresas logran mayores cuotas de mercado para sus productos, en otras palabras: venden más y a distintos destinos. Esto incidiría en el aumento de la capacidad instalada, mejoras en las condiciones de producción y productividad, incremento del empleo, más circulante en la calle, aumento del poder de compra y estímulo multiplicado para diversos sectores de la economía. Porque al haber más personas trabajando, mayor sería el consumo de bienes y servicios.

Efectos perversos

El revés del lado bueno existe. La globalización por sí misma puede traer efectos perversos, como el desempleo por el cierre de empresas que no pueden soportar la competencia de sus pares de otras naciones, admite la fuente.

"Y por eso hay que saber administrarla bajo un esquema de gobernabilidad. Esto significa definir reglas de juego, mecanismos de negociación para tratar de atenuar, en alguna medida, algunas de las consecuencias negativas de este proceso".

Esto significa que el Gobierno, junto con la sociedad civil, puede participar -generalmente a través de las cámaras de comercio e industria- en la definición de condiciones de consenso: plazos para desmontar barreras o disminuir aranceles, reglas de origen, normas de competencia, mecanismos de salvaguardia y de solución de controversias. "En caso contrario, la globalización funcionará por su cuenta, en forma casi orgánica y natural, decidirá las reglas de juego y sus efectos pueden ser mucho más duros".

No obstante, no todo el universo de productos nacionales es sensible a padecer consecuencias negativas ante una negociación con el Mercosur. Hay sectores nacionales y andinos altamente competitivos. En el caso de Venezuela, se cuenta con toda la cadena productiva vinculada con el aluminio, el vidrio e, incluso, el negocio de la cerámica. En petroquímica figuran muchos productos competitivos.

Para Venezuela los temas de mayor sensibilidad son el agrícola y el automotor, pero eso no significa que el país no posea competitividad. Entre las 15 principales exportaciones de Venezuela al Mercosur resaltan la sardina y el atún, y hacia la Comunidad Andina, el arroz y todos los productos procesados de las oleaginosas.

Una sola voz

La Comunidad Andina de Naciones y el Mercosur son, ambos, acuerdos de unión aduanera, fase superior a la que representan las zonas de libre comercio porque van más allá de la eliminación de aranceles entre sus socios y porque implican el logro de políticas comerciales externas comunes.

La CAN nació en 1969. Actualmente está conformada por Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Suma más de 104 millones de habitantes, con una fuerza laboral superior a los 40 millones de personas.

En 1997, su Producto Interno Bruto, la cantidad de bienes y servicios elaborados y prestados, ascendió a 281 millardos de dólares y sus exportaciones se ubicaron en 45 millardos de dólares.

El Mercosur lo integran Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Su mercado asciende a más de 200 millones de consumidores. Fue creado en 1991. Desde ese año y hasta 1996 su comercio intrarregional aumentó 4,5 veces, a una tasa de 22% anual para Argentina y Brasil, y de 14% para Uruguay y Paraguay.

Aseguran técnicos que el acercamiento entre la CAN y el Mercosur consolidaría en una voz común la política comercial de buena parte de América Latina frente a las propuestas de apertura de mercados de Estados Unidos, pues es muy distinto que un país pequeño trate de evitar, de manera individual, la imposición de condiciones que benefician sólo al sector industrial más desarrollado a que lo haga acompañado. Eso da más poder de negociación.

Fases de un sueño en curso

  • En 1994 arrancan los primeros intentos. Se discute la construcción de una Zona de Libre Comercio de Nueva Generación, esquema en el que no sólo se tratan temas tradicionales, como el intercambio de bienes, sino que además se incorporan asuntos innovadores: compras gubernamentales, servicios, inversiones, medio ambiente y aspectos laborales.

  • Demasiada ambición, que suponía negociar temas complejos para los que en ese momento no existían políticas comunitarias. Para muestra un botón: fue este año cuando la CAN adoptó una decisión sobre el tema de los servicios. Una Zona de Libre Comercio implica la eliminación de aranceles intrarregionales en un plazo determinado, pero con el mantenimiento de las políticas comerciales independientes.

  • Ante el fracaso del esquema anterior, entre 1995 y 1996 se opta por el camino de la renegociación del patrimonio histórico. Con esta definición se agrupan los acuerdos parciales de preferencias negociados en el marco de la Aladi.

  • Bajo un esquema de preferencias se intercambian beneficios en los porcentajes arancelarios de una lista reducida de productos. No suponen cero arancel. Venezuela ha negociado acuerdos individuales de alcance parcial con todos los países del Mercosur. Igual sucede con los demás socios de la CAN.

Estos son tratados sobre excedentes y faltantes: se vende lo que se produce en demasía y se compra lo que hace falta. No significan una mayor liberalización del comercio. Por eso se pensó que cada nación andina debería renegociar esos acuerdos por separado frente al Mercosur, que sí actuaba como una unión aduanera.

  • En 1997, una vez más, el Mercosur decidió cambiar de rumbo: negociar con la CAN una Zona de Libre Comercio. Pero a diferencia de la primera modalidad, en este caso se trataba del formato clásico: sólo negociación de desgravámenes arancelarios. En esa oportunidad, el Grupo Andino acordó ir en bloque. En este capítulo se descubre una serie de temas de gran sensibilidad, como el agrícola.

  • En este sector, la CAN aspira a mantener el mecanismo de franjas de precios y plazos largos de hasta 18 años para proteger la producción de algunos rubros. El Mercosur, por su parte, desea una apertura más inmediata, sin salvaguardias especiales y sin ningún mecanismo de franjas de precios. Otro tema divergente es el automotor. La CAN asume que el Mercosur tiene políticas públicas restrictivas.

  • La alternativa de la Zona de Libre Comercio no prosperó. Especialistas indican que fue casi imposible lograr que el Mercosur cediera en sus posiciones sobre los temas mencionados, en los que existen serias dificultades: no aceptó el establecimiento de mecanismos vinculantes de solución de controversias. En cuanto a las normas de origen, el bloque del sur exigía niveles muy altos de contenido regional que no necesariamente pueden alcanzar las empresas andinas. Y pidió la eliminación de los regímenes aduaneros.

  • A finales de 1997, dado que no se pudo concretar la Zona de Libre Comercio, se abrió un compás de espera para analizar qué alternativas de negociación podían intentarse. Entonces se aceptó volver a las renegociaciones del patrimonio histórico, proceso en que comenzó en abril de 1998 y que debería concluir a fines de septiembre.