Desafíos de la XII Cumbre Presidencial Andina
Claudia Galindo de Rico
La Prensa
Bolivia, 6 de junio de 2000

Los próximos 9 y 10 de junio, se realizará en el Perú el XII Consejo Presidencial Andino. Como toda cita de estas dimensiones (por la confirmación de la presencia de los cinco presidentes andinos), esta Cumbre genera expectativas que normalmente se traducen en la adopción de decisiones importantes para el normal desarrollo y expansión de un proceso de integración sensato, lógico, racional y acorde a la organización del concierto político y económico internacional actual. Sin embargo, en este caso en particular, la Cumbre Presidencial se desenvuelve en un contexto plagado de incertidumbre que se expresa, con distintos matices, en cada uno de los cinco países que conforman la Comunidad Andina. Veamos por partes:

Venezuela se encuentra en un periodo electoral desde hace un año y medio y cuya última etapa recibió cuestionamientos que obligaron a postergar, sin fecha, las denominadas Mega Elecciones; Colombia, con serios problemas internos causados por la guerrilla y con la recesión más fuerte de los últimos cincuenta años; Ecuador, que trata de superar una de las crisis económicas más severas de su historia; Perú, que trata de hacer frente a un proceso electoral cuestionado por una parte de la comunidad internacional; y finalmente Bolivia, que enfrenta una aguda recesión económica acompañada de conflictos sociales que han enturbiado la estabilidad política del país.

Frente a este estado de situación, en el cual la incertidumbre es la variable que destaca, parecería muy poco auspicioso un encuentro presidencial "de impacto", por decirlo de alguna manera, puesto que se presume que tanto los países como los ojos de la opinión pública podrían estar más concentrados en los problemas internos de los países, que en las perspectivas de la integración como proceso.

No obstante este aparente contexto negativo, desde la Cumbre de Cartagena en 1999, la Comunidad Andina ha mostrado resultados positivos en el comercio intrasubregional, ya que, después del descenso que experimentó entre 1998 y 1999 (que en parte fue resultado de la crisis asiática y del efecto dominó que provocó), el comercio creció en el primer bimestre de este año alrededor del 30% respecto al primer bimestre del año pasado; se concluyeron acuerdos comerciales con Argentina y con Brasil; se aprobó una política exterior común en septiembre de 1999 que cubre temas importantes de la agenda internacional; las instituciones funcionaron y el mecanismo jurisdiccional de la Comunidad Andina, el Tribunal de Justicia, parece haber respondido oportunamente a las demandas presentadas por la Secretaría General, frente a los diversos incumplimientos de los países, derivados, entre otros, de la crisis económica. El desafío que tienen los Presidentes frente a esta Cumbre, por tanto, es doble: por un lado, continuar dando directrices políticas para el desarrollo del proceso, que para este fin fueron creadas las instancias presidenciales en el Protocolo de Trujillo y por otro, demostrar que la Comunidad Andina es capaz de superar y enfrentar los problemas que individualmente tienen los países que la conforman. Este último es el "libreto extraordinario" al cual deberán dar respuesta los Presidentes, manteniendo la visión de contribuir a la profundización de un sistema andino que se caracteriza, desde su constitución en 1969, no por ser un proyecto que constituye un fin en sí mismo, sino una vía para alcanzar el desarrollo y bienestar de nuestros pueblos.