Los desafíos de
la unión sudamericana
Por Ernesto Velit Granda. Analista
político
El Comercio de Perú
Lima, 29 de mayo de 2008
Al parecer, la información respecto a la
reciente firma del Tratado Constitutivo
de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur)
no ha sido acompañada por la necesaria
comunicación sobre los alcances de un
acontecimiento que muchos han calificado
del "más importante paso integracionista
en la historia de la subregión".
El documento firmado por los 12 jefes de
Estado de América del Sur señala
múltiples objetivos, desde construir una
identidad y una ciudadanía
sudamericanas, hasta ratificar, hoy más
importante que nunca, el respeto
irrestricto a la soberanía, integridad e
inviolabilidad territorial de los
estados, todo esto en la ruta del
fortalecimiento del diálogo político y
el reforzamiento de la integración.
Sería absurdo negar la existencia de
fuertes diferencias entre algunos
miembros de la unión, principalmente en
aspectos económicos y políticos, pero
creemos que estos son, entre otros, los
desafíos que debe enfrentar el recién
creado organismo y buscar un camino de
entendimiento para facilitar los
esfuerzos integradores de los países de
la región. Y como reafirmando la
voluntad de hacer crecer el espacio
geopolítico, uno de sus artículos señala
que a partir del quinto año de la
entrada en vigor del Tratado
Constitutivo, todos los países de
América Latina y el Caribe tendrán el
derecho a solicitar su ingreso a la
Unasur, con lo cual la organización
adquiriría la dimensión de un bloque
hemisférico con valor estratégico en lo
político, económico e, incluso, militar.
Los firmantes del tratado son
conscientes de que desarrollar tareas en
lo referente a vencer las desigualdades
en la región pasa, imprescindiblemente,
por superar las asimetrías que
dificultan una integración equitativa.
Para ello, se crearían formas de
coordinación entre los estados miembros,
respetándose las normas internacionales
que se utilizan en la lucha contra la
corrupción, el narcotráfico, el
terrorismo, etc.
Precisamente, y recordando la referencia
del presidente García sobre la compra y
venta de armas en la región, se acuerdan
medidas a favor del desarme, de la no
proliferación de armas nucleares y de
destrucción masiva, y del desminado.
Estas consideraciones que contempla la
Carta Fundacional de la Unasur son la
ruta que lleva a la construcción de un
espacio integrado que comprometa lo
cultural, lo político, lo social y lo
económico entre los pueblos que hoy
forman la unión.
No podemos negar el valor que significa
este esfuerzo regional ni sus principios
rectores. Es cierto que se deja atrás
una historia de aislacionismos y se
comienza a perfilar un espacio de
integración que sea un catalizador del
desarrollo regional. El diálogo político
que propicia la Unasur contribuye al
afianzamiento de los valores
democráticos y de defensa de los
derechos humanos, lo cual permite el
desarrollo de una cultura de paz entre
sus miembros y de construcción de
consensos que fortalezcan la convivencia
civilizada y la proscripción de la
violencia en todas sus formas.
La participación ciudadana resulta la
columna vertebral de este propósito de
unidad, y para ello se deberán crear los
canales correspondientes de interacción
efectiva, transparente y plural, entre
los actores sociales que forman las
diferentes instancias de la Unasur.
El potencial de la organización está
repartido en sus 400 millones de
habitantes, en ser una de las mayores
reservas de agua dulce del planeta, en
una Amazonía reguladora del equilibrio
ecológico global, reservas de petróleo y
gas para los próximos 100 años, una
biodiversidad sorprendente y ser
escenario de encuentros étnicos que
representan un espacio de cultura y
cosmovisión.
Razones sobran para desearle a la Unasur
el mejor de los futuros, en nombre de
las nuevas generaciones y de su derecho
a un destino mejor.