La trascendental
Declaración de Machu Picchu
Editorial de El Comercio
Lima, 31 de julio de 2001
En el escenario
excepcional de Machu Picchu, el mun do
ha sido testigo de la simbólica asunción
a la presidencia de la República del
doctor Alejandro Toledo. También de la
suscripción de la Declaración de Machu
Picchu, documento trascendental que
revitaliza la agenda latinoamericana en
cuanto a la defensa de la democracia,
los derechos humanos, la lucha contra la
pobreza y la pluralidad étnica de
nuestros pueblos.
La declaración,
apoyada en forma unánime por los
mandatarios de la Comunidad Andina de
Naciones, es sumamente oportuna y va más
allá de la retórica habitual. De un
lado, porque se ajusta pertinentemente a
las tendencias mundiales que preconizan
la defensa de los derechos humanos y, en
particular, de las minorías étnicas. Del
otro lado, porque señala una serie de
tareas que los países se han
comprometido a cumplir en plazos muy
precisos.
Entre otros acuerdos
hay que resaltar la voluntad de las
naciones de adoptar una Carta
Democrática Interamericana -en setiembre
próximo en la Asamblea General de la OEA
a realizarse en Lima-, que reafirma la
convicción continental en la democracia,
como sistema de gobierno y elemento
insustituible de nuestra identidad
política.
Punto aparte merece
la decisión de revalorizar los derechos
de los pueblos indígenas a través de
acciones muy concretas. Es el caso de la
mesa de trabajo sobre los derechos de
estas minorías, integrada por los
gobiernos y la sociedad civil -que
empezará a funcionar en breve plazo en
el Cusco-, con el objetivo de integrar
plenamente a la sociedad a pueblos
ancestralmente postergados, respetando
al mismo tiempo su riqueza y diversidad
cultural.
Muy positivo ha sido
igualmente que los presidentes hayan
reiterado su compromiso con la amplia
legislación regional y mundial sobre los
derechos humanos. Y, aun más que,
acogiendo la iniciativa del nuevo
gobierno peruano, acuerden llevar
adelante una alianza para la lucha
contra la pobreza que afecta
dolorosamente a nuestro continente.
Estos logros
confieren al inaugurado Gobierno Peruano
un valor agregado. Ante los ojos del
mundo no sólo un presidente ha asumido
el poder en una verdadera fiesta
democrática, sino que Latinoamérica ha
unido sus voces para comprometerse con
el desarrollo y mostrar desde las
alturas de Machu Picchu las
potencialidades que ofrece nuestro rico
continente.