La Comunidad Andina
de Naciones (CAN) -con el Acta de
Cartagena de mayo de 1999- y el Mercado
Común del Sur (Mercosur) -con el
Protocolo de Ouro Preto de diciembre de
1994- han ido dando muestras de mayor
compromiso con plazos perentorios para
el perfeccionamiento de las respectivas
uniones aduaneras, para el avance hacia
sus proyectados mercados comunes y para
el desarrollo de una agenda política
amplia de la que ya son componentes muy
importantes la coordinación de políticas
exteriores, la atención a la agenda
social, la preocupación por la
consolidación de la democracia en los
países miembros y en la propia
institucionalidad, y la consolidación de
zonas de paz. Este nuevo ritmo y
renovado énfasis en el diálogo y
concertación política ha estado
ocurriendo, sin duda, bajo el impacto
cruzado de las presiones de las
negociaciones globales y hemisféricas,
por una parte, y de la nueva complejidad
de los desafíos sociopolíticos y
económicos que confronta cada país y la
región como conjunto, por la otra.
El juego suramericano.
El Comunicado de Brasilia contiene el
planteamiento -más bien el
replanteamiento- del juego de la
integración entre los países de América
del Sur, y expresamente entre la CAN y
el Mercosur. Se trata de un juego que si
bien se orienta a construir ámbitos de
cooperación -esencialmente económica
pero necesaria y cada vez más
visiblemente política- contiene
elementos fuertemente competitivos e
incluso conflictivos. En este sentido,
el marco de referencia inicial y más
general del juego en el ámbito cultural
y político regional está en la enraizada
concepción de la soberanía que prevalece
entre nosotros: autonomía interior,
rechazo a las interferencias externas, y
exigencia de reconocimiento y trato
sobre la base de la igualdad jurídica de
los Estados. Desde allí puede
comprenderse la historia de dificultades
para la coordinación regional e incluso
subregional y hemisférica, aderezada por
asimetrías de poder y de intereses
tradicionalmente generadoras de una
matriz de desconfianza.
Las posibilidades
para el juego cooperativo, sin embargo,
han aumentado en virtud de consensos
positivos y negativos. Entre los
primeros ha sido fundamental el efecto
de la extensión sin precedente de
gobiernos democráticamente elegidos, su
disposición a resolver conflictos y a
desarrollar ámbitos de coordinación.
Entre los segundos se encuentra la
conciencia de las fragilidades
sociopolíticas y económicas de nuestras
sociedades de cara a los retos del
proceso de globalización.
Tableros y apuestas.
En Brasilia se ha replanteado el juego
regional en términos que otorgan un peso
decisivo a la coordinación entre la CAN
y el Mercosur para construir un nuevo
espacio integrado como zona de libre
comercio suramericana antes de enero de
2002, paralelamente a la continuidad de
los proyectos subregionales Andino y del
Cono Sur, a la construcción del Area de
Libre Comercio de las Américas (Alca) y
a las conversaciones en el seno de la
Organización Mundial de Comercio (OMC).
Entretanto, también hay negociaciones
muy complejas en el seno de cada una de
nuestras sociedades, afectadas por una
severa recesión, por el deshilachamiento
del tejido social y por una fragilidad
institucional que, en conjunto, hacen
tan necesario como difícil colocar
apuestas de mediano y largo plazo como
las que requiere el juego de la
integración.
De manera que lo más
importante del documento de Brasilia, es
que reconoce la complejidad del contexto
cuando evalúa las limitaciones y las
posibilidades de la globalización y
asocia éstas últimas al esfuerzo
eficiente de coordinación dentro, desde
y entre los espacios de negociación en
los que participan los países
Latinoamericanos y del Caribe.
El juego venezolano.
En Venezuela no debemos dar por
garantizadas las oportunidades ni mucho
menos nuestra importancia como jugadores
de este proceso. Ha sido común, y lo es
más en estos días, que nos consideremos
"pieza maestra", por razones que van
desde nuestra localización geográfica,
la parte de nuestra historia ligada a la
gesta de la independencia y nuestra
condición de país petrolero. La verdad
es que no somos tan especiales ni mucho
menos imprescindibles, pero podríamos
llegar a ser mejores jugadores si
asumiésemos, en toda su complejidad y
con la debida seriedad, el "sistema a
apuestas múltiples" que nos impone la
participación en múltiples tableros.
Así, por ejemplo: el
juego con los Estados Unidos hay que
atenderlo tanto como el juego con
nuestros socios regionales y
extraregionales; lo petrolero y
energético, en general, debe ser tratado
a la vez que son estimulados los
frágiles flujos no tradicionales de
nuestro comercio; la integración
subregional debe seguir siendo atendida
junto a la suramericana, la hemisférica
y las negociaciones comerciales
multilaterales. Todo ello calibrando las
apuestas, manteniendo abiertas nuestras
opciones y midiendo cada movimiento en
referencia a sus resultados y a sus
consecuencias.