Política exterior

Editorial
El Nacional, Caracas - Venezuela.
www.el-nacional.com
9 de enero de 1999

Los días en que la política exterior era un coto cerrado para los expertos o para los aficionados han quedado atrás. En el tiempo en que vivimos no sólo se desdibujan las fronteras entre los países, también se desdibujan las fronteras entre políticas domésticas y políticas exteriores. De modo que cuando se habla de política exterior ya la cuestión no tiene nada que ver con las imágenes de aquellos personajes falsamente elegantes, trajeados de frac y adornados de condecoraciones.

La política exterior ha dado un vuelco, se ha convertido en política "doméstica" de los países. Cada día es más política económica internacional; por consiguiente, la alienta el signo del pragmatismo, o dicho con otras palabras, la dicta el interés de las naciones vinculado a la vida cotidiana de la gente. Esto tiene mayor vigencia entre quienes forman grupos o bloques económicos como la Comunidad Andina de Naciones, como Mercosur o el Alca, en este hemisferio.

En el terreno de la economía y del comercio las líneas de los países se trazan a largos plazos y sólo así, -a través del diseño de políticas con visión- pueden consolidarse los procesos de integración. Estos procesos están en el orden del día porque constituyen la alternativa más inteligente frente a las grandes tendencias de la economía mundial. Estar solos en esta época equivale a enajenar todas las posibilidades de desarrollo y supone también correr riesgos indebidos. Si la política exterior en nuestros días tiene estas connotaciones, es lógico que su trato sea un asunto particularmente sensible a la hora del cambio de un régimen político a otro o de una administración a otra. Por consiguiente, las señales deben ser claras desde el primer momento.

Existiendo ya un ministro designado de Relaciones Exteriores es pertinente esperar que sea él quien exprese las líneas generales que van a orientar nuestras relaciones con el mundo y, en particular, con los países de la región, a partir de febrero. De esta manera se evitan las señales confusas e inconvenientes de quienes se pueden considerar "voluntarios", o adelantados, aquellos que en el dialecto de la política, "se quieren mostrar". Con la designación de José Vicente Rangel como ministro de Relaciones Exteriores se puede dar por cerrado ese interregno peligroso de los "voluntarios". Terminó el tiempo de las "promociones" personales y debe iniciarse el de la disciplina, el de la coherencia y el de la interpretación inteligente de los problemas del país.

Estas condiciones de la política exterior son tanto más necesarias cuanto se han diversificado los factores que la ejecutan. Ya no está sola en la escena la Cancillería. Al ministerio de Industria y Comercio se le han transferido diversas facultades, marcando el paso de la tendencia regional y mundial. Pero el titular del Ministerio de Relaciones Exteriores es el portavoz de la política exterior. Es, por tanto, al canciller Rangel a quien le corresponde ese papel. Es él también el llamado a dialogar con los otros factores de la política exterior que en épocas pasadas eran los "convidados de piedra".

Nos referimos al sector de la economía privada, sin el cual toda política económica exterior es banal. La integración está dando excelentes frutos; pero los está dando como producto del esfuerzo del sector privado, de las grandes, medianas o pequeñas empresas binacionales que se han ido formando en los últimos años, consolidando la economía de nuestros países y abriendo nuevas perspectivas para los intercambios, el bienestar, la creación de empleo, la expansión de mercados.

Conviene definir (o redefinir, si fuere el caso) las opciones. La Comunidad Andina de Naciones ha sido una de las metas de la integración y sus frutos son apreciables cuando se analizan sus cifras. Su secretario general es un venezolano reconocido, Sebastián Alegrett. Del análisis y del diálogo entre los factores que cuentan en estos procesos deben obtenerse las definiciones y las orientaciones en nuestras relaciones con el mundo exterior, el regional en primer lugar, los asuntos que tienen que ver con los diferentes esquemas de integración y, naturalmente, las cuestiones eminentemente políticas. Sin rendirle pleitesía a la globalización, es necesario reconocer las tendencias hacia la multilateralidad que caracterizan las relaciones mundiales. De ahí que sea imperativo la profesionalización del servicio exterior y la exigencia cada vez más severa de las condiciones personales e intelectuales de quienes nos representan ante los diversos organismos del sistema de la ONU.