Uniendo esfuerzos para el desarrollo

Por Manuel Rodríguez Cuadros
Ministro de Relaciones Exteriores del Perú
El Comercio de Perú
Lima, 6 de diciembre de 2004

En el proceso global, la política exterior se ejecuta en un entorno nacional y mundial en constante transformación. Viejos paradigmas de la política internacional no están más en vigencia. En este nuevo escenario global, más descentralizado y competitivo, los estados, como las empresas, poseen estrategias que combinan la rentabilidad en el corto plazo y obtención de mayor poder en el largo plazo. Los estados se organizan en agrupaciones regionales, las grandes empresas tienden a la fusión. La ampliación de la Unión Europea es el mejor ejemplo.

América Latina no es una excepción. La Comunidad del Caribe y Centroamérica han logrado ya una cohesión bastante eficaz. En forma creciente, son actores diferenciados en la política regional y mundial. Curiosamente, el eslabón menos articulado de América Latina ha sido Sudamérica, disgregada en la Comunidad Andina y el Mercosur, ambas agrupaciones con una débil proyección externa común.

Desde el inicio de la década del 90, la mayoría de los países latinoamericanos optó por una vinculación individual, de corte radial, en sus relaciones externas. La experiencia ha demostrado el error de esta estrategia. Hoy, luego de la década perdida, de la comprobada insuficiencia del Consenso de Washington para crear estabilidad macroeconómica, transformación productiva, equidad social y democracia gobernable; Sudamérica vuelve los ojos a sí misma y percibe sus propias fuerzas para enfrentar mejor los desafíos del proceso global.

El 8 de diciembre se formará, en el Cusco, la Comunidad Sudamericana de Naciones.

Es la culminación de un proceso de convergencia entre la Comunidad Andina y el Mercosur. Y con la dinámica economía de Chile y con una saludable apertura hacia Guyana y Surinam. No se trata de un voluntarismo político que quiera arrastrar hacia adelante la integración económica. Ese fue el intento fallido de la Alalc en 1960. Es un proyecto distinto. Se asienta en procesos y acuerdos económicos previos. En los acuerdos de libre comercio pactados recientemente. En los 30 mil millones de dólares del comercio regional sudamericano. En la fortaleza de sus instituciones financieras, cuyas operaciones superan a las provenientes de las agencias de desarrollo extra regionales. En el libre tránsito de personas al interior de Mercosur y en el espacio andino.

La Comunidad Sudamericana de Naciones surge con una visión no burocrática de la política, más bien con un enfoque sociológico de la unidad y convergencia regional.

El espacio integrado sudamericano comprenderá 17 millones de kilómetros cuadrados. Un PBI de US$971 mil millones de dólares. Mayor que el de Canadá o el correspondiente a la Asean. Una población de más de 361 millones de habitantes y exportaciones que superan los US$180 mil millones de dólares. Pasa a constituirse en la segunda agrupación más importante de la economía mundial.

Pero no se trata solamente de un proyecto de integración económica. Incluye una opción de integración energética y de comunicaciones a través de los ejes viales de la Iirsa o de acuerdos bilaterales, como el que han hecho realidad el Perú y el Brasil para unir el Atlántico y el Pacífico.

Todo ello es importante. Quizá histórico. Pero su mayor significado es político. Luego de 180 años de intentos y frustraciones se hace realidad la Unión Sudamericana. Se supera una lógica falsamente excluyente entre el panamericanismo y la identidad propia. Será un factor de mayor equilibrio, beneficio mutuo y eficacia en las relaciones interamericanas. Cambiará el patrón de las relaciones de América Latina hacia adentro y hacia fuera.

Para el Perú es la realización de uno de los objetivos estratégicos de su política exterior.

Constituye una síntesis entre el idealismo solidario, que inspiró a Torre Tagle la convocatoria de los congresos americanos de 1847 y 1864, y el realismo constructivista de su actual diplomacia nacional.