Hacia un consenso
político incluyente
Por Allan Wagner, Secretario General
de la Comunidad Andina
Artículo publicado en
El Comercio de Perú (27.04.2006), La
Razón de Bolivia (2.05.2006), El
Universal de Venezuela (30.04.2006),
Portafolio de Colombia (9.05.2006)
Es ya conocida la
decisión del gobierno de la República
Bolivariana de Venezuela de retirarse de
la Comunidad Andina y, a pedido de ese
país, se debe reunir la Comisión para
formalizar su denuncia del Acuerdo de
Cartagena.
De otro lado, en días
pasados el presidente de Bolivia ha
tenido duras expresiones sobre la
Comunidad Andina y su secretario general
que -como señalé en un comunicado-
quiero creer que se deben a que el
presidente Evo Morales se encuentra mal
informado. De otro lado, el presidente
Morales acaba de tomar una iniciativa
para propiciar una reunión de
presidentes andinos, cuyos resultados
aguardamos con expectativa. El caso es
que, por estos hechos, se ciernen
sombras sobre el futuro de nuestro
proceso de integración subregional.
Estimo que la
situación que estamos atravesando se
debe a profundas discrepancias entre los
países miembros sobre el modelo de
desarrollo que mejor responda a las
necesidades sociales y sobre el tipo de
inserción internacional que debe
corresponder a esos objetivos. Pero
también se debe a concepciones
particulares sobre la organización del
Estado y sobre sus relaciones con la
sociedad, así como a visiones diversas
sobre las relaciones internacionales y
regionales y, por tanto, sobre la
naturaleza y finalidades de nuestros
procesos de integración andino y
sudamericano.
En efecto, ante los
limitados resultados obtenidos en
materia de bienestar para nuestros
pueblos de las políticas preconizadas
por el denominado Consenso de Washington
y ante la necesidad de asegurar la
gobernabilidad democrática de nuestros
países, podemos decir que se ha iniciado
en la región latinoamericana un 'tiempo
social', es decir, una nueva etapa en la
que las agendas políticas nacionales
tendrán como preocupación prioritaria la
obtención de resultados tangibles, en
lapsos políticamente aceptables, en
materia de reducción de la pobreza y de
la desigualdad que prevalecen en
nuestras sociedades.
Surgen, así, diversas
propuestas sobre cómo mejorar o incluso
cambiar el modelo económico para
alcanzar esas metas sociales, pero
también para lograr un Estado y una
sociedad más incluyentes, En ese
contexto, el modelo de integración
regional también se ve sometido a
cuestionamientos e interrogantes, por
ser el espacio más próximo de nuestras
relaciones externas.
Pero allí no radica
el problema principal. La crisis surge y
se alimenta cuando esas discrepancias no
se procesan a través del diálogo
respetuoso y fraterno para la mutua
comprensión de necesidades y
aspiraciones, sino cuando los encuentros
se difieren y los medios de comunicación
se utilizan como vehículos de la desazón
y la desconfianza.
Es preciso retomar el
camino del diálogo y del consenso,
dentro de un espacio plural y tolerante
donde primen la cooperación y una
solidaridad efectiva y no meramente
retórica. Todo ello basado en el
convencimiento de que la unidad solo
podrá construirse a partir de lo que,
con tanto esfuerzo, hemos labrado a
través de los años y no mediante la
aniquilación de un patrimonio
comunitario que, sin duda, aporta
fortalezas para lograr un desarrollo y
una inserción internacional más
provechosos y socialmente incluyentes.
Reitero un llamado
urgente a los presidentes de la región
para que asuman el liderazgo que les
corresponde a fin de construir un
consenso andino, sudamericano y
latinoamericano para el desarrollo y la
inserción internacional con inclusión
social, sobre la base de los principios
del pluralismo y el respeto mutuo, con
el inequívoco propósito de asegurar el
bienestar y unidad que nuestros pueblos
reclaman.