Después de Brasilia
Por Elsa Cardozo Da Silva
Internacionalista
Economía Hoy
Caracas, 12 de setiembre de 2000

La reunión de los 12 Jefes de Estado de América del Sur en Brasilia promete tener enorme trascendencia en el proceso de aceleración y de transformación de la integración subregional, regional y hemisférica.

La Comunidad Andina de Naciones (CAN) -con el Acta de Cartagena de mayo de 1999- y el Mercado Común del Sur (Mercosur) -con el Protocolo de Ouro Preto de diciembre de 1994- han ido dando muestras de mayor compromiso con plazos perentorios para el perfeccionamiento de las respectivas uniones aduaneras, para el avance hacia sus proyectados mercados comunes y para el desarrollo de una agenda política amplia de la que ya son componentes muy importantes la coordinación de políticas exteriores, la atención a la agenda social, la preocupación por la consolidación de la democracia en los países miembros y en la propia institucionalidad, y la consolidación de zonas de paz. Este nuevo ritmo y renovado énfasis en el diálogo y concertación política ha estado ocurriendo, sin duda, bajo el impacto cruzado de las presiones de las negociaciones globales y hemisféricas, por una parte, y de la nueva complejidad de los desafíos sociopolíticos y económicos que confronta cada país y la región como conjunto, por la otra.

El juego suramericano. El Comunicado de Brasilia contiene el planteamiento -más bien el replanteamiento- del juego de la integración entre los países de América del Sur, y expresamente entre la CAN y el Mercosur. Se trata de un juego que si bien se orienta a construir ámbitos de cooperación -esencialmente económica pero necesaria y cada vez más visiblemente política- contiene elementos fuertemente competitivos e incluso conflictivos. En este sentido, el marco de referencia inicial y más general del juego en el ámbito cultural y político regional está en la enraizada concepción de la soberanía que prevalece entre nosotros: autonomía interior, rechazo a las interferencias externas, y exigencia de reconocimiento y trato sobre la base de la igualdad jurídica de los Estados. Desde allí puede comprenderse la historia de dificultades para la coordinación regional e incluso subregional y hemisférica, aderezada por asimetrías de poder y de intereses tradicionalmente generadoras de una matriz de desconfianza.

Las posibilidades para el juego cooperativo, sin embargo, han aumentado en virtud de consensos positivos y negativos. Entre los primeros ha sido fundamental el efecto de la extensión sin precedente de gobiernos democráticamente elegidos, su disposición a resolver conflictos y a desarrollar ámbitos de coordinación. Entre los segundos se encuentra la conciencia de las fragilidades sociopolíticas y económicas de nuestras sociedades de cara a los retos del proceso de globalización.

Tableros y apuestas. En Brasilia se ha replanteado el juego regional en términos que otorgan un peso decisivo a la coordinación entre la CAN y el Mercosur para construir un nuevo espacio integrado como zona de libre comercio suramericana antes de enero de 2002, paralelamente a la continuidad de los proyectos subregionales Andino y del Cono Sur, a la construcción del Area de Libre Comercio de las Américas (Alca) y a las conversaciones en el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Entretanto, también hay negociaciones muy complejas en el seno de cada una de nuestras sociedades, afectadas por una severa recesión, por el deshilachamiento del tejido social y por una fragilidad institucional que, en conjunto, hacen tan necesario como difícil colocar apuestas de mediano y largo plazo como las que requiere el juego de la integración.

De manera que lo más importante del documento de Brasilia, es que reconoce la complejidad del contexto cuando evalúa las limitaciones y las posibilidades de la globalización y asocia éstas últimas al esfuerzo eficiente de coordinación dentro, desde y entre los espacios de negociación en los que participan los países Latinoamericanos y del Caribe.

El juego venezolano. En Venezuela no debemos dar por garantizadas las oportunidades ni mucho menos nuestra importancia como jugadores de este proceso. Ha sido común, y lo es más en estos días, que nos consideremos "pieza maestra", por razones que van desde nuestra localización geográfica, la parte de nuestra historia ligada a la gesta de la independencia y nuestra condición de país petrolero. La verdad es que no somos tan especiales ni mucho menos imprescindibles, pero podríamos llegar a ser mejores jugadores si asumiésemos, en toda su complejidad y con la debida seriedad, el "sistema a apuestas múltiples" que nos impone la participación en múltiples tableros.

Así, por ejemplo: el juego con los Estados Unidos hay que atenderlo tanto como el juego con nuestros socios regionales y extraregionales; lo petrolero y energético, en general, debe ser tratado a la vez que son estimulados los frágiles flujos no tradicionales de nuestro comercio; la integración subregional debe seguir siendo atendida junto a la suramericana, la hemisférica y las negociaciones comerciales multilaterales. Todo ello calibrando las apuestas, manteniendo abiertas nuestras opciones y midiendo cada movimiento en referencia a sus resultados y a sus consecuencias.