Las delegaciones de
ambos bloques regionales están por
finalizar la revisión de las listas de
productos que serán sujetos a un proceso
de reducción arancelaria
Las conversaciones
entre los socios de la Comunidad Andina
de Naciones y del Mercado Común del Sur
regresan, el venidero primero de
octubre, al tema con el que se iniciaron
hace aproximadamente cuatro años: lograr
la creación de una Zona de Libre
Comercio entre ambos bloques.
Entre agosto y
septiembre continuarán los encuentros en
los que los técnicos de cada país
analizan las listas de productos
anteriormente negociados individualmente
en el marco de la Asociación
Latinoamericana de Integración (Aladi).
Tales antecedentes en materia de
preferencias arancelarias es lo que se
ha denominado patrimonio histórico.
El registro
presentado por la CAN suma 2.700
subpartidas; el del Mercosur, unas
2.000. Los integrantes del primer
acuerdo de integración presentan niveles
promedio de preferencias arancelarias
superiores a 70%, mientras que los del
segundo se acercan a 50%. La idea es
llegar a un punto intermedio en el que
una parte mejore, sin que desmejore la
otra sustancialmente.
Sin embargo, aún
estaría por verse si se materializa lo
que se considera una condición esencial
para avanzar en este nuevo intento: "Que
los negociadores del Mercosur hayan
reflexionado sobre sus posiciones
iniciales, que hayan evaluado la
importancia de la consolidación del Sur
frente a las negociaciones con el Norte,
en fin, que hayan flexibilizado sus
posiciones iniciales acerca de conceptos
de mucha importancia, como las normas de
origen, medidas de salvaguardia, plazos
de liberalización y tratamiento de
sectores de alta sensibilidad", explica
una fuente que prefirió no ser
identificada.
El regreso a la etapa
inicial, es decir, luego de la revisión
del patrimonio histórico, paso que
también fue descartado -pero hace dos
años-, se considera un requisito
fundamental que allana el camino para
ascender a un nivel de negociaciones más
exigente, como las que arrancan con el
último trimestre del año.
¿Negociar para qué?
Todo este esfuerzo
tiene como objetivo contribuir con la
inserción de Venezuela en un mundo
globalizado, en el que la competencia
comercial es feroz y en la que cualquier
condición de ventaja -un arancel que se
reduzca, una medida paraarancelaria que
se elimine-, puede resultar de
incalculable valor para las empresas que
están compitiendo por tener un nicho en
los mercados, explica la fuente.
Aclara que esto
solamente es una parte del ambiente
propicio para el desarrollo económico.
No hay que olvidar los factores internos
que también afectan la competitividad de
una organización: puertos, aduanas,
servicios, situación económica, social y
política. Y agrega que si,
simultáneamente a esas negociaciones se
hace un paquete de cambios de orden
estructural o de políticas
macroeconómicas, el país tendrá mayores
ventajas en el espacio económico
internacional.
Se supone que los
beneficios de la integración comercial
se reflejan de múltiples maneras. Las
empresas logran mayores cuotas de
mercado para sus productos, en otras
palabras: venden más y a distintos
destinos. Esto incidiría en el aumento
de la capacidad instalada, mejoras en
las condiciones de producción y
productividad, incremento del empleo,
más circulante en la calle, aumento del
poder de compra y estímulo multiplicado
para diversos sectores de la economía.
Porque al haber más personas trabajando,
mayor sería el consumo de bienes y
servicios.
Efectos perversos
El revés del lado
bueno existe. La globalización por sí
misma puede traer efectos perversos,
como el desempleo por el cierre de
empresas que no pueden soportar la
competencia de sus pares de otras
naciones, admite la fuente.
"Y por eso hay que
saber administrarla bajo un esquema de
gobernabilidad. Esto significa definir
reglas de juego, mecanismos de
negociación para tratar de atenuar, en
alguna medida, algunas de las
consecuencias negativas de este
proceso".
Esto significa que el
Gobierno, junto con la sociedad civil,
puede participar -generalmente a través
de las cámaras de comercio e industria-
en la definición de condiciones de
consenso: plazos para desmontar barreras
o disminuir aranceles, reglas de origen,
normas de competencia, mecanismos de
salvaguardia y de solución de
controversias. "En caso contrario, la
globalización funcionará por su cuenta,
en forma casi orgánica y natural,
decidirá las reglas de juego y sus
efectos pueden ser mucho más duros".
No obstante, no todo
el universo de productos nacionales es
sensible a padecer consecuencias
negativas ante una negociación con el
Mercosur. Hay sectores nacionales y
andinos altamente competitivos. En el
caso de Venezuela, se cuenta con toda la
cadena productiva vinculada con el
aluminio, el vidrio e, incluso, el
negocio de la cerámica. En petroquímica
figuran muchos productos competitivos.
Para Venezuela los
temas de mayor sensibilidad son el
agrícola y el automotor, pero eso no
significa que el país no posea
competitividad. Entre las 15 principales
exportaciones de Venezuela al Mercosur
resaltan la sardina y el atún, y hacia
la Comunidad Andina, el arroz y todos
los productos procesados de las
oleaginosas.
Una sola voz
La Comunidad Andina
de Naciones y el Mercosur son, ambos,
acuerdos de unión aduanera, fase
superior a la que representan las zonas
de libre comercio porque van más allá de
la eliminación de aranceles entre sus
socios y porque implican el logro de
políticas comerciales externas comunes.
La CAN nació en 1969.
Actualmente está conformada por Bolivia,
Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela.
Suma más de 104 millones de habitantes,
con una fuerza laboral superior a los 40
millones de personas.
En 1997, su Producto
Interno Bruto, la cantidad de bienes y
servicios elaborados y prestados,
ascendió a 281 millardos de dólares y
sus exportaciones se ubicaron en 45
millardos de dólares.
El Mercosur lo
integran Argentina, Brasil, Paraguay y
Uruguay. Su mercado asciende a más de
200 millones de consumidores. Fue creado
en 1991. Desde ese año y hasta 1996 su
comercio intrarregional aumentó 4,5
veces, a una tasa de 22% anual para
Argentina y Brasil, y de 14% para
Uruguay y Paraguay.
Aseguran técnicos que
el acercamiento entre la CAN y el
Mercosur consolidaría en una voz común
la política comercial de buena parte de
América Latina frente a las propuestas
de apertura de mercados de Estados
Unidos, pues es muy distinto que un país
pequeño trate de evitar, de manera
individual, la imposición de condiciones
que benefician sólo al sector industrial
más desarrollado a que lo haga
acompañado. Eso da más poder de
negociación.
Fases de un sueño en curso
-
En 1994 arrancan
los primeros intentos. Se discute la
construcción de una Zona de Libre
Comercio de Nueva Generación, esquema
en el que no sólo se tratan temas
tradicionales, como el intercambio de
bienes, sino que además se incorporan
asuntos innovadores: compras
gubernamentales, servicios,
inversiones, medio ambiente y aspectos
laborales.
-
Demasiada ambición,
que suponía negociar temas complejos
para los que en ese momento no
existían políticas comunitarias. Para
muestra un botón: fue este año cuando
la CAN adoptó una decisión sobre el
tema de los servicios. Una Zona de
Libre Comercio implica la eliminación
de aranceles intrarregionales en un
plazo determinado, pero con el
mantenimiento de las políticas
comerciales independientes.
-
Ante el fracaso del
esquema anterior, entre 1995 y 1996 se
opta por el camino de la renegociación
del patrimonio histórico. Con esta
definición se agrupan los acuerdos
parciales de preferencias negociados
en el marco de la Aladi.
-
Bajo un esquema de
preferencias se intercambian
beneficios en los porcentajes
arancelarios de una lista reducida de
productos. No suponen cero arancel.
Venezuela ha negociado acuerdos
individuales de alcance parcial con
todos los países del Mercosur. Igual
sucede con los demás socios de la CAN.
Estos son tratados sobre excedentes y
faltantes: se vende lo que se produce en
demasía y se compra lo que hace falta.
No significan una mayor liberalización
del comercio. Por eso se pensó que cada
nación andina debería renegociar esos
acuerdos por separado frente al Mercosur,
que sí actuaba como una unión aduanera.
-
En 1997, una vez
más, el Mercosur decidió cambiar de
rumbo: negociar con la CAN una Zona de
Libre Comercio. Pero a diferencia de
la primera modalidad, en este caso se
trataba del formato clásico: sólo
negociación de desgravámenes
arancelarios. En esa oportunidad, el
Grupo Andino acordó ir en bloque. En
este capítulo se descubre una serie de
temas de gran sensibilidad, como el
agrícola.
-
En este sector, la
CAN aspira a mantener el mecanismo de
franjas de precios y plazos largos de
hasta 18 años para proteger la
producción de algunos rubros. El
Mercosur, por su parte, desea una
apertura más inmediata, sin
salvaguardias especiales y sin ningún
mecanismo de franjas de precios. Otro
tema divergente es el automotor. La
CAN asume que el Mercosur tiene
políticas públicas restrictivas.
-
La alternativa de
la Zona de Libre Comercio no prosperó.
Especialistas indican que fue casi
imposible lograr que el Mercosur
cediera en sus posiciones sobre los
temas mencionados, en los que existen
serias dificultades: no aceptó el
establecimiento de mecanismos
vinculantes de solución de
controversias. En cuanto a las normas
de origen, el bloque del sur exigía
niveles muy altos de contenido
regional que no necesariamente pueden
alcanzar las empresas andinas. Y pidió
la eliminación de los regímenes
aduaneros.
-
A finales de 1997,
dado que no se pudo concretar la Zona
de Libre Comercio, se abrió un compás
de espera para analizar qué
alternativas de negociación podían
intentarse. Entonces se aceptó volver
a las renegociaciones del patrimonio
histórico, proceso en que comenzó en
abril de 1998 y que debería concluir a
fines de septiembre.