|
|
|
|
El espagueti
latino
Integración significa negociación de
intereses comunes, de soberanías
compartidas, de modalidades de vida en
común.
Por Grace Jaramillo
EL COMERCIO de Ecuador
Quito, 24 de mayo de 2008
¿A quién le importa la integración? Y
una pregunta mucho más importante: ¿qué
tipo de integración es la que importa?
Las preguntas son necesarias porque, más
allá de los corifeos de los seguidores
de Bolívar, no hay real voluntad
política tras la cáscara llamada
integración. Este viernes firmamos -una
vez más- otro acuerdo constitutivo, esta
vez el de la Unión de Naciones del Sur,
en donde vamos a estar incluidos todos
los países que conforman esta parte del
continente, ya sin las excepciones
usuales de Chile y las Guayanas.
Pero ¿para qué? Para hacer una vez más
una típica olla de espaguetis a la
sudamericana, en donde nadie sepa cuáles
son las atribuciones y los escenarios y
las estrategias distintas ya sea dentro
de la CAN, o el Mercosur, ó la Unasur y
se mantenga el statu quo como siempre.
Para que nadie tenga que comprometerse
lo suficiente, como para tener un
acuerdo de integración con dientes, que
tenga realmente sustancia, que cree
régimen, que signifique algo para la
estabilidad, el desarrollo, la armonía
de nuestros países.
La misma olla de espaguetis de TLC, que
fue tan duramente criticada por la
izquierda, se está repitiendo esta vez
para iniciativas integracionistas en
donde hay una multitud de acuerdos,
declaraciones, secretarías técnicas y
burocracia internacional, pero cero de
significación. Nadie puede culpar, sino
más bien felicitar al ex presidente
Rodrigo Borja por defender el principio
de una integración en profundidad y
salirse a tiempo del desguisado. Un
amigo me contó que el ex Presidente
chileno había dicho algo sabio sobre el
tema: no podemos saltar una valla de un
metro, pero decimos "no importa porque
saltaremos la de dos metros" y esa ha
sido la historia de América Latina.
Y así seguimos firmando convenios y
acuerdos de integración, mientras no
somos capaces de resolver los problemas
de la CAN, que tiene apenas cuatro
países. Justo en esta misma semana, Perú
pensaba seriamente en retirarse de un
acuerdo de integración que simplemente
no respeta su decisión soberana de
firmar TLC, porque dicho de alguna
manera, eso también es democracia:
aceptar que otros países tienen otras
ideas sobre comercio y no es posible
imponerles desde fuera un esquema que no
comparten. El resto, como siempre, es
ideología. La ideología que no nos
permite ver el bosque, que impide que
países con las mismas necesidades y los
mismos retos conversen y lleguen
civilizadamente a acuerdos, incluso
sobre temas comerciales, a pesar de no
compartir las mismas visiones.
Visión flexible, esa fue y sigue siendo
la experiencia europea que muchos
admiramos pero no seguimos. Cada país
entró con intereses distintos, pero con
visiones compartidas. Cada país se
adhiere a la parte del acuerdo de
integración que prefiere o que puede
cumplir, cada país busca una misión de
conjunto en medio de realidades
diferenciadas.
Integración significa negociación de
intereses comunes, de soberanías
compartidas, de flujos comerciales, de
modalidades de vida en común. Mientras
no entendamos eso, el condominio andino,
sudamericano, latinoamericano estará en
simples planos ( acuerdos y tratados) y
los cimientos serán edificados –una vez
más- en el norte.
|
|
|
|
|
|
|
 |
|
|